La llamada de la tribu – Mario Vargas Llosa

La llamada de la tribu – Mario Vargas Llosa

Desde que me enteré de la publicación de La llamada de la tribu de Mario Vargas Llosa (Alfaguara, Lima, 2018) tuve mucho interés en la lectura de este libro. Dentro de toda la producción del Premio Nobel de Literatura, lo que más admiro son sus ensayos. Me parecen extraordinarios y los que se incluyen en el mencionado libro no son la excepción.

En el texto introductorio, el autor inicia explicando por qué considera To the Finland Station de Edmond Wilson como el origen de este libro. También relata las diferentes transiciones políticas que finalmente lo condujeron al liberalismo. En esas páginas aparecen sus inicios en la izquierda, lo que llamó «la enfermedad infantil del comunismo», su participación en el grupo Cahuide durante su paso por la Universidad de San Marcos, su admiración hacia Fidel Castro y la Revolución cubana de la que empezó a apartarse a fines de los años sesenta por motivos que él explica, así como su contacto con los intelectuales franceses y su apasionamiento por Sartre y su obra, de quien luego se decepcionaría por las contradicciones entre lo que escribía y su proceder. Sigue el recorrido hasta presentar su cambio de dirección hacia el liberalismo y explica por qué lo considera importante y necesario. Son páginas que llevan al lector en un recorrido interesante que permite conocer los cambios de posición política del Premio Nobel de Literatura 2010 y en cuyas líneas se refleja la fuerza de sus convicciones. Este libro es, en palabras del autor, su «propia historia intelectual y política».

Los siete pensadores a quienes dedica los ensayos, que fueron quienes lo llevaron hacia el liberalismo, son: Adam Smith, José Ortega y Gasset, Friedrich August von Hayek, Sir Karl Popper, Raymond Aron, Sir Isaiah Berlin y Jean-François Revel. En los ensayos el autor expone el desarrollo de las ideas de cada uno de los pensadores, sin descuidar el contexto en que vivieron y desarrollaron su obra, en los que estuvieron presentes eventos como la Revolución rusa, la Segunda Guerra Mundial, el derrumbamiento cultural de Viena en los años de posguerra, la presencia del nazismo, comunismo, judaísmo, antisemitismo, exilio, la guerra civil española, la dictadura de Franco, la revolución estudiantil de mayo de 1968 en Francia, las corrientes intelectuales y filosóficas en auge en la Europa de esos años, sus relaciones –buenas y malas– con otros intelectuales o la amistad entre algunos de ellos. Por ejemplo, el autor se ocupa de la polémica de Friedrich von Hayek con John Maynard Keynes y de la célebre discusión entre Karl Popper y Ludwig Wittgenstein. Igualmente, se hacen presentes los nombres de diversos intelectuales, filósofos y políticos como Milton Friedman, Winston Churchill, Stalin, Charles de Gaulle, Jean Paul Sartre, y muchos más.

Entre las obras que Vargas Llosa analiza y comenta en cada uno de los ensayos, están: La riqueza de las naciones (1776) de Adam Smith; La deshumanización del arte y otros ensayos de estética (1925) y La rebelión de las masas (1929) de José Ortega y Gasset; sobre este autor, Vargas Llosa escribió: «Leer a Ortega es siempre un placer, un goce estético, por la belleza y desenvoltura de su estilo, claro, plástico, inteligente, culto, de un vocabulario inagotable, salpicado de ironías y al alcance de cualquier lector»; Caminos de servidumbre (1944) y Los fundamentos de la libertad (1960) de Friedrich von Hayek, Premio Nobel de Economía 1974; La sociedad abierta y sus enemigos (1945) y La miseria del historicismo (1960) de Sir Karl Popper, de quien Vargas considera que «Probablemente ningún pensador ha hecho de la libertad una condición tan imprescindible para el ser humano, como Popper». También dedica unas páginas a El opio de los intelectuales (1955) y Los marxismos imaginarios (1969) de Raymond Aron, que «estuvo sobre todo enfrentado a los pensadores radicales de izquierda de su generación». Asimismo, en el ensayo sobre Jean François Revel, quien además destacó como periodista y director de L’Express, dedica varias páginas a El conocimiento inútil (1988), un libro que conmocionó el ambiente intelectual de Francia y finaliza ese ensayo dedicando su atención a las memorias de Revel, que lleva por título El ladrón en la casa vacía (1977), cuyo título original es Le voleur dans la maison vide.

En el ensayo dedicado a Sir Isaiah Berlin, resalta la admiración de Vargas Llosa por la vida y obra de uno de los más importantes e influyentes pensadores liberales. Desde el inicio nombra los diferentes libros que fueron apareciendo gracias a la labor de Henry Hardy, discípulo de Berlin, quien se encargó de reunir los ensayos que estuvieron dispersos durante mucho tiempo dispersos en bibliotecas y diferentes publicaciones. Sobre las obras de este pensador, Vargas Llosa señala que «prestan una ayuda invalorable para entender en toda su complejidad los problemas morales e históricos que enfrenta la realidad contemporánea» y, a lo largo del ensayo se ocupa del origen judío de Berlin, nacido en 1909 en territorio del imperio ruso y testigo muy joven de sucesos que marcaron su vida: la revolución bolchevique, las persecuciones y los pogromos contra los judíos. Luego pudo estudiar en Gran Bretaña, obtuvo la nacionalidad británica y llegó a ser presidente de la Academia Británica. Resulta interesante la explicación que hace Vargas Llosa de los conceptos de libertad «positiva» y libertad «negativa» desarrollados por Berlin, un defensor de la libertad y opositor al totalitarismo. También relata el encuentro del pensador liberal con la poeta Anna Ajmátova en la ciudad de Leningrado en 1945, quien también sufrió los abusos del régimen con Stalin a la cabeza. Se trata de un ensayo desarrollado de manera diferente a los demás, pero con la misma lucidez para el análisis y la crítica.

