Liberación – Sándor Márai

Liberación – Sándor Márai

Sándor Márai fue un escritor que supo recorrer, en sus novelas, los intrincados rincones de la naturaleza humana. Aún recuerdo El último encuentro y  La herencia de Eszter, historias que nos hacen pensar hasta dónde puede llegar una persona.

Liberación no es la excepción. Esta novela fue escrita entre julio y septiembre de 1945, poco después de los hechos históricos narrados, y permaneció inédita hasta el año 2000. […] Escrita con la urgencia que imponía la situación política y un tono premonitorio de la gran intensidad dramática, Liberación  narra la devastación moral causada por la guerra y demuestra que Márai, ya en septiembre de 1945, cuando ponía punto final a este breve libro, no albergaba ninguna ilusión sobre la nueva época que se iniciaba en su país con la llegada de las tropas rusas. (Contratapa).

Esta historia tiene como escenario la ciudad de Budapest en los días finales de la Segunda Guerra Mundial. Su protagonista es Erzsébet, una mujer que, tras conseguir un refugio para su padre, se refugia con un grupo de personas a la espera de la llegada de los soldados soviéticos quiénes –pensaba Erzsébet– traerían la liberación de los nazis.

A lo largo de esta novela corta, Sándor Márai nos hace espectadores de un grupo humano hacinado en un refugio, expectantes de un asedio que les traería la ansiada liberación. En medio de esa atmósfera, el autor nos muestra las diferentes facetas que se presentan en los seres humanos en momentos difíciles, angustiantes, en los que los valores de la sociedad parecen desaparecer. Entonces, nos preguntamos ¿Qué queda en el ser humano en situaciones como esas?

El tema del asedio está presente de principio a fin y vemos que se hace parte de la vida de esos refugiados en medio de la cuidad:

“Porque huele, ya al cabo del primer día flota un espeso acre y rancio tufo a humanidad. Sin embargo, en aquel encierro hay un elemento tranquilizador, como en toda realidad para la que uno se conciencia durante largo tiempo y luego, cuando llega, resulta distinta de la imaginada, aunque no demasiado. Saben que eso es el asedio. […] (p.55)  […] Sólo existe una unidad para medir el tiempo, una sola dimensión: el asedio. (p.57)  […] En esta guerra no se usan gases, y una bomba no mata a todo el personal. Así pues, hay que esperar tumbado y relajado, sin consumir más oxígeno y agua de lo necesario, sin trajinar mucho, soportando la pestilencia de las letrinas, la maloliente promiscuidad… Sí, eso es el asedio.” (p. 58)

En medio de la situación que viven esos personajes, tratando de sobrevivir mientras esperan su liberación, el autor se encarga de mostrar que una actitud de resignación puede estar presente:

“Muchos esperan a los sitiadores con castañeteo de dientes, aterrorizados, furiosos y desesperados, creyendo que los aguarda un destino terrible… y sin embargo, lo esperan. […]” (p.62)

Cuando la resignación ha invadido las almas de esos seres humanos, surgen situaciones que los sacan de ese estado para ponerlos alertas ante lo desconocido:

“Porque el vigésimo cuarto día del asedio, Erzsébet y los demás habitantes del sótano despiertan por la noche a causa de unos ruidos y gritos. […] los despiertan chillidos y un haz luminoso. Entre los colchones y las tumbonas de la parte central abovedada, en pleno desorden, en la oscuridad apestosa por el hedor de las secreciones humanas, de la cocina, del efluvio de cuerpos sucios, entre gente arrebujada en el desorden de edredones y mantas, aturdida por el mal olor de su propio cuerpo, acongojada por el miedo a la muerte y los nervios destrozados, que duerme entre gemidos y ronquidos, entre todo eso ha aparecido de pronto un extraño grupo.” (p.77-78)

La discriminación y marginación parece quedar de lado, o por lo menos cubierta, por el entorno que rodea a los refugiados; los cargos y las posiciones poco o nada valen; nos podríamos preguntar ¿qué tipo de convivencia se daba?

