El síndrome del viajero. Diario de Florencia – Stendhal

El síndrome del viajero. Diario de Florencia – Stendhal

Stendhal nos ha dado muestras de la manera en que observaba y percibía hasta los mínimos detalles y, luego, los utilizaba con maestría en sus literarios. Sin embargo, al leer El síndrome del viajero Diario de Florencia, nos permite apreciar su sensibilidad para el arte y la cultura.

Cada recorrido descrito en el libro indica la fecha y, a pesar del tiempo transcurrido, pueden servir en gran parte como guía turística para el viajero de hoy, siempre y cuando esté interesado en el arte, la cultura y tenga la disposición de dejarse absorber por esos vestigios del Renacimiento.

La frase Síndrome de Stendhal se ha hecho conocida al ser utilizada como referente a la fascinación que, según dicen, muchos viajeros experimentan al visitar Florencia y, lo cierto es que, luego de leer el libro, no queda la menor duda de la manera en que Stendhal fue impactado por todo lo que vio en esa ciudad que fue el centro del Renacimiento.

Una muestra de lo que experimento el escritor francés, la encontramos en la página 20, al visitar la iglesia de la Santa Croce: […] Estaba ya en una suerte de éxtasis ante la idea de estar en Florencia y por la cercanía de los grandes hombres cuyas tumbas acababa de ver. Absorto en la contemplación de la belleza sublime, la veía de cerca, la tocaba, por así decir. Había alcanzado ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes inspiradas por las bellas artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de la Santa Croce, me latía con fuerza el corazón; sentía aquello que en Berlín denominan nervios; la vida se había agotado en mí y caminaba temeroso de caerme.

Me senté en uno de los bancos de la plaza de Santa Croce, releí con delicia estos versos de Foscolo que llevaba en mi cartera… […] El texto continúa y Stendhal incluye el poema completo a que hace referencia.

Sus palabras describen claramente ese “éxtasis” que experimento en aquella visita efectuada el 19 de enero de 1817; el resto de las crónicas incluidas han sido fechadas entre el 19 de enero y el 4 de febrero de ese mismo año y han sido escritas en Pietramala, Florencia (incluye cinco crónicas), Volterra, Castelfiorentino, Siena, Torrenieri y Acquapendente.

Stendhal también incluye sus contactos con pobladores de algunos de los poblados y experiencias en medio de ellos, lo que nos da una visión de las costumbres y la sociedad en esos lugares y en ese tiempo.

Así como se refiere a lo bello, artístico y cultural, es también directo al describir lo contrario. En una de sus viajes escribe: […] Escribo en la calesa; avanzamos lentamente entre pequeñas colinas volcánicas, cubiertas de viñas y pequeños olivos: no puede haber nada más feo. (Página 75).

Las líneas mostradas son solo una muestra del estilo de Stendhal para hacernos testigos de sus viajes y, en ellas, podemos ver la unión de literatura y crónica viaje en la pluma del escritor francés.

Esta pequeña selección de textos es un extracto de una obra mayor: Roma, Nápoles y Florencia que data del año 1817 y cada uno de ellos nos da una muestra de la clase de viajero que fue Stendhal.

Luego de leerlo siento la necesidad de buscar y encontrar Roma, Nápoles y Florencia para poder disfrutar de cada una de esas crónicas de viaje escritas por uno de los grandes escritores de todos los tiempos.

 

Bibliografía:

El síndrome del viajero Diario de Florencia, Stendhal, Editorial Gadir, Madrid, 2011.

 

Carlos Tupiño Bedoya

 

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Elogio de París – Victor Hugo

Elogio de París – Victor Hugo

La pasión de un escritor por su ciudad.

Luego de leer El Nilo. Cartas de Egipto de Gustave Flaubert, me anime a adquirir otros libros de la colección “Pequeña Biblioteca Gadir” que la Distribuidora de Libros Heraldos Negros hace posible encontrarlos en las librerías.

Uno de esos libros es Elogio de París escrita por Victor Hugo. En el prólogo del libro se lee: […]…fue escrito por Victor Hugo con motivo de la Exposición Universal de París de 1867. Constituyó la introducción a una guía de la ciudad que se publicó en aquella ocasión. […] Este elogio es casi una declaración de amor a París en la que ocupa un lugar central la historia de la ciudad, y la interpretación que Hugo hace de ella; el protagonismo que París ha tenido en la historia de Francia y el que –ya en tiempos de Hugo– está teniendo en Europa.