Además de los títulos mencionados, en cada ensayo figuran más libros a los que el Premio Nobel de Literatura dedica sus comentarios, lo cual da una idea de la magnitud del contenido del libro.

De los siete pensadores incluidos en las más de trescientas páginas de La llamada de la tribu, Vargas Llosa deja en claro su preferencia por tres de ellos: «Si tuviera que nombrar a los tres pensadores modernos a los que debo más, políticamente hablando, no vacilaría un segundo: Karl Popper, Friedrich August von Hayek e Isaiah Berlin». Es a ellos a quienes dedica más páginas en el libro.

Se puede o no estar de acuerdo con los cambios ideológicos ocurridos en el autor desde sus años universitarios, así como el pensamiento liberal que defiende y en el que basa sus convicciones políticas, pero lo que sí se puede afirmar, luego de la lectura de estos ensayos, es que La llamada de la tribu es uno de los excelentes trabajos de Mario Vargas Llosa, con el que despierta el interés sobre los pensadores mencionados y sus obras. Lo recomiendo.

Por mi parte, ya estoy en la búsqueda de algunos de los libros citados en La llamada de la tribu.

 

Carlos Tupiño Bedoya
Junio, 2018

Advertisements

El triunfo del artista. La Revolución y los artistas rusos: 1917-1941 – Tzvetan Todorov

El triunfo del artista. La Revolución y los artistas rusos: 1917-1941 – Tzvetan Todorov

Me gusta mucho revisar los catálogos de diferentes editoriales; considero que son una buena fuente de información para quienes gustan de los libros. En una de esas revisiones encontré un libro cuyo título y autor captaron mi atención: El triunfo del artista. La Revolución y los artistas rusos: 1917-1941 de Tzvetan Todorov (Galaxia Gutenberg, 2017). Recuerdo que inmediatamente hice mi pedido en la librería, el cual llegó bastante rápido. Fue una lectura que inicié de inmediato y puedo asegurar que, desde el inicio, el texto capta la atención del lector y despierta su interés por la manera cómo el autor empieza mostrando aspectos de la revolución rusa y cómo se fue vinculando con los artistas de diferentes campos del arte.

A través de la vida y obra de quince personajes –entre los que se encuentran poetas, escritores, pintores, músicos, dramaturgos y directores de cine– y la posición que tuvieron frente a la revolución, el autor muestra las relaciones que surgieron entre esos creadores y los dirigentes de la revolución.

Todorov eligió a: Iván Bunin (escritor y Premio Nobel de Literatura 1933), Mijaíl Bulgákov (escritor y dramaturgo), Maksim Gorki (escritor y ensayista), Vsévolod Mayerhold (director teatral), Vladimir Mayakovski (poeta futurista), Aleksandr Blok (poeta simbolista), Boris Pasternak (poeta, escritor y Premio Nobel de Literatura 1958)), Marina Tsvietáieva (poeta), Boris Pilniak (escritor), Osip Mandelstam (poeta), Yevgueni Zamiatin (escritor), Isaak Bábel (escritor), Dmitri Shostakovich (compositor), Serguéi Eisenstein (director de cine) y Kazimir Malévich (pintor, autor del suprematismo). Con relación a los nombres mencionados, el autor escribió: «La consecuencia de esta elección es que no concedo el menor espacio a los creadores que se limitan a ejecutar dócilmente las consignas del partido, aun cuando siempre fueron mayoritarios.»

Los ensayos que presenta Todorov sobre cada uno de esos «creadores», permiten apreciar la postura que tuvieron frente a la revolución antes, durante y luego de que el régimen tomara el control absoluto del poder, así como las vinculaciones que tuvieron con los dirigentes e instituciones políticas de ese totalitarismo comunista, especialmente con Stalin.

El triunfo del artista inicia con una introducción en la que Todorov presenta su visión sobre los artistas y la revolución. También muestra algunos datos sobre su vida y los motivos que lo llevaron a escribir este libro. Se trata de un texto necesario para comprender la profundidad de lo que el autor muestra en cada uno de los ensayos y de su posición frente al totalitarismo en el que señala la instauración del «reino universal de la mentira» que construyó Stalin.

Luego sigue el texto que da inicio a la primera parte. En estas líneas, el autor presenta un breve y preciso resumen de la revolución y explica tres etapas en que divide dicho evento, así como las relaciones que se dieron entre el arte y la revolución. Con excepción de Malévich, en esta primera parte están incluidos los ensayos de todos los personajes elegidos por Todorov y han sido agrupados en tres momentos que se dieron durante la revolución entre los años 1917-1941. Cierra la primera parte un capítulo titulado «Necrología», en el que da cuenta del destino de seis de los personajes seleccionados y explica lo que significó la adaptación al poder por parte de aquellos creadores de arte, poesía y literatura y las consecuencias que tuvieron.

La segunda parte del libro está dedicada al pintor Kazimir Malévich; en esas páginas Todorov presenta de manera minuciosa la vida, obra y el desarrollo del suprematismo –creación de Malévich– así como su relación con los dirigentes de la revolución que apoyó desde un inicio, siendo uno de los defensores del bolchevismo, situación que cambiaría debido al abuso del poder, del totalitarismo, de la mano de hierro de Stalin, de la manera como era considerado el arte y el artista, llegando Malévich a mostrar su desengaño de la revolución. Todorov cita estas palabras del pintor ruso: «El Estado es el aparato de opresión de los que piensan de otra manera, […]».