“[…] Porque allí convive toda clase de gente, nobles, ricos, cultivados, pequeñoburgueses, un sastre, un bombero, un profesor de universidad cuyo rostro le suena a Erzsébet, un comerciante, […] toda clase de personas. […] En otro rincón también hay un cerrajero tísico, con cinco hijos y sin mujer. […]” (p.72)

La comunicación, como algo inherente al ser humano, permanece tratando de establecer esos vínculos necesarios:

“[…] Erzsébet ha aprendido que uno no precisa palabras para comunicarse con la gente. En diez meses y en el caos de los últimos veinticuatro días y noches ha aprendido un modo de entrar en contacto más sensible y fiable que las palabras, hecho de miradas, silencios, gestos y mensajes aún más sutiles; es el modo en que lo íntimo de un ser humano reacciona a la llamada de otro, esa complicidad silenciosa que en momentos de peligro da a la mutua pregunta una respuesta más inequívoca que cualquier confesión o explicación y cuyo significado es: estoy contigo, pienso lo mismo que tú, me tortura el mismo problema, estamos de acuerdo…” (p.90)

La voz del narrador nos hace meditar acerca del lugar en el que se encuentra la guerra; esas palabras se extienden desde esas páginas hacia el presente. Nos muestra una situación que nos invita a mirar nuestro interior:

“Porque la guerra no ha sido sólo bombas y proyectiles, peligro mortal, decretos odiosos, persecuciones crueles, no. La guerra también estaba en su alma. Hace un instante aún seguía allí, como una sensación, un sentimiento, […] Hace un instante la guerra todavía habitaba en el alma de Erzsébet, no sólo en los campos de batalla, en el aire o bajo los mares. […]
Ahora lo comprende y sabe que la guerra tiene lugar no solamente en las fábricas de armamentos, los cuarteles y los campos de batalla, sino también en el alma de la gente. […]” (p.122)

Son textos que hablan por sí mismos. Los invito a buscar Liberación y a recorrer cada una de sus páginas. Es una novela que nos permite apreciar el estilo de uno de los grandes escritores centroeuropeos.

 

 

Bibliografía:

Liberación, Sándor Márai, Publicaciones y Ediciones Salamandra, S.A., Barcelona, 2012

Los textos citados han sido tomados de la mencionada obra.

 

Carlos Tupiño Bedoya

Marzo, 2015

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Mendel el de los libros – Stefan Zweig

Mendel el de los libros – Stefan Zweig

Hace unos meses, mientras buscaba en los estantes de una librería autores que no había leído, encontré unos libros de Stefan Zweig. Me atrajo la breve información que leí acerca de ese autor que desconocía y que, sin embargo, tenía una extraordinaria producción literaria. Empecé leyendo Entre el ayer y el mañana. Memorias de un europeo, y fue ese libro el que me animó a continuar con el resto de su obra.

Quiero compartirles acerca de Mendel el de los libros, escrito en 1929. Se trata de uno de los extraordinarios relatos escritos por Stefan Zweig. Nos narra la historia de un judío que era librero de viejo y su lugar de trabajo era en una de las mesas de un café de Viena, en el que pasaba los días y los años revisando y leyendo libros e inmerso en una concentración tal, que se apartaba de cualquier interferencia que intentara distraerlo o hacerle perder la concentración.

El narrador dice: En Jakob Mendel, aquel pequeño librero de viejo de Galitzia, contemplé por primera vez, siendo joven, el vasto misterio de la concentración absoluta, que hace tanto al artista como al erudito, al verdadero sabio como al loco de remate, esa trágica felicidad y desgracia de la obsesión completa. (Página 13)

Con su extraordinaria prosa y estilo el autor nos sitúa en la atmósfera de un café vienés de los años de la Primera Guerra Mundial y nos describe a ese judío ruso inmigrante que se había establecido en Viena. Podía conseguir cualquier libro del tema que le solicitarán. Su memoria la había desarrollado para guardar los datos de la edición, ilustraciones, precios y lugares en que los encontraría.