Victor Hugo, quien no escatima palabras al momento de escribir, se ocupa de dar al lector una visión de París como centro de cultura y desarrollo, así como de llevarlo por un recorrido en la historia y formación de la ciudad en medio de textos que hacen referencia a hechos y nombres en la historia, así como a la intertextualidad de diferentes obras.

El escritor francés inicia el texto con estas palabras: En el siglo XX habrá una nación extraordinaria. Luego continuará en ese capítulo inicial con los ideales de su ciudad: […] Tendrá la suprema justicia de la bondad. […] (Pág.13).  La libertad del corazón humano se respetará igual que la libertad del espíritu humano, pues amar es tan sagrado como pensar. […] (Pág.20).  Esta nación tendrá por capital París, y no se llamará Francia: se llamará Europa. Se llamará Europa en el siglo XX, y, en los siguientes siglos, más transfigurada todavía, se llamará Humanidad. (Pág.21)

En el capítulo titulado El pasado hará un viaje por el tiempo hasta llegar a los días de París, a través del cual permite al lector nutrirse de historia y cultura. Como ejemplo, en este capítulo leemos: El comienzo de París sucede a la decadencia de Roma. […] Tiberio colocó, por así decirlo, la primera piedra de Notre-Dame; había encontrado allí una buena plaza para un templo, y erigió un altar al dios Cerennos y al toro Esus. […] (Pág. 27). Así es como Victor Hugo va mostrando la historia y los orígenes de su ciudad, en los que estará presente la Revolución Francesa: Cuando se produce la convulsión, la autoridad puede llegar hasta la dictadura y la libertad hasta la anarquía. (Pág.61)

En el capítulo que lleva por título La supremacía de París, da cuenta cómo París va creciendo en el tiempo y compara a París con Jerusalén, Atenas y Roma. Resulta interesante y enriquecedor leer esas líneas en las que Víctor Hugo explica la comparación que hace de su ciudad.

Función de París es el capítulo en que Hugo se encarga de escribir acerca de la influencia de su ciudad a las demás naciones, algo que resulta importante teniendo en cuenta la realización de la Exposición Universal. Una muestra la tenemos en la página 83: […] Sus libros, sus periódicos, su teatro, su industria, su arte, su ciencia, sus modas que forman parte de su filosofía, lo bueno y lo malo, el bien y el mal, todo eso agita las naciones y las guía.

A través de sus textos, Victor Hugo lleva al lector hacia el último capítulo titulado Declaración de paz  que inicia con estas palabras: Que Europa sea bienvenida.

Es uno de los excelentes textos de Victor Hugo, más aún si se tiene en cuenta ese gran evento de importancia mundial. En sus líneas no sólo muestra la importancia cultural, intelectual y política de París sino, también su amor y admiración por esa ciudad.

Leer este libro es darse una breve inmersión en la historia y la cultura.

Bibliografía:

Elogio de París, Victor Hugo, Ediciones Gadir, Pequeña Biblioteca Gadir, Madrid, 2011.

 

El Nilo. Cartas de Egipto – Gustave Flaubert

El Nilo. Cartas de Egipto – Gustave Flaubert

Es mucho lo que se podría comentar del autor de Madame Bovari, y otros excelentes trabajos que dejó para la posteridad y que perduran en el tiempo como joyas de la literatura; sin embargo, poco se conoce su faceta como escritor personal; no aquel que crea estructuras narrativas y ficciones, sino aquel que utiliza su pluma para describir sus experiencias, sus viajes, su percepción del mundo;  las cartas hacia su madre y sus amigos más cercanos. En el libro El Nilo Cartas de Egipto nos encontramos, precisamente, con ese Flaubert.

Es un breve libro editado por la editorial española Gadir, para su colección Pequeña Biblioteca Gadir. Cabe mencionar que en esta colección se hallan otros interesantes títulos que comentaré próximamente en este blog.

Las cartas incluidas en esta edición fueron escritas por Gustave Flaubert durante el viaje que hizo a Egipto en compañía de su amigo, el fotógrafo Maxime Du Champ (algunas de las fotografías tomadas durante el viaje se incluyen en el libro); un viaje que duró nueve meses y que se inició en 1849.

En el prólogo se lee: La correspondencia que redacta durante el trayecto por el Nilo va dirigida mayoritariamente a su madre y a Louis Bouilhet, amigo desde la infancia. Embelesado por los exóticos encantos culturales –además de carnales– que ofrece Egipto, es escritor da rienda suelta a su talento y cuenta con gran sentido del humor divertidas anécdotas del viaje. Alejados del estilo habitual de sus novelas, descubrimos en estos textos a un Flaubert cercano, íntimo y desenfadado, que logra perfilar, con pocos trazos, la atmósfera penetrante y singular del Egipto de la época.