En las páginas dedicadas a Malévich, también aparece información sobre el cubismo, el futurismo y otros ismos de esos años de las vanguardias. El autor no pasa por alto las etapas en las que el pintor ruso hizo un alto en la pintura debido a diversas actividades y cargos que ocupó en diferentes organizaciones, como «comisario de la Protección de los Tesoros Artísticos del Kremlin» y otros cargos más, así como su dedicación al desarrollo del suprematismo.

En esta segunda parte, Todorov incluye un capítulo a modo de biografía del pintor ruso. En estas páginas recorre desde el nacimiento de Malévich en la ciudad de Kiev; su atracción por los colores y la naturaleza y su desarrollo artístico; también aparecen los nombres de otros personajes, artistas y poetas, así como un panorama del desarrollo de los diferentes movimientos vanguardistas en esos años.

La edición incluye diez reproducciones de pinturas de Kazimir Malévich, las cuales son analizadas por Todorov. Las obras del pintor ruso «solo saldrán a la luz sesenta años después, tras el hundimiento del régimen comunista, como auténticos recuerdos de ultratumba.»

El conjunto de todos los ensayos aporta un panorama claro y terrible de lo que fue la vida de los poetas, escritores, artistas y de la población en los años de la dirigencia nacida de la revolución, siendo los más aterradores aquellos en los que Stalin estuvo en el poder.

Cierra el libro un «Epílogo» en el que Todorov deja en claro su posición frente al totalitarismo y escribe sobre las democracias y el liberalismo. El autor inicia el texto con estas palabras: «La revolución rusa dio origen al primer Estado totalitario de la historia» y casi al finalizar escribió: «Quienes detentan el poder son capaces de destruir a aquellos a los que quieren someter, pero no tienen ninguna influencia en los valores estéticos, éticos y espirituales procedentes de las obras creadas por estos artistas […]»

Considero El triunfo del artista como el mejor libro que he leído, debido a su desarrollo, estilo y presentación clara y precisa de cada uno de los personajes y de su relación con los dirigentes de la revolución, sin dejar de lado los terribles momentos que pasaron, en los que se hicieron presentes el hambre y la escases, la vigilancia, las críticas demoledoras contra la persona de los «creadores» y sus creaciones, las deportaciones, confinamientos en prisiones y hasta la muerte. Fueron personajes que dejaron obras para la posteridad; obras que tuvieron que esperar, en muchos casos, varias décadas para que puedan ser conocidas, difundidas y admiradas. He leído muy buenos libros sobre este tema, pero el escrito por Tzvetan Todorov es extraordinario.

Debido a esa impresión inicial, antes de escribir estas líneas, decidí darle una nueva lectura y simplemente sirvió para reiterar mi opinión.

 

Carlos Tupiño Bedoya
Mayo, 2018

Los judíos vieneses en la Belle Époque – Jacques Le Rider

Los judíos vieneses en la Belle Époque – Jacques Le Rider

Jacques Le Rider recibe al lector con estas palabras: «Si Viena, en la época de Sigmund Freud y de Arthur Schnitzler, se convierte en una capital de la modernidad se debe en parte a que es una metrópoli de la Europa Central danubiana y a que los cambios demográficos del último cuarto del siglo XIX la han transformado en una “Jerusalén del exilio”».

Los judíos vienes en la Belle Époque da cuenta del acucioso análisis realizado por Le Rider en el que se muestra el papel de los judíos no solo en la intelectualidad vienesa sino en todos los campos de la sociedad. Su influencia se aprecia en la medicina, las finanzas y la banca, el comercio, la música, teatro, periodismo y literatura.

El autor inicia su recorrido con el Edicto de tolerancia de 1781 en el imperio de los Habsburgo, con la finalidad de mostrar la lucha contra el rechazo y marginación que experimentaron los judíos. Esa situación permitió que las familias judías se fueran asimilando, con el transcurrir de los años, a la cultura alemana que imperaba en esa época. Le Rider también muestra datos sobre el incremento de la población judía en Viena desde mediados del siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX.

Ese incremento explica las medidas que aparecieron para tratar de frenar la inmigración judía, especialmente de la zona Este. El autor escribe: «Hasta 1880, las regiones que aportan inmigración judía a Viena son básicamente Bohemia y Moravia por un lado y Hungría por otro. A partir de 1880, los judíos del Este, en particular los de Galitzia, son mayoritarios en los flujos migratorios que se dirigen hacia Viena, […] En 1914, los judíos originarios de Galitzia representan una cuarta parte de la población judío vienesa; […].» Le Rider muestra lo diferentes que son los judíos del Este en comparación a los ya vivían en Viena, asimilados a la cultura.

Esa masiva afluencia de judíos del Este será uno de los factores del antisemitismo aún entre los judíos, tema que también ocupa la atención del autor, quien cita las palabras del escritor Jakob Wassermann: «[…] Estaba acostumbrado, con los judíos alemanes, a modales más burguesamente refinados y socialmente más discretos. Aquí siempre me sentía un poco avergonzado. Me avergonzaba su comportamiento, me avergonzaba su actitud. [….]». El caso de Wassermann, en cuya producción literaria la situación de los judíos está presente, es un claro ejemplo de la lucha interna que tuvieron muchos judíos. Los judíos establecidos en Viena no veían con agrado a aquellos que llegaban con costumbres (vestimenta, idioma, tradiciones) que posiblemente ya habían olvidado en su nueva ciudad, o que les recordaban el pasado del que habían escapado. Era para ellos algo que rechazaban. Este conflicto se halla presente a lo largo de toda la investigación y análisis realizado por Le Rider.

