Si me necesitas, llámame – Raymond Carver

Si me necesitas, llámame – Raymond Carver

“…y la vida continúa”. Esta frase venía a mi cabeza cuando llegaba al final de cada una de las cinco historias que están en el libro Si me necesitas llámame del escritor norteamericano Raymond Carver.

Estos cinco cuentos fueron una edición póstuma efectuada por Tess Gallagher –la viuda de Carver– varios años después de la muerte del escritor. Acerca de estos relatos, en la contratapa se lee: Historias en las que una y otra vez, y con distintos protagonistas, se narra ese instante de sombría belleza y terrible verdad en que, de repente, lo comprendemos todo, y la vida ya nunca podrá volver a ser la misma. Luego añade un comentario de John Sutherland del diario The Sunday Times: Es posible que Carver no publicara en vida estos relatos preocupado por su carácter transparentemente autobiográfico, y por las heridas que pudieran causar. Pero ahora son un inesperado, espléndido regalo para todos sus admiradores. Al leerlos, nos damos cuenta que el comentario tiene cierta validez.

El estilo de Raymond Carver  es, aparentemente, muy sencillo y austero en el uso de adornos literarios; cada una de las historias ha sido creada partiendo de situaciones comunes de la vida, aquellas situaciones que podrían pasar inadvertidas. Es allí donde reside la habilidad y maestría de Carver, al insertar en esas simples historias, el ingrediente necesario para mostrar el problema que envuelve la atmósfera del relato y, obviamente, al personaje o personajes que son afectados.

La lectura de sus cuentos me hace recordar el estilo de Chejov, cuyas historias también se encargan de esos temas comunes de la vida diaria y que pueden tener diferentes resultados dependiendo del tipo de personaje que se vea afectado.

Leña es el primer relato del libro; desde el inicio establece una situación: Era mediados de agosto y Myers estaba cambiando de vida. La única diferencia entre esta vez y las otras era que ahora estaba sobrio. Aquí nos narra el reinicio en la vida de un hombre, que había estado en un centro de desintoxicación para alcohólicos y su mujer lo había abandonado para irse con otro hombre que también era alcohólico. Encuentra alojamiento en una casa, se acomoda a la rutina y cotidianeidad del tiempo que viven los dueños de casa, sin mezclarse con ellos; en esa soledad interna de Myers, el narrador resalta la percepción que el personaje tiene del paisaje que lo rodea y lo ayuda a escribir.

El narrador nos va presentando de una manera natural a cada uno de los personajes –Myers, Bonnie y su esposa Sol, los dueños de casa– dando algunos detalles particulares de cada personaje, aparentemente sin importancia y, luego, a fin de lograr un enlace entre esos tres seres, los une –ante el lector– en una escena en la que inserta los sueños de cada uno de ellos; sueños acerca de cosas que tienen, o de aquello que no quieren volver a tener, o de lo que nunca han tenido, transmitiendo al lector la carga que llevan dentro de ellos. La escena inicia: Mientras aquellas tres personas dormían y soñaban, fuera la luna engordaba y se movía por el firmamento…

El sonido del río, muy cerca de la casa y los paisajes descritos por el narrador, dejan una imagen sutil de la libertad que Myers parece percibir en esa nueva etapa de su vida.

En el segundo cuento ¿Qué queréis ver?, Carver nos presenta a un narrador que es el personaje de la historia. Aquí también el alcoholismo está presente. La pareja protagonista está por dejar la casa que habían alquilado, debido a que tomarán caminos diferentes. En los diálogos resaltan las nuevas sensaciones que experimenta esa pareja ya que dejará la casa en orden, limpia, sin deudas y con el cariño de los dueños, algo que tiene un fuerte contraste con la vida pasada que habían llevado: […] veinte años de desorganización y continuas mudanzas […]. Eran una pareja que hacía casi un año que no bebían ni una gota. El dueño, quien les alquilaba la casa, era un alcohólico en recuperación.

Con los detalles que nos da el narrador y la manera en que se desarrolla la historia, provocan que el lector sea un testigo de lo que esas dos familias hacen habitualmente y que, sin embargo, se pueda percibir aquello a lo que se enfrentarán más adelante, inclusive después del punto final de la historia. Eso es lo que hacen los finales que fabrica Carver; llevan al lector a que siga pensando en lo que sucederá luego, es decir, a crearse un final propio.

El tercer relato lleva por título Sueños y también aparece un borracho, aunque esta vez en sueños. Una escena que se repite es la del protagonista mirando por la ventana, observando la vida de su vecina y enterándose de muchas cosas como, por ejemplo, que era separada del esposo (el conflicto matrimonial también presente en esta historia), cuándo entraba, cuándo salía, etc. Con los datos proporcionados por el narrador personaje no se ve ninguna actitud deshonesta en sus observaciones, sin embargo, al ser él parte de la historia y ser el que la cuenta, quedan flotando en el aire algunas conclusiones que hábilmente son dejadas para que el lector las analice. Un conflicto narrado por el mismo personaje, a raíz de un hecho triste, nos muestra a un hombre que creía que la vecina sabía quién era, sin embargo ella dice no conocerlo; esta escena de conflicto, muy bien puesta por el autor, lleva al lector a percibir que el vecino se sentía conocido de la vecina como producto de sus observaciones a través de la ventana. De ahí, llevará al lector a un final que lo hará sacar su propias conclusiones mientras piensa: “…y la vida continua”.

