Aventura poética – Pedro Salinas

Aventura poética – Pedro Salinas

Una interesante y hermosa antología de nueve libros de poesía escritos por el poeta español Pedro Salinas, integrante de la llamada Generación del 27.

Salinas fue uno de los primeros poetas que me recomendaron hace varios años, y es uno de mis poetas favoritos. Siempre encuentro un momento para internarme en sus poemas y disfrutar con cada uno de los versos escritos por el vate madrileño.

Esta edición, a cargo de David L. Stixrude, permite conocer la obra de Salinas. La Introducción empieza con Vida y ambiente cultural, texto que nos informa las múltiples ocupaciones que tuvo Pedro Salinas como profesor y catedrático en diferentes universidades de Europa; también, acerca de la publicación de su primer poemario que fue hecha por Juan Ramón Jiménez en 1824; luego vienen sus diferentes actividades y contactos con poetas e intelectuales de esa generación. Acerca de ellos, Stixrude cita: La poesía de Salinas, como la de los otros miembros de su generación, revela un rico complejo de afinidades con autores clásicos y contemporáneos. En efecto, uno de los rasgos más destacados de estos poetas de la generación de 1927 es su franqueza intelectual, su avidez de conocer y de ponerse al tanto de todo triunfo creativo, su extraordinaria capacidad de asimilar. (p.17)

Luego continúa el texto El mundo lector de Pedro Salinas. El autor escribe: […] Salinas define y desarrolla en su obra una vigorosa actitud espiritual que, necesariamente hace recordar la producción poética de contemporáneos suyos como Machado, Jiménez y Guillén. También le liga a estos poetas la fuerte tendencia de crear un repertorio de palabras claves, cuya significación va creciendo en hondura y complejidad. (p.23). En esas líneas se pueden encontrar breves análisis a los motivos empleados por el poeta español, así como los signos y símbolos utilizados en su poesía. Este análisis se desplaza a través de los distintos poemarios que han sido incluidos en esta edición.

La Introducción continúa con la presentación y un breve análisis y comentario de cada uno de los libros que componen la antología Aventura Poética. A lo largo de sus páginas podemos encontrar abundantes notas de pie de página que nos brindan importante información, no sólo para los que recién se acercan a la obra de Salinas sino, también, para aquellos lectores interesados en la hermosa producción de este extraordinario poeta.

Los libros incluidos en esta antología son: Presagios (1924), Seguro azar (1924-1928), Fábula y signo (1931), La voz a ti debida (1933), Razón de amor (1936), Largo lamento (1936-1939), El contemplado (1946), Todo más claro y otros poemas (1949) que incluye el Prefacio escrito por el mismo Salinas, Confianza (1955).

El Prefacio que menciono en el párrafo anterior fue escrito por el mismo poeta, según se puede leer en el texto. En esas líneas Salinas escribe: […] que la poesía siempre es obra de caridad y de claridad. De amor, aunque gotee angustias y se busque la solitaria desesperación. De esclarecimiento, aunque necesite los arrebozos de lo oscuro y se nos presente como bulto indiscernible, a primeras. […] todo poema digno acaba en iluminaciones. […] esos pocos poemas en donde se encuentra el clarísimo a través de las tinieblas. […] (p.222) Estas palabras nos dan una clara idea de lo que la poesía representaba para Pedro Salinas.

Aquí una muestra de su vasta producción poética.

1

Tú vives siempre en tus actos,
Con la punta de tus dedos
pulsas el mundo, le arrancas
auroras, triunfos colores,
alegrías: es tu música.
La vida es lo que tú tocas.  (*)

 
3

¡Si me llamaras, sí,
si me llamaras!
 
Lo dejaría todo,
todo lo tiraría:
los precios, los catálogos,
el azul del océano en los mapas,
los días y sus noches, los telegramas viejos
y un amor.
Tú, que no eres mi amor,
¡si me llamaras!  (*)

(*) Inicio de los poemas 1 y 3 que forman parte de La voz a ti debida – 1933. (p.107 y 109 respectivamente)

Es un libro que se disfruta verso a verso.

 

Bibliografía:

Aventura poética, Pedro Salinas, Edición de David L. Stixrude, Ediciones Cátedra, Colección Letras Hispánicas, Madrid, 2005.

 

Carlos Tupiño Bedoya
Abril, 2014

Una historia sencilla – Leila Guerriero

Una historia sencilla – Leila Guerriero

Un texto que nos cuenta la historia de los concursantes a un evento de baile en un pueblo apartado en el interior de Argentina, tal vez no despertaría mucho interés; sin embargo, el estilo con que puede ser narrado ese suceso, es lo que hace la diferencia y, lo convierte en una historia real que atrapa la atención del lector desde el inicio y no lo suelta hasta el final.

Eso es lo que sucede con la lectura de Una historia sencilla, una espectacular crónica escrita por la periodista argentina Leila Guerriero. En ella nos cuenta acerca de una competencia de baile folklórico que se lleva a cabo cada año, desde 1966, en la ciudad de Laborde ubicada a varios cientos de kilómetros de Buenos Aires, Argentina. Se trata del Festival Nacional de Malambo de Laborde, un certamen que se convierte en la gloria para el bailarín que es coronado campeón y, también, se convierte en el final de su participación en el certamen y en el baile.

En la contratapa del libro se lee: […] Para resguardar el prestigio del certamen, los campeones han hecho un pacto: una vez que ganan, ya no pueden volver a presentarse en otra competencia. Así, el malambo con el que se coronan es, también, el último de sus vidas. […]

Si bien, a lo largo de la crónica desfilan muchos personajes, sobre todo los concursantes, la historia tiene un personaje central, una persona real: Rodolfo Gonzáles Alcántara.

Durante la lectura, se puede percibir la maestría empleada por Leila Guerriero para construir una crónica, que empieza por la curiosidad o interés acerca de algo y de ahí viene la investigación, en este caso, mediante el vínculo que establece con Rodolfo Gonzáles Alcántara y su entorno.

En el desarrollo de la crónica la periodista está presente y logra transmitir esas emociones de las que es testigo presencial; podemos ver el esfuerzo, las penas, las alegrías, el dejarlo todo con tal de poder entrenar para participar y ganar el primer premio. ¿Qué es lo que motiva a esos hombres? Precisamente, Guerriero se encarga de mostrar aquello que los impulsa a hacer algo que, tal vez, para muchos de nosotros, alejados de ese contexto, no podríamos entender pero que, sin embargo, la periodista argentina se encarga no sólo de mostrarnos el sentir de los concursantes sino de que podamos percibir esa esencia que los mueve, que los arrastra hacia el anhelo que tienen por delante.

Todo eso es posible por el estilo y dedicación que le imprime Leila Guerriero a cada una de las crónicas que pone sobre el papel.

Recuerdo el primer contacto que tuve con los textos de Guerriero; fue por un libro que me prestaron: Frutos prohibidos, en el que pude leer crónicas extraordinarias; luego empecé a buscar su libro Plano americano, actualmente agotado (al momento de esta publicación pude encontrar un ejemplar). Como una muestra de su estilo, pueden leer el perfil del poeta peruano César Moro; el texto fue publicado por la revista Gatopardo. Lleva por título: César Moro, varias veces maldito.

El lenguaje utilizado y la cercanía con las personas que son el centro de su historia, juegan un papel importante. Durante la lectura encontramos metáforas que suele utilizar y que realzan aquello que quiere transmitir, incluyendo lo que ella misma siente durante las conversaciones con los malambistas en las que le dicen su sentir con relación a la competencia: Estoy por insistir, pero desisto. Empiezo a darme cuenta de que es inútil. (p.39). Al finalizar uno de los malambos que ejecuta uno de los bailarines, escribe: […] Después, durante cuatro minutos cincuenta y dos segundos, hizo crujir la noche bajo su puño.

Él era el campo, era la tierra seca, era el horizonte tenso de la pampa, era el olor de los caballos, era el sonido del cielo del verano, era el zumbido de la soledad, era la furia, era la enfermedad y era la guerra, era lo contrario de la paz. Era el cuchillo y era el tajo. Era el caníbal. Era una condena. Al terminar golpeó la madera con la fuerza de un monstruo y se quedó allí, mirando a través de las capas del aire hojaldrado de la noche, cubierto de estrellas, todo fulgor. Y, sonriendo de costado –como príncipe, como un rufíán o como un diablo–, se tocó el ala del sombrero. Y se fue.

Y así fue.

No sé si lo aplaudieron. No me acuerdo. (p.52)

Es una crónica que nos permitirá conocer no sólo a varios de los que concursaron en algún momento, algunos que ganaron, otros que siguen intentando y, además, el entorno que rodea a cada uno de los personajes, en donde la estrechez económica es un común denominador en todos ellos y sus familias.

Es Una historia sencilla contada por una especialista en las crónicas.

La revista Gatopardo ofrece un adelanto del libro y pueden leerlo aquí.

 

Bibliografía:

Una historia sencilla, Leila Guerriero, Editorial Anagrama, Barcelona, 2013
Los textos citados han sido tomados del libro mencionado.

 

Carlos Tupiño Bedoya
Abril, 2014

Sobre París – Ernest Hemingway

Sobre París – Ernest Hemingway

Hay veces en las que, sin proponérmelo, he encontrado alguno de esos libros que puedo clasificar como excelentes. Eso me sucedió mientras revisaba la página web de una librería y vi un título que me llamó la atención: Sobre París y el autor era nada menos que Ernest Hemingway. Leí el breve texto que habían publicado de la contratapa pero, la verdad, no me decía mucho y me pareció que podría tratarse de crónicas. Separé el libro para revisarlo.

Unos días después estaba en la librería revisándolo y pude ver que se trataba de una selección de artículos que Hemingway escribió para el diario canadiense The Toronto Star. Clara Pastor, autora del Prólogo escribió: “Todos los artículos de la selección que presentamos fueron escritos desde París entre abril de 1922 y abril de 1923, salvo los tres últimos, que Hemingway escribió desde Toronto, […]”

Estos artículos son una excelente oportunidad para deleitarnos en el estilo del joven Hemingway quien, en esos textos periodísticos nos da una muestra de lo que se puede obtener al mezclar, con maestría, el periodismo y la literatura. La mencionada autora del Prólogo da cuenta de esa particularidad: “[…] De hecho, estos textos reflejan perfectamente algo que descubrimos leyendo al Hemingway cuentista que contar las cosas restándoles carga dramática, con una economía de lenguaje y sobriedad muy bien calculadas, tiene el efecto de volverlas sistemáticamente más dramáticas, ya sea por la visión grotesca de individuos que confunden la ebriedad con el conocimiento del verdadero París o por las corruptelas del gobierno con las cuentas públicas.”

Desde el primer artículo Vivir con 1,000 dólares al año en París, publicado el 4 de febrero de 1922 podemos apreciar lo conciso y preciso en su escritura, siempre acompañados de detalles que provienen de la cualidad de observador que caracterizó al escritor norteamericano.

Cada una de sus crónicas nos permite visitar el París de esos años y ser testigos de escenas de la política, sociedad, turismo, arte, música, los inmigrantes rusos y temas de los más diversos. Estos textos son una ventana por la que podemos dar un vistazo a una época de la historia. Por ejemplo, en el artículo París está lleno de rusos, de febrero de 1922, nos da cuenta del exilio de la aristocracia rusa luego de la revolución y la forma en que empezaron a vivir en París.

En el artículo La locura de Poincaré, publicado en febrero de 1922, escribió:  “[…] entonces Francia volverá a ocupar su lugar como una nación que busca lo mejor para los suyos y para el mundo en general, […].” Estas palabras me hicieron recordar las que escribió Victor Hugo con ocasión de la Exposición Universal de París en 1867 acerca de su amado país: “[…] Ya no serás Francia, serás Humanidad; […].” (En Elogio de París, Editorial Gadir, Madrid, 2011, p.115)

Es un libro que recomiendo porque, a través de los veintinueve artículos que contiene, nos permite apreciar los textos periodísticos de Hemingway y ver en ellos no sólo parte de la historia sino, también, los asomos de ese estilo que podemos encontrar en sus cuentos, en los que llegó a ser considerado por muchos como un maestro por esa técnica que revelaba sólo lo necesario y escondía muchos datos dándole al lector la tarea de descubrirlos o imaginarlos.

 

 

Bibliografía:

Sobre París, Ernest Hemingway, Editorial Elba, S.L., Barcelona, 2012

Elogio de París, Victor Hugo, Editorial Gadir, Madrid, 2011

 

Carlos Tupiño Bedoya
Abril, 2014

Mendel el de los libros – Stefan Zweig

Mendel el de los libros – Stefan Zweig

Hace unos meses, mientras buscaba en los estantes de una librería autores que no había leído, encontré unos libros de Stefan Zweig. Me atrajo la breve información que leí acerca de ese autor que desconocía y que, sin embargo, tenía una extraordinaria producción literaria. Empecé leyendo Entre el ayer y el mañana. Memorias de un europeo, y fue ese libro el que me animó a continuar con el resto de su obra.

Quiero compartirles acerca de Mendel el de los libros, escrito en 1929. Se trata de uno de los extraordinarios relatos escritos por Stefan Zweig. Nos narra la historia de un judío que era librero de viejo y su lugar de trabajo era en una de las mesas de un café de Viena, en el que pasaba los días y los años revisando y leyendo libros e inmerso en una concentración tal, que se apartaba de cualquier interferencia que intentara distraerlo o hacerle perder la concentración.

El narrador dice: En Jakob Mendel, aquel pequeño librero de viejo de Galitzia, contemplé por primera vez, siendo joven, el vasto misterio de la concentración absoluta, que hace tanto al artista como al erudito, al verdadero sabio como al loco de remate, esa trágica felicidad y desgracia de la obsesión completa. (Página 13)

Con su extraordinaria prosa y estilo el autor nos sitúa en la atmósfera de un café vienés de los años de la Primera Guerra Mundial y nos describe a ese judío ruso inmigrante que se había establecido en Viena. Podía conseguir cualquier libro del tema que le solicitarán. Su memoria la había desarrollado para guardar los datos de la edición, ilustraciones, precios y lugares en que los encontraría.

Esa concentración excesiva con la que se aislaba del mundo fue la que ocasionó que no se percatara de determinada situación en ese tiempo de conflictos, lo cual hizo que su proceder fuera mal interpretado por las autoridades y originó el problema que desencadenaría en su detención en 1915 para ser enviado a un campo de concentración, sin libros y sin poder ver para leer, pues había roto sus anteojos durante su detención.

Estando en el campo de concentración se presentó una situación que hizo posible su liberación; sin embargo, Mendel ya nunca sería el mismo. Esto es lo que dice el narrador: […] en el fantástico edificio de su memoria debía de haberse derrumbado algún pilar, y toda la estructura se había venido abajo, […] (Página 47) Más adelante, añade: Mendel ya no era Mendel, como el mundo ya no era el mundo. (Página 48). Esta frase contiene la esencia del mensaje de Stefan Zweig que se hace presente en su obra. Puedo entender que Zweig quiere decir que su sociedad –esa sociedad europea en la que creció– ya no era la misma, como el mundo ya no era el mismo.

Es con la historia de ese librero judío ruso que el autor quiere mostrar el sufrimiento y deterioro de la sociedad en que vivió. La atmósfera de cultura libertad que se experimentaba en esos años sufrió un gran golpe cuyos efectos se expandieron, inclusive, a las diferentes expresiones artísticas e intelectuales; sin embargo, todo eso permitió que surgieran escritores como Zweig que pudieron mostrar, mediante su prosa, aquello en lo que creían y defendían en medio de un mundo en caos.

Es, precisamente, con su estilo y su prosa que Stefan Zweig teje la historia de Mendel,  mostrando en todo momento su lado humano como integrante de una sociedad que lo olvida luego de haberlo segregado. Esta situación la muestra con mucha fuerza y resulta estremecedora en la parte en que relata la llegada del librero, luego se su liberación, al café en el que estuvo durante tantos años y, el rechazo que causó en su nuevo dueño que no lo conocía.

En la parte final del texto que aparece en la contratapa se lee: […] Un breve y brillante relato sobre la exclusión en la Europa de la primera mitad del siglo XX.

Bibliografía:

Mendel el de los libros, Stefan Zweig, Acantilado, Barcelona, 2009

 

Carlos Tupiño Bedoya
Abril, 2014

Literatura – Edición facsimilar – 1958 – 1959

Literatura – Edición facsimilar – 1958 – 1959

A lo largo de las lecturas de artículos y ensayos de literatura peruana, encontraba notas que hacían referencia a textos publicados en la revista Literatura cuya dirección estuvo a cargo de Mario Vargas Llosa, Luis Loayza y Abelardo Oquendo. Esa revista sólo tuvo tres números publicados: febrero y junio de 1958 y agosto de 1959.

En varias oportunidades busqué alguno de esos números en mis recorridos por los lugares de venta de libros viejos, sin embargo, en la última edición de la Feria del Libro Ricardo Palma en el Parque Kennedy del distrito de Miraflores, al visitar el stand de una librería que no recuerdo su nombre –tampoco recuerdo haber visto la tienda; probablemente funcione sólo en las ferias de libros– me llamó la atención ver en uno de los estantes un libro con el título Literatura Edición facsimilar – 1958 – 1959 y en la cubierta aparecían las reproducciones de los tres números de la mencionada revista. Compré inmediatamente el único ejemplar que tenían en venta.

Empecé a revisar esa extraordinaria edición que, considero, forma parte de la historia de la literatura peruana. En los años de su edición, los directores ya eran jóvenes ensayistas y escritores; Mario Vargas Llosa contaba con veintidós años.

En la presentación de la edición facsimilar, Américo Mudarra escribió: […] La defensa de la escritura, la búsqueda del estilo propio, como la prueba máxima de la formación del escritor y de su libertad creadora, parece ser la principal motivación, el hilo conductor, que justifica la reunión de todas las páginas de esta revista. […] En la selección y publicación, en su trabajo como editores, también se estaban considerando a sí mismos como intelectuales. La revista combina estas tres facetas: artistas de la palabra, editores e intelectuales. Dos de las cuales han sido la principal preocupación de nuestro premio nobel, Mario Vargas Llosa.

En la parte posterior de la carátula del primer y segundo número figura el siguiente aviso: La revista publicará las colaboraciones que se le envíen siempre que tengan calidad e importancia. No mantendremos correspondencia sobre las que no son publicadas ni devolverá los originales. Al revisar cada uno de los números publicados, se puede ver el contenido de cada edición. Por ejemplo, en el primer número se anuncian textos de Mario Vargas Llosa, Luis Loayza, José Durand y Sebastián Salazar Bondy y, también, poemas de César Moro, André Coyné, Carlos Germán Belli y Javier Sologuren. Entre estos textos me parece que destaca –sin desmerecer a los demás–  el extraordinario ensayo de Luis Loayza que lleva por título: Retrato de Garcilaso. Otro texto importante es la Nota sobre César Moro, escrita por Vargas Llosa dos años después de la muerte del poeta; en ella se ocupa de parte de la vida, amarguras y obra de Moro.

En la edición publicada en junio de 1958 se encuentran, por citar a algunos, poemas de J.E. Eielson, el ensayo El lunarejo de Luis Loayza, una Carta de amor, de César Moro, texto escrito por Mario Vargas Llosa que da cuenta de los años del poeta en París. También incluye un extraordinario cuento de José Miguel Oviedo, que capta la atención del lector desde la primera frase y lo lleva hasta un final en el que muestra un desenlace sorprendente en la historia; lleva por título El redentor.

El último número que apareció en agosto de 1959, no es la excepción en la calidad de los textos y autores que incluye. Entre otros figuran Luis Alberto Sánchez con su ensayo ¿Existe una literatura peruana?, un texto que nos da una idea de la literatura peruana en esos años, desde la perspectiva de Sánchez; también incluyen Para vivir mañana, el célebre poemario de Washington Delgado; figura además el ensayo Creonte de Luis Loayza y el cuento El cargador, escrito por Eleodoro Vargas Vicuña.

Leer cada uno de esos textos es transportarse a una época importante de la literatura peruana; tiempos en los que fueron apareciendo innovaciones y nuevos estilos en poesía, cuento, novela y ensayo. Los tres números que se editaron, incluyeron una variedad de estilos y autores. […] Incluir a un autor dentro de Literatura significaba, entre otras cosas, establecer una relación que aseguraba (o por lo menos buscaba) un cierto prestigio y una legitimización como escritor. […] (Presentación del libro). Esto ha hecho posible que en la revista Literatura hayan quedado, para la posteridad, una variedad de producciones literarias provenientes de distintos autores.

 

 

Bibliografía:

Literatura Edición facsimilar – 1958 – 1959, Mario Vargas Llosa, Luis Loayza, Abelardo Oquendo, Cátedra Mario Vargas Llosa / Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Facultad de Letras y Ciencias Humanas, Lima 2011.

 

Carlos Tupiño Bedoya

Sólo para fumadores – Julio Ramón Ribeyro

Julio Ramón Ribeyro es un escritor al que vuelvo continuamente. Es un placer de releer sus cuentos, sus prosas apátridas, lo que anotó en sus memorias e, inclusive, sus ensayos y, además, resulta interesante cuando en mis paseos por librerías encuentro alguna primera edición de alguno de sus libros o, como en este caso, una edición hecha en España que incluye solamente el relato Sólo para fumadores.

Este relato un poco extenso, tal vez para muchos una novela corta o muy corta, resulta uno de los textos más personales escritos por el cuentista peruano. Tiene mucho de autobiográfico y se percibe la sinceridad y transparencia del autor, que nos narra en primera persona aquellos momentos o etapas en su vida en las que el tabaco tomo posesión de él. Es conocido el gusto de Ribeyro por el tabaco, el que finalmente le arrebataría la vida por un cáncer al pulmón.

Es un texto en el que su estilo narrativo no sólo nos permite internarnos en la historia sino, también, nos estremece con las situaciones que pone delante nuestro, debido a aquellos detalles que, tan abiertamente, como confesándose cuenta en cada línea.

En el inicio del relato leemos: Sin haber sido un fumador precoz, a partir de cierto momento mi historia se confunde con la historia de mis cigarrillos. A través del texto vemos desfilar los nombres de aquellas marcas de cigarrillos que pasaron por sus manos; aquellas que estaban de moda y que podían dar cierto status (falso por cierto) como sucede hasta ahora, y aquellas baratas, de tabaco negro y sin filtro que no resultaban muy agradables ni daba gusto mostrarlas en público: […] Era vergonzoso sacar del bolsillo uno de esos cucuruchos. […]

Julio Ramón nos va llevando por esa historia y nos muestra cómo, en diferentes etapas de su vida y en diferentes lugares, el tabaco se fue apoderando de su existencia. […] El fumar se había ido ya enhebrando con casi todas las ocupaciones de mi vida. […] Más adelante, escribe (ya estando en París): Ya para entonces el fumar se había infiltrado en todos los actos de mi vida, al punto que ninguno –salvo el dormir- podía cumplirse sin la intervención del cigarrillo. En este aspecto llegué a extremos maniacos o demoniacos, como el no poder abrir una carta sin encender un cigarrillo. […]

A través de la lectura, el cuentista nos  contará a los extremos que llegó por conseguir un cigarrillo. El lector puede sentir sus sufrimientos; nos hace testigos de sus entradas al hospital y, en fin, de todo aquello que significó una lucha en su vida.

En su Decálogo del cuento Ribeyro escribió: El cuento debe sólo mostrar; no enseñar. De otro modo sería una moraleja, y al final de Sólo para fumadores –un texto que está lejos de ser un cuento pero que está escrito con la fuerza de su ser– el escritor manifiesta lo mismo: Enciendo otro cigarrillo y me digo que ya es hora de poner punto final a este relato, cuya escritura me ha costado tantas horas de trabajo y tantos cigarrillos. No es mi intención sacar de él conclusión ni moraleja.

Se trata de un libro en pequeño formato y muy buena edición. Estoy convencido que es un libro de colección para todos aquellos que tenemos las obras de Ribeyro. Un gran acierto de la editorial española Menoscuarto al apostar por estas publicaciones y difundir obras importantes de la literatura.

sólo para fumadores

 

Bibliografía:

Sólo para fumadores, Julio Ramón Ribeyro, Menoscuarto, Palencia, España, 2009.

La palabra del mudo. Antología, Julio Ramón Ribeyro,  Ediciones PEISA, Lima, 2002.

 

Carlos Tupiño Bedoya

La novela en América Latina. Diálogo entre M. Vargas Llosa y G. García Márquez

La novela en América Latina. Diálogo entre M. Vargas Llosa y G. García Márquez

En la última FIL de Lima, encontré la nueva edición de La novela en América Latina: Diálogo entre Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez; ese recordado evento se efectuó en setiembre de 1967 en la Universidad Nacional de Ingeniería.

Esta cuarta edición incluye los prólogos a las ediciones previas:  el de 1968 a cargo de José Miguel Oviedo; el de mayo de 1991, llevó por título La novela en América Latina y fue escrito por José Antonio Bravo; Crónica preliminar, escrita por Abelardo Oquendo, es el prólogo que corresponde a la tercera edición, publicada en setiembre del 2003. El prólogo para esta cuarta edición, titulado Poéticas en duelo. García Márquez y Vargas Llosa conversan sobre narrativa latinoamericana, escrito por Américo Mudarra Montoya es el más extenso de todos.

En el prólogo de la última edición, su autor hace referencia a los de las ediciones anteriores y, además, menciona algunos pasajes de la conversación entre los dos escritores que son explicados.  Por ejemplo, hace mención de las ideas irreconciliables de ambos escritores (p.28), acerca de la creación, la novela  latinoamericana, lo real y lo fantástico,  las cuales se pueden apreciar durante el diálogo.

También resulta interesante lo que plantea Mudarra acerca de una de las producciones de Vargas Llosa: En 1971, Mario Vargas Llosa publicó su notable ensayo Gabriel García Márquez: historia de un deicidio. Es probable que el encuentro que sostuvo en la Universidad Nacional de Ingeniería con el célebre escritor colombiano haya definido las líneas generales de sus ideas, incluso, no sería descabellado pensar que las preguntas que formuló Vargas Llosa tenían cómo finalidad corroborar las, todavía en elaboración, hipótesis de trabajo. (p.29) Al leer el mencionado ensayo, resulta lógico pensar que el escritor peruano haya tenido eso en mente para poder aprovechar al máximo el encuentro con el escritor colombiano y, haber podido escribir un extraordinario libro.

Desde el inicio de la lectura del diálogo, se asiste a una clase maestra en la que Gabriel García Márquez nos habla y nos enseña acerca de la creación literaria, lo que piensa de ese proceso que utilizó para escribir y crear obras como La hojarasca, El coronel no tiene quien le escriba o Los funerales de la Mamá Grande, producciones que precedieron a Cien años de soledad, la novela que le dio fama a nivel internacional y, acerca de todo aquello que rodeó el proceso de creación de Cien años de soledad. Entre otras cosas, García Márquez dijo: La hojarasca fue el primer libro que yo publiqué cuando vi que no podía escribir Cien años de soledad. Y ahora me doy cuenta que el verdadero antecedente de Cien años de soledad es La hojarasca […] (p.81)

También se refiere de manera clara y didáctica a todo lo fantástico que aparece en esa obra, a aquello que se conoce como lo real maravilloso, que García Márquez ha sabido desarrollar con verdadera maestría. Acerca de ello, dijo: Esto que parece fantástico está extraído de la más miserable realidad cotidiana. (p.59)

Mediante las respuestas que da “Gabo” a las preguntas que le hace Vargas Llosa, podemos también conocer su opinión acerca de la novela latinoamericana, la influencia de Faulkner y sus convicciones como escritor. En sus palabras se percibe pasión por lo que hace. Leer esas líneas es como escucharlo.

Cuando habla acerca del oficio de escribir, fue muy claro al decir: […] Por eso, la gran dificultad es, primero, aprender a escribir. Esa es la parte que yo creo que es misteriosa, es la parte innata, lo que hace que una persona sea escritor o estenógrafo. Se aprende leyendo, trabajando, sobre todo sabiendo una cosa: que escribir es una vocación excluyente, que todo lo demás es secundario; que lo único que uno quiere es escribir. (p.62)

Ese diálogo se dio luego del lanzamiento de Cien años de soledad de García Márquez y del premio Rómulo Gallegos a Vargas Llosa por su novela La casa verde. Años más tarde, recibirían el Premio Nobel de Literatura en los años 1982 y 2010, respectivamente.

Es, sin duda, un libro que guarda una conversación en la que lo más importante se encuentra en las palabras del escritor colombiano, lo que convierte a este texto en una buena fuente de información sobre todo, si se quieren conocer detalles de la obra y del oficio de escritor por boca de uno de los grandes de la literatura.

 

Bibliografía:

La novela en América Latina. Diálogo entre M. Vargas Llosa y G. García Márquez, Mario Vargas Llosa / Gabriel García Márquez, Ediciones Copé / Petróleos del Perú, Lima, 2013.

Carlos Tupiño Bedoya

La vida en minúscula – Alfred Polgar

Fue a través de las lecturas de los textos de Joseph Roth que se despertó mi curiosidad e interés por los escritores centroeuropeos. Cuando me recomendaron a Alfred Polgar, escritor nacido en Viena en 1875, no dudé en buscar La vida en minúscula.

El libro contiene treinta relatos. Desde la lectura del primero de ellos quedé impresionado por el estilo del escritor vienés. En cada uno se ocupa de las cosas y situaciones comunes que están presentes en el ser humano, en la sociedad, en el hombre común y, en los relatos hace un uso magistral de las metáforas que emplea para describir, brillantemente, situaciones y personajes que ayudan a transmitir aquello que Polgar ha tejido en cada historia.

En Tratado sobre el corazón, que da inicio al libro, habla acerca del corazón y del uso metafórico que comúnmente las personas le dan; algo que no ha perdido actualidad. En el texto escribe: […] Lo malo de verdad ocurre cuando ya no se habla de él en símiles y metáforas, […] cuando ya no cuenta su melodía, sino tan solo su mero ritmo. En tales momentos le queda ya poca poesía al pobrecito. […] (p.8)

Sus relatos, desde el inicio introducen al lector en el corazón de la historia y lo mantiene atento hasta el final. En La cabina telefónica inicia con estas palabras: Sobre los adoquines yace de espaldas una viejecita. Una ciruela reseca del árbol de la vida. No parece que se haya caído, es más bien como si la hubiesen dejado allí echada. […] (p.15). Con lo que cuenta en esas líneas, mantiene el interés por continuar hasta un final que, en la mayoría de los textos, cierra con una frase que redondea la idea de lo narrado, en muchos casos, con una ironía de la que también hace un buen uso en sus textos.

El libro nos ofrece también una muestra de la cualidad de observador que tenía Polgar. Por ejemplo, en Coche cama, nos hace testigos de los padecimientos de un pasajero en el tren y de todo aquello que es capaz de espantarle el sueño; el escritor vienés nos transmite, por medio de detalles, aquello que percibe el personaje en ciertos momentos de calma: ¡Qué delicia cuando el tren está parado! Los pantalones cuelgan con tranquilizadora tranquilidad en su percha, no hay nada que vibre, nada que resuene, nada que se agite, y yo estoy tan contento como lo estaba en mi casa por la mañana, […] (p.40)  Esta escena contrasta con la que sigue un momento después: […] Hay gente, pienso con envidia, que duerme en el tren como en su casa. Cierran los ojos al salir y al abrirlos de nuevo ya han llegado. Y también hay otros que, aunque no puedan dormir, piensan en cosas valiosísimas, mientras que yo, en mi vigilia, soy como un animal que no para de ir de una punta a la otra de su jaula, con la cabeza y el corazón vacíos. (p.41) ¿No les parece conocida esta situación? ¿No hemos experimentado esas sensaciones, las agradables o desagradables, cuando hemos viajado durante la noche en un tren o en un bus? Eso tiene de particular la narrativa de Alfred Polgar, nos presenta situaciones que no son desconocidas al ser humano.

En el relato El abrigo, Polgar nos lleva a la ciudad de París en tiempos de la ocupación nazi. Es una historia llena de suspenso en la que podemos ver la mano del destino jugando sus cartas en la vida de los personajes hasta llevarnos a un final sorprendente.

En Adiós en el andén de una estación, una despedida entre dos personas da lugar a un relato en el que están presentes detalles que no pasan desapercibidos para el autor y los adorna con metáforas para hacernos testigos de los sentimientos y sensaciones de la pareja en los minutos de la despedida: Estos últimos minutos, antes de que el tren se ponga en movimiento, llevan dentro un veneno capaz de agarrotar en una especie de espasmo los intereses más vitales y los sentimientos más intensos que entrelazan a dos personas (la que se va y la que se queda). Se ponen de manifiesto síntomas de parálisis en el cerebro y en la lengua. […]  (p.26)  Una escena común en un andén de estación es transformado en un relato que se interna en los sentimientos del ser humano ante una separación, aunque sea temporal.

Otro ejemplo de la habilidad del escritor vienés para convertir algo tan simple –como el globo de un niño– en el eje de un relato que muestra las emociones de las personas es, precisamente, El globo. Inicia: El niño de la casa tenía un globo. (p.69)  A partir de ahí, el autor nos contará la procedencia del globo y todo lo que origina cuando ingresa en un salón en que están reunidas personas mayores. Este trabajo es otra muestra de su capacidad de observador del comportamiento humano.

Llamó especialmente mi atención La soledad. Al leer ese texto recordé el estilo de Julio Ramón Ribeyro, especialmente al describir a personajes como el protagonista de su cuento Una aventura nocturna. Es sorprendente el uso del lenguaje metafórico que utiliza el escritor austriaco para describir y transmitirnos la esencia de un personaje como Tobías Klemm. Desde el inicio nos da una tajante presentación del personaje: La soledad de Tobías Klemm, ¡aquello sí que era soledad! (p.83)

Tobías Klemm, el personaje central del relato, es un hombre que detesta a todos los que le rodean y es ignorado por todos, como si no existiera. En un momento, en medio de esa terrible soledad busca, aunque sea, ser odiado con tal de captar algo de algún ser humano, que al menos lo haga sentir que nos es ignorado. Podemos leer algunas de las descripciones que nos ofrece el autor acerca de su personaje que vivía en un mísero cuartucho: […] La vela que le alumbraba por la noche ardía hosca y desabrida, como irritada por haberle de prestar un servicio. El espejo se empañaba adrede para no tener que recoger  claramente el rostro de Klemm. (p.83) […] En la fonda […] era un don nadie. Nadie se sentaba a su mesa. Ningún camarero lo trataba con familiaridad. Se quedaba en su rincón del mismo modo que las telarañas, llegadas a la fonda más o menos al mismo tiempo que él. […] (p.84)  […] Él mismo no era más que un grumo de tiempo endurecido, destinado a disolverse poco a poco y sin dejar huella en el infinito. (p.85)

Sin embargo, la vida le tendría preparada una sorpresa que lo hará imaginarse parte de la sociedad y que lo conducirá a un sorprendente final muy acorde con su existencia. Es, sin desmerecer al resto, uno de los mejores relatos que he leído en este extraordinario libro.

Sólo me he referido a algunos de los relatos pero, en cada uno de ellos podremos encontrar una excelente muestra del estilo de Alfred Polgar. La vida en minúscula es un libro que les recomiendo.

La vida en minúscula

 

Bibliografía:

La vida en minúscula, Alfred Polgar, Acantilado, Barcelona, 2005.

 

Carlos Tupiño Bedoya

 

Mecanismos internos . J. M. Coetzee

Mecanismos internos . J. M. Coetzee

El libro llegó a mis manos por una recomendación. Llamó mi atención ver en el índice los nombres de veintiún escritores y poetas de estilos y características muy diferentes como, por ejemplo: Italo Svevo, Joseph Roth, Philip Roth, Günter Grass, Walt Whitman, Gabriel García Márquez y William Faulkner, entre otros.

Mecanismos internos Ensayos 2000 – 2005 reúne una selección de ensayos del escritor sudafricano John Maxwell Coetzee, Premio Nobel de Literatura 2003.

Me gusta el estilo que emplea en cada uno de sus textos, en los que utiliza hábilmente los recursos literarios para crear una prosa muy atractiva, sin que eso desmerezca la profundidad de la investigación que se nota en cada uno de ellos.

Es por eso que los ensayos que integran este libro empiezan de maneras muy diferentes: haciendo referencia a los recuerdos de infancia del escritor tratado; llevando al lector a un suceso histórico o ubicándolo en el escenario que da origen a una novela que será analizada en el desarrollo del texto; también encontraremos uno que inicia con el hallazgo del cuerpo sin vida del escritor. Todos esos inicios son solamente el punto de partida en el desarrollo de los ensayos, en los que Coetzee intercala con mucha habilidad la biografía, obra y el contexto que rodeó a cada uno de los escritores y su producción literaria.

Este tipo de libros están entre mis preferidos, porque permite conocer autores y obras que van acompañadas con análisis de primer orden, como es el caso de cada uno de los ensayos de J.M. Coetzee, acerca de los cuales se puede leer en la contratapa del libro: […] Escritos con gran claridad y precisión, estos textos deleitarán a aquellos lectores ya familiarizados con los autores y sus obras y serán una introducción ideal para quienes se acerquen a ellos por primera vez.

Es por eso que, luego de leer Mecanismos internos, sólo nos queda ir a las librerías en busca de los títulos que hemos encontrado en los ensayos y que han despertado nuestro interés.

Es un libro que recomiendo y estoy seguro que, después de leerlo, ustedes también lo recomendarán.

 

 

Bibliografía:

Mecanismos internos Ensayos 2000-2005, J.M. Coetzee, DEBOLSILLO, Barcelona, 2010.

 

Carlos Tupiño Bedoya