Esa concentración excesiva con la que se aislaba del mundo fue la que ocasionó que no se percatara de determinada situación en ese tiempo de conflictos, lo cual hizo que su proceder fuera mal interpretado por las autoridades y originó el problema que desencadenaría en su detención en 1915 para ser enviado a un campo de concentración, sin libros y sin poder ver para leer, pues había roto sus anteojos durante su detención.

Estando en el campo de concentración se presentó una situación que hizo posible su liberación; sin embargo, Mendel ya nunca sería el mismo. Esto es lo que dice el narrador: […] en el fantástico edificio de su memoria debía de haberse derrumbado algún pilar, y toda la estructura se había venido abajo, […] (Página 47) Más adelante, añade: Mendel ya no era Mendel, como el mundo ya no era el mundo. (Página 48). Esta frase contiene la esencia del mensaje de Stefan Zweig que se hace presente en su obra. Puedo entender que Zweig quiere decir que su sociedad –esa sociedad europea en la que creció– ya no era la misma, como el mundo ya no era el mismo.

Es con la historia de ese librero judío ruso que el autor quiere mostrar el sufrimiento y deterioro de la sociedad en que vivió. La atmósfera de cultura libertad que se experimentaba en esos años sufrió un gran golpe cuyos efectos se expandieron, inclusive, a las diferentes expresiones artísticas e intelectuales; sin embargo, todo eso permitió que surgieran escritores como Zweig que pudieron mostrar, mediante su prosa, aquello en lo que creían y defendían en medio de un mundo en caos.

Es, precisamente, con su estilo y su prosa que Stefan Zweig teje la historia de Mendel,  mostrando en todo momento su lado humano como integrante de una sociedad que lo olvida luego de haberlo segregado. Esta situación la muestra con mucha fuerza y resulta estremecedora en la parte en que relata la llegada del librero, luego se su liberación, al café en el que estuvo durante tantos años y, el rechazo que causó en su nuevo dueño que no lo conocía.

En la parte final del texto que aparece en la contratapa se lee: […] Un breve y brillante relato sobre la exclusión en la Europa de la primera mitad del siglo XX.

Bibliografía:

Mendel el de los libros, Stefan Zweig, Acantilado, Barcelona, 2009

 

Carlos Tupiño Bedoya
Abril, 2014

La vida en minúscula – Alfred Polgar

Fue a través de las lecturas de los textos de Joseph Roth que se despertó mi curiosidad e interés por los escritores centroeuropeos. Cuando me recomendaron a Alfred Polgar, escritor nacido en Viena en 1875, no dudé en buscar La vida en minúscula.

El libro contiene treinta relatos. Desde la lectura del primero de ellos quedé impresionado por el estilo del escritor vienés. En cada uno se ocupa de las cosas y situaciones comunes que están presentes en el ser humano, en la sociedad, en el hombre común y, en los relatos hace un uso magistral de las metáforas que emplea para describir, brillantemente, situaciones y personajes que ayudan a transmitir aquello que Polgar ha tejido en cada historia.

En Tratado sobre el corazón, que da inicio al libro, habla acerca del corazón y del uso metafórico que comúnmente las personas le dan; algo que no ha perdido actualidad. En el texto escribe: […] Lo malo de verdad ocurre cuando ya no se habla de él en símiles y metáforas, […] cuando ya no cuenta su melodía, sino tan solo su mero ritmo. En tales momentos le queda ya poca poesía al pobrecito. […] (p.8)

Sus relatos, desde el inicio introducen al lector en el corazón de la historia y lo mantiene atento hasta el final. En La cabina telefónica inicia con estas palabras: Sobre los adoquines yace de espaldas una viejecita. Una ciruela reseca del árbol de la vida. No parece que se haya caído, es más bien como si la hubiesen dejado allí echada. […] (p.15). Con lo que cuenta en esas líneas, mantiene el interés por continuar hasta un final que, en la mayoría de los textos, cierra con una frase que redondea la idea de lo narrado, en muchos casos, con una ironía de la que también hace un buen uso en sus textos.