Esas cartas son una muestra de la maestría del escritor francés que logra introducirnos a los lugares acerca de los cuales escribe. Me imagino que su madre y su amigo Louis, al leer las cartas, deben haberse sentido transportados –como los que hemos leído esas líneas– a esos parajes del Nilo, al calor abrasador, a las emociones propias del viaje.

En los textos, Flaubert es muy preciso para contar sucesos, mencionar los nombres de las ciudades y aldeas, así como los diferentes personajes que conoce durante su periplo, el cual, luego de abandonar Egipto, lo llevaría a Constantinopla y otras ciudades de Oriente.

Como una muestra, citaré unas palabras que escribió Flaubert en la carta dirigida a su madre, fechada el 16 de mayo de 1850. Acerca de Tebas refiere: Podríamos habernos quedado ahí mucho tiempo, y en un estado de perpetuo asombro. Es, de lejos, lo más hermosos [SIC] que veremos en Egipto, y quizá lo más increíble que veamos en todo el viaje. Sin embargo, conforme avanzamos por los textos, somos testigos de la admiración que también despiertan en él los diferentes lugares, ciudades y aldeas que encuentra en el recorrido por el Nilo.

Por medio de sus descripciones podemos percibir como se encontraban, en esos años, las ruinas de las ciudades que fueron habitadas por los faraones, actualmente convertidas en lugares turísticos. En una de sus cartas, en la que hace mención a uno de sus contactos con ese legado de historia egipcia, escribió: En Karnak, todo parecía estar hecho a la medida de gigantes. Pasé una noche a los pies del coloso de Memmón, devorado por los mosquitos. Ese viejo sinvergüenza del coloso tiene buena pinta, está cubierto de inscripciones; las inscripciones y las cagadas de pájaro, he ahí las dos únicas cosas sobre las ruinas de Egipto que indican que están vivas. La piedra más corroída no tiene una brizna de hierba. Todo se disuelve en puro polvo de momia.

Leer esas cartas escritas, por uno de los grandes de la literatura, en tono personal a su madre y a su amigo Louis Bouilhet nos permiten disfrutar de la habilidad del escritor francés que, aún en textos que pueden parecer tan simples, logra atrapar al lector y llevarlo al lugar de los hechos; en este caso reales y alejados de la ficción.

Un gran acierto el de Gadir Editorial al publicar estos textos.

Bibliografía:

El Nilo Cartas de Egipto, Gustave Flaubert, Gadir Editorial, Madrid, 2011

 

Buenos días, tristeza – Françoise Sagan

Hace poco estuve leyendo una novela publicada en el año 1954; se trata de Buenos días, tristeza de la escritora francesa Françoise Sagan. En ese entonces la autora contaba con dieciocho años y el libro resultó un éxito en ventas e hizo conocida a su autora.

Esta novela corta es una muestra de ese dicho que en la literatura no hay tema bueno ni malo, ya que todo depende de la manera en que se desarrolle, de la forma en que se construya y se cuente la historia; y este es el caso de Buenos días, tristeza. Si bien el tema de la novela, en  un contexto de mediados de los 50’s, generó –a pesar del éxito en ventas– críticas y controversias por su contenido, el mensaje que transmite el narrador a través de toda la historia, se sigue percibiendo en forma nítida, aún hoy, en pleno siglo XXI. Y he ahí el mérito del trabajo.

En la contratapa se lee: En una hermosa mansión a orillas del Mediterráneo, Cécile, una joven de diecisiete años, y su padre, un viudo cuarentón, frívolo y seductor, amante de las relaciones amorosas breves y sin consecuencias, viven despreocupados, entregados a una existencia fácil y placentera, en una ociosa y disipada independencia basada en la complicidad y el respeto mutuo. Sin embargo, la visita de Anne, una mujer inteligente, culta y serena, perturba ese delicioso desorden. A la sombra del pinar que rodea la casa y filtra el sol abrasador del verano, un juego cruel se prepara. ¿Cómo alejar la amenaza que se cierne sobre la extraña pero armónica relación de Cécile con su padre? A partir del momento en que Anne intenta adueñarse de la situación, Cécile, con el perverso maquiavelismo de una adolescente, librará contra ella una lucha que erosionará su vida y la conducirá lentamente al encuentro de la tristeza.