Vándalos, el cuarto relato inicia: Carol y Robert Norris era [sic] viejos amigos de Joanne, la mujer de Nick. La habían conocido tiempo atrás, mucho antes que Nick. Cuando aún estaba casada con Bill Daly. En aquella época, los cuatro –Carol y Robert, Joanne y Bill– eran recién casados y estudiaban el último curso de bellas artes en la Universidad de Seattle. La historia se desarrolla durante una visita que les hacen Carol y Robert a Joanne y Nick. Durante la narración estará presente la inquietud de Nick hacia los sentimientos de Carol y Robert hacia él, por haber sido el hombre que le quitó la esposa a Bill. Hay momentos que esa incomodidad de Nick se puede sentir a través de la lectura. Es el producto de la habilidad del autor.

Al igual que en los cuentos anteriores, el alcoholismo se hace presente, esta vez en la persona de Nick, un ex-alcohólico que había dejado de beber un año antes de conocer a Joanne. Durante la conversación en esa visita hablan de la delincuencia, la cual volverá a hacerse presente casi al final del relato y, sirve a su vez de preámbulo al final mismo de la historia en una escena entre Joanne y Nick, que también hará que el lector piense: “…y la vida continua”.

El último relato, a mi parecer, el mejor de todos sin desmerecer en absoluto los anteriores, es Si me necesitas llámame. Es la historia de la decisión que tomarán Nancy y Dan, casados y profesores universitarios. Desde el inicio, el narrador nos presenta la situación que envolverá a los protagonistas: Aquella primavera habíamos tenido una relación cada uno por su lado, pero cuando el curso acabó en junio decidimos alquilar nuestra casa de Palo Alto y marcharnos los dos a pasar el verano a la costa norte de California. Emprenden un viaje para ver si se divorciarán o no. Queremos estar solos durante un tiempo y ver si arreglamos las cosas. Su hijo, un adolescente, se quedará con la abuela.

El narrador nos muestra que cada uno había tenido una relación. El alcoholismo también se hace presente en esta historia; el hombre con quien salía Nancy bebía demasiado. El matrimonio, antes de emprender el viaje “decisivo para sus vidas”  decide algo: Acordamos que no nos llamaríamos, ni escribiríamos ni nos pondríamos en contacto de manera alguna con las otras dos personas.

Es una historia que, en nuestro mundo actual, podría no llamarnos la atención; sin embargo, es la manera en que Carver construye la historia, muestra las sensaciones, sentimientos, culpas y todo aquello que permite ver en los personajes algo que envuelve, que atrapa, que nos hace ver lo terrible y triste de la situación y nos arrastra a un final en el que palabras y sentimientos van y vienen con mucha fuerza, con aquella fuerza que brota del interior del alma en esos momentos difíciles y, es una fuerza incapaz de encubrir  sensaciones, deseos y sentimientos, simplemente brotan, es dura y directa, pero sincera. Y es ahí, en ese desenlace final en el que el lector, en medio de esa fuerte historia puede también pensar: “…y la vida continua”.

Son cinco relatos que tienen un común denominador: el alcoholismo y la separación matrimonial (ambos presentes en la vida del escritor); sin embargo, en cada uno de ellos se teje una historia diferente, simple y profunda y, en la forma en que nos es presentada encontraremos que  –al margen del desenlace que se nos dé, o que quisiéramos imaginar; al margen de lo triste o devastadoras que puedan resultar esas situaciones– siempre se hará presente la frase: “…y la vida continua”.

Bibliografía:

Si me necesitas, llámame. Raymond Carver, Anagrama, Barcelona, 2001

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El geranio – Flannery O’Connor

El geranio – Flannery O’Connor

En publicaciones anteriores en este blog hemos podido ver algo de los personajes que pueblan las historias de Carson McCullers; sin embargo, en los cuentos de Flannery O’Connor, también escritora del sur de los Estados Unidos, podemos encontrar a los seres más extraños que conforman un enjambre de personajes repartidos en sus relatos en los que está presente un halo de fatalidad que forma parte de los escenarios en los que se desarrollan historias desgarradoras, de amargura, de crímenes, de fanatismo religioso, de finales violentos y, en medio de ellas a veces se llega a percibir en los personajes el recuerdo de momentos diferentes, alojados en su pasado.

Temas muy difíciles, duros, pero que sin embargo son parte del mundo que nos transmite O’Connor por medio de su literatura, de la literatura. El uso de la ficción por parte de la escritora pone de manifiesto esa habilidad que le ha valido ser considerada una de las mejores cuentistas de Norteamérica. A este uso de la ficción o deformación de la realidad, Claudio Magrís dijo: …a veces se debe deformar la realidad para entender su sentido y la verdad más profunda. Luego añade: …porque en una novela (y creo que también en el cuento) no nos limitamos a juzgar a la vida, la narramos con todas sus contradicciones. Y cuando leemos los relatos de O’Connor, nos saltan encima esas contradicciones en cada uno de sus personajes.