El libro nos ofrece también una muestra de la cualidad de observador que tenía Polgar. Por ejemplo, en Coche cama, nos hace testigos de los padecimientos de un pasajero en el tren y de todo aquello que es capaz de espantarle el sueño; el escritor vienés nos transmite, por medio de detalles, aquello que percibe el personaje en ciertos momentos de calma: ¡Qué delicia cuando el tren está parado! Los pantalones cuelgan con tranquilizadora tranquilidad en su percha, no hay nada que vibre, nada que resuene, nada que se agite, y yo estoy tan contento como lo estaba en mi casa por la mañana, […] (p.40)  Esta escena contrasta con la que sigue un momento después: […] Hay gente, pienso con envidia, que duerme en el tren como en su casa. Cierran los ojos al salir y al abrirlos de nuevo ya han llegado. Y también hay otros que, aunque no puedan dormir, piensan en cosas valiosísimas, mientras que yo, en mi vigilia, soy como un animal que no para de ir de una punta a la otra de su jaula, con la cabeza y el corazón vacíos. (p.41) ¿No les parece conocida esta situación? ¿No hemos experimentado esas sensaciones, las agradables o desagradables, cuando hemos viajado durante la noche en un tren o en un bus? Eso tiene de particular la narrativa de Alfred Polgar, nos presenta situaciones que no son desconocidas al ser humano.

En el relato El abrigo, Polgar nos lleva a la ciudad de París en tiempos de la ocupación nazi. Es una historia llena de suspenso en la que podemos ver la mano del destino jugando sus cartas en la vida de los personajes hasta llevarnos a un final sorprendente.

En Adiós en el andén de una estación, una despedida entre dos personas da lugar a un relato en el que están presentes detalles que no pasan desapercibidos para el autor y los adorna con metáforas para hacernos testigos de los sentimientos y sensaciones de la pareja en los minutos de la despedida: Estos últimos minutos, antes de que el tren se ponga en movimiento, llevan dentro un veneno capaz de agarrotar en una especie de espasmo los intereses más vitales y los sentimientos más intensos que entrelazan a dos personas (la que se va y la que se queda). Se ponen de manifiesto síntomas de parálisis en el cerebro y en la lengua. […]  (p.26)  Una escena común en un andén de estación es transformado en un relato que se interna en los sentimientos del ser humano ante una separación, aunque sea temporal.

Otro ejemplo de la habilidad del escritor vienés para convertir algo tan simple –como el globo de un niño– en el eje de un relato que muestra las emociones de las personas es, precisamente, El globo. Inicia: El niño de la casa tenía un globo. (p.69)  A partir de ahí, el autor nos contará la procedencia del globo y todo lo que origina cuando ingresa en un salón en que están reunidas personas mayores. Este trabajo es otra muestra de su capacidad de observador del comportamiento humano.

Llamó especialmente mi atención La soledad. Al leer ese texto recordé el estilo de Julio Ramón Ribeyro, especialmente al describir a personajes como el protagonista de su cuento Una aventura nocturna. Es sorprendente el uso del lenguaje metafórico que utiliza el escritor austriaco para describir y transmitirnos la esencia de un personaje como Tobías Klemm. Desde el inicio nos da una tajante presentación del personaje: La soledad de Tobías Klemm, ¡aquello sí que era soledad! (p.83)

Tobías Klemm, el personaje central del relato, es un hombre que detesta a todos los que le rodean y es ignorado por todos, como si no existiera. En un momento, en medio de esa terrible soledad busca, aunque sea, ser odiado con tal de captar algo de algún ser humano, que al menos lo haga sentir que nos es ignorado. Podemos leer algunas de las descripciones que nos ofrece el autor acerca de su personaje que vivía en un mísero cuartucho: […] La vela que le alumbraba por la noche ardía hosca y desabrida, como irritada por haberle de prestar un servicio. El espejo se empañaba adrede para no tener que recoger  claramente el rostro de Klemm. (p.83) […] En la fonda […] era un don nadie. Nadie se sentaba a su mesa. Ningún camarero lo trataba con familiaridad. Se quedaba en su rincón del mismo modo que las telarañas, llegadas a la fonda más o menos al mismo tiempo que él. […] (p.84)  […] Él mismo no era más que un grumo de tiempo endurecido, destinado a disolverse poco a poco y sin dejar huella en el infinito. (p.85)

Sin embargo, la vida le tendría preparada una sorpresa que lo hará imaginarse parte de la sociedad y que lo conducirá a un sorprendente final muy acorde con su existencia. Es, sin desmerecer al resto, uno de los mejores relatos que he leído en este extraordinario libro.