Los judío vienes en la Belle Époque está dividido en dos partes. La primera, titulada «Las posiciones políticas y los discursos sociales», contiene capítulos dedicados al liberalismo austríaco, a cómo Viena se convirtió en la ciudad de los judíos que emigraron del Este, al antisemitismo como parte de la cultura reinante en esos años; también dedica un capítulo a la trayectoria del rabino Joseph Samuel Bloch que estuvo comprometido en la lucha contra el antisemitismo. En esos capítulos está presente el análisis de los conflictos originados por el encuentro de las posiciones entre los judíos: los asimilados y los sionistas Fue un encuentro de dos mundos.

La segunda parte ofrece ensayos sobre la vida y obra de nueve personajes importantes en la Viena de esos años. En cada uno de ellos, Le Rider se encarga de presentar la ciudad de nacimiento, padres, estudios, así como la posición que tuvieron con relación a la asimilación de los judíos a la cultura o su opción por el sionismo, los partidos políticos como el nacionalsocialismo uno de los propulsores del antisemitismo reinante, sus relaciones con otros intelectuales de la época, el grupo de la Joven Viena con sus reuniones en el café Griensteidl y aquello que los hizo destacar y convertirse en los personajes que fueron.

En el ensayo dedicado a Sigmund Freud, el autor cita las declaraciones del psicoanalista en una entrevista que le hicieron en 1928: «Mi lengua es la alemana. Mi cultura, mis vínculos son alemanes. Me consideraba intelectualmente alemán hasta que me di cuenta del aumento creciente de los prejuicios antisemitas en la Alemania y en la Austria alemana. Desde entonces ya no me considero alemán. Prefiero denominarme judío.» Le Rider analiza la posición antisionista del fundador del psicoanálisis, en los años previos y posteriores a 1900 y su relación con el filósofo Theodor Gomperz, también contrario al sionismo, señalando a ambos como ejemplo de la asimilación judía a la cultura. En esas líneas también se ocupa de algunas de las obras de los mencionados, como El libro de los sueños y Pensadores griegos, así como de algunos personajes ligados a Freud.

El escritor vienés Arthur Schnitzler es otro de los escogidos por Le Rider. Este texto muestra un análisis meticuloso sobre la vida y obra del médico que dejó la profesión para convertirse en escritor y dramaturgo. Muestra la situación de Schnitzler en medio de un antisemitismo que lo afecta; cita palabras que dan cuenta de su sentir: «No nos cuentan entre ellos. De todos modos, prefiero que no lo hagan. Consideran que no soy un austríaco como ellos. Ante todo, yo soy yo, y con eso me basta, y que haya venido al mundo en Austria, nadie puede discutírmelo. […]»

La obra de Schnitzler ocupa un lugar principal en este ensayo; Le Rider examina principalmente dos obras del autor vienés: la novela En busca de horizontes y la obra de teatro El profesor Bernhardi, que señala como una de las grandes obras en las que trata la «cuestión judía». También está presente el estilo crítico de Schnitzler hacia obras de otros autores y su amistad con Theodor Herzl. Es un recorrido intenso en la vida, obra de uno de los grandes autores judíos de Viena.

Tres autores son analizados en el capítulo «La joven Viena literaria y la identidad judía». El primero es Hugo von Hofmannsthal, considerado el príncipe de los poetas de la Joven Viena, a quien le enfurecía ser considerado «un escritor judío vienés». Este aspecto es analizado por Le Rider, examinando textos de diferentes autores, como el escritor Hermann Broch, el periodista Moritz Goldstein, el filósofo Martin Buber y otros, sobre la persona y obra de von Hofmannsthal.

Continúa en ensayo sobre Richard Beer-Hofmann; formó parte del grupo de la Joven Viena. El autor nos presenta un breve análisis de sus relatos, poesía y teatro de quien considera un «asimilado a la cultura alemana y ‘desjudaizado’» y su amistad con Theodor Herzl. También están presentes los comentarios críticos por parte de von Hofmannsthal y Hermann Bahr.

El tercer escritor incluido en este capítulo es Felix Salten, otro de los integrantes de la Joven Viena. En este ensayo está presente su paso por importantes publicaciones, entre ellas la sionista Die Welt de Theodor Herzl, Die Zeit, Berliner Tageblatt, Neue Freie Presse de Viena, Berliner Zeitung y Berliner Morgenpost, de estos dos últimos llegó a ser redactor jefe. Le Rider analiza su paso como director del Pen Club de Austria y el motivo de su renuncia a dicho cargo.

Continúa el ensayo sobre Karl Kraus, considerado « uno de los críticos más lúcidos y despiadados de la prensa». Jacques Le Rider señala expresamente que en el capítulo dedicado al fundador, director y redactor de La antorcha (Die Fackel), repasará sus opiniones «sobre la “cuestión judía” que, también en este caso fueron a menudo paradójicas y tan duramente críticas que algunos lectores de Karl Kraus prefieren ponerlas entre paréntesis.» En este trabajo el autor logra ofrecer un exhaustivo análisis del trabajo de Kraus y, también muestra opiniones de otros intelectuales como Theodor Lessing y Walter Benjamin sobre el «anti-periodista» de La antorcha.

En ese capítulo Le Rider también examina la influencia del filósofo Otto Weininger en Kraus y las diferentes opiniones que origino el caso Dreyfus en el medio intelectual y periodístico de la época. Es importante señalar cómo el autor percibe el periodismo de Karl Kraus: «Su principal blanco es la prensa, que él describe como una industria lucrativa que se apoya en la publicidad, en la connivencia del poder económico y en las plumas dóciles de la redacción.»

