Letras Peruanas (1951-1963) – Edición facsimilar

Letras Peruanas (1951-1963) – Edición facsimilar

Luego de la breve duración de Centauro Revista de Artes y Letras (1950-1951) hizo su aparición Letras Peruanas. Revista de Humanidades (1951-1963) dirigida por  Jorge Puccinelli. El primer número fue publicado en junio de 1951 y el número 14, último número de la revista, en el mes de setiembre de 1963.

Letras Peruanas - originales

Originales de Letras Peruanas en la exposición organizada en la Casa de la Literatura Peruana.

La Escuela Profesional de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de San Martín de Porres, publicó  en el año 2003 la edición facsimilar de Letras Peruanas que incluye los catorce números en un solo tomo. Se trata de una cuidadosa edición que permite recorrer las páginas de esa importante publicación.

Letras Peruanas No 1 Faccsimilar

Portada del Nº 1, edición facsimilar.

Al revisar sus páginas se puede ver que la poesía tuvo mucha difusión y ocupó un lugar especial. En todos los números estuvieron presentes antologías de poetas y poemas de diferentes vates de esos años. Entre los poetas antologados se puede mencionar a Javier Sologuren, Sebastián Salazar Bondy, Enrique Peña Barrenechea, Alejandro Romualdo. También publicaron poemas –no precisamente en antologías– de Blanca Varela, Eleodoro Vargas Vicuña y Arturo Corcuera entre otros.

En el número 2 inician la  Antología de la poesía peruana última con la siguiente nota: “Letras Peruanas inicia la publicación de la Antología de la poesía peruana última que viene preparando hace algún tiempo. En ella estarán incluidos los poetas nacidos desde 1926 en adelante. […]”. Esa primera muestra incluyó nueve poemas: cuatro de Alejandro R. Valle; dos de Blanca Varela y tres de Carlos Enrique Ferreyros.

Una segunda parte de esa antología apareció en el número 4, publicado en diciembre de 1951. Incluyó creaciones de veintiséis poetas nacidos entre 1927 – 1931. Entre los poetas incluidos en esa edición estuvieron: Washington Delgado, Carlos Germán Belli, Francisco Bendezú, Leopoldo Chariarse, Lola Thorne y Pablo Guevara.

La narrativa también estuvo presente en las ediciones de Letras Peruanas; el cuento ocupó algunas de sus páginas; entre aquellos escritores se pueden citar a Julio Ramón Ribeyro y C. E. Zavaleta.  Con relación a la novela, en las páginas 4, 5 y 29 del número 1, publicaron El zumbayllu de José María Arguedas; una nota al pie de página da cuenta que se trata de un “Fragmento inédito del capítulo sexto de la novela ‘Los ríos profundos’ “.

Letras Peruanas fue una publicación comprometida con la cultura. Como testimonio de ese compromiso han quedado sus páginas, rescatadas por la edición facsimilar de la Universidad San Martín de Porres. En los catorce números publicados se encuentran textos de autores de la talla de Alfonso Reyes, Francisco Miró Quesada, Raúl Porras Barrenechea, Luis E. Valcárcel, Karl Jaspers, André Coyné y muchos otros.

Cada número de Letras Peruanas  incluyó Entre Libros, un espacio con importante y amplia información acerca de libros y folletos peruanos, publicaciones del Fondo de Cultura Económica de México, y otros.

En la presentación de la edición facsimilar, escrita por Jorge Puccinelli se lee: Los trabajos que presentan las revistas constituyen un material insustituible para el estudioso pues sus aportes y descubrimientos muchas veces tardan años en incorporarse al libro, o permanecen como literatura sumergida a la espera de un investigador que los rescate. […] El libro es, en general, la obra de un solo hombre y el reflejo de un solo espíritu. La revista es un trabajo de equipo, la imagen de un grupo de espíritus. […]

En las páginas de Letras Peruanas también tuvieron su espacio el Cine y el Arte.

La edición facsimilar incluye, al final, un índice preparado por Elizabeth Toguchi Kayo, el cual permite hallar a los diferentes colaboradores y sus trabajos en los números de la revista.

Durante los años de su publicación, Letras Peruanas tuvo algunas interrupciones: el nº 8 se publicó en octubre de 1952 y el nº 9 apareció en junio de 1953; el nº 10 se publicó un año después, en junio de 1954. Luego se dio la interrupción más extensa: el nº 12 fue publicado en agosto de 1955 y el nº 13 apareció en el año 1962 correspondiente a la edición abril-junio de ese año. El nº 14 marcaría el final de esa importante publicación en setiembre de 1963.

A continuación, pueden ver los sumarios de cada uno de los números publicados; en ellos podrán apreciar los nombres de los colaboradores y los trabajos publicados en cada uno de ellos. Las imágenes han sido tomadas de cada una de las portadas de la edición facsimilar.

1 - Junio 1951

Sumario del Nº 1, junio de 1951.

2 - Agosto 1951

Sumario del Nº 2, agosto de 1951.

3 - Octubre 1951

Sumario del Nº 3, octubre de 1951.