Sólo me he referido a algunos de los relatos pero, en cada uno de ellos podremos encontrar una excelente muestra del estilo de Alfred Polgar. La vida en minúscula es un libro que les recomiendo.

La vida en minúscula

 

Bibliografía:

La vida en minúscula, Alfred Polgar, Acantilado, Barcelona, 2005.

 

Carlos Tupiño Bedoya

 

El baile – Irène Némirovsky

El baileEntre las obras que dejó para la posteridad la escritora nacida en Kiev, Irène Némirovsky, se encuentra El baile, un texto publicado en 1930 que encuadra más dentro de lo que es un cuento y, por cierto, muy bien estructurado y de un desarrollo muy rápido e interesante.

En la historia ambientada en 1929, la protagonista es Antoinette, hija de Alfred y Rosine Kampf quienes se hicieron ricos de un momento a otro. Es en la señora Kampf en quien la autora personifica al nuevo rico, quien, a toda costa desea ocupar un lugar dentro de un grupo social al que no pertenece y para quienes es una desconocida.

Luego de once años de haber vivido en un oscuro departamento, ocupan una lujosa vivienda en París en la que desea dar una fiesta e invitar a los ricos de la ciudad. Decide preparar doscientas invitaciones que la hija llenará y que luego, junto con su institutriz inglesa deberán encargarse de que lleguen a destino.

La imagen de la señora Kampf es muy bien captada por la autora y transmitida al lector quien percibe el sentir de esa mujer por ser parte de la alta sociedad francesa. Dirigiéndose a su hija le dice: Si te preguntan alguna cosa, Antoinette, dirás que vivíamos en el Midi todo el año. No es necesario que especifiques si era Cannes o Niza, di solamente el Midi. (Página 16)

Antoinette se llevará una desagradable sorpresa al verse rechazada por su madre para asistir a la fiesta y ser presentada en sociedad. El menosprecio de la madre y el maltrato verbal eran una constante en la vida de la adolescente. La voz del narrador llega a mezclarse con el sentir de Antoinette y nos dice: Nadie la quería, ni una sola alma en el mundo… Los muy ciegos e imbéciles no veían que ella era mil veces más inteligente que toda esa gente que osaba criarla y educarla. […] Claro, una niña de catorce años, una chiquilla, es algo despreciable y vil como un perro. Pero ¿con qué derecho la enviaban a acostarse, la castigaban, la injuriaban? “¡Ah!, ojalá se murieran.” […] (Página 38)

El tema de la familia se haya presente en la obra de Némirovsky y este relato no es la excepción; muestra buen manejo de la historia y va llevando al lector a través de la historia por medio de la actitud de “nuevo rico” de la madre, el menosprecio hacia la adolescente Antoinette, la prohibición de asistir al baile y, el sentimiento que todo eso generará en ella impulsándola a aprovechar la oportunidad de idear y llevar a cabo su plan de venganza.

Luego de haber ejecutado su malvado plan, Antoinette se esconderá en la sala, lugar en donde se realizará el baile y, estará a la expectativa de cómo se concreta su venganza. Luego de haber visto los efectos que causó, la historia nos muestra la actitud que aparece en Antoinette. Obviamente no les malograría el placer de leer este libro contándoles lo que sucede.

Les recomiendo la lectura de El baile, es una historia bien trabajada y nos da la oportunidad de conocer la obra de Irène Némirovsky.

 

Bibliografía

El baile, Irène Némirovsky, Ediciones Salamandra, Barcelona, 2010.