Stefan Zweig, es otro de los elegidos por Le Rider. Analiza el pensamiento judío del autor vienés en sus obras El almanaque judío (1904), En la nieve (1901), Jeremías (1917), Mendel el de los libros (1929) considerada como el producto de su viaje a Galitzia, El candelabro enterrado, La impaciencia del corazón y Montaigne. También se ocupa de la información que proporciona su gran obra El mundo de ayer.
A lo largo del capítulo está presente el cosmopolitismo del escritor vienés; Le Rider se refiere a él de la siguiente manera: «En Zweig, la identidad vienesa y austríaca está ante todo ligada a la cultura alemana y mira hacia la cultura occidental. […] En su mapa mental como ciudadano de Austria-Hungría y como europeo, los límites orientales serán un continente exótico y casi desconocido.»

La segunda parte finaliza con un capítulo dedicado a dos personajes de la «música e identidad judía». En el ensayo sobre Gustav Mahler, Le Rider analiza la “complejidad del universo intelectual” de quien llegó a ser director de la Ópera de Viena y no pierde vista la carga antisemita en la obra del músico y compositor nacido en Moravia. Está presente su paso por la Sociedad Wagner (Wiener Akademischer Wagner-Verein) y la admiración que tuvo por Richard Wagner, conocido por su antisemitismo.

A lo largo de las páginas, aparecen los nombres del compositor Hugo Wolf, Engelbert Pernerstorfer, periodista y político; Victor Adler, quien junto con Mahler pertenecieron al Círculo Pernerstorfer, uno de los más influyentes en el campo intelectual y cultural en los inicios del siglo XX. También muestra las críticas provenientes del musicólogo Richard Specht, de los críticos musicales Ludwig Karpath y Rudolf Louis y del historiador Carl E. Schorske, entre otros.

Sobre Arnold Schönberg, el autor analiza los cambios ocurridos en el músico con relación a su confesión de fe: abandona el judaísmo en 1898 para convertirse en protestante; en 1934 volvería al judaísmo. Están presentes las coincidencias entre Schönberg y su amigo Karl Kraus. También desfilan los nombres de personajes que se relacionaron con el músico: el pintor Kandinsky, el compositor Alexander Zemlinsky, el pianista Viktor Holländer y muchos más. Le Rider rescata un detalle importante en la investigación sobre Schönberg: «En su biografía hay algunos detalles que confirman las características de la sociología histórica de los judíos vieneses […]».

El autor cierra con un epílogo cuyo título es un reflejo de su contenido: «De la Primera Guerra Mundial al Anschluss: hacia una “ciudad sin judíos”». Después de la lectura de las páginas precedentes, en el final del libro se encuentra todo aquello que fue formando el destino de la Viena de esos años que sirvieron de marco a una ciudad que no volvió a ser la misma: el imperio Austro-Húngaro, la protección a los judíos, la llegada del antisemita Karl Lueger a la alcaldía de Viena, el auge del antisemitismo, la Primera Guerra Mundial y el Anschluss que determinó la anexión de Austria al III Reich. En ese texto final, el autor analiza La ciudad sin judíos de Hugo Bettauer y Auto de fe de Elías Canetti. Como escribe Le Rider: «A partir de 1938, “el mundo de ayer” que evocaba Stefan Zweig se desvanece.»

La lectura de Los judíos vieneses en la Belle Époque, da una muestra de la calidad del trabajo realizado por Jacques Le Rider. Es, sin lugar a dudas, uno de los mejores libros de ensayo que he leído.

Los judíos vieneses en la Belle Époque, Jacques Le Rider, traducción de Laura Claravall, Ediciones del Subsuelo, Barcelona, 2016.
Las citas han sido tomadas del mencionado libro.

Algunas obras de Jacques Le Rider sobre el tema comentado:
Arthur Schnitzler ou la Belle Époque viennoise, Paris, Éditions Belin, 2003.
Hugo von Hofmannsthal. Historicisme et modernité, Paris, PUF, coll. «Perspectives germaniques», 1995.
Le cas Otto Weininger. Racines de l’antiféminisme et de lántisemitisme, Paris, PUF, 1982.
Modernité viennoise et crisis de l’identité, Paris, Presses Universitaires de France, coll. «Perspectives Critiques», 1990.
Journaux intimes viennois, PUF, coll. «Perspectives Critiques», 2000
La Mitteleuropa, Paris, PUF, coll. «Que sais-je?» 1994.
Wien als »Das neue Ghetto«? Arthur Schnitzler und Theodor Herzl im Dialog, Vienne, Wiener Vorlesungen – Picus, 2014.

Libros en colaboración con otros autores:
La Galicie au temps des Habsbourg (1772-1918). Histoire, société, cultures en contact, (avec Heinz Raschel), Presses Universitaires François Rabelais, Tours 2010 (Perspectives historiques), 404 p.
“Les Journalistes” d’Arthur Schnitzler. Satire de la presse et des journalistes dans le théâtre allemand et autrichien contemporain, (Édition de Jacques Le rider en collaboration avec Renée Wentzig), Tusson (Charente), Du Lérot Editeur, 1995.

Nota: Este es el texto revisado del post publicado en el blog de la Librería Sur el 24.06.2017

Carlos Tupiño Bedoya
Septiembre, 2017

Plan de operaciones – Beatriz Sarlo

Plan de operaciones – Beatriz Sarlo

Plan de operaciones es el libro que leí en estos primeros días del 2016; reúne catorce textos escritos por Beatriz Sarlo que fueron publicados en diarios y revistas. En ellos se ocupa de diferentes aspectos de la vida y obra de Jorge Luis Borges, Walter Benjamin, Roland Barthes y Susan Sontag.