4 - Diciembre 1951

Sumario del Nº 4, diciembre de 1951.

5 - Febrero 1952

Sumario del Nº 5, febrero de 1952.

6 - Abril - Junio 1952

Sumario del Nº 6, abril – junio de 1952.

7 - Agosto 1952

Sumario del Nº 7, agosto de 1952.

8 - Octubre 1952

Sumario del Nº 8, octubre de 1952.

9 - Junio 1953

Sumario del Nº 9, junio de 1953.

10 - Junio 1954

Sumario del Nº 10, junio de 1954.

11 - Diciembre 1954

Sumario del Nº 11, diciembre de 1954.

12 - Agosto 1955

Sumario del Nº 12, agosto de 1955.

13 - Abril - Junio 1962

Sumario del Nº 13, abril – junio de 1962

14 - Setiembre 1963

Sumario del Nº 14, setiembre de 1963.

 

 

Bibliografía:

Letras Peruanas. Revista de Humanidades. Colección Periodismo y Literatura. Universidad San Martín de Porres, Escuela Profesional de Ciencias de la Comunicación, Lima, 2003.

Carlos Tupiño Bedoya

Marzo, 2015

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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CENTAURO – Revista de Artes y Letras – Lima 1950-1951

Esta publicación estuvo dirigida por la escritora Sara María Larrabure; fundada conjuntamente con el escritor Carlos Eduardo Zavaleta y el poeta Alejandro Romualdo en 1950, la revista solo duró hasta el año 1951.

En la edición de junio-julio de 1950, colaboraron: André Coyné, Albert Camus, Luis Fabio Xammar, Leopoldo Chariarse y Katherine Mansfield,  entre otros. En la portada aparece el artículo de Sebastián Gash titulado La pintura de Planasdura en el que comenta la obra del pintor Enric Planas Dura. Dicho texto fue fechado el 29 de mayo en la ciudad de Barcelona.

Centauro jun-jul 1950

Fotografía tomada en la exposición de revistas literarias en la Casa de la Literatura Peruana. Agosto del 2014

En la portada de la edición de agosto-septiembre de 1950, debajo del título El Cocktail Party de T.S. Eliot se lee: “En nuestras ediciones anteriores hemos ofrecido al público versiones al castellano de obras teatrales famosas. En esta, a pedido de nuestros lectores, reiniciamos la publicación de EL COCKTAIL PARTY de T.S. Eliot, que comenzáramos en el número 4 y que en adelante continuaremos hasta su terminación, en los números subsiguientes de CENTAURO.” Es una pequeña muestra del interés por lo ofrecieron a sus lectores.

Centauro ago-set 1950

Fotografía tomada en la exposición de revistas literarias en la Casa de la Literatura Peruana. Agosto del 2014

En la primera página de la edición de octubre-diciembre de 1950, publicaron La Aparición de Vallejo en la Poesía Peruana de André Coyné. Cito el primer párrafo del mencionado texto:

Cuando se haya establecido con fechas y lugares las primeras etapas de la existencia de Vallejo, falta todavía fijar la verdadera originalidad del poeta en el momento de su manifestación inicial. El entredicho lanzado después contra Chocano por los representantes más auténticos de las letras peruanas, no impide al autor de ALMA AMERICA gozar de un prestigio difícilmente disputable. De allí se puede imaginar lo que debía ser en 1918, fecha de la publicación de LOS HERALDOS NEGROS en tanto que las nuevas corrientes de la poesía, llamada en esa época de VANGUARDIA, hacían recién su aparición. De Chocano a Vallejo hay justo una generación, (el primero nace en 1875 y el segundo en 1892) y no es sino bastante tarde que se han dado cuenta de todo lo que había de anacrónico en la actitud y en la obra de Chocano: en 1917 Valdelomar hacía aun alusión al Walt Whitman del sur como a un CANTOR GENIAL DE SU RAZA. (Tomado de la primera página de la edición citada.)

Centauro oct-dic 1950

Fotografía tomada en la exposición de revistas literarias de la Casa de la Literatura Peruana. Agosto del 2014

Continuaré compartiendo información acerca de aquellas revistas literarias que parecen haber quedado en el olvido y que, sin embargo, dieron un aporte en el ámbito literario y cultural. Con estos datos, los interesados pueden iniciar la búsqueda en las bibliotecas, hemerotecas y lugares de venta de viejos libros y revistas.

 

Carlos Tupiño Bedoya

Febrero, 2015

Sólo para fumadores – Julio Ramón Ribeyro

Julio Ramón Ribeyro es un escritor al que vuelvo continuamente. Es un placer de releer sus cuentos, sus prosas apátridas, lo que anotó en sus memorias e, inclusive, sus ensayos y, además, resulta interesante cuando en mis paseos por librerías encuentro alguna primera edición de alguno de sus libros o, como en este caso, una edición hecha en España que incluye solamente el relato Sólo para fumadores.