 

Carlos Tupiño Bedoya

Buenos días, tristeza – Françoise Sagan

Hace poco estuve leyendo una novela publicada en el año 1954; se trata de Buenos días, tristeza de la escritora francesa Françoise Sagan. En ese entonces la autora contaba con dieciocho años y el libro resultó un éxito en ventas e hizo conocida a su autora.

Esta novela corta es una muestra de ese dicho que en la literatura no hay tema bueno ni malo, ya que todo depende de la manera en que se desarrolle, de la forma en que se construya y se cuente la historia; y este es el caso de Buenos días, tristeza. Si bien el tema de la novela, en  un contexto de mediados de los 50’s, generó –a pesar del éxito en ventas– críticas y controversias por su contenido, el mensaje que transmite el narrador a través de toda la historia, se sigue percibiendo en forma nítida, aún hoy, en pleno siglo XXI. Y he ahí el mérito del trabajo.

En la contratapa se lee: En una hermosa mansión a orillas del Mediterráneo, Cécile, una joven de diecisiete años, y su padre, un viudo cuarentón, frívolo y seductor, amante de las relaciones amorosas breves y sin consecuencias, viven despreocupados, entregados a una existencia fácil y placentera, en una ociosa y disipada independencia basada en la complicidad y el respeto mutuo. Sin embargo, la visita de Anne, una mujer inteligente, culta y serena, perturba ese delicioso desorden. A la sombra del pinar que rodea la casa y filtra el sol abrasador del verano, un juego cruel se prepara. ¿Cómo alejar la amenaza que se cierne sobre la extraña pero armónica relación de Cécile con su padre? A partir del momento en que Anne intenta adueñarse de la situación, Cécile, con el perverso maquiavelismo de una adolescente, librará contra ella una lucha que erosionará su vida y la conducirá lentamente al encuentro de la tristeza.

Cécile, la protagonista, es quien nos narra la historia ocurrida en su pasado: Aquel verano yo tenía diecisiete años y era completamente feliz. Acerca de Anne, la mujer que llega a la vida de la adolescente y su padre Raymond, la protagonista nos dice que era una antigua amiga de mi pobre madre y tenía escaso trato con mi padre. Sin embargo, dos años atrás, al salir yo del internado, mi padre me había enviado a vivir con ella. Y ella, en una semana, me había vestido con gusto y me había enseñado a vivir. […] Además, no teníamos las mismas relaciones: ella alternaba con gente fina, inteligente, discreta, y nosotros con gente bulliciosa, sedienta, a quien mi padre sólo exigía que fuese guapa y divertida. Creo que nos despreciaba un poco a mi padre y a mí por nuestra afición a las diversiones y trivialidades, como despreciaba todo exceso. Es la misma Cécile quien se encarga de mostrarnos el mundo en que se había acostumbrado a vivir con su padre y, a lo largo de la historia, nos muestra los contrastes o, mejor dicho, los choques entre ambos estilos de vida y nos transmite su sentir en las luchas internas que afronta con cada situación, luchas que tienen que ver con su rebeldía hacia las reglas, el orden y todo lo que no fuera ocio.

Sus luchas internas se acrecentaban más aún cuando Anne llegaba a su corazón, mostraba un interés hacia ella, como adolescente que era,  lo que provocaba en su interior mezclas de odio y de confianza hacia esa mujer que llegaba como la intrusa que estaba a punto de desbaratar –más que un modo de vida un modo de vida– el mundo en que vivían Cécile y su padre Raymond. Esos sentimientos generados por sus luchas, la pluma de Françoise Sagan se encarga muy bien de transmitirlos por medio de Cécile.

En un momento difícil, Cécile, en los brazos de Anne nos narra: Me invadía un deseo de derrota, de dulzura, y jamás otro sentimiento, ni la ira ni el deseo, se habían apoderado de mí con tal fuerza. Renunciar a la comedia, confiarle mi vida, ponerme en sus manos hasta el fin de mis días. Pero, también, sale a flota su naturaleza humana que quiere imponerse: Pero resultaba tan fácil seguir mis impulsos y luego arrepentirme. La corta historia está llena de estos contrastes y cambios de ánimo que estarán presente en todo ese tiempo que la adolescente va maquinando sus planes.