Da la bienvenida al lector el breve artículo Barthesianos de por vida en el que escribe: “De la literatura, su obra recibió el poder del encantamiento. Barthes vuelve barthesianos a sus lectores, del mismo modo en que Proust los hace proustianos” (p. 11). Son cuatro textos dedicados a Barthes. En ellos se ocupa de los trabajos del semiólogo, escritor y ensayista francés, como S/Z, El discurso amoroso, Existences –su primer artículo–, El grado cero de la escritura, Mitologías, Sur Racine, Crítica y verdad y muchos más.

Roland Barthes: Una biografía imposible es el más extenso de los cuatro textos y nos da un panorama bastante completo de su vida y obra, resaltando algunos sucesos como la polémica entre Barthes y Raymond Picard, originada por los ensayos que formaron el libro Sur Racine. A lo largo de los textos está presente el análisis, explicaciones y opiniones de Sarlo. Luego de la lectura de estos textos, se puede entender por qué Barthes vuelve  barthesianos a sus lectores.

Luego continúan cuatro textos dedicados a Walter Benjamin. El primero de ellos es Un atlas de la Teoría Crítica en el que el personaje central no es Benjamin sino la Escuela de Fráncfort y se ven desfilar nombre como los de Theodor W. Adorno, Max Horkheimer, Herbert Marcuse y Jürgen Habermas. La autora analiza el libro La escuela de Fráncfort de Rolf Wiggershaus (1986) y muestra el desarrollo de esa emblemática agrupación y la crítica literaria. Con relación al autor del mencionado libro, Sarlo señala que Wiggershaus “es un testigo muy próximo de los avatares con los que compone su historia de la génesis y realización de la Teoría Crítica, de la revista y del Instituto. […] La Escuela de Fráncfort es un atlas, una guía exhaustiva, un repertorio bibliográfico completo y una enciclopedia razonada.” (p. 52)

El texto titulado Apuntes e impresiones ofrece el análisis a Denkbilder que reúne los “cuadros de viajes y costumbres, breves relatos de sueños, tenues narraciones armadas con material autobiográfico” (p. 53) escritos por Benjamin. Uno de los textos que me considero muy importante es Viena, dos ciudades en el que la autora nos presenta el libro La Viena de fin de siglo de Carl E. Schorske (2011) en un recorrido cultural y literario para finalizar con la comparación de la mencionada obra con Hombres póstumos de Massimo Cacciari. Sarlo escribió: “La Viena de Schorske es un locus de la historia cultural y lo será por bastante tiempo. La de Cacciari, del ensayo filosófico. Dos ciudades.” (p.77)

Continúan tres textos sobre Jorge Luis Borges. Considero el más interesante e importante –sin desmerecer a los otros dos– Borges después de Borges. Inicia con estas estas palabras: “Borges no ocupó ese lugar inevitable y central en la literatura argentina que hoy parece haber sido suyo desde siempre” (p. 79). En esas páginas se observan diferentes etapas de la vida y obra del escritor argentino y de su relación con el mundo literario que lo rodeó pero, al que no necesariamente se amoldó. Sarlo resalta una característica importante del escritor: “Borges resistió las tendencias de varias décadas, como si estuviera a un costado del mundo” (p. 80). Indudablemente fue una característica del escritor argentino, lo mismo que su agudo sentido crítico y hasta irónico cuando se trataba de criticar a otros escritores, así como sus lecturas que excluían a muchos escritores importantes pero que no tenían parte en las lecturas borgianas. En estas líneas vemos desfilar los nombres de Bioy Casares, Silvina Ocampo, Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti, Manuel Puig, César Aira, Luis Chitarroni, Héctor Ángel Benedetti, y otros. El boom literario también aparece en estas páginas, así como los escritores que formaron parte de ese evento y la posición política e intelectual de Borges en esos años y que mantuvo siempre. La autora señala con relación a Borges que “todo lo que toca se convierte en literatura.” (p.82)

Los últimos tres textos son dedicados Susan Sontag. El primero, Tratado moral sobre la fotografía, Sarlo señala que “Sontag defiende el potencial ético de la fotografía.”  Continúa Muerte de una intelectual, escrito como un breve homenaje a Sontag, considerada entre los mejores ensayistas norteamericanos. Finaliza el libro el artículo Sontag en el cine, en donde la autora cuenta las circunstancias de una noche en que vio a Susan Sontag durante la exhibición de un film de Fassbinder en una sala de Nueva York. Fue en el año 1985. Se trata de un texto  personal y entretenido.

El estilo de Beatriz Sarlo hace que la lectura de esos textos sea interesante no solo por los temas tratados sino, también por el contenido cultural que ofrecen y por las referencias bibliográficas que permiten ampliar la información de los temas tratados. La edición estuvo a cargo de Leila Guerriero.

 

Bibliografía:
Plan de operaciones. Sobre Borges, Benjamin, Barthes y Sontag. Beatriz Sarlo. Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago de Chile, 2013.
Las citas han sido tomadas del libro mencionado.

Otras obras de Beatriz Sarlo:
Una modernidad periférica: Buenos Aires, 1920 y 1930 (1988).
Borges, un escritor en las orillas (1995)
La máquina cultural (1998).
Siete ensayos sobre Walter Benjamin (2000)
Escritos sobre literatura argentina (2007).
Ficciones argentinas (2012).

 

Carlos Tupiño Bedoya

Enero, 2016

Una crónica del periodismo cultural – Sergio Vila-Sanjuán

Una crónica del periodismo cultural – Sergio Vila-Sanjuán

El libro de Vila-Sanjuán ofrece un recorrido por el desarrollo del periodismo cultural; es un texto que enriquece el panorama bibliográfico sobre este tema.