Flannery O’Connor, al igual que Carson McCullers, también sureña, estuvo aquejada de una enfermedad que la postró y la mató bastante joven. En el caso de O’Connor, estuvo aquejada de lupus. Mucho se ha dicho y especulado acerca del sufrimiento y postración que sufrieran estas escritoras haya podido, en alguna manera, influir en la creación de los personajes e historias que están presentes en su literatura y, tal vez, haya también influido en esa fuerza desgarradora que le imprimieron a cada uno de sus relatos.

El cuento El geranio está incluido en los Cuentos completos; en la contratapa de la edición de Debolsillo podemos leer: El genio lúcido y atormentado de Flannery O’Connor alcanza sus más altas cimas en el cuento, género que cultivó ininterrumpidamente desde sus años de estudiante hasta su prematura y trágica muerte. […] Las historias de este libro tienen como escenario los pueblos y las tierras del sur de Estado Unidos, especialmente su Georgia natal, un mundo decrépito y en ruinas cuyo secular abandono y pobreza ancestral aparecen marcados por la violencia y el odio. Pero más allá de la sordidez, los conflictos raciales, el asfixiante peso de la religión y la frustrada lucha por la libertad, hay siempre en estos cuentos una extraña belleza, una íntima exposición moral de la condición humana que trasciende la anécdota. […]

Los personajes centrales de este cuento son gente del campolo podemos leer en los pensamientos que dan vueltas en la cabeza del viejo Dudley–  que van a la gran ciudad, en este caso New York, y no precisamente a la mejor zona, como también se encarga de mostrárnoslo el viejo personaje central. Él es un hombre anciano que siente el peso de los años, aún para subir las escaleras del edificio, en donde vive con su hija que lo hizo venir con ella para no dejarlo sólo.

Ahí, en su nuevo hogar, aparecen las amarguras del viejo Dudley; nos transmite su sentido de desagrado e inutilidad en un mundo al que no pertenece y en el que recurre a sus recuerdos para rememorar los días en su pueblo, con Lutisha y Rabie, dos negros que lo acompañaban y hacían las labores. El relato empieza: El viejo Dudley se dobló en la silla que poco a poco iba amoldando a su cuerpo, miro por la ventana y, unos cuantos metros más allá, vio otra ventana enmarcada en ladrillos rojos manchados de tizne. Esperaba el geranio. Lo sacaban todas la mañanas, a eso de las diez, y lo entraban a las cinco y media. En el pueblo, la señora Carson tenía un geranio en la ventana. Allá en casa había muchos geranios, geranios más bonitos. “Los nuestros sí que son geranios –pensó el viejo Dudley–, no como esta cosa rosa y verde con lazos de papel.” El geranio que ponían en la ventana le recordaba a Grisby, el chico del pueblo que tenía la polio, al que había que sacar todas las mañanas en la silla de ruedas y dejarlo pestañeando al sol.” Al leer el relato podemos pensar que tal vez veía reflejada, en la figura de ese geranio, una condición similar en ese momento de su existencia, que lo lleva en algún momento a renegar de que su hija cumpliera con su maldito deber de hija y llevarlo con ella a la ciudad, a la que, en un momento de súbito e inesperado ánimo, aceptó a ir y que se convertiría en un constante lamento en sus días ya apartado del campo.

En el edificio donde vive, seremos testigos de los rezagos de discriminación racial que aún anidaban en el corazón del viejo Dudley y como todas las sensaciones que lo rodean y le hacen sentir su peso, lo llevan a un llanto calmo pero a la vez desolador al sentir su situación, la que llegamos a percibir gracias a la pluma de O’Connor.

El geranio estará presente en el final de la historia, sirviendo de enlace para mostrarnos la situación del viejo protagonista y el lugar que ocupa en ese departamento en la ciudad de New York. Obviamente, no revelaré el final, pero pueden leer el cuento (no la traducción de la edición Debolsillo) aquí e internarse en la historia del geranio y el viejo Dudley y, así, conocer algo del estilo de Flannery O’Connor.

 

Bibliografía:

Cuentos completos, Flannery O’Connor, Debolsillo, Buenos Aires, 2007

El aliento del cielo – Carson McCullers

El aliento del cielo – Carson McCullers

Llegué a leer la obra de Carson McCullers gracias a la recomendación de un amigo; me dijo: “verás el lenguaje poético en sus relatos y novelas”. Y tuvo razón. Tenía el libro El aliento del cielo en mis manos y recuerdo que empecé por la novela corta La balada del café triste, un extraordinario trabajo de la escritora norteamericana, del que me ocuparé en otro momento. Fue a raíz de esa lectura que continué con el resto del libro.

Los sentimientos humanos, en sus diferentes manifestaciones son una constante en la obra de la escritora nacida en Columbus, Georgia en 1917; en sus textos nos hace testigos de sufrimientos, amor, desamor, discriminación, abandono, resignación,  pero  no como abundan en muchos trabajos literarios, sino que McCullers le imprime una fuerza descriptiva tal, que sumerge al lector en la atmósfera de sus historias y en el corazón de sus personajes.