Este relato un poco extenso, tal vez para muchos una novela corta o muy corta, resulta uno de los textos más personales escritos por el cuentista peruano. Tiene mucho de autobiográfico y se percibe la sinceridad y transparencia del autor, que nos narra en primera persona aquellos momentos o etapas en su vida en las que el tabaco tomo posesión de él. Es conocido el gusto de Ribeyro por el tabaco, el que finalmente le arrebataría la vida por un cáncer al pulmón.

Es un texto en el que su estilo narrativo no sólo nos permite internarnos en la historia sino, también, nos estremece con las situaciones que pone delante nuestro, debido a aquellos detalles que, tan abiertamente, como confesándose cuenta en cada línea.

En el inicio del relato leemos: Sin haber sido un fumador precoz, a partir de cierto momento mi historia se confunde con la historia de mis cigarrillos. A través del texto vemos desfilar los nombres de aquellas marcas de cigarrillos que pasaron por sus manos; aquellas que estaban de moda y que podían dar cierto status (falso por cierto) como sucede hasta ahora, y aquellas baratas, de tabaco negro y sin filtro que no resultaban muy agradables ni daba gusto mostrarlas en público: […] Era vergonzoso sacar del bolsillo uno de esos cucuruchos. […]

Julio Ramón nos va llevando por esa historia y nos muestra cómo, en diferentes etapas de su vida y en diferentes lugares, el tabaco se fue apoderando de su existencia. […] El fumar se había ido ya enhebrando con casi todas las ocupaciones de mi vida. […] Más adelante, escribe (ya estando en París): Ya para entonces el fumar se había infiltrado en todos los actos de mi vida, al punto que ninguno –salvo el dormir- podía cumplirse sin la intervención del cigarrillo. En este aspecto llegué a extremos maniacos o demoniacos, como el no poder abrir una carta sin encender un cigarrillo. […]

A través de la lectura, el cuentista nos  contará a los extremos que llegó por conseguir un cigarrillo. El lector puede sentir sus sufrimientos; nos hace testigos de sus entradas al hospital y, en fin, de todo aquello que significó una lucha en su vida.

En su Decálogo del cuento Ribeyro escribió: El cuento debe sólo mostrar; no enseñar. De otro modo sería una moraleja, y al final de Sólo para fumadores –un texto que está lejos de ser un cuento pero que está escrito con la fuerza de su ser– el escritor manifiesta lo mismo: Enciendo otro cigarrillo y me digo que ya es hora de poner punto final a este relato, cuya escritura me ha costado tantas horas de trabajo y tantos cigarrillos. No es mi intención sacar de él conclusión ni moraleja.

Se trata de un libro en pequeño formato y muy buena edición. Estoy convencido que es un libro de colección para todos aquellos que tenemos las obras de Ribeyro. Un gran acierto de la editorial española Menoscuarto al apostar por estas publicaciones y difundir obras importantes de la literatura.

sólo para fumadores

 

Bibliografía:

Sólo para fumadores, Julio Ramón Ribeyro, Menoscuarto, Palencia, España, 2009.

La palabra del mudo. Antología, Julio Ramón Ribeyro,  Ediciones PEISA, Lima, 2002.

 

Carlos Tupiño Bedoya

La novela en América Latina. Diálogo entre M. Vargas Llosa y G. García Márquez

La novela en América Latina. Diálogo entre M. Vargas Llosa y G. García Márquez

En la última FIL de Lima, encontré la nueva edición de La novela en América Latina: Diálogo entre Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez; ese recordado evento se efectuó en setiembre de 1967 en la Universidad Nacional de Ingeniería.

Esta cuarta edición incluye los prólogos a las ediciones previas:  el de 1968 a cargo de José Miguel Oviedo; el de mayo de 1991, llevó por título La novela en América Latina y fue escrito por José Antonio Bravo; Crónica preliminar, escrita por Abelardo Oquendo, es el prólogo que corresponde a la tercera edición, publicada en setiembre del 2003. El prólogo para esta cuarta edición, titulado Poéticas en duelo. García Márquez y Vargas Llosa conversan sobre narrativa latinoamericana, escrito por Américo Mudarra Montoya es el más extenso de todos.

En el prólogo de la última edición, su autor hace referencia a los de las ediciones anteriores y, además, menciona algunos pasajes de la conversación entre los dos escritores que son explicados.  Por ejemplo, hace mención de las ideas irreconciliables de ambos escritores (p.28), acerca de la creación, la novela  latinoamericana, lo real y lo fantástico,  las cuales se pueden apreciar durante el diálogo.

También resulta interesante lo que plantea Mudarra acerca de una de las producciones de Vargas Llosa: En 1971, Mario Vargas Llosa publicó su notable ensayo Gabriel García Márquez: historia de un deicidio. Es probable que el encuentro que sostuvo en la Universidad Nacional de Ingeniería con el célebre escritor colombiano haya definido las líneas generales de sus ideas, incluso, no sería descabellado pensar que las preguntas que formuló Vargas Llosa tenían cómo finalidad corroborar las, todavía en elaboración, hipótesis de trabajo. (p.29) Al leer el mencionado ensayo, resulta lógico pensar que el escritor peruano haya tenido eso en mente para poder aprovechar al máximo el encuentro con el escritor colombiano y, haber podido escribir un extraordinario libro.