El autor se remonta a los tiempos del Renacimiento para iniciar un recorrido que, a lo largo de siete capítulos, explica las diferentes etapas del periodismo cultural –aún antes que fuera reconocido con ese nombre– y en los que vemos desfilar diferentes personajes que contribuyeron al desarrollo del mismo.

En el capítulo UNO titulado Tres pioneros, Vila-Sanjuán habla de Giorgio Vasari, autor de Las vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos (1550), James Boswell, que escribió La vida de Samuel Johnson (1791) y Johann Peter Eckermann, autor de Conversaciones con Goethe en los últimos años de su vida. 1836-1848.
Sergio Vila-Sanjuán explica la elección de los tres personajes: “Nuestra propuesta de selección de los pioneros abarca tres autores que utilizaron técnicas de recopilación documental que se siguen empleando para plasmar historias de creación cultural”. (23)
Las tres obras mencionadas son una muestra de la elaboración de perfiles, los detalles de una biografía y cómo una entrevista puede mostrar diferentes aspectos de importancia en la vida del entrevistado, manteniendo el interés del lector. Son creaciones culturales que han permanecido en el tiempo.

Cronistas de fin de siglo –título del capítulo DOS– se centra en la segunda mitad del siglo XIX. El autor se ocupa de Emilia Pardo Bazán a quien define como “una cronista de gran nivel, caudalosa y tenaz, aguda y detallista” (37). Fue autora de Teatro crítico y varios libros de crónicas. En este capítulo también tienen un lugar José Martí y Rubén Darío, poetas y corresponsales de diferentes diarios y en cuya labor periodística dejaron un importante legado de crónicas.

Las páginas del capítulo TRES muestran a Jorge Luis Borges en su faceta de informador cultural. En estas páginas el autor analiza la importancia del periodismo cultural en la producción borgeana y remite al lector hasta el primer artículo publicado por el escritor argentino en 1919. Vila-Sanjuán escribió: “Conviene señalar de entrada que todo el periodismo de Borges es cultural: los temas que le interesan son los de la cultura; predominantemente literatura, filosofía e historia”. (47) En el recorrido por los artículos de Borges y las obras que los agrupan, también señala los aportes del periodismo a la obra de Borges.

El capítulo CUATRO se centra en la revista The New Yorker desde su fundación en 1925; de ahí inicia un recorrido por la trayectoria de esa emblemática revista cultural, en el que aparecen los nombres de los diferentes editores hasta David Remnick, el trabajo que realizaron y la relación de la publicación con diferentes escritores como Salinger, Navokov y otros. El trabajo de Truman Capote en la revista, también ocupa un lugar en esas páginas.
Dos personajes resaltan en este capítulo: Tom Wolfe por su reportaje en contra del estilo de The New Yorker y la investigadora Janet Malcolm de quien el autor escribió que “representa también un ejemplo emblemático de las readaptaciones del New Yorker al cambio de filosofías en épocas recientes, y de su mantenida capacidad de liderazgo en este territorio”. (68)
Es un texto que analiza el desarrollo de esa importante revista cultural y muestra los cambios y adaptaciones que una publicación periodística puede y debe hacer en el paso del tiempo.

En el capítulo CINCO, Metamorfosis del periodismo cultural en La Vanguardia, el autor escribe sobre el diario donde es responsable del suplemente “Cultura/s”. Este capítulo se puede resumir en palabras del mismo autor: “La atención a un rotativo centenario nos aporta un inmenso caudal documental que permite seguir las distintas metamorfosis de la información dedicada a la literatura, el pensamiento y las artes a lo largo del siglo XX. Analizaremos aquí esa evolución a través de un diario de Barcelona, decano de los grandes medios españoles. El diario donde trabajo, La Vanguardia” (69). En estas páginas desfila una interesante variedad de personajes, todos relacionados a las diferentes etapas del desarrollo del periodismo cultural en el diario barcelonés.

El llamado periodismo cultural del BOOM es el tema del capítulo SEIS. Están presentes los nombres de José Donoso, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y otros; se analiza la labor de los escritores del Boom en el periodismo cultural.

El último capítulo, SIETE, lleva por título Maestros recientes. El autor analiza tres obras que considera “de especial interés e intensidad”: La Rive Gauche de Herbert Lotmann, Una historia de la lectura de Alberto Manguel y la trilogía Libro de réquiems, El esnobismo de las golondrinas y Siguiendo mi camino de Mauricio Wiesenthal. El análisis efectuado no solo muestra el interés e intensidad señalados al inicio del capítulo sino, además, aspectos de la vida de los tres escritores mencionados..

Sergio Vila-Sanjuán señala que: “Para practicar dignamente esta disciplina resulta imprescindible la lectura de quienes la han desarrollado en épocas precedentes.” (119)
Una crónica del periodismo cultural es un libro esencial para echar una mirada al desarrollo del periodismo cultural y conocer a aquellos autores que contribuyeron con sus producciones a ir dando solidez y calidad al periodismo cultural.

Cabe resaltar que las notas a pie de página proporcionan abundante información de las diferentes publicaciones hechas por los autores que aparecen en el libro.

 

Bibliografía:
Una crónica del periodismo cultural. Sergio Vila-Sanjuán, Publicacions i Edicions de la Universitat de Barcelona, 2015.
124 páginas.
Las citas han sido tomadas del mencionado libro.
Otras obras del autor.
Una heredera de Barcelona. (Novela) (2010)
Pasando página. Autores y editores en la España democrática. (2003)
Crónicas culturales. (2004)
El síndrome de Frankfurt. (2007)
Código best seller. (2011)
La cultura y la moda. (2013)
Estaba en aire. (Novela) (2013)

 

Carlos Tupiño Bedoya
Diciembre, 2015

Revistas argentinas de vanguardia (1920-1930) – Nélida Salvador

Revistas argentinas de vanguardia (1920-1930) – Nélida Salvador

Hace poco recibí un ejemplar de la primera edición (1962) de Revistas argentinas de vanguardia (1920-1930) de Nélida Salvador. Su portada refleja el paso de los años y llamó mi atención que el libro nunca había sido abierto; las páginas permanecían unidas por los bordes. Después de más de cincuenta años de ser editado, fui el primer lector que recorrió esas páginas.