El relato El aliento del cielo –cuyo título lleva el libro- nos cuenta la historia de Constance, una adolescente afectada por una enfermedad pulmonar y que está a la espera de ser llevada a una casa de salud a casi quinientos kilómetros de su hogar. Podría pensarse que es una historia simple, sin embargo, el estilo de McCullers -que atrapa al lector- nos hará partícipes de los sentimientos y emociones de Constance, producidos por una situación que la vida se encargó de poner en el camino de la protagonista de la misma manera que podría ponerla en el camino de cualquiera.

Al inicio del libro se leen estas palabras de McCullers: Todo lo que sucede en mis relatos, me ha sucedido o me sucederá.  Esto tal vez nos ayuda a entender la manera tan vívida en que nos presenta y describe las situaciones por las que atraviesa la protagonista. Se cree que este relato lo escribió luego de haber pasado una situación muy semejante, ya que a la escritora le habían diagnosticado erróneamente tuberculosis cuando en realidad padeció de fiebre reumática; a raíz de ello, fue enviada a recuperarse a una casa de salud lejos de su hogar. Si leemos la vida de esta escritora y hacemos lo mismo con sus novelas y relatos podremos ver cómo se nutren los trabajos de la autora. No por gusto ha ganado un sitio de importancia en la literatura norteamericana.

En el libro se cita lo que Graham Greene dijo acerca de ella: Miss McCullers y tal vez Mr. Faulkner son los únicos dos escritores desde la muerte de D.H. Lawrence, con una sensibilidad poética original. Por su parte, era consciente de su estilo y la fuerza que imprimía en sus trabajos y no dudaba en declararlo: Yo tengo más que decir que Hemingway, y Dios sabe que lo he dicho mejor que Faulkner. Y, a decir verdad, al recorrer su producción literaria nos damos cuenta que no hablaba por gusto.

El escenario en que desarrolla la historia es el jardín de la casa de Constance, en una atmósfera sofocante producida por el intenso sol del mediodía; en ese lugar se encuentra la protagonista agobiada por sus pensamientos, sentimientos y por la congestión respiratoria que sufre como parte de la enfermedad, la cual le provoca dificultad para respirar y hablar: “…repitió Constance, dejando que la palabra se deslizase con su escasa emisión de aliento”; “Constance la miró con los labios separados, temblorosos, escuchando el ruido que le hacía la respiración”; “El final de la palabra quedó ahogado por el primer estallido de tos”.

La escritora nos hace atentos observadores de los detalles que observa la protagonista en medio de su estado. Resalta mucho el color azul del cielo y lo liga a la percepción que tiene la enferma de su entorno: “Al aire libre otra vez. Bajo el cielo azul. Después de inhalar durante tantas semanas, en febriles respiraciones mezquinas… […] Cielo azul. Frescor azul que se podía absorber hasta que toda ella estuviera empapada en su color”; también encontramos la figura gorda de la señorita Wheland, enfermera a cargo de Constance.

Con su estilo, Carson McCullers nos dice muchas cosas sin necesidad de escribirlas, como aquella mezcla de angustia, cansancio, desesperación y, tal vez, hartazgo de la señora Lane –madre de Constance, quien aparece en el relato y luego sale de él en la misma forma en que llegó– la cual juega un rol esencial en el desarrollo de la historia y, por supuesto, en la vida de Constance.

La lectura de este relato también nos deja la sensación de una Constance invadida por la resignación; una resignación que se encuentra presente en muchos de los personajes creados por McCullers en sus novelas y relatos.

El aliento del cielo y los demás relatos incluidos en el libro del mismo nombre, son una excelente oportunidad para conocer o para releer esos extraordinarios textos de una de las mejores escritoras del sur de los Estados Unidos, que sólo vivió cincuenta años y dejó una producción literaria que no se puede considerar extensa, pero sí de calidad y fuerza narrativas.

Bibliografía:

El aliento del cielo, Carson McCullers, Emecé Editores S.A./Seix Barral, Argentina, 2008

Cuentos de amor de locura y de muerte – Horacio Quiroga

cuentos de amor de locura y de muerteHoracio Quiroga es considerado uno de los maestros del cuento latinoamericano. Cuentos de amor de locura y de muerte, Mestas Ediciones, Madrid, 2005, contiene dos de los libros de cuentos escritos por Quiroga: Cuentos de amor de locura y de muerte  publicado el año 1917 y Los desterrados, publicado en 1937.  En cada uno han incluido seis relatos; cada uno de  ellos fue publicado en diarios y revistas de la época. De los incluidos, el cuento Insolación es el de publicación más antigua: 1908.