Desde el inicio de la lectura del diálogo, se asiste a una clase maestra en la que Gabriel García Márquez nos habla y nos enseña acerca de la creación literaria, lo que piensa de ese proceso que utilizó para escribir y crear obras como La hojarasca, El coronel no tiene quien le escriba o Los funerales de la Mamá Grande, producciones que precedieron a Cien años de soledad, la novela que le dio fama a nivel internacional y, acerca de todo aquello que rodeó el proceso de creación de Cien años de soledad. Entre otras cosas, García Márquez dijo: La hojarasca fue el primer libro que yo publiqué cuando vi que no podía escribir Cien años de soledad. Y ahora me doy cuenta que el verdadero antecedente de Cien años de soledad es La hojarasca […] (p.81)

También se refiere de manera clara y didáctica a todo lo fantástico que aparece en esa obra, a aquello que se conoce como lo real maravilloso, que García Márquez ha sabido desarrollar con verdadera maestría. Acerca de ello, dijo: Esto que parece fantástico está extraído de la más miserable realidad cotidiana. (p.59)

Mediante las respuestas que da “Gabo” a las preguntas que le hace Vargas Llosa, podemos también conocer su opinión acerca de la novela latinoamericana, la influencia de Faulkner y sus convicciones como escritor. En sus palabras se percibe pasión por lo que hace. Leer esas líneas es como escucharlo.

Cuando habla acerca del oficio de escribir, fue muy claro al decir: […] Por eso, la gran dificultad es, primero, aprender a escribir. Esa es la parte que yo creo que es misteriosa, es la parte innata, lo que hace que una persona sea escritor o estenógrafo. Se aprende leyendo, trabajando, sobre todo sabiendo una cosa: que escribir es una vocación excluyente, que todo lo demás es secundario; que lo único que uno quiere es escribir. (p.62)

Ese diálogo se dio luego del lanzamiento de Cien años de soledad de García Márquez y del premio Rómulo Gallegos a Vargas Llosa por su novela La casa verde. Años más tarde, recibirían el Premio Nobel de Literatura en los años 1982 y 2010, respectivamente.

Es, sin duda, un libro que guarda una conversación en la que lo más importante se encuentra en las palabras del escritor colombiano, lo que convierte a este texto en una buena fuente de información sobre todo, si se quieren conocer detalles de la obra y del oficio de escritor por boca de uno de los grandes de la literatura.

 

Bibliografía:

La novela en América Latina. Diálogo entre M. Vargas Llosa y G. García Márquez, Mario Vargas Llosa / Gabriel García Márquez, Ediciones Copé / Petróleos del Perú, Lima, 2013.

Carlos Tupiño Bedoya

El trompo – José Diez Canseco

Un viaje a uno de los barrios limeños de 1940

Uno de los viejos libros viejos que he estado leyendo ha sido el de las Obras completas de José Diez Canseco II Estampas Mulatas, editado en 1951 por la Compañía de Impresiones y Publicidad.

Como dato interesante, el libro contiene un prólogo inédito que escribió el mismo autor en 1936 y, como dice la nota editorial, ignoramos la razón que tuvo para no publicarlo en la anterior edición para la cual fue escrito… En este texto, el escritor considerado como precursor del cuento realista en el Perú, comenta principalmente acerca de su cuento (considerado por algunos como novela corta) Jijuna, el cual, luego de recibir críticas desaprobatorias entre amigos, llegó a las manos de Felipe Cossío del Pomar quién luego viajaría a Buenos Aires; ahí, y sin avisar al autor, envió el texto a un concurso organizado por el diario La Prensa de esa ciudad.  Estando en París, el escritor recibió la noticia de que el cuento había ganado el primer premio.

Otro dato interesante es que en el prólogo se hace mención a cuentos que, a esa fecha, no habían sido hallados los originales y, por lo tanto, se desconocían.

El libro contiene, entre otros, relatos como El gaviota, El kilómetro 83, Jijuna, Chicha mar y bonito y El trompo. Es este último, que me parece mejor logrado, fue escrito en 1940 y también formó parte del libro Lima en 10cuentos en una edición del año 1966 hecha por Ediciones de la Biblioteca Universitaria. Leer este cuento es transportarnos al Rímac de los años 40, a un barrio de los alrededores de la Alameda de los Descalzos, que tiene como fondo el cerro San Cristóbal y, a un costado, el Paseo de Aguas que, según se menciona, fue un regalo del virrey Amat a la célebre Micaela Villegas, conocida como La Perricholi, en los años de la colonia.

El autor hace uso de un lenguaje propio de la época y de la sociedad lo que nos permite al lector conocer un poco más acerca de ese barrio rimense. Nos hace testigos de las vivencias de Chupitos, un niño de diez años, por haber perdido su trompo en un juego, y los deseos de querer recuperarlo, sin imaginar el final que nos tiene reservado el cuento.