Cécile, la protagonista, es quien nos narra la historia ocurrida en su pasado: Aquel verano yo tenía diecisiete años y era completamente feliz. Acerca de Anne, la mujer que llega a la vida de la adolescente y su padre Raymond, la protagonista nos dice que era una antigua amiga de mi pobre madre y tenía escaso trato con mi padre. Sin embargo, dos años atrás, al salir yo del internado, mi padre me había enviado a vivir con ella. Y ella, en una semana, me había vestido con gusto y me había enseñado a vivir. […] Además, no teníamos las mismas relaciones: ella alternaba con gente fina, inteligente, discreta, y nosotros con gente bulliciosa, sedienta, a quien mi padre sólo exigía que fuese guapa y divertida. Creo que nos despreciaba un poco a mi padre y a mí por nuestra afición a las diversiones y trivialidades, como despreciaba todo exceso. Es la misma Cécile quien se encarga de mostrarnos el mundo en que se había acostumbrado a vivir con su padre y, a lo largo de la historia, nos muestra los contrastes o, mejor dicho, los choques entre ambos estilos de vida y nos transmite su sentir en las luchas internas que afronta con cada situación, luchas que tienen que ver con su rebeldía hacia las reglas, el orden y todo lo que no fuera ocio.

Sus luchas internas se acrecentaban más aún cuando Anne llegaba a su corazón, mostraba un interés hacia ella, como adolescente que era,  lo que provocaba en su interior mezclas de odio y de confianza hacia esa mujer que llegaba como la intrusa que estaba a punto de desbaratar –más que un modo de vida un modo de vida– el mundo en que vivían Cécile y su padre Raymond. Esos sentimientos generados por sus luchas, la pluma de Françoise Sagan se encarga muy bien de transmitirlos por medio de Cécile.

En un momento difícil, Cécile, en los brazos de Anne nos narra: Me invadía un deseo de derrota, de dulzura, y jamás otro sentimiento, ni la ira ni el deseo, se habían apoderado de mí con tal fuerza. Renunciar a la comedia, confiarle mi vida, ponerme en sus manos hasta el fin de mis días. Pero, también, sale a flota su naturaleza humana que quiere imponerse: Pero resultaba tan fácil seguir mis impulsos y luego arrepentirme. La corta historia está llena de estos contrastes y cambios de ánimo que estarán presente en todo ese tiempo que la adolescente va maquinando sus planes.

En el recuento que hace Cécile de esos momentos en los que ideaba la manera de alejar a Anne, no olvida que también fue capaz de influenciar a su padre: ¡Qué fácil me resultaba dirigir sus pensamientos! Me aterraba un poco conocerlo tan bien. Esa narradora adolescente se encarga que el lector tenga presente –a los largo de la historia– el contrate originado por el choque entre dos estilos de vida. Mi padre y yo, para estar interiormente tranquilos, necesitábamos la agitación exterior. Y eso Anne era incapaz de admitirlo. Todo lo veía desde su modo de vida, desde su egoísmo personal o, como lo percibiría ella, desde sus intereses personales, los cuales no consideraban a su padre: Ni pensé en él cuando tracé el plan de apartar a Anne de nuestras vidas. Sabía que se consolaría como se consolaba de todo: una ruptura le costaría menos que una vida ordenada. Sin embargo, todo su plan originaria un giro inesperado en la historia.

Al leer la novela podremos ver que es la naturaleza humana de esos personajes la que protagoniza la historia.

buenos dias tristeza

 

 

Bibliografía:

Buenos días, tristeza, Françoise Sagan, Tusquets, Barcelona, 2009

Retrato de Balzac – Théophile Gautier

Retrato de Balzac – Théophile Gautier

Pocas veces el destino permite que un gran escritor sea retratado por un gran poeta. Balzac bajo la mirada de Gautier. El resultado es un libro portentoso. Y más si tomamos en cuenta que fueron amigos cercanos. La admiración que Gautier profesa por Balzac es evidente, pero justo eso es lo que hace tan impactante este libro. Estas las palabras inician el texto de la contratapa del libro Retrato de Balzac escrito por Théophile Gautier.