En cada uno de sus cuentos, las historias se desarrollan en atmósferas de locura, crimen y hasta alucinaciones de sus personajes. El libro se inicia con La gallina degollada, uno de sus relatos más estremecedores: Todo el día, sentados en el patio de un banco, estaban los cuatro hijos idiotas del matrimonio Mazzini-Ferraz. Tenían la lengua entre los labios, los ojos estúpidos y volvían la cabeza con la boca abierta. […] El mayor tenía doce años, y el menor, ocho. En todo su aspecto sucio y desvalido se notaba la falta absoluta de un poco de cuidado maternal. Estos cuatro idiotas, sin embargo, habían sido un día el encanto de sus padres. […] Con los mellizos pareció haber concluido la aterradora descendencia. Pero pasados tres años desearon de nuevo ardientemente otro hijo, confiando en que el largo tiempo transcurrido hubiera aplacado a la fatalidad. […] Nació así una niña. Vivieron dos años con la angustia a flor de alma, esperando siempre otro desastre. Nada acaeció, sin embargo, y los padres pusieron en ella toda su complacencia, que la pequeña llevaba a los más extremos límites del mimo y la mala crianza. […] …no hubo ya para los hijos mayores afecto posible. (p.13,15,16,17) El escritor sigue tejiendo la historia y lleva al lector a ser testigo de un final… El cuento pueden leerlo aquí.

En sus relatos se percibe la influencia de Edgar Allan Poe para tejer las historias. Estas líneas de  El hombre muerto nos dan otra muestra de la narrativa de Quiroga: El hombre y su machete acababan de limpiar la quinta calle del bananal. Faltábanles aún dos calles, pero como en éstas abundaban las chircas, y malvas silvestres, la tarea que tenían por delante era muy poca cosa. El hombre echó en consecuencia una mirada satisfecha a los arbustos rozados y cruzó el alambrado para tenderse un rato en la gramilla. Más al bajar el alambre de púa y pasar el cuerpo, su pie izquierdo resbaló sobre un trozo de corteza desprendida del poste, a tiempo que el machete se le escapaba de la mano. Mientras caía, el hombre tuvo la impresión sumamente lejana de no ver el machete de plano en el suelo. […] …tras el antebrazo, e inmediatamente por debajo del cinto, surgían de su camisa el puño y la mitad de la hoja del machete; pero el resto no se veía. […] El hombre intentó mover la cabeza, en vano. Echó una mirada de reojo a la empuñadura del machete, húmeda aún del sudor de su mano. Apareció mentalmente la extensión y la trayectoria del machete dentro de su vientre, y adquirió, fría, matemática e inexorable, la seguridad de que acababa de llegar al término de su existencia. (p.111) Y Horacio Quiroga continúa desarrollando el relato de manera sorprendente hasta conducirnos al final de la historia. Este cuento puede leerlo aquí.

Acerca del libro que contiene este cuento, en la contratapa del libro se lee: “Los desterrados es la obra más compleja y equilibrada de Horacio Quiroga. Es un libro, su libro. En un libro hondo, que no puede interesar al lector superficial. En él se concentran una vida y una experiencia estéticas. Este mundo es su mundo. Quiroga también es uno de los desterrados”.

Horacio Quiroga, autor del Decálogo del perfecto cuentista, vivió también en la provincia argentina de Misiones, colindante con Paraguay y Brasil y se convierte en escenario de varios de sus cuentos.

 

Carlos E. Tupiño

12 formas de mentir

12 formas de mentir

En mis lecturas he podido disfrutar de los más diverso géneros literarios, pero fue el género del cuento que llamó mi atención. Fue así que empecé a descubrir los cuentos de algunos escritores peruanos como Alfredo Bryce Echenique, Julio Ramón Ribeyro, Alonso Cueto; de los norteamericanos Raymond Carver, Ernest Hemingway, William Faulkner, Carson McCullers, Edgar Allan Poe, y otros; así como los infaltables relatos de los escritores argentinos Julio Cortázar y Jorge Luis Borges.

Luego aparecerían los cuentos de Guy de Maupassant, Horacio Quiroga, Antón Chejov y muchos más.

Era el tiempo de empezar a escribir y así lo hice. Luego vendrían los talleres de creación literaria en donde recibí –directamente de los escritores–muchos consejos acerca de las técnicas para escribir cuentos y qué es lo que se debe y lo que no se debe hacer para que un cuento funcione. Recuerdo que el primer cuento lo escribí en marzo del 2007.

Uno puede participar en muchos talleres, pero lo que más ayuda es leer cuentos no sólo de los autores que preferimos sino, también, de todos aquellos que están bien considerados dentro de ese género.  Todas esas lecturas se convierten en los maestros que necesitamos. Es algo que sucede con muchos escritores. Siempre tienen un escritor o algunos escritores que mediante la lectura de sus libros, se han convertido en sus maestros y, de ellos, han aprendido muchas de las técnicas que utilizan en sus creaciones literarias.

En uno de los últimos talleres a los que asistí, tuve el privilegio de conocer un lindo grupo de personas, todas amantes de la literatura, de las buenas obras literarias, siempre dispuestos a dar un comentario o crítica a alguno de los libros que habían leído y a compartir sus experiencias con esas lecturas; también recuerdo el intercambio de autores y títulos que se daba entre nosotros; hasta llegamos a formar un grupo literario en el que compartimos nuestras lecturas, nuestros pensamientos literarios y comentarios acerca de obras y escritores, siempre manteniendo nuestra opinión personal. Fue un tiempo muy enriquecedor el que pase con ese excelente grupo. Citaré los nombres de esas personas a quienes aprecio y recuerdo: Carmen, Christian, Divya, Lucrecia, Rossina, Teresa y un servidor. Recuerdo que entre los escritores favoritos de los integrantes del grupo estaban: Julio Ramón Ribeyro, Gabriel García Márquez, Antonio Gala, Jorge Luis Borges.