Desde el inicio, el narrador nos interna en la atmósfera del lugar de esos años: Sobre el cerro San Cristóbal la niebla había puesto una capota sucia que cubría la cruz de hierro. Una garúa de calabozos se cernía entre los árboles lavando las hojas, transformándose en un fango ligero y descendiendo hasta la tierra que acentuaba su color pardo. Las estatuas desnudas de la Alameda de los Descalzos se chorreaban con el barro formado por la lluvia y el polvo acumulado en cada escorzo. Un policía, cubierto con su capote azul de vueltas rojas, daba unos pasos aburridos entre las bancas desiertas, sin una sola pareja, dejando la estela fumosa de su cigarrillo. Al fondo, en el convento de los frailes franciscanos se estremecía la débil campanita con un son triste.

El cuento tiene cuatro partes; en la primera, luego de introducirnos en el lugar, aparece el protagonista y su grupo, quienes iban en silencio porque el día anterior Chupitos había perdido su trompo jugando a la “cocina” con Glicerio Carmona, ese juego infame y taimado, sin gallardía de destreza, sin arrogancia de fuerza. El relato dará cuenta de los pormenores que lo llevaron a perder su querido trompo.

Al iniciar la segunda parte, el narrador retrocede tres años en el tiempo y hace mención a la mala suerte del protagonista, como queriendo hacer un enlace con los sucesos en su vida: ¡Pero qué mala pata, Chupitos! Desde chiquito la cosa había sido de una pata espantosa. El día que nació, por ejemplo, en el Callejón de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, una vecina dejó sobre un trapo la plancha ardiente, encima de la tabla de planchar y el trapo y la tabla se encendieron y el fuego se extendió por las paredes empapeladas con carátulas de revistas. Total: casi se quema el callejón. La madre tuvo que salir en brazos del marido y una hermana de éste alzó al chiquillo de la cuna. […] Luego fue creciendo en un ambiente “sumamente pelador”, como decía él, para explicar su pasión por las trompeaduras. En esta parte en narrador nos presenta el hogar de Chupitos; de la madre se decía que era una zamba engreída, había salido un poco volantusa. A raíz de una de esas “escapadas” de la madre, el papá decide arreglar las cosas a su manera; el resultado: la mamá abandona el hogar y el papá termina preso por unos días. Chupitos no entiende la situación.

Una noche, mientras cenaba, escuchó de su padre: Mujeres con quiñes, como si fueran trompos… ¡ni de vainas! Estas palabras quedarían grabadas en el protagonista y nos permite, a los lectores, poder entender el final de la historia.

La tercera parte regresa al tiempo actual de la historia y, Chupitos, en esos tres años transcurridos, se había grabado las palabras que escuchó decir a su padre. Puede parecer un poco duro, pero lo que nos muestra el narrador acerca de la vida del niño protagonista, puede ser la realidad que hayan experimentado o que estén experimentando muchos Chupitos en la sociedad: […] Tres años pasaron desde que el muchacho se quedara sin madre y, en esos tres años, sin más compañía que el padre, se fué [sic] haciendo hombre, es decir, fué [sic] aprendiendo a luchar solo, a enfrentarse a sus propios conflictos, a resolverlos sin ayuda de nadie, sólo por la sutileza de su ingenio criollo o por la pujanza viril de sus puños palomillas. En las tientas de gallos, mientras sostenía al chuzo desplumado que servía de señuelo a los gallos que su padre adiestraba, aprendió ese arte peligroso de saber pelear, de agredir sin peligro y de pegar siempre primero. Es por eso que, aquella misma tarde de la derrota regresó a su casa para pedir a su padre treinta centavos para comprar otro trompo y llevar a cabo lo que tenía planeado.

En la parte final del cuento, en la que se dará el inesperado desenlace, podemos leer: Allá iban los amigotes del barrio a chuzar esa partida en que Chupitos había puesto todo su orgullo y su angustiada esperanza… El resultado de esa partida y el desenlace del cuento, no lo pondré en estas líneas por lo que los animo a buscar el texto y disfrutar con la lectura.

El trompo es una muestra del realismo en la narrativa peruana.

Estampas mulatas

Bibliografía:

Obras completas de José Diez – Canseco, II, Estampas Mulatas, Compañía de Impresiones y Publicidad, Lima, 1951.

 

La literatura es mi venganza – Mario Vargas Llosa y Claudio Magris

La literatura es mi venganza – Mario Vargas Llosa y Claudio Magris

La literatura es mi venganza es un libro que, si bien es bastante breve, resulta interesante porque en él podemos conocer opiniones de Mario Vargas Llosa y Claudio Magris. Este libro “nos ofrece el diálogo de estos dos destacados intelectuales cuya pasión literaria los reunió una tarde de diciembre del año 2009 en la Biblioteca Nacional del Perú, para conversar sobre el ambicioso tema ‘Novela, cultura y sociedad’” (Contratapa).