En el recuento que hace Cécile de esos momentos en los que ideaba la manera de alejar a Anne, no olvida que también fue capaz de influenciar a su padre: ¡Qué fácil me resultaba dirigir sus pensamientos! Me aterraba un poco conocerlo tan bien. Esa narradora adolescente se encarga que el lector tenga presente –a los largo de la historia– el contrate originado por el choque entre dos estilos de vida. Mi padre y yo, para estar interiormente tranquilos, necesitábamos la agitación exterior. Y eso Anne era incapaz de admitirlo. Todo lo veía desde su modo de vida, desde su egoísmo personal o, como lo percibiría ella, desde sus intereses personales, los cuales no consideraban a su padre: Ni pensé en él cuando tracé el plan de apartar a Anne de nuestras vidas. Sabía que se consolaría como se consolaba de todo: una ruptura le costaría menos que una vida ordenada. Sin embargo, todo su plan originaria un giro inesperado en la historia.

Al leer la novela podremos ver que es la naturaleza humana de esos personajes la que protagoniza la historia.

buenos dias tristeza

 

 

Bibliografía:

Buenos días, tristeza, Françoise Sagan, Tusquets, Barcelona, 2009

Desayuno en Tiffany’s – Truman Capote

Desayuno en Tiffany’s – Truman Capote

Una imagen de la Quinta Avenida en New York; por la iluminación y las calles vacías se puede sentir que hace poco ha amanecido en esa ciudad que nunca duerme (como lo dice la canción New York, New York); un taxi amarillo viene desplazándose hasta detenerse frente al local de Tiffany & Co, la famosa joyería. Como fondo suenan las notas de Moon River; del taxi desciende una mujer que viste un traje negro, largo y ceñido, lleva un collar de perlas, empieza a caminar hacia una de las vitrinas y contempla las joyas mientras de una bolsa de papel saca un pan y un vaso descartable de café y empieza a tomar su desayuno. La melodía de la canción sigue acompañando la escena.

Hay películas que, siendo adaptaciones de novelas, han prevalecido como tales en el recuerdo de los espectadores llegando a mantener oculta la novela en que se basaron. Esto sucedió con Desayuno en Trffany’s, una novela corta escrita por Truman Capote, la cual fue luego llevada al cine teniendo a Audrey Hepburn en el papel de Holly Golightly. Al mencionar el título, las personas recuerdan principalmente, la película y a la mencionada actriz en el papel principal.

Si bien es cierto que la película tuvo cinco nominaciones al Oscar, ganando dos de ellas, el guión creado para esa producción se ocupó, aparentemente, de mostrar el lado gracioso o cómico de la historia que nos cuenta un narrador anónimo, el cual es también parte de la historia. Este personaje sin nombre –que era un escritor que empezaba y  aún no había publicado un libro–, empieza recordando el edificio en que tuvo su primer departamento neoyorquino; esas evocaciones se dan en un bar que frecuentó en esos tiempos junto con Holly. El narrador nos dice: Jamás se me ocurrió, en aquellos tiempos, escribir sobre Holly Golightly, y probablemente tampoco se me hubiese ocurrido ahora de no haber sido por la conversación que tuve con Joe Bell, que revivió de nuevo todos los recuerdos que guardaba de ella.

Holly Golightly era una de las inquilinas del viejo edificio de piedra arenisca; ocupaba el apartamento que estaba debajo del mío. Por lo que se refiere a Joe Bell, tenía un bar en la esquina de Lexington Avenue; todavía lo tiene. Holly y yo bajábamos allí seis o siete veces al día, aunque no para tomar una copa, o no siempre, sino para llamar por teléfono: durante la guerra era muy difícil que te lo instalaran. Además, Joe Bell tomaba los recados mejor que nadie, cosa que en el caso de Holly Golightly era un favor importante, porque recibía muchísimos.