En el taller que nos conocimos se dio la oportunidad de publicar un libro que incluiría 12 de las creaciones hechas por los participantes. De esos doce cuentos, cinco fueron del grupo literario al que he hecho referencia y llevaron por título: sólo participamos cinco con nuestros cuentos. Estas cinco creaciones literarias fueron: La llave  (Lucrecia Garreaud), El último aniversario (Carmen Rhor), La pared rosada (Christian Arista), No olvides no quitarte los zapatos (Rossina Winder) y Llamada telefónica (Carlos Tupiño). La alegría de esa primera publicación la compartimos todos. En el caso de Rossina, ya había publicado anteriormente. El libro fue editado por Bizarro Ediciones y llevó por título 12 Formas de mentir. Antología del Taller de Narrativa, 2008 – 2009.

Cada vez que veo la carátula del libro me trae a la memoria la imagen de Julio Ramón Ribeyro, tal vez sea por la máquina de escribir, muy parecida a la que aparece en una foto de Ribeyro  y, también, por el cenicero lleno de colillas de cigarrillos, tal vez como los ceniceros de Ribeyro.

El cuento que escribí en ese taller fue breve y me dejó satisfecho. Desarrollé la historia dejando el final abierto, es decir, permitiendo que el lector pueda sacar su conclusión. A ese texto puse por título Llamada telefónica y fue el primer cuento que publiqué en un libro. Aquí comparto con ustedes la historia:

Llamada telefónica

Por: Carlos Tupiño

Julio estaba recostado en la pared; junto a él todavía estaba el vaso de whisky del que no había bebido ni un sorbo. A la falta de sueño que reflejaba su rostro, se unían la angustia, el dolor y la pena que se habían instalado en su ser. Parecía estar mirando algo distante, no sólo en el espacio, sino en el tiempo que había pasado por su vida.

Miraba cada parte del departamento y se dio cuenta que cada lugar se hallaba marcado por los recuerdos, por esas vivencias pasadas que dejaron sus huellas, huellas sobre las que hubiera querido volver a caminar para traerlas nuevamente al presente y no dejarlas escapar, no permitir que se fueran nuevamente al pasado, a ese cofre de la memoria que la vida se encarga de llenar con lo que arranca de nuestro presente; y, aún en ese estado, podía percibir el desorden reinante, veía la ropa sin lavar que estaba amontonada, los víveres que había comprado aún estaban en las bolsas, su cuarto con la cama sin tender, quién sabe desde cuándo; solamente el velador de ella permanecía ordenado, como ajeno a todo ese caos. El cuarto de Mateo no escapaba a ese desorden, con sus útiles del colegio regados por el suelo. Era como si en algún momento el orden hubiese desaparecido de aquel lugar; esto se unía a los sentimientos y recuerdos que habían tomado la vida de Julio, sumergiéndolo en un mar de desesperación que aprisionaba toda su alma, angustiándolo, entristeciéndolo, deprimiéndolo. Todo eso formaba la atmósfera en la que se hallaba inmerso.

De pronto,  el sonido del teléfono lo estremeció abruptamente y lo sacó de los pensamientos en que se encontraba.

-Sí, soy yo –respondió con una voz temblorosa, al igual que su mano que sostenía el teléfono. Era como si los sentimientos que lo embargaban y la atmósfera reinante hubieran tomado el control de su vida, de su existencia, atormentándolo cada vez más. En pleno día, la noche más oscura y densa había invadido su ser. Luego de escuchar lo que decía la persona, al otro lado de la línea, se quedó sin decir palabra. Con el rostro desencajado y respirando muy hondo, como si quisiera gritar tan fuerte para expulsar de su interior esa desolación que en algún momento puede entregarnos la vida, colgó el teléfono.

En ese preciso instante, la movilidad había traído a Mateo desde el colegio. Cuando él abrió la puerta, su hijo lo abrazó fuertemente de las piernas, y con su voz fuerte y chillona de niño, le dijo: ¡Te quiero mucho! e inmediatamente le preguntó: ¿Veremos hoy día a mamá? Julio sólo atinó a abrazarlo más fuerte; sus lágrimas caían sobre el niño que tenía abrazado.

 

Bibliografía:

12 Formas de mentir. Antología del taller de narrativa, 2008-2009. Max Palacios (compilador), Bizarro Ediciones, Lima, 2009.

 

Carlos E. Tupiño

Ribeyro El arte de narrar y el placer de leer – Antonio González Montes

ribeyro 8Como admirador de la obra de Julio Ramón Ribeyro, resulta muy gratificante poder leer y releer sus cuentos. En cada lectura podemos descubrir algo nuevo, podemos aprender más de la técnica empleada por nuestro mejor cuentista, ser testigos de su especial estilo para darnos las descripciones de los personajes, ciudades, situaciones y todo aquello que forma parte de la historia que nos ofrece y, sobretodo, cumpliendo el decálogo que escribió en relación al cuento.