En un inicio dan una importante explicación acerca de la novela y su relación con la ficción, la realidad y el tiempo, factores que ambos manejan con destreza. Conversan acerca de las diferencias que existen en el trabajo de una novela y un ensayo, aun cuando ambos sean acera de un mismo tema. Magris menciona que “en una novela no nos limitamos a juzgar la vida, la narramos con todas sus contradicciones”. Por su parte, Mario Vargas Llosa dice: “Yo creo que se escribe novelas con la totalidad humana, con lo que uno sabe, con lo que uno conoce, con su razón. Con su inteligencia, pero también con esos fondos oscuros de la personalidad de los que somos vagamente consientes, que tenemos ahí abajo escondidos y que, a la hora de crear una historia, de pronto van como reflotando”; más adelante añade: ”…un artículo, un ensayo, es un gran esfuerzo de comprensión racional de una obra literaria o de un problema político o de un hecho diverso”.

Durante su conversación también  se refieren a la Cultura, Sociedad y Política; ahí Vargas Llosa habla de la importancia de no dar la espalda a la política y buscar un mayor interés y participación de la sociedad. También tocan el tema de los inmigrantes, principalmente en Europa y la segregación e intolerancia entre naciones y culturas y, en este contexto se refieren, también, al tema de las identidades y el diálogo. El escritor italiano dice: “No tenemos solo una, sino muchas identidades […] la nacional, la regional, la política, la sexual y aún otras. La identidad política, por ejemplo, puede ser incluso más importante que la nacional; yo me siento más cercano a un liberal de Uruguay que a un fascista italiano, por ejemplo” y, refiriéndose al diálogo, expresa “que se dialoga realmente si, aun amando y defendiendo apasionadamente las propias ideas, no se ha decidido a priori tener razón”.

Y así, a lo largo del breve libro, encontraremos una serie de opiniones que, más allá de darnos el punto de vista de Vargas Llosa y Magris acerca de los temas tratados, podremos ver que se trata de temas que, por su importancia, deben ser tomados en cuenta al ver el panorama de una sociedad mundial de la cual, todos formamos parte.

Bibliografía:

La literatura es mi venganza, Mario Vargas Llosa y Claudio Magris, Seix Barral, Barcelona

 

El sentido social y popular de los museos – Sebastián Salazar Bondy

La lectura del libro UNA VOZ LIBRE EN EL CAOS. Ensayo y Crítica de Arte fue mi primer acercamiento a los escritos de Sebastián Salazar Bondy. Un comentario acerca del libro pueden leerlo aquí.

Uno de los artículos que más llamó mi atención fue El sentido social y popular de los museos, publicado el año 1959. En ese texto, se aprecia la preocupación e interés de Salazar Bondy acerca de hacer comprender el significado  de lo que es un museo para una sociedad, lo cual estuvo muy descuidado en esos años y, aún en estos tiempos, no se le da la debida importancia y difusión, la cual debe empezar en los colegios para que, desde la edad escolar, las personas empiecen a percibir la importancia y significado de un museo.

Sin embargo, se puede ver que sí ha habido esfuerzos dedicados a los museos y que han tenido buenos resultados. Tal es el caso del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, en el que podemos ver expuesta y explicada nuestra historia, nuestro pasado; otro ejemplo es en Museo de Arte de Lima, por citar sólo dos.

El interés que despierta  el mencionado texto, escrito hace varias décadas, nos permite percibir la carencia en la difusión de la importancia de los museos. Creo que esta carencia forma parte del déficit cultural, el cual se centra especialmente en una sociedad que lee muy poco. Resulta raro ver a una persona leyendo un libro en un paradero, en un parque, en un café o en cualquier otro lugar. Estoy convencido que, mediante la lectura, una persona puede ampliar sus horizontes culturales, su conocimiento, su aprecio hacia instituciones que involucran la cultura e historia de la sociedad en que se vive.

Son muchos los artículos que escribió Sebastián Salazar Bondy acerca de su interés por la cultura y la literatura y su preocupación fue que éstas estuviesen al alcance de la sociedad, los cuales fueron publicados en la prensa peruana. Eso nos demuestra lo importante que puede ser la labor periodística/cultural en un medio de comunicación.

A continuación podrán leer el mencionado artículo. Agradezco a la señora Lucrecia Lostaunau de Garreaud y a su hermana por permitirme reproducir este importante texto.

Una voz libre en el caosEl sentido social y popular de los museos

SI ENEL PERÚ –y aún en Lima, capital que se precia de culta  no ha habido hasta hoy un verdadero museo, un museo dinámico y de proyección popular, concebido como cátedra de cultura general, ello no se debe al azar. No podemos desvirtuar el verdadero sentido de dicha carencia, muy grave, en verdad, dada la trascendencia educativa que un centro de dicha índole tiene, atribuyéndola a mera negligencia, a descuido o a olvido. La idea de museo no es antigua: nace con la edad moderna, cuando el hombre occidental toma conciencia de su heredad cultural, de su dimensión histórica, de su realidad en proceso hacia la perfección. El concepto que inspira la noción de museo no es el de guardar, a la manera del avaro, objetos valiosos por su antigüedad, su rareza o el material de que están hechos. Ni siquiera tiene un sentido ceremonial: no se intenta rendir ahí culto a ciertos nombres ilustres como se les rinde en un panteón de huesos famosos o eminentes. No se trata, en suma, de poseer un templo, un depósito o un arca. La esencia de esa institución es otra. Ante todo, más allá de su función aparentemente reverencial, el museo es una casa docente. En él se conserva el utensilio primitivo, el lienzo pictórico bello o representativo, la joya de preciosa factura, etc., para mostrarlos. Se exhibe la pieza notable como un hecho vivo, como una imagen de la existencia pretérita, con la finalidad de que su eterna palpitación en la belleza o en la habilidad artesanal alcancen al individuo presente, lo vinculen con su patrimonio –como ciudadano de un país y como miembro de la comunidad humana– y lo muevan a ser una consecuencia vital del pasado y, por ende, una promesa para el futuro. El propósito didáctico del museo es primordial. Piénsese en el fin de las bibliotecas y se hará más claro este carácter educador de los museos. En el Perú no hemos tenido auténticos museos porque los gobiernos no han poseído esa conciencia de la heredad cultural del país, esa conciencia de la historia espiritual que es la única historia digna de leer y difundir. Por imitación, se han habilitado locales, se han colocado en ellas obras, se ha nombrado un conservador y se ha puesto a la puerta a un funcionario encargado de recabar una limosna. Al cabo de unos años, polvoriento el edificio, desvencijado su mobiliario, muerto el contenido, los museos han terminado por ser una especie de leve pero incómoda carga para los tambaleantes presupuestos de educación.

Educación, oligarquía y museo

No ha habido conciencia cultural porque se ha gobernado “al día”. Salvo contadísimas excepciones, los gobernantes –en el solar de Pizarro o en la Plaza de la Inquisición– han pensado únicamente en la política menuda, sin plan de gobierno, Cuando los ha preocupado la educación, han construido escuelas, no escuelas reales sino edificios pequeños o grandes para alojar niños en determinadas horas del día. A esos niños se les ha enseñado a leer y a escribir, se les ha instruido en las operaciones básicas de las matemáticas, se les ha metido en la cabeza sucesos, guerras, revoluciones del país y del resto del mundo, se les ha obligado a memorizar clasificaciones zoológicas y botánicas de complicada estructura, se les ha convencido de que ser abogado, médico e ingeniero era la más brillante meta de la vida; se les ha atosigado de raíces cuadradas, fórmulas algebraicas, verbos auxiliares, casos gramaticales, compuestos químicos orgánicos e inorgánicos, nombres de reyes de España y Francia, etc. Y no se les ha culturizado. ¿Por qué? Parece que no se hubiera querido, en verdad, que supieran las cosas legítimamente importantes que un hombre, inscrito en la cultura occidental y, al mismo tiempo, sujeto a la influencia de culturas distintas debe conocer. Por ejemplo, que la vida tiene sentido porque es una búsqueda de la verdad y de la belleza, un riesgo que se corre en la aventura de conquistar la libertad, una suerte maravillosa de lucha que cada uno emprende mancomunadamente con los otros por la dicha para todos. Cultura, para casi la mayoría de quienes nos han gobernado, ha sido tener el título profesional, ganar un salario que preserve del hambre y aceptar, conforme el orden económico-social impuesto por los poseedores de la riqueza, que todo está bien. La educación, por ello, se ha reducido a memorizar temas y asuntos que luego podían echarse al canasto.

Así como la Universidad ha sido la cenicienta nacional –para impedirse, consciente o inconscientemente, que de ella salieran los principios científicos y filosóficos que demostraran que el sistema del país era absurdo–, la cultura profunda le fue escamoteada al pueblo peruano por la vieja oligarquía dominante. Esa oligarquía quiso al indio siervo y, por tanto, se ocupó en negar la belleza, la fuerza, la imaginación, la inteligencia, que reflejaba su arte. Sólo el tesón de un hombre empecinado, Julio C. Tello, pudo realizar el milagro de que se abriera un museo arqueológico que todavía se debate en la pobreza por la incuria de su presupuesto. Esa oligarquía quiso al técnico y al profesional como subordinados de su causa, y no les dio los libros que podían esclarecerles su posición en la sociedad y su derecho a manejar el país. La biblioteca, tal como está hoy, ha resucitado, por empeño de Jorge Basadre, de ciertas terribles y misteriosas llamas que la redujeron a cenizas. Esa oligarquía aspiro a que sus privilegios no fueran solamente los del mundo y el dominio económico, y negó al pueblo entero los museos de arte. Porque esa oligarquía fue cerrada como casta, como aristocracia, como grupo hegemónico, y el fundamento social del museo rompe precisamente con la tradición del saber estético exclusivo de los palacios, de las “villas”, de los castillos, aislados e inalcanzables para el hombre del burgo, del campo y de los talleres.

