De mi biblioteca: “La soledad sonora” – Emily Dickinson

De mi biblioteca: “La soledad sonora” – Emily Dickinson

Nada menos que 1775. Ése es el número de poemas que nos dejó Emily Dickinson (1830-1886), de los que sólo vio publicados ocho. Pasó toda su vida en Amherst, Nueva Inglaterra, en el hogar de sus padres, apenas hizo cuatro o cinco viajes fugaces a ciudades cercanas como Washington, Boston o Filadelfia, y sus amores casi cuesta llamarlos así.
En un hermoso poema justificaba su existencia en soledad: “Un alma con un Huésped / raro es que marche fuera, / pues la divina multitud en casa / anula tal deseo”. Así que sin necesidad de traspasar siquiera el umbral de su mente, recorrió las más extrañas latitudes, dialogó con seres de sombra y luz, y volvió ilimitado lo real al convertir las cosas más sencillas y cotidianas en símbolos inagotables. […]
Su grandeza está en haberle sabido dar un rostro al misterio que ella veía en la naturaleza y en su propia alma, en haber practicado una poesía metafísica que no se pierde en abstrusas entelequias, sino que resulta cercana, sensorial, llena de fulgurantes intuiciones. Quizás por eso, de la lectura de sus poemas se sale como de una ardiente bruma, de una inquietante niebla que, a un mismo tiempo, oculta y revela lo que nombra. (Solapa del libro)

Es una edición bilingüe que contiene 201 poemas de E. Dickinson.

La soledad sonora
Emily Dickinson
Selección, prólogo y versión de Lorenzo Oliván
Editorial Pre-Textos, Colección La Cruz del Sur, Valencia, 2010.
464 páginas.

Blanca Varela. Poesía reunida 1949-2000

Blanca Varela. Poesía reunida 1949-2000

Cuando abro un libro de poemas, en vez de encontrar un prólogo, una introducción o cualquier otro texto, me gusta hallar desde el inicio la creación del poeta; es como si uno de sus poemas me diera la bienvenida al libro. Eso experimenté con Poesía reunida 1949-2000 de Blanca Varela; una interesante e importante edición hecha por la Librería Anticuaria Sur y Casa de Cuervos. La aparición del libro coincidió con el Congreso en Homenaje a Blanca Varela, organizado por la Casa de la Literatura Peruana.

Al iniciar Poesía reunida…, el lector es recibido por el poema Puerto Supe, uno de los más comentados y estudiados de la poeta peruana. Aquí un fragmento:

Está mi infancia en esta costa,
bajo el cielo tan alto,
cielo como ninguno, cielo, sombra veloz,
nubes de espanto, oscuro torbellino de alas,
azules casa en el horizonte.

Junto a la gran morad sin ventanas,
junto a las vacas ciegas,
junto al turbio licor y al pájaro carnívoro.

¡Oh, mar de todos los días,
mar montaña,
boca lluviosa de la costa fría!

Allí destruyo con brillantes piedras
la casa de mis padres,
allí destruyo la jaula de las aves pequeñas,
destapo las botellas y un humo negro escapa
y tiñe tiernamente el aire y sus jardines.

[…]

Este poema también es el inicio de Ese puerto existe [1949-1959], su primer poemario, publicado en 1959 con un prólogo de Octavio Paz.

Poesía reunida incluye, además, los siguientes poemarios: Luz de día [1960-1963], Valses y otras falsas confesiones [1964-1971], Canto villano [1972-1978], Ejercicios materiales [1978-1993], El libro de barro [1993-1994], Concierto animal [1999] y El falso teclado [2000]. Cierran el libro dos textos sobre la obra de Blanca Varela a cargo de Ana María Gazzolo y Giovanna Pollarolo.

Es una gran oportunidad para leer la poesía de Blanca Varela.

Blanca Varela. Poesía reunida 1949-2000. Casa de Cuervos, S.A.C. y SUR Librería anticuaria, Lima, 2016.

 

Carlos E. Tupiño
Octubre, 2016

De mi biblioteca: Las ínsulas extrañas

De mi biblioteca: Las ínsulas extrañas

En 1933 publicó Las ínsulas extrañas, y al año siguiente Abolición de la muerte, que aparecería con un dibujo de César Moro (“el poeta mayor de mi generación”). […]

La poesía de Westphalen ha merecido testimonios de admiración y respeto de parte de renombrados poetas, como Octavio Paz, José Ángel Valente y Jorge Eduardo Eielson. Para Valente, en la poesía de Westphalen “volvemos una y otra vez a la palabra inicial, a la sola palabra poética, palabra de la germinación, que recita ininterrumpidamente el comienzo o el origen”. Desde su alta torre de control, el poeta preside el juego de registrar las supremas voces, haciéndonos participar en la gestación misma del hecho poético.

En las páginas de Las ínsulas extrañas todo fluye, nace, salta, multiplica sus ramas, sus corrientes, sus memorias. Nada está quieto y nada es por mucho tiempo. Creemos coger un pájaro al vuelo. Creemos alcanzar el seguro borde de esta isla o de aquella y no sabemos que vamos entre ínsulas extrañas, ínsulas que crecen extrañamente hasta adueñarse del mar. (Solapa del libro)

Las ínsulas extrañas
Emilio Adolfo Westphalen
Ediciones Ríotigre, Lima, 2004
48 páginas