He estado leyendo el libro Ribeyro El arte de narrar y el placer de leer, escrito por Antonio González Montes y resulta grato encontrarse con un texto que se dedica a analizar y explicar los treinta cuentos que integran los tres primeros libros de Ribeyro: Los gallinazos sin plumas (1955), Cuentos de circunstancias (1958) y Las botellas y los hombres (1964), los cuales aparecieron en el volumen I de La palabra del mudo (edición de 1994 para este libro).

En la contratapa podemos leer: La exégesis es clara y contribuye a que los lectores valoren mejor la originalidad de las historias, la complejidad de los personajes y la riqueza de las técnicas narrativas elegidas por el escritor. De ese modo, los conocedores de la obra de Ribeyro así como sus nuevos lectores podrán dialogar y enriquecerse con las inolvidables visiones del mundo (realistas y fantásticas) que nos obsequia el autor en sus magistrales cuentos.

En la Presentación leemos: El análisis de todos los cuentos de los tres libros elegidos permitirá que se aprecie en mayor medida el valor intrínseco de cada uno de los textos estudiados y la calidad global de estos volúmenes que cimentaron el prestigio de Ribeyro como el creador de mundos narrativos originales. […] en estas páginas, el lector podrá hacer un recorrido provechoso y válido por los mundos creados por Ribeyro en sus tres primeros libros. (p.10).

Antonio González Montes, Doctor y magister en literatura peruana y latinoamericana por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, divide su libro en dos partes: en la primera se ocupa del cuento y las técnicas narrativas; explica lo que es el cuento, prepara el terreno para poder asimilar el análisis de cada uno de los cuentos y poder sacar el mayor provecho; además, incluye un gráfico de la estructura del cuento.

Luego explica las técnicas narrativas, lo que es la narración y los diferentes tipos de narrador, cada uno de ellos con ejemplos tomados de los mismos cuentos de Ribeyro que, más adelante, son analizados.

En la segunda parte se ocupa del análisis de cada uno de los cuentos que integran los tres libros mencionados. Al empezar el análisis al primer libro (Los gallinazos sin plumas) explica el prólogo escrito por Ribeyro para esa edición. Resulta interesante la explicación que da, en la que considera la importancia del contexto en que fue escrito. Al respecto escribe: Dado el lapso transcurrido y lo que él implica se hace necesario referirse al modo en que Ribeyro presentó su libro ante el público de aquella época. Es verdad que puede prescindirse del prólogo para evaluar una producción literaria, pero consideramos que, en este caso específico, la apreciación de dicho texto ayudará a conocer mejor el pensamiento del escritor y las razones que lo llevaron a publicar el libro. (p.29). Estas consideraciones resultan muy útiles para poder entender mejor los cuentos.

Al inicio del análisis del segundo libro nos explica acerca de la carencia de un prólogo y a lo que el lector se enfrenta. En el tercero de los libros analizados, vuelve a mencionar la importancia del contexto (algo que todo buen lector debe tener siempre presente) y escribe: Antes de ingresar en el análisis de cada uno de los relatos de este libro de Ribeyro, conviene recordar el contexto en que fueron escritos. (p.143)

Al final de cada uno de los treinta cuentos analizados, nos ofrece un gráfico con la estructura del cuento, lo cual nos permite ver “gráficamente” la construcción hecha por Julio Ramón Ribeyro.

Los cuentos analizados que integran cada uno de los libros son los siguientes:

Los gallinazos sin plumas (1955)

Los gallinazos sin plumas, Interior L, Mar afuera, Mientras arde la vela, En la comisaria, La tela de araña, El primer paso, Junta de acreedores.

los_gallinazosAcerca de este libro, Ribeyro escribio: Si un mérito tiene mi libro es el de mantener la unidad del conjunto. Esta unidad reside más que en la forma, en la materia trabajada. Todos ellos -mis cuentos- transcurren en Lima, en las clases económicamente débiles, en ambientes deliberadamente sórdidos. Sirvientas, albañiles, pescadores, encomenderos, traficantes, recogedores de basura, lo que yo he visto de más tocante y significativo en nuestro pueblo, he tratado de animarlo, de infundirle vida y movimiento. La visión resulta al final un poco miserable, pero exacta y verosímil. (La tentación del fracaso, Seix Barral, Barcelona, 2003, p.47.)

Cuentos de circunstancias (1958)

cuentos de circunstanciasLa insignia, El banquete, El libro en blanco, La molicie, La botella de chicha, Explicaciones a un cabo de servicio, Página de un diario, Los eucaliptos, Scorpio, Los merengues, El tonel de aceite.

Las botellas y los hombres (1964)

lasbotellasyloshombresLas botellas y los hombres, Los moribundos, La piel de un indio no cuesta caro, Por las azoteas, Dirección equivocada, El profesor suplente, El jefe, Una aventura nocturna, Vaquita echada, De color modesto.