En varias bibliografías encontré referencias a Revistas argentinas de vanguardia (1920-1930); por su contenido se ha convertido en una importante fuente de consulta para todos los interesados y, en especial, para los investigadores del tema de las revistas de vanguardia en los años 20.

La ciudad de Buenos Aires fue uno de los centros principales del desarrollo del vanguardismo en América Latina. Esa importancia se refleja en el trabajo de Nélida Salvador que recorre una década caracterizada por la efervescencia de los movimientos vanguardistas en sus distintas manifestaciones.

En esa década se publicaron importantes revistas literarias de vanguardia en Latinoamérica; por ejemplo: Amauta y Boletín Titikaka en las ciudades peruanas de Lima y Puno respectivamente; en México aparecieron Irradiador, Ulises y Contemporáneos; Claridad en Chile y Repertorio Americano en San José de Costa Rica, una de las revistas de más duración.

En el caso de Argentina se pueden mencionar a Prisma, Proa, Inicial, Claridad y el periódico Martín Fierro, considerado dentro de estas producciones vanguardistas; el trabajo de Nélida Salador analiza las publicaciones mencionadas y brinda los nombres de los directores, redactores, y colaboradores que aparecieron en las páginas de las revistas. También nos muestra los nombres de los poetas que estuvieron presentes en esas publicaciones, lo que nos permite apreciar el panorama de la poesía dentro del vanguardismo de esos años en Argentina.

Sabemos que la poesía tuvo un lugar de importancia en el movimiento vanguardista y, desde el inicio del libro, Nélida Salvador hace referencia a la poesía vanguardista como uno de los agentes encargados de la difusión de ese movimiento. El capítulo I del libro lleva por título Del modernismo al postmodernismo y empieza con el tema La poesía argentina a principios de siglo; como en otras ciudades, esta se manifestó abiertamente contra el modernismo y, también, como lo menciona la autora, contra las posteriores derivaciones del modernismo: postmodernismo y ultramodernismo.

Conforme empieza a disminuir en intensidad el “rubenismo” empiezan a surgir importantes nombres en la poesía, entre los que destaca Leopoldo Lugones a quien Salvador considera como “el verdadero nexo entre el modernismo y las escuelas de vanguardia que aparecerán diez años más tarde”. (p.12). Esa generación de poetas al inicio de la década de 1910 incluyó, entre otros a Arturo Capdevila, Rafael A. Arrieta, Baldomero Fernández Moreno, Alfonsina Storni, Enrique Branch y Evaristo Carriego, autor de Misas herejes (1908), cuya importancia fue resaltada por Nélida Salvador: “Esta obra incorpora a la lírica argentina el tema, inédito hasta entonces, del barrio porteño con sus motivos pintorescos y con los problemas de sus humildes moradores cantados por primera vez en un tono de sentida ternura que desconcierta y conmueve”. (pp. 17-18)

El capítulo II Las corrientes de vanguardia inicia con el tema de los Movimientos europeos de postguerra. Aquí encontramos el futurismo en Italia, el dadaísmo en Suiza, el superrealismo, cubismo, creacionismo, nunismo, paroxismo, neodadaísmo, el futurismo ruso y el ultraísmo; se trata de ismos que tienen “ese ideal común de insurrección contra las fórmulas envejecidas y vacías”. (p. 29) En este capítulo, la autora le dedica unas páginas al tema del ultraísmo en España, en el que resalta la importancia que tuvieron las revistas en la difusión de ese movimiento vanguardista en ciudades españolas. Entre las publicaciones que menciona figuran: Grecia (1919-1920), Cervantes (1919-1920), Ultra (1021-1922), Tableros (1920) y Reflector (1920).

Luego de ese recorrido por las vanguardias, Nélida Salvador ofrece el análisis de las revistas argentinas de vanguardia. Lo inicia con Prisma “la primera publicación vanguardista de nuestro ambiente” (p. 35) y la primera etapa de Proa de la que solo aparecieron tres números; esta publicación tuvo como eje el ultraísmo de Jorge Luis Borges.

El capítulo III La nueva generación empieza con Las orientaciones literarias después de 1920. Encontramos el análisis a Inicial, que apareció en el mes de octubre de 1923. Acerca de esa publicación, Salvador escribió: “[…] sobrepasa los límites poéticos de los ultraístas para abarcar las más variadas manifestaciones del pensamiento contemporáneo”. (p. 49) También nos ofrece fragmentos del texto de la editorial del primer número que nos permiten apreciar el enfoque de la revista. La poesía estuvo presente y la autora cita los nombres del “nutrido plantel de poetas innovadores que la integran” y resalta las características de esa temprana e importante publicación.

Revista Inicial - Portada

Imagen tomada de la página 15.

En el capítulo IV encontramos el análisis del periódico Martín Fierro, fundado por Evar Méndez. La poesía también estuvo presente en Martín Fierro; Salvador escribió: “[…] completados ya sus quince números, el periódico cuenta con la participación de casi todo el grupo de poetas ultraístas, que alternan sus publicaciones entre Martín Fierro, Inicial y Proa.” (p. 66). También resaltó la importancia que tuvo el periódico: […] hacia fines de 1925 y comienzos del año siguiente, Martín Fierro concita en sