La llamada de la tribu – Mario Vargas Llosa

La llamada de la tribu – Mario Vargas Llosa

Desde que me enteré de la publicación de La llamada de la tribu de Mario Vargas Llosa (Alfaguara, Lima, 2018) tuve mucho interés en la lectura de este libro. Dentro de toda la producción del Premio Nobel de Literatura, lo que más admiro son sus ensayos. Me parecen extraordinarios y los que se incluyen en el mencionado libro no son la excepción.

En el texto introductorio, el autor inicia explicando por qué considera To the Finland Station de Edmond Wilson como el origen de este libro. También relata las diferentes transiciones políticas que finalmente lo condujeron al liberalismo. En esas páginas aparecen sus inicios en la izquierda, lo que llamó «la enfermedad infantil del comunismo», su participación en el grupo Cahuide durante su paso por la Universidad de San Marcos, su admiración hacia Fidel Castro y la Revolución cubana de la que empezó a apartarse a fines de los años sesenta por motivos que él explica, así como su contacto con los intelectuales franceses y su apasionamiento por Sartre y su obra, de quien luego se decepcionaría por las contradicciones entre lo que escribía y su proceder. Sigue el recorrido hasta presentar su cambio de dirección hacia el liberalismo y explica por qué lo considera importante y necesario. Son páginas que llevan al lector en un recorrido interesante que permite conocer los cambios de posición política del Premio Nobel de Literatura 2010 y en cuyas líneas se refleja la fuerza de sus convicciones. Este libro es, en palabras del autor, su «propia historia intelectual y política».

Los siete pensadores a quienes dedica los ensayos, que fueron quienes lo llevaron hacia el liberalismo, son: Adam Smith, José Ortega y Gasset, Friedrich August von Hayek, Sir Karl Popper, Raymond Aron, Sir Isaiah Berlin y Jean-François Revel. En los ensayos el autor expone el desarrollo de las ideas de cada uno de los pensadores, sin descuidar el contexto en que vivieron y desarrollaron su obra, en los que estuvieron presentes eventos como la Revolución rusa, la Segunda Guerra Mundial, el derrumbamiento cultural de Viena en los años de posguerra, la presencia del nazismo, comunismo, judaísmo, antisemitismo, exilio, la guerra civil española, la dictadura de Franco, la revolución estudiantil de mayo de 1968 en Francia, las corrientes intelectuales y filosóficas en auge en la Europa de esos años, sus relaciones –buenas y malas– con otros intelectuales o la amistad entre algunos de ellos. Por ejemplo, el autor se ocupa de la polémica de Friedrich von Hayek con John Maynard Keynes y de la célebre discusión entre Karl Popper y Ludwig Wittgenstein. Igualmente, se hacen presentes los nombres de diversos intelectuales, filósofos y políticos como Milton Friedman, Winston Churchill, Stalin, Charles de Gaulle, Jean Paul Sartre, y muchos más.

Entre las obras que Vargas Llosa analiza y comenta en cada uno de los ensayos, están: La riqueza de las naciones (1776) de Adam Smith; La deshumanización del arte y otros ensayos de estética (1925) y La rebelión de las masas (1929) de José Ortega y Gasset; sobre este autor, Vargas Llosa escribió: «Leer a Ortega es siempre un placer, un goce estético, por la belleza y desenvoltura de su estilo, claro, plástico, inteligente, culto, de un vocabulario inagotable, salpicado de ironías y al alcance de cualquier lector»; Caminos de servidumbre (1944) y Los fundamentos de la libertad (1960) de Friedrich von Hayek, Premio Nobel de Economía 1974; La sociedad abierta y sus enemigos (1945) y La miseria del historicismo (1960) de Sir Karl Popper, de quien Vargas considera que «Probablemente ningún pensador ha hecho de la libertad una condición tan imprescindible para el ser humano, como Popper». También dedica unas páginas a El opio de los intelectuales (1955) y Los marxismos imaginarios (1969) de Raymond Aron, que «estuvo sobre todo enfrentado a los pensadores radicales de izquierda de su generación». Asimismo, en el ensayo sobre Jean François Revel, quien además destacó como periodista y director de L’Express, dedica varias páginas a El conocimiento inútil (1988), un libro que conmocionó el ambiente intelectual de Francia y finaliza ese ensayo dedicando su atención a las memorias de Revel, que lleva por título El ladrón en la casa vacía (1977), cuyo título original es Le voleur dans la maison vide.

En el ensayo dedicado a Sir Isaiah Berlin, resalta la admiración de Vargas Llosa por la vida y obra de uno de los más importantes e influyentes pensadores liberales. Desde el inicio nombra los diferentes libros que fueron apareciendo gracias a la labor de Henry Hardy, discípulo de Berlin, quien se encargó de reunir los ensayos que estuvieron dispersos durante mucho tiempo dispersos en bibliotecas y diferentes publicaciones. Sobre las obras de este pensador, Vargas Llosa señala que «prestan una ayuda invalorable para entender en toda su complejidad los problemas morales e históricos que enfrenta la realidad contemporánea» y, a lo largo del ensayo se ocupa del origen judío de Berlin, nacido en 1909 en territorio del imperio ruso y testigo muy joven de sucesos que marcaron su vida: la revolución bolchevique, las persecuciones y los pogromos contra los judíos. Luego pudo estudiar en Gran Bretaña, obtuvo la nacionalidad británica y llegó a ser presidente de la Academia Británica. Resulta interesante la explicación que hace Vargas Llosa de los conceptos de libertad «positiva» y libertad «negativa» desarrollados por Berlin, un defensor de la libertad y opositor al totalitarismo. También relata el encuentro del pensador liberal con la poeta Anna Ajmátova en la ciudad de Leningrado en 1945, quien también sufrió los abusos del régimen con Stalin a la cabeza. Se trata de un ensayo desarrollado de manera diferente a los demás, pero con la misma lucidez para el análisis y la crítica.

Además de los títulos mencionados, en cada ensayo figuran más libros a los que el Premio Nobel de Literatura dedica sus comentarios, lo cual da una idea de la magnitud del contenido del libro.

De los siete pensadores incluidos en las más de trescientas páginas de La llamada de la tribu, Vargas Llosa deja en claro su preferencia por tres de ellos: «Si tuviera que nombrar a los tres pensadores modernos a los que debo más, políticamente hablando, no vacilaría un segundo: Karl Popper, Friedrich August von Hayek e Isaiah Berlin». Es a ellos a quienes dedica más páginas en el libro.

Se puede o no estar de acuerdo con los cambios ideológicos ocurridos en el autor desde sus años universitarios, así como el pensamiento liberal que defiende y en el que basa sus convicciones políticas, pero lo que sí se puede afirmar, luego de la lectura de estos ensayos, es que La llamada de la tribu es uno de los excelentes trabajos de Mario Vargas Llosa, con el que despierta el interés sobre los pensadores mencionados y sus obras. Lo recomiendo.

Por mi parte, ya estoy en la búsqueda de algunos de los libros citados en La llamada de la tribu.

 

Carlos Tupiño Bedoya
Junio, 2018

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Innata vocación del escritor. Gamaliel Churata

Innata vocación del escritor. Gamaliel Churata

En las investigaciones que inicié hace unos años sobre el Boletín Titikaka, el grupo Orkopata y Gamaliel Churata, pude comprobar que la bibliografía sobre esos temas no fue fácil de hallar; sin embargo, se trata de una situación que está cambiando para bien, debido a los nuevos trabajos, que han estado apareciendo en las dos primeras décadas de este siglo, sobre la vida y obra de Gamaliel Churata y ediciones facsimilares del Boletín Titikaka, todo esto como un reflejo del creciente interés en la obra del autor de El Pez de Oro.

En mis búsquedas bibliográficas encontré Innata vocación del escritor. Gamaliel Churata de José Luis Ayala (Editor) (Pakarina Ediciones, Lima, 2017), un libro que considero un extraordinario aporte para los investigadores e interesados en la obra de Gamaliel Churata y que se suma a las interesantes publicaciones aparecidas sobre el escritor, periodista, poeta, ensayista y líder del grupo Orkopata. En el texto inicial del libro, a modo de introducción, José Luis Ayala escribe: «Ya no me sorprende que la crítica literaria académica en Bolivia, Perú, Estados Unidos, América Latina y ahora Europa, por fin haya decidido comentar, investigar y analizar la obra de Gamaliel Churata. No importa que haya tardado muchos años, lo trascendente es que ahora su obra es estudiada por los más importantes críticos y académicos del siglo XXI.»

En Innata vocación del escritor, Ayala reúne en más de 400 páginas, diez capítulos que agrupan: ensayos y artículos sobre la obra de Churata; las intervenciones de los participantes en la mesa redonda Vida y obra de Gamaliel Churata que se llevó a cabo en la Casa de la Cultura en 1991. También incluye un capítulo con testimonios de Ricardo Arbulú, Emilio Vásquez, Enrique Cuentas Ormachea y otros; sobre este capítulo, Ayala señala que «sin duda servirá para el rediseño de una biografía rica, apasionante, llena de una singular humanidad.»

La parte más extensa del libro es la que contiene una treintena de entrevistas; entre los entrevistados figuran Mateo Jaika, Emilio Armaza, Nina Peralta Tresierra, Luis Alberto Sánchez, Luis de Rodrigo, y muchos más. Las cartas también tienen un lugar en el libro; se encuentran cartas enviadas por Churata a diferentes escritores, intelectuales y conocidos, entre los que figuran: Mateo Jaika, Fernando Diez de Medina y muchos más. Son un total de treintaitrés cartas agrupadas en dos capítulos.

También hay un capítulo sobre los libros inéditos de Churata; según palabras de Ayala: «Se trata de documentos que expresan una voluntad inquebrantable para rescatar ocho libros inéditos.»

Ayala dedica unas páginas al Centenario del nacimiento de Gamaliel Churata, en 1997 que, además de algunos documentos, incluye textos sobre la actividad literaria y periodística de Churata. Sobre ese evento Ayala considera que «ayudó muchísimo para rescatar la memoria de un escritor desterrado no solo de los textos de Historia de la literatura Latinoamericana, sino y sobre todo de los cursos de Literatura Peruana.»

Finaliza el libro una sección con más de veinte páginas con fotografías de Gamaliel Churata, familiares y amigos.

La lectura de Innata vocación del escritor permite ampliar el panorama sobre la persona y la obra de Gamaliel Churata y contribuye a la difusión del trabajo de un escritor, poeta, periodista y representante de la vanguardia del Titikaka, que merece seguir siendo investigada y estudiada. Cito unas palabras de la contratapa del libro: «Sus condiscípulos, amigos, periodistas, escritores y parientes se refieren a él como ser humano excepcional, intelectual nato, ideólogo revolucionario y defensor del derecho a la educación de las mayorías invisibilizadas. Los testimonios lo definen a Gamaliel Churata como a un escritor cuya vocación le permitió escribir veinte libros, que faltan rescatar para editarlos.»

Sobre el editor.
José Luis Ayala (Huancané, Puno, 1942) poeta, escritor, ensayista, investigador, promotor y difusor de la cultura aymara y de la vida y obra de Gamaliel Churata.