El poeta Gautier empieza el libro con el primer contacto que tuvo con Honoré de Balzac, a raíz de ser invitado por el escritor a colaborar en el semanario La crónica de París. A partir de ese momento, el poeta francés nos muestra, haciendo uso de una hermosa y descriptiva prosa, diferentes aspectos de la vida de Balzac, como el lugar donde vivía, las amistades que frecuentaba, sus fantasías, su fracaso al escribir poemas y la manera cómo en esos años, Balzac aún no era el escritor de renombre que todos conocemos, hubo comentarios de críticos que decían que Balzac no servía para escritor.

En base a los testimonios que escuchó, Gautier nos cuenta cómo fue Balzac de niño durante los estudios, cómo devoraba los libros de la biblioteca y cómo era considerado por sus maestros; acerca de esto último, estoy seguro que al leerlo muchos se llevarán una sorpresa.

Recuerdo haber escuchado y leído acerca de escritores, como Flaubert, que han sido sumamente exigentes consigo mismos al momento de trabajar en una creación literaria, algo que también es una de las características de Mario Vargas Llosa quien ha declarado que considera a Flaubert como uno de sus maestros. Sin embargo, al leer el texto escrito por Gautier, llamó mi atención ver la manera en que describe el aislamiento que Balzac se auto-imponía cada vez que empezaba a trabajar. El poeta dice del escritor: … era esclavo de su obra, y esclavo voluntario. (Página 109)

Otra de las características de Balzac, eran sus dotes de observador de los detalles que resultan importantes al momento de construir un personaje. Gautier escribe: Releyendo con atención La comedia humana cuando se ha conocido familiarmente a Balzac, se encuentran allí esparcidos multitud de curiosos detalles acerca de su carácter y de su vida… (Página 35). El poeta nos da una muestra de esos detalles captados por el escritor francés; transcribe unas líneas de la novela Facino Cane, escrita en 1836: (…) Una sola pasión me sacaba de mis hábitos estudiosos; ¿pero no era también un estudio? Iba a observar las costumbres de los arrabales, sus habitantes y sus caracteres. (…) Oyendo a esa gente podía compenetrarme con su vida, sentir sus harapos en mi cuerpo, andar con mis pies metidos en sus zapatos agujereados, sus deseos, sus necesidades, todo pasaba a mi alma, y mi alma pasaba a la suya; esto era el sueño de un hombre despierto.(…) (Páginas 36 -37).

Más adelante Gautier vuelve a lo que era ese instinto de observador que habitaba en Balzac:“Pero encontrarse en medio de la muchedumbre, codearse con ella y notar su aspecto, comprender las corrientes, entresacar de ellas las individualidades, dibujar las fisonomías de tantos seres diversos, manifestar los motivos de sus acciones; he aquí lo que requiere un genio enteramente especial, y el autor de La comedia humana lo tuvo en un grado que nadie igualó ni probablemente igualará. (Página 103).

Luego añade: En el Museo de Antigüedades miraba la Venus de Milo sin gran éxtasis, pero hacía chispear sus ojos de placer la parisiense parada ante la inmortal estatua, vestida con una larga cachenira, cayendo sin un pliegue desde la nuca al talón, cubierta con el sombrero de velito de Chantilly, (…)En sus retratos de mujer nunca deja de colocar una señal, un pliegue, una arruga, una mancha rojiza, un hoyuelo enternecido y fatigado, una vena demasiado prominente, cualquier detalle indicador de los magullamientos de la vida, (…). (Páginas 103 – 104).

Luego de leer el texto de Gautier, me puse a revisar las descripciones hechas por Balzac en su novela Eugenie Grandet y entre las muchas descripciones de personajes encontré la siguiente: La señora Grandet era una mujer seca y flaca como membrillo, torpe y lenta; una de esas mujeres que parecen hechas para ser tiranizadas. Tenía los huesos grandes, una gran nariz, una gran frente, grandes ojos, y ofrecía, a primera vista, una vaga semejanza con esos frutos resecos que ya no tienen ni sabor ni jugo. Tenía los dientes negros y escasos, la boca arrugada y la barbilla ganchuda. Era una excelente mujer, una verdadera Bertellière. El padre Cruchot sabía encontrar ocasiones para decirle que no había estado demasiado mal, y ella se lo creía. Una dulzura angélica, una resignación de insecto atormentado por los niños, una devoción poco corriente, una inalterable serenidad de alma y su buen corazón hacían que fuese universalmente compadecida y respetada. (*)

Son muchos aspectos más los que comparte Théophile Gautier con sus lectores, los cuales acercan más a la persona y obra de ese grande autor de esa enorme obra literaria que es La comedia humana. Les recomiendo Retrato de Balzac, es un libro que disfrutarán de principio a fin.