Ribeyro El arte de narrar y el placer de leer resulta un libro muy útil por la manera en que expone el análisis de los textos del cuentista peruano y ayuda a conocer y entender más los cuentos de Julio Ramón Ribeyro.

Bibliografía:

Ribeyro El arte de narrar y el placer de leer, Antonio González Montes, Fondo Editorial de la Universidad de Lima, Lima, 2010

La tentación del fracaso, Julio Ramón Ribeyro, Seix Barral, Barcelona, 2003

El periódico – Carlos Tupiño

El periódico (cuento).

Aún no puedo creer esto que me ha pasado. Quisiera despertar y que todo fuera un sueño. Quien iba a pensar que por ensuciarme los dedos con la tinta del periódico, iba a terminar así. Recuerdo que esa suciedad se convirtió en una mancha y me subió por el brazo y, al poco rato, veía como avanzaba por mi cuerpo como minúsculas letras. Luego caí al suelo convertido en un periódico. Parece que han pasado varias horas desde que mi esposa me recogió del suelo, me leyó y me dejó aquí, al lado de estos otros periódicos. La oigo acercarse nuevamente al sillón y se ha sentado; está molesta, se queja en voz alta porque ya es la hora del almuerzo y yo no estoy en casa, ni he llamado para decir donde estoy o por qué me demoro. A pesar de sus quejas, en su voz puedo sentir un poco de preocupación por mi ausencia. Me siento muy aturdido y estoy seguro que es por causa de esta extraña y horrible transformación que ha sucedido con mi cuerpo. A pesar de esto, todavía estoy consciente y también desesperado y angustiado de no poder comunicarme y decirle que yo soy el periódico y que me ayude. ¿Habrá otras personas que estén como yo? Total, ¡qué importa, estoy atrapado en esta pesadilla! Ella ha cogido una de las partes del diario. Creo que como soy un poco gordo, me he convertido en un periódico muy grueso; eso explica porque tengo tantas hojas; además, hoy es domingo y estoy lleno de secciones y suplementos. Uno de los chicos se ha acercado gritando que el perro se ha orinado en la cocina. Inmediatamente mi esposa le da una de las partes del periódico, o mejor dicho una de las partes de mi cuerpo para que la pongan donde el perro ha orinado… puedo sentir una parte de mí mojada y pegada al suelo, siento asco, quiero vomitar, gritar, pero me doy cuenta que nada de eso puede salir ya de mí, solamente lo puedo sentir,… es increíble, me he convertido en un periódico, puedo comunicar las noticias locales, deportivas y de todo el mundo, pero no puedo comunicar esta angustia y desesperación que siento, ni puedo pedir auxilio… Otro de mis hijos, el más pequeño se ha acercado y se ha llevado una de las hojas del periódico, es decir otra parte mía, para cortarla y hacer aviones de papel y tirarlos por el aire. Ya en el aire, esos pedazos de periódico o partes de mi cuerpo, que es lo mismo, me transmiten esa sensación de vértigo que se puede sentir en los aviones que suben y caen estrepitosamente; estoy muy mareado, y toda esta desesperación se sigue acumulando dentro de mí. ¡No sé qué hacer!, ni los gritos me salen… Ahora siento que hay un momento de calma, si se puede llamar calma, ya que la angustia que siento va en aumento, es como una bomba que está a punto de estallar, pero que estallará dentro de mí; esa explosión será solo para mí y nadie más la sentirá porque no puedo comunicar nada y ¡nadie se puede percatar de lo que me ocurre! A pesar de estar en este horrible momento, vienen a mi mente pensamientos acerca de todos mis planes y proyectos, todo lo que aún queda por hacer en esta vida, todos mis anhelos; estoy viendo escenas de toda mi vida como proyectadas delante de mis ojos. El timbre de la puerta me hace regresar a la realidad, es mi sobrino. Al entrar, mi esposa lo detiene, porque ha estado lloviendo y está con los pies mojados, no hay felpudo; inmediatamente le alcanzan otra parte del periódico, o mejor dicho de mí, para ponerla en el piso de la entrada y se limpie los zapatos antes de entrar en la casa. ¡Ya no puedo más!, ¡hasta dónde seguirá esto! Ahora es uno de mis hijos que me carga debajo del brazo, no sé adónde me lleva, o mejor dicho no sé adónde lleva lo que queda de mí; no puedo ver bien en donde me está poniendo, pero me está apretando por un lado y me está arrugando por otro, me está rompiendo en pedazos… ya no puedo oír con claridad lo que están hablando… estoy muy aturdido… me siento… agitado… algo puedo escuchar… es mi hijo que viene corriendo hacia mí… puedo oírlo decir: ¡Ya está todo listo y yo encenderé la fogata!. Qué pena que papi no esté aquí, a él le gustaría ver cómo la enciendo.

Lima, marzo del 2007

El periódico fue publicado el domingo 14 de abril del 2013, en el Suplemento El Dominical del diario El Comercio de Lima, Perú.

También forma parte del libro “De regreso a Neuengamme y otros cuentos”

de regreso a neuengamme b

 

Carlos E. Tupiño