 

Carlos Tupiño Bedoya
Junio, 2018

El triunfo del artista. La Revolución y los artistas rusos: 1917-1941 – Tzvetan Todorov

El triunfo del artista. La Revolución y los artistas rusos: 1917-1941 – Tzvetan Todorov

Me gusta mucho revisar los catálogos de diferentes editoriales; considero que son una buena fuente de información para quienes gustan de los libros. En una de esas revisiones encontré un libro cuyo título y autor captaron mi atención: El triunfo del artista. La Revolución y los artistas rusos: 1917-1941 de Tzvetan Todorov (Galaxia Gutenberg, 2017). Recuerdo que inmediatamente hice mi pedido en la librería, el cual llegó bastante rápido. Fue una lectura que inicié de inmediato y puedo asegurar que, desde el inicio, el texto capta la atención del lector y despierta su interés por la manera cómo el autor empieza mostrando aspectos de la revolución rusa y cómo se fue vinculando con los artistas de diferentes campos del arte.

A través de la vida y obra de quince personajes –entre los que se encuentran poetas, escritores, pintores, músicos, dramaturgos y directores de cine– y la posición que tuvieron frente a la revolución, el autor muestra las relaciones que surgieron entre esos creadores y los dirigentes de la revolución.

Todorov eligió a: Iván Bunin (escritor y Premio Nobel de Literatura 1933), Mijaíl Bulgákov (escritor y dramaturgo), Maksim Gorki (escritor y ensayista), Vsévolod Mayerhold (director teatral), Vladimir Mayakovski (poeta futurista), Aleksandr Blok (poeta simbolista), Boris Pasternak (poeta, escritor y Premio Nobel de Literatura 1958)), Marina Tsvietáieva (poeta), Boris Pilniak (escritor), Osip Mandelstam (poeta), Yevgueni Zamiatin (escritor), Isaak Bábel (escritor), Dmitri Shostakovich (compositor), Serguéi Eisenstein (director de cine) y Kazimir Malévich (pintor, autor del suprematismo). Con relación a los nombres mencionados, el autor escribió: «La consecuencia de esta elección es que no concedo el menor espacio a los creadores que se limitan a ejecutar dócilmente las consignas del partido, aun cuando siempre fueron mayoritarios.»

Los ensayos que presenta Todorov sobre cada uno de esos «creadores», permiten apreciar la postura que tuvieron frente a la revolución antes, durante y luego de que el régimen tomara el control absoluto del poder, así como las vinculaciones que tuvieron con los dirigentes e instituciones políticas de ese totalitarismo comunista, especialmente con Stalin.

El triunfo del artista inicia con una introducción en la que Todorov presenta su visión sobre los artistas y la revolución. También muestra algunos datos sobre su vida y los motivos que lo llevaron a escribir este libro. Se trata de un texto necesario para comprender la profundidad de lo que el autor muestra en cada uno de los ensayos y de su posición frente al totalitarismo en el que señala la instauración del «reino universal de la mentira» que construyó Stalin.

Luego sigue el texto que da inicio a la primera parte. En estas líneas, el autor presenta un breve y preciso resumen de la revolución y explica tres etapas en que divide dicho evento, así como las relaciones que se dieron entre el arte y la revolución. Con excepción de Malévich, en esta primera parte están incluidos los ensayos de todos los personajes elegidos por Todorov y han sido agrupados en tres momentos que se dieron durante la revolución entre los años 1917-1941. Cierra la primera parte un capítulo titulado «Necrología», en el que da cuenta del destino de seis de los personajes seleccionados y explica lo que significó la adaptación al poder por parte de aquellos creadores de arte, poesía y literatura y las consecuencias que tuvieron.

La segunda parte del libro está dedicada al pintor Kazimir Malévich; en esas páginas Todorov presenta de manera minuciosa la vida, obra y el desarrollo del suprematismo –creación de Malévich– así como su relación con los dirigentes de la revolución que apoyó desde un inicio, siendo uno de los defensores del bolchevismo, situación que cambiaría debido al abuso del poder, del totalitarismo, de la mano de hierro de Stalin, de la manera como era considerado el arte y el artista, llegando Malévich a mostrar su desengaño de la revolución. Todorov cita estas palabras del pintor ruso: «El Estado es el aparato de opresión de los que piensan de otra manera, […]».

En las páginas dedicadas a Malévich, también aparece información sobre el cubismo, el futurismo y otros ismos de esos años de las vanguardias. El autor no pasa por alto las etapas en las que el pintor ruso hizo un alto en la pintura debido a diversas actividades y cargos que ocupó en diferentes organizaciones, como «comisario de la Protección de los Tesoros Artísticos del Kremlin» y otros cargos más, así como su dedicación al desarrollo del suprematismo.

En esta segunda parte, Todorov incluye un capítulo a modo de biografía del pintor ruso. En estas páginas recorre desde el nacimiento de Malévich en la ciudad de Kiev; su atracción por los colores y la naturaleza y su desarrollo artístico; también aparecen los nombres de otros personajes, artistas y poetas, así como un panorama del desarrollo de los diferentes movimientos vanguardistas en esos años.

La edición incluye diez reproducciones de pinturas de Kazimir Malévich, las cuales son analizadas por Todorov. Las obras del pintor ruso «solo saldrán a la luz sesenta años después, tras el hundimiento del régimen comunista, como auténticos recuerdos de ultratumba.»

El conjunto de todos los ensayos aporta un panorama claro y terrible de lo que fue la vida de los poetas, escritores, artistas y de la población en los años de la dirigencia nacida de la revolución, siendo los más aterradores aquellos en los que Stalin estuvo en el poder.

Cierra el libro un «Epílogo» en el que Todorov deja en claro su posición frente al totalitarismo y escribe sobre las democracias y el liberalismo. El autor inicia el texto con estas palabras: «La revolución rusa dio origen al primer Estado totalitario de la historia» y casi al finalizar escribió: «Quienes detentan el poder son capaces de destruir a aquellos a los que quieren someter, pero no tienen ninguna influencia en los valores estéticos, éticos y espirituales procedentes de las obras creadas por estos artistas […]»

Considero El triunfo del artista como el mejor libro que he leído, debido a su desarrollo, estilo y presentación clara y precisa de cada uno de los personajes y de su relación con los dirigentes de la revolución, sin dejar de lado los terribles momentos que pasaron, en los que se hicieron presentes el hambre y la escases, la vigilancia, las críticas demoledoras contra la persona de los «creadores» y sus creaciones, las deportaciones, confinamientos en prisiones y hasta la muerte. Fueron personajes que dejaron obras para la posteridad; obras que tuvieron que esperar, en muchos casos, varias décadas para que puedan ser conocidas, difundidas y admiradas. He leído muy buenos libros sobre este tema, pero el escrito por Tzvetan Todorov es extraordinario.

Debido a esa impresión inicial, antes de escribir estas líneas, decidí darle una nueva lectura y simplemente sirvió para reiterar mi opinión.

 

Carlos Tupiño Bedoya
Mayo, 2018

Los judíos vieneses en la Belle Époque – Jacques Le Rider

Los judíos vieneses en la Belle Époque – Jacques Le Rider

Jacques Le Rider recibe al lector con estas palabras: «Si Viena, en la época de Sigmund Freud y de Arthur Schnitzler, se convierte en una capital de la modernidad se debe en parte a que es una metrópoli de la Europa Central danubiana y a que los cambios demográficos del último cuarto del siglo XIX la han transformado en una “Jerusalén del exilio”».

Los judíos vienes en la Belle Époque da cuenta del acucioso análisis realizado por Le Rider en el que se muestra el papel de los judíos no solo en la intelectualidad vienesa sino en todos los campos de la sociedad. Su influencia se aprecia en la medicina, las finanzas y la banca, el comercio, la música, teatro, periodismo y literatura.

El autor inicia su recorrido con el Edicto de tolerancia de 1781 en el imperio de los Habsburgo, con la finalidad de mostrar la lucha contra el rechazo y marginación que experimentaron los judíos. Esa situación permitió que las familias judías se fueran asimilando, con el transcurrir de los años, a la cultura alemana que imperaba en esa época. Le Rider también muestra datos sobre el incremento de la población judía en Viena desde mediados del siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX.

Ese incremento explica las medidas que aparecieron para tratar de frenar la inmigración judía, especialmente de la zona Este. El autor escribe: «Hasta 1880, las regiones que aportan inmigración judía a Viena son básicamente Bohemia y Moravia por un lado y Hungría por otro. A partir de 1880, los judíos del Este, en particular los de Galitzia, son mayoritarios en los flujos migratorios que se dirigen hacia Viena, […] En 1914, los judíos originarios de Galitzia representan una cuarta parte de la población judío vienesa; […].» Le Rider muestra lo diferentes que son los judíos del Este en comparación a los ya vivían en Viena, asimilados a la cultura.

Esa masiva afluencia de judíos del Este será uno de los factores del antisemitismo aún entre los judíos, tema que también ocupa la atención del autor, quien cita las palabras del escritor Jakob Wassermann: «[…] Estaba acostumbrado, con los judíos alemanes, a modales más burguesamente refinados y socialmente más discretos. Aquí siempre me sentía un poco avergonzado. Me avergonzaba su comportamiento, me avergonzaba su actitud. [….]». El caso de Wassermann, en cuya producción literaria la situación de los judíos está presente, es un claro ejemplo de la lucha interna que tuvieron muchos judíos. Los judíos establecidos en Viena no veían con agrado a aquellos que llegaban con costumbres (vestimenta, idioma, tradiciones) que posiblemente ya habían olvidado en su nueva ciudad, o que les recordaban el pasado del que habían escapado. Era para ellos algo que rechazaban. Este conflicto se halla presente a lo largo de toda la investigación y análisis realizado por Le Rider.

Los judío vienes en la Belle Époque está dividido en dos partes. La primera, titulada «Las posiciones políticas y los discursos sociales», contiene capítulos dedicados al liberalismo austríaco, a cómo Viena se convirtió en la ciudad de los judíos que emigraron del Este, al antisemitismo como parte de la cultura reinante en esos años; también dedica un capítulo a la trayectoria del rabino Joseph Samuel Bloch que estuvo comprometido en la lucha contra el antisemitismo. En esos capítulos está presente el análisis de los conflictos originados por el encuentro de las posiciones entre los judíos: los asimilados y los sionistas Fue un encuentro de dos mundos.

La segunda parte ofrece ensayos sobre la vida y obra de nueve personajes importantes en la Viena de esos años. En cada uno de ellos, Le Rider se encarga de presentar la ciudad de nacimiento, padres, estudios, así como la posición que tuvieron con relación a la asimilación de los judíos a la cultura o su opción por el sionismo, los partidos políticos como el nacionalsocialismo uno de los propulsores del antisemitismo reinante, sus relaciones con otros intelectuales de la época, el grupo de la Joven Viena con sus reuniones en el café Griensteidl y aquello que los hizo destacar y convertirse en los personajes que fueron.

En el ensayo dedicado a Sigmund Freud, el autor cita las declaraciones del psicoanalista en una entrevista que le hicieron en 1928: «Mi lengua es la alemana. Mi cultura, mis vínculos son alemanes. Me consideraba intelectualmente alemán hasta que me di cuenta del aumento creciente de los prejuicios antisemitas en la Alemania y en la Austria alemana. Desde entonces ya no me considero alemán. Prefiero denominarme judío.» Le Rider analiza la posición antisionista del fundador del psicoanálisis, en los años previos y posteriores a 1900 y su relación con el filósofo Theodor Gomperz, también contrario al sionismo, señalando a ambos como ejemplo de la asimilación judía a la cultura. En esas líneas también se ocupa de algunas de las obras de los mencionados, como El libro de los sueños y Pensadores griegos, así como de algunos personajes ligados a Freud.

El escritor vienés Arthur Schnitzler es otro de los escogidos por Le Rider. Este texto muestra un análisis meticuloso sobre la vida y obra del médico que dejó la profesión para convertirse en escritor y dramaturgo. Muestra la situación de Schnitzler en medio de un antisemitismo que lo afecta; cita palabras que dan cuenta de su sentir: «No nos cuentan entre ellos. De todos modos, prefiero que no lo hagan. Consideran que no soy un austríaco como ellos. Ante todo, yo soy yo, y con eso me basta, y que haya venido al mundo en Austria, nadie puede discutírmelo. […]»

La obra de Schnitzler ocupa un lugar principal en este ensayo; Le Rider examina principalmente dos obras del autor vienés: la novela En busca de horizontes y la obra de teatro El profesor Bernhardi, que señala como una de las grandes obras en las que trata la «cuestión judía». También está presente el estilo crítico de Schnitzler hacia obras de otros autores y su amistad con Theodor Herzl. Es un recorrido intenso en la vida, obra de uno de los grandes autores judíos de Viena.

Tres autores son analizados en el capítulo «La joven Viena literaria y la identidad judía». El primero es Hugo von Hofmannsthal, considerado el príncipe de los poetas de la Joven Viena, a quien le enfurecía ser considerado «un escritor judío vienés». Este aspecto es analizado por Le Rider, examinando textos de diferentes autores, como el escritor Hermann Broch, el periodista Moritz Goldstein, el filósofo Martin Buber y otros, sobre la persona y obra de von Hofmannsthal.

Continúa en ensayo sobre Richard Beer-Hofmann; formó parte del grupo de la Joven Viena. El autor nos presenta un breve análisis de sus relatos, poesía y teatro de quien considera un «asimilado a la cultura alemana y ‘desjudaizado’» y su amistad con Theodor Herzl. También están presentes los comentarios críticos por parte de von Hofmannsthal y Hermann Bahr.

El tercer escritor incluido en este capítulo es Felix Salten, otro de los integrantes de la Joven Viena. En este ensayo está presente su paso por importantes publicaciones, entre ellas la sionista Die Welt de Theodor Herzl, Die Zeit, Berliner Tageblatt, Neue Freie Presse de Viena, Berliner Zeitung y Berliner Morgenpost, de estos dos últimos llegó a ser redactor jefe. Le Rider analiza su paso como director del Pen Club de Austria y el motivo de su renuncia a dicho cargo.

Continúa el ensayo sobre Karl Kraus, considerado « uno de los críticos más lúcidos y despiadados de la prensa». Jacques Le Rider señala expresamente que en el capítulo dedicado al fundador, director y redactor de La antorcha (Die Fackel), repasará sus opiniones «sobre la “cuestión judía” que, también en este caso fueron a menudo paradójicas y tan duramente críticas que algunos lectores de Karl Kraus prefieren ponerlas entre paréntesis.» En este trabajo el autor logra ofrecer un exhaustivo análisis del trabajo de Kraus y, también muestra opiniones de otros intelectuales como Theodor Lessing y Walter Benjamin sobre el «anti-periodista» de La antorcha.

En ese capítulo Le Rider también examina la influencia del filósofo Otto Weininger en Kraus y las diferentes opiniones que origino el caso Dreyfus en el medio intelectual y periodístico de la época. Es importante señalar cómo el autor percibe el periodismo de Karl Kraus: «Su principal blanco es la prensa, que él describe como una industria lucrativa que se apoya en la publicidad, en la connivencia del poder económico y en las plumas dóciles de la redacción.»

Stefan Zweig, es otro de los elegidos por Le Rider. Analiza el pensamiento judío del autor vienés en sus obras El almanaque judío (1904), En la nieve (1901), Jeremías (1917), Mendel el de los libros (1929) considerada como el producto de su viaje a Galitzia, El candelabro enterrado, La impaciencia del corazón y Montaigne. También se ocupa de la información que proporciona su gran obra El mundo de ayer.
A lo largo del capítulo está presente el cosmopolitismo del escritor vienés; Le Rider se refiere a él de la siguiente manera: «En Zweig, la identidad vienesa y austríaca está ante todo ligada a la cultura alemana y mira hacia la cultura occidental. […] En su mapa mental como ciudadano de Austria-Hungría y como europeo, los límites orientales serán un continente exótico y casi desconocido.»

La segunda parte finaliza con un capítulo dedicado a dos personajes de la «música e identidad judía». En el ensayo sobre Gustav Mahler, Le Rider analiza la “complejidad del universo intelectual” de quien llegó a ser director de la Ópera de Viena y no pierde vista la carga antisemita en la obra del músico y compositor nacido en Moravia. Está presente su paso por la Sociedad Wagner (Wiener Akademischer Wagner-Verein) y la admiración que tuvo por Richard Wagner, conocido por su antisemitismo.

A lo largo de las páginas, aparecen los nombres del compositor Hugo Wolf, Engelbert Pernerstorfer, periodista y político; Victor Adler, quien junto con Mahler pertenecieron al Círculo Pernerstorfer, uno de los más influyentes en el campo intelectual y cultural en los inicios del siglo XX. También muestra las críticas provenientes del musicólogo Richard Specht, de los críticos musicales Ludwig Karpath y Rudolf Louis y del historiador Carl E. Schorske, entre otros.

Sobre Arnold Schönberg, el autor analiza los cambios ocurridos en el músico con relación a su confesión de fe: abandona el judaísmo en 1898 para convertirse en protestante; en 1934 volvería al judaísmo. Están presentes las coincidencias entre Schönberg y su amigo Karl Kraus. También desfilan los nombres de personajes que se relacionaron con el músico: el pintor Kandinsky, el compositor Alexander Zemlinsky, el pianista Viktor Holländer y muchos más. Le Rider rescata un detalle importante en la investigación sobre Schönberg: «En su biografía hay algunos detalles que confirman las características de la sociología histórica de los judíos vieneses […]».

El autor cierra con un epílogo cuyo título es un reflejo de su contenido: «De la Primera Guerra Mundial al Anschluss: hacia una “ciudad sin judíos”». Después de la lectura de las páginas precedentes, en el final del libro se encuentra todo aquello que fue formando el destino de la Viena de esos años que sirvieron de marco a una ciudad que no volvió a ser la misma: el imperio Austro-Húngaro, la protección a los judíos, la llegada del antisemita Karl Lueger a la alcaldía de Viena, el auge del antisemitismo, la Primera Guerra Mundial y el Anschluss que determinó la anexión de Austria al III Reich. En ese texto final, el autor analiza La ciudad sin judíos de Hugo Bettauer y Auto de fe de Elías Canetti. Como escribe Le Rider: «A partir de 1938, “el mundo de ayer” que evocaba Stefan Zweig se desvanece.»

La lectura de Los judíos vieneses en la Belle Époque, da una muestra de la calidad del trabajo realizado por Jacques Le Rider. Es, sin lugar a dudas, uno de los mejores libros de ensayo que he leído.

Los judíos vieneses en la Belle Époque, Jacques Le Rider, traducción de Laura Claravall, Ediciones del Subsuelo, Barcelona, 2016.
Las citas han sido tomadas del mencionado libro.

Algunas obras de Jacques Le Rider sobre el tema comentado:
Arthur Schnitzler ou la Belle Époque viennoise, Paris, Éditions Belin, 2003.
Hugo von Hofmannsthal. Historicisme et modernité, Paris, PUF, coll. «Perspectives germaniques», 1995.
Le cas Otto Weininger. Racines de l’antiféminisme et de lántisemitisme, Paris, PUF, 1982.
Modernité viennoise et crisis de l’identité, Paris, Presses Universitaires de France, coll. «Perspectives Critiques», 1990.
Journaux intimes viennois, PUF, coll. «Perspectives Critiques», 2000
La Mitteleuropa, Paris, PUF, coll. «Que sais-je?» 1994.
Wien als »Das neue Ghetto«? Arthur Schnitzler und Theodor Herzl im Dialog, Vienne, Wiener Vorlesungen – Picus, 2014.

Libros en colaboración con otros autores:
La Galicie au temps des Habsbourg (1772-1918). Histoire, société, cultures en contact, (avec Heinz Raschel), Presses Universitaires François Rabelais, Tours 2010 (Perspectives historiques), 404 p.
“Les Journalistes” d’Arthur Schnitzler. Satire de la presse et des journalistes dans le théâtre allemand et autrichien contemporain, (Édition de Jacques Le rider en collaboration avec Renée Wentzig), Tusson (Charente), Du Lérot Editeur, 1995.

Nota: Este es el texto revisado del post publicado en el blog de la Librería Sur el 24.06.2017

Carlos Tupiño Bedoya
Septiembre, 2017

Revista Libra 1929 – Buenos Aires

Revista Libra 1929 – Buenos Aires

Desde hace algunos años, cuando empecé mis investigaciones sobre las revistas literarias de los años vanguardistas, pude obtener ediciones facsimilares de varias de esas publicaciones que dejaron una huella en la cultura, literatura y política en las primeras décadas del siglo XX en América Latina. Gracias a esas ediciones es posible, para muchos, poder llegar a las páginas de esas revistas.

En la FIL de Lima, el país invitado fue México; al visitar el estand mexicano pude ver la diversidad de ediciones y temas que habían traído para esta feria. México se distingue por la labor y el esfuerzo en preservar su pasado cultural y literario. Gracias a la labor de entidades del Estado y a editoriales, existen ediciones facsimilares de importante revistas literarias y culturales, como es el caso de Contemporáneos, Ulises y la mítica Irradiador, por citar solo a tres.

En ese estand, rodeado de interesantes libros, tuve el gusto de encontrarme con Walter Sanseviero, reconocido librero y conocedor –entre otros temas– de las revistas literarias y culturales que surgieron dentro del vanguardismo. Por su recomendación llegó a mis manos Libra 1929. Edición facsimilar preparada por Rose Corral, una interesante edición publicada por El Colegio de México en el año 2003. La Doctora Rose Corral es considerada una especialista en los temas de literatura de México y Buenos Aires; ha realizado publicaciones sobre los Contemporáneos de México, Martín Fierro, de Buenos Aires, el prólogo para la edición facsimilar de la revista Proa (1924-1926) –junto con Anthony Stanton–, entre otros textos.

Esa edición de El Colegio de México rescata del olvido una revista que publicó un único número; se desconocen los motivos por los que no se volvió a publicar; solo existen suposiciones y opiniones al respecto. Francisco Luis Bernárdez y Leopoldo Marechal, personajes de reconocida trayectoria dentro de la vanguardia, fueron los directores de Libra. Junto con Jorge Luis Borges fueron directores de la revista Proa en su tercera época.

Ese solitario número de Libra, publicado en el invierno de 1929 en Buenos Aires, incluyó textos de Alfonso Reyes, Macedonio Fernández, Gabriel Bocángel, R. Molinari, Francisco Luis Bernárdez y Leopoldo Marechal; poemas de James Joyce y Mariano Brull, entre otros. También contiene el «Correo Literario», una sección que recopila textos diversos, como cartas, fragmentos de ensayos, poemas y comentarios.

Esas páginas permiten al lector dar una mirada al nuevo estilo que aparecía en una revista que fue publicada en los años finales del apogeo vanguardista en Latinoamérica y, precisamente, en una de las ciudades en las que esos «ismos» tuvieron un gran desarrollo e influencia en otras ciudades, tanto en lo político, literario, artístico y cultural. Fue en Buenos Aires donde se publicaron Inicial, el periódico Martín Fierro, Prisma, Claridad, Proa y muchas más.

Si bien la edición facsimilar de Libra, permite un acercamiento a su contenido, considero que lo más importante de esa edición es el estudio introductorio preparado por Rose Corral, en el que, luego de las investigaciones realizadas, especialmente en la Capilla Alfonsina, nos presenta los pormenores que se dieron en los esfuerzos por publicar esa revista; en ellos se resalta la intervención de Alfonso Reyes para llevar adelante ese proyecto, así como su intervención personal para conseguir las colaboraciones para ese primer número y para los siguientes que pensaron publicar.

Rose Corral destaca la influencia de Alfonso Reyes en la juventud intelectual de Buenos Aires así como su labor para la edición de la colección Los Cuadernos del Plata.  Luego de las páginas que reproducen las de Libra, se encuentra la sección «Documentos»; en el inicio se lee: «El conjunto de documentos reunidos y anotados que se presentan en esta sección –correspondencias diversas, reseñas, notas, artículos periodísticos– permiten complementar la información en torno a la revista Libra: su origen y gestación, algunos de los comentarios públicos y privados que recibió, y en particular el papel y participación de Alfonso Reyes en esta revista.» En esas páginas se pueden leer diversos comentarios sobre las «Jitanjáforas» de Alfonso Reyes, texto que inicia la revista y originó muchas opiniones en la crítica de esos años.

Se trata de un libro que permite apreciar una «rareza bibliográfica» y la dedicación de una persona, como Alfonso Reyes, comprometida con la difusión cultural y literaria.

LIBRA 1929. Edición facsimilar preparada por Rose Corral, El Colegio de México, A.C., México, D.F., 2003.
Las citas han sido tomadas del libro mencionado.

 

Carlos Tupiño Bedoya
Agosto, 2017

“Redescubriendo a Elías del Águila”

“Redescubriendo a Elías del Águila”

Con motivo de la exposición fotográfica Redescubriendo a Elías del Águila. Retrato fotográfico y clase media en Lima después de 1900, que se realizó del 20 de abril al 4 de junio en la Galería Germán Kruger Espantoso del Instituto Cultural Peruano Norteamericano (ICPNA), la mencionada institución publicó un libro con el mismo nombre, el cual ha quedado como un testimonio de lo que fue esa extraordinaria muestra que sirvió para dar a conocer a un importante fotógrafo peruano, de quien, hasta esa muestra, su trabajo era prácticamente desconocido.

En la presentación, Roberto Hoyle, Presidente del Consejo Directivo del ICPNA escribió: «Se trata de una muestra como pocas, en la medida en que es, como su título lo anuncia, un verdadero redescubrimiento. Antes de su realización, era poco lo que sabíamos acerca de este importante fotógrafo. Hoy, gracias al trabajo de rescate, conservación, investigación e interpretación de su archivo realizado por el Centro de la Imagen, podemos decir que se ha añadido un capítulo de importancia a la historia de la fotografía peruana.».

El libro ha sido dividido en dos partes; la primera contiene tres textos que abarcan diferentes aspectos de la obra de Del Águila. En el primero de ellos, «Redescubriendo a Elías del Águila», Carlo Trivelli muestra desde la llegada al Centro de la Imagen del material fotográfico que se consideró en un inicio como procedente del estudio Courbet, que funcionó en la ciudad de Lima en los años 1863-1935. Hace mención que se trata de 23,582 negativos de plata gelatina con soporte de vidrio y otros 7,213 sobre soporte flexible, que fueron digitalizados en el 2014 y, luego de las investigaciones que realizaron en el 2015 pudieron determinar que el autor de las fotografías fue Elías del Águila, nacido en la ciudad de Tarapoto en 1875, quien inicialmente fue colaborador del fotógrafo portugués Manuel Moral.

El autor considera los comentarios de Teófilo Castillo –pintor, crítico y también fotógrafo– publicados en la revista Variedades en 1914. También explica las técnicas empleadas por Del Águila, las series de retratos y sus características, la diversidad de formatos utilizados, así como la utilización de retoques en sus trabajos. Sobre este tema escribió: «Por medio de estas técnicas, Del Águila o alguno de los operarios de su estudio, acentuaban los rasgos de los retratados y eliminaban imperfecciones: aclaraban zonas de la piel, ayudaban a delinear mejor pestañas, cejas y cabello o corregían pliegues de la ropa o volúmenes corporales de los retratados […]». Igualmente, destaca la habilidad del fotógrafo a quien considera un «ducho en el manejo del lenguaje corporal».

Están presentes los nombres de sus clientes y entre ellos se encuentran personajes conocidos de esos años. Llamaron mi atención el nombre y la fotografía de Dora Mayer, periodista, defensora del indigenismo y una de las fundadoras de la Asociación Pro-Indígena y dos fotografías de un niño (a los tres y once años); su nombre: Fernando Belaúnde Terry.

Sobre el tema de los personajes fotografiados, Trivelli considera que «nos ayudan a definir, al menos en parte, el perfil de la clientela de Elías del Águila como uno que se puede identificar con la ascendente clase media integrada por profesionales, empresarios y comerciantes […] así como funcionarios públicos de la segunda mitad de la República Aristocrática (período que va de 1895-1919) y del Oncenio de Leguía (1919-1930), época en que este grupo social experimentó un considerable crecimiento.»

En el texto «Conservación del fondo Elías del Águila», Cecilia Salgado da cuenta de la labor del Centro de la Imagen desde la adquisición de los negativos y la tarea de conservación que realizan, la cual incluye la utilización de una bóveda especial para el cuidado de ese tipo de material. También explica las características de esos negativos y el estado de conservación en el que fueron adquiridos.

En este texto se aprecia la importante labor que vienen realizando para conservar los negativos de Elías del Águila. En palabras de la autora: «La apuesta del Centro de la Imagen por preservar este patrimonio en un avance importante en la valoración de la memoria visual, elemento indispensable para entender la evolución de la sociedad peruana, y sienta las bases para poder transmitir este legado a generaciones futuras y asegurar el acceso del público general al mismo.»

En «El uso de intensificadores en los negativos de Elías del Águila», Patricia Gonzáles y Cecilia Salgado se ocupan del trabajo realizado con el fin de identificar los negativos dañados, así como las técnicas, procedimientos y análisis que han realizado a los negativos.