 

Bibliografía:

Retrato de Balzac, Théophile Gautier, Ediciones Sexto Piso, México D.F., 2006
Las citas marcadas con números de página entre paréntesis, han sido tomadas de este libro.

Eugénie Grandet. La Comedia humana, Honoré de Balzac, El Mundo Unidad Editorial SA, Madrid, 1999
La cita marcada con (*) ha sido tomada de este libro.

 

Carlos E. Tupiño

El fin de los libros – Octave Uzanne

El fin de los libros – Octave Uzanne

“…fue un hombre de letras que tras su muerte cayó en un olvido injustificado”. Estas palabras que aparecen al inicio del libro “El fin de los libros”(Ediciones Gadir, Madrid, España, 2010) se refieren a su autor Octave Uzanne, escritor, periodista, editor y bibliófilo fundador de la Sociedad de Bibliófilos Contemporáneos, nacido el año 1851 en Auxerre, Francia.

Este texto formó parte de los “Cuentos para bibliófilos” que Uzanne escribió con Albert Robida y se publicó en el año 1894. Este interesante y entretenido relato nos lleva  a la ciudad de Londres, en medio de una reunión de amigos que deciden juntarse para charlar luego de haber asistido a uno de los viernes científicos de la Royal Institution.

Deciden que cada uno de los presentes, especialistas en distintos campos del arte y la ciencia, expongan sus ideas acerca del “devenir de la humanidad”. Cuando le toca el turno al narrador, declara que dentro de cien años el libro impreso va a desaparecer.

Resulta sorprendente la exposición que realiza a los allí presentes, en la que podemos reconocer los adelantos tecnológicos que nos rodean y que están cambiando el uso del libro.

Refiriéndose a la imprenta dice: “está amenazada de muerte, según mi opinión, por los distintos sistemas de grabación descubiertos recientemente…” (página 30). Luego, alguien le pregunta: ¿Cómo supone usted que podamos construir fonógrafos lo suficientemente ligeros y resistentes como para grabar largas novelas…?” (página 34). Al leer esas palabras, escritas hace más de cien años, pienso en los audio libros que se encuentran gratuitamente en internet y en los que podemos escuchar obras literarias en versiones originales y completas.

Más adelante el narrador dice:”Recostados sobre sillones o balanceándose en mecedoras, gozarán, en silencio, de las maravillosas aventuras que les proporcionarán los tubos flexibles, directamente colocados en sus oídos dilatados por la curiosidad” (página 40).  Creo que aquí podemos ver lo que anticipaba acerca de los audífonos y, en otras descripciones podemos encontrar referencias a los minúsculos aparatos que llevamos en el bolsillo con miles de canciones o audio libros para escuchar mientras caminamos o realizamos nuestras diferentes actividades.

El narrador también “profetiza” sobre la prensa escrita y sus palabras nos hacen pensar en la manera en que podemos acceder, en estos tiempos, a las noticias de los diferentes diarios del mundo gracias a la internet..

Si bien este relato lo atribuyen a Octave Uzanne, no dejo de pensar que también podría tener mucho que ver el escritor, dibujante, historiador de París y también considerado como maestro de la anticipación Albert Robida, quien fue colaborador de Uzanne al escribir los “Cuentos para bibliófilos” en la que trabajó como ilustrador. Las ilustraciones de Robida se pueden ver en la versión en inglés “The End of Books” publicada por The University of Adelaide Library.

El escritor francés y coleccionista de ciencia ficción Pierre Versins escribió acerca de Robida: “…es el único de los anticipadores del siglo XIX e inicios del XX que nos presenta una imagen de nuestro presente que no está lejos de la realidad que vivimos hoy…” (Pierre Versins. Enciclopedia de la utopía de los viajes extraordinarios y de la ciencia ficción. Lausanne, La edad del hombre, 1972, artículo «Albert Robida») (Traducido por el suscrito).

La nota completa, escrita por Patrice Carré, la pueden encontar en http://www.robida.info/maitreanticipation.html

Es un libro interesante que vale la pena leer. Nos hará pensar acerca del destino del libro impreso en medio de un mundo globalizado y “cibernetizado”; sin embargo, estoy convencido que ningún avance tecnológico podrá reemplazar el placer de sostener un libro en nuestras manos mientras leemos su contenido, recorriéndolo hoja a hoja y, en muchos casos, percibir el aroma del papel, la tinta, la encuadernación, es decir, el olor de un libro.

 

Carlos E. Tupiño

(Febrero, 2011)