Durante su evocación, ese narrador nos irá presentando a Holly, física y emocionalmente. Quienes hemos visto Desayuno en Tiffany’s, al leer la descripción de Holly, nos viene a la memoria la imagen de Audrey Hepburn en la escena inicial de la película: […] Holly llevaba un fresco vestido negro, sandalias negras, collar de perlas. Pese a su distinguida delgadez, tenía un aspecto casi tan saludable como un anuncio de cereales para el desayuno, una pulcritud de jabón al limón, una pueblerina intensificación del rosa en las mejillas. Tenía la boca grande, la nariz respingosa. Unas gafas oscuras le ocultaban los ojos. Era una cara que ya había dejado atrás la infancia, pero que aún no era de mujer. […]

La Holly de la novela guarda algunos datos de su vida que no se hacen presentes en la película, obviamente debido al aspecto risueño que le quieren dar, lo cual no estuvo nada mal y tuvo el respaldo no sólo de las nominaciones al Oscar sino, también, el recuerdo entre los cinéfilos. Dentro de esa manera de vivir el día presente sin importar lo que venga mañana, resalta su vida nocturna, relacionándose con personas influyentes de la ciudad de New York y, dentro de esa actividad podemos percibir algunos detalles que nos da la misma Holly: No hay nada en el mundo que deteste tanto como los hombres que te dan mordiscos. […] se puede ganar lo mismo haciendo expediciones al tocador: todo caballero que se un poco chic te da cincuenta dólares para ir al lavabo, y siempre pido además para el taxi, que son otros cincuenta. Sin embargo, durante una conversación con su amigo, el narrador sin nombre, le dice que ha tenido once amantes. A lo largo de la corta novela se podrán encontrar más datos que forman parte de las vivencias de la protagonista. Ella quiere conseguir un hombre millonario con quien casarse.

Sin embargo, el eje de la vida de Holly es la constante huida, al parecer de sí misma. Ya había dejado su hogar, formado tal vez por necesidad, al estar solos, ella y su hermano en el mundo; terminó casándose muy pero, muy joven con un hombre mayor al que decide dejar. Es también un reflejo del conocido “sueño americano” que parece alborotar la cabeza a muchas personas. Holly demuestra tener un compromiso consigo misma, no con las personas que la rodean porque su pensamiento está en sí misma. Evita cimentar una relación, aunque sea de amistad, ya que teme se conviertan en algo que la detenga en su loca huida por la vida. Eso lo pone de manifiesto en la escena en la que despide a su esposo que había ido a buscarla. Todo esto es una muestra del talento de Truman Capote para construir esta historia, mostrando el lado humano, con sus debilidades, defectos y sentimientos de una joven que está persiguiendo sus sueños, su libertad y esto nos muestra que no todos tenemos los mismos sueños ni las mismas ansias de libertad pero, que, viendo la historia de Holly, ella está decidida a alcanzarlos y sólo cuenta lo que viva en el día que le toca vivir.

La pluma de Capote lleva al lector a percibir algunos contrastes en la acelerada vida de Holly, como el cuidado y la preocupación que tiene hacia su gato, algo que no muestra ni consigo misma. Es una muchacha que en ningún momento muestra visos de ser capaz de hacerle mal a nadie. Con el narrador llega a formar una relación de amistad, muy diferente a la que dice tener con los amigos que frecuenta noche a noche. Ella es quien lo ayuda para encontrar el contacto que le ayude para publicar su primer libro, algo que no sucede mientras están juntos.

Los sucesos que presenta la historia y la forma en que nos lo cuenta el narrador, nos hace ser testigos de situaciones de tensión que conducirán al desenlace final y, en medio de esas situaciones, estará presente la despreocupación, el desapego y las ansias de libertad de Holly. Una historia que nos hace pensar acerca de la actitud de la protagonista y la actitud frente a la vida que puede anidar en cada uno de nosotros.

 

Bibliografía:

Desayuno en Tiffany’s, Truman Capote, Debolsillo, Buenos Aires, 2011