La segunda parte del libro está dedicada a la galería fotográfica con más de setenta páginas. Cabe destacar la calidad y el cuidado para la reproducción de las fotografías. Eso permite apreciar en toda su magnitud el trabajo realizado por el fotógrafo Elías del Águila.

Es un libro que guarda en sus páginas un importante testimonio de la historia de la fotografía en el Perú.

Redescubriendo a Elías del Águila. Retrato fotográfico y clase media en Lima después de 1900. Instituto Cultural Peruano Norteamericano, Lima, 2017.
Las citas han sido tomadas del mencionado libro.

Carlos Tupiño Bedoya
Junio, 2017

El laboratorio de la vanguardia literaria en el Perú – Yazmín López Lenci

El laboratorio de la vanguardia literaria en el Perú – Yazmín López Lenci

En mis investigaciones sobre el campo de las publicaciones vanguardistas, he encontrado importantes trabajos; uno de ellos es El laboratorio de la vanguardia literaria en el Perú de Yazmín López Lenci. Desde su publicación en 1999, mantiene su vigencia como una sustancial fuente de consulta para la investigación y estudio de las revistas de vanguardia que aparecieron en el Perú durante la segunda década del siglo XX.

Antonio Melis, en el «Prólogo», escribió: «El análisis del papel jugado por las revistas y periódicos de las provincias es un momento central de esta investigación.» Resaltan las revistas publicadas en ciudades del Sur del Perú; entre ellas: Kosko y Kuntur de Cusco; La Tea y el Boletín Titikaka de Puno y Chirapu de Arequipa, que pueden considerarse como lugares de importancia en el desarrollo del vanguardismo e indigenismo.

Más adelante, Melis añade: «El concepto-clave de este trabajo es el proceso de resemantización que la vanguardia conoce en tierra peruana. […]», Ese concepto tratado por la autora permite apreciar que la vanguardia peruana no fue un calco de la europea; en su desarrollo fue adquiriendo características del contexto cultural y político de esa década. Un claro ejemplo es el libro Ande de Alejandro Peralta, publicado en Puno en 1926. Los poemas tienen la tipografía y distribución en la página que caracterizó a la poesía vanguardista de esos años; sin embargo, lo que plasma el poeta en cada uno de sus poemas, está impregnado de su sentir en medio del paisaje del Altiplano, del lago Titikaka, de los campesinos; es decir, de su contexto. Se encontraron el vanguardismo con el indigenismo y apareció lo que Cynthia Vich llama «indigenismo vanguardista» (Indigenismo de vanguardia en el Perú. Un estudio sobre el Boletín Titikaka, Lima, 2000)

Desde el inicio del siglo XX, empezaron a mostrarse algunos cambios sociales en el ámbito social y cultural. Los años conocidos como el Oncenio de Augusto B. Leguía sirvieron de marco al apogeo de la vanguardia. Sobre ese importante periodo la autora escribió: «La expansión cultural y educativa del período comprendido entre los años 1900 y 1930, que va de la mano del incremento de las capas medias, puede leerse en la apertura de librerías y de nuevas editoriales, en el incremento de la población universitaria, en la creación de escuelas superiores, pero sobre todo en la actividad efervescente  de periódicos y revistas entre 1919 y 1928.»

López Lenci considera a González Prada como una importante influencia en los intelectuales que forjaron esas publicaciones: «Apoyarse en la voz rectora de González Prada significó para la nueva generación encontrar una voz legitimadora de sus empresas periodísticas. Una buena cantidad de revistas se abren en sus primeros números con la inclusión de artículos, ensayos o poemas del reivindicado maestro. […]»

El libro tiene tres capítulos. El primero rescata lo ocurrido con la prensa en las dos primeras décadas del siglo XX «pero sobre todo en la actividad efervescente de periódicos y revistas entre 1919 y 1928». Lima, la capital, era el centro de las actividades; sin embargo, como una oposición al centralismo, hubo un auge del periodismo en las provincias, especialmente en Cusco, Puno y Arequipa.

También compara el periodismo que se desarrolló en diferentes diarios que fueron publicados en los mismos años de las revistas vanguardistas, como fue el caso de El Tiempo, La Prensa, Nuestra Época y también entre las mismas revistas, lo que permite apreciar el tipo de discurso en cada una de las publicaciones.

En el segundo capítulo, la autora elige 36 manifiestos y realiza una definición de lo que considera un manifiesto dentro del campo de las revistas literarias vanguardistas. También presenta y analiza algunas muestras de lo que definieron como vanguardismo algunos manifiestos aparecidos en revistas como Chirapu de Arequipa, Boletín Titikaka de Puno, Amauta de Lima, y otras.

En este capítulo dedica unas páginas al análisis del Simplismo, un vanguardismo que estuvo a cargo de un único miembro: el poeta Alberto Hidalgo, y al Surrealismo y su influencia en el Perú.

En el tercer capítulo se ocupa de la vanguardia andinista. En ese campo son muchas las opiniones que se han vertido sobre el indigenismo, un movimiento en el que los grupos intelectuales de los Andes, especialmente del Sur del país, tuvieron un rol importante. Yazmín López considera «que los intelectuales andinos no inauguran el discurso sobre el indio sino que lo reactualizan y movilizan, de acuerdo con las variantes propias de su inserción dentro del campo intelectual nacional.» El análisis que realiza de los textos y manifiestos que fueron publicados en diferentes revistas de esos años del vanguardismo, permite tener un panorama general sobre el movimiento indigenista a través del vehículo que constituyeron las revistas literarias de vanguardia.

Se trata de una significativa contribución al estudio de la vanguardia peruana.

El laboratorio de la vanguardia literaria peruana.
Yazmín López Lenci.
Editorial Horizonte, Lima, 1999.
180 páginas.
Las citas han sido tomadas del mencionado libro.

 

Carlos Tupiño Bedoya
Mayo, 2017