Función docente y liberación

La palabra social es una clave en la idea moderna de museo. El museo actual tiene que ser abierto a todos. Sus puertas no se cierran para proteger la propiedad –que es pública–, sino por rutina de la labor. El hombre de la calle va a él como quien va a un paseo. Pero al que, por ignorancia o descuido, no acude a sus salas, el museo sale a buscarlo, le ofrece conocimientos, le dice en una palabra que eso es suyo y debe aprehenderlo espiritualmente, poseerlo y transmitirlo a los suyos, a sus descendientes, como una herencia inalienable. ¿No es, acaso, el espectáculo más edificante de Europa el contemplar como en el Louvre o en El Prado las familias recorren las amplias salas, empapándose del esplendor de la gran pintura? ¿No es, por supuesto, la mejor lección de educación infantil y popular, en esos y otros museos del viejo continente, verificar que los niños recogen en sus pupilas puras las imágenes más hermosas que ha creado la fantasía humana de todos los tiempos? ¿No es, en fin, maravilloso comprobar que obreros, profesionales, empleados, artesanos, gracias a esta habituación, pueden hablar de pintura o escultura, practicarlas en sus horas de ocio, coleccionar por su cuenta cuadros o piezas singulares, y hasta opinar personalmente, si el caso lo requiere, acerca de un gran artista y su obra? Un individuo así formado tiene las mejores defensas contra la vulgaridad del ambiente contemporáneo, contra la producción en serie de tonterías impresas, filmadas o radiales; contra las mentiras que políticos, traficantes y embusteros lanzan a la circulación para servir sus intereses. El museo no sólo completa una buena instrucción escolar, sino que le da fundamente sólido. Dinámico, logra desenmascarar a aquellos que tuercen la verdad, porque fluye de la obra de arte auténtica una irradiación de certeza y pasión que llega al alma y la sostiene. ¿Goya no denuncia una época de blandura monárquica, de traición gubernativa, de agresión extranjera, contra un pueblo, y no enseña cómo se debe reaccionar contra ella? ¿Leonardo no habla de un tiempo de claridad y emoción, y no manifiesta que la paz proviene del equilibrio íntimo del hombre y la comunidad? ¿Rodin no descubre la dimensión del ser, y no brinda un ejemplo de grandeza que no acepta complicidades con la mezquindad? ¿Picasso no canta a la libertad, y no es su canto una especie de coral que todos entonan al unísono con él? El carácter social del museo se alía al carácter metafísico de las obras que guarda. Así, un elemento con el otro, ejercen una docencia cuyos efectos son siempre los de la verdad: ponen en el corazón popular ciertos gérmenes que, en las sociedades mal organizadas, injustas en su fundamento y sus formas, dispuestas para el goce desbordado de unos pocos y la miseria de los más, resultan explosivos. La rebeldía nace en el hondón de quienes, en contacto con la cegadora luz del arte, descubren que las tinieblas en que subsisten son artificiales, creadas por los explotadores y los usurpadores y que pueden ser desgarradas y liberarlo. He ahí por qué no ha habido hasta hoy museos en el Perú y por qué, también, cuando se ha establecido uno –por la inercia de un fenómeno general, por espíritu de imitación o por acallar un clamor imposible de desoír– nuestros gobernantes han creado el sutil mecanismo que lo reduce a su mínima expresión, para que desfallezca por falta de rentas, para que transcurra en una mediocridad mortecina.

La promesa del nuevo museo

El jueves el Patronato de las Artes –entidad privada– ha puesto en marcha un museo nacional. El estado le ha dado una ayuda relativa. Sin embargo, el esfuerzo, que tantas veces el autor de estas líneas temió que se perdiera, ha llegado a un punto culminante. Se nos promete, tal como debe ser, un museo dinámico, que no se detenga en su labor docente, que enriquezca sus medios y su contenido al ritmo más acelerado, que se abra a la muchedumbre como una universidad libre, que conserve parte de nuestro patrimonio y busque completarlo con expresiones del arte de todos los pueblos de la tierra, que no tenga prejuicios hacia determinada expresión de ayer u hoy, que brinde en sus muros y salas, en su auditórium y sus otras dependencias, cultura gratuita, y que, en substancia, termine con esa terrible ausencia educativa a la que se aludió al comenzar esta nota. Ello será un signo visible de que el Perú cambia, de que hay, por lo menos, una parte de sus dirigentes que piensa que el saber no es un peligro y que, mediante él, las masas verán más claramente cuál es el papel que les toca cumplir en la historia. Sera manifestación, pues, de que el estrecho concepto oligárquico de que lo bello y lo bueno es sólo para unos cuantos ha sido sustituido por otro, de origen social, de origen moderno y progresista, que sostiene que todo es para todos, porque todos somos iguales en la tarea de hacer el mundo mejor.

Suplemente Dominical de El Comercio.

18 de octubre de 1959, p. 3.

Sebastián Salazar Bondy, Una voz libre en el caos. Ensayo y crítica de arte, Jaime Campodónico Editor, Lima, 1990

Dirección, recopilación y selección de textos: Lucrecia Lostaunau de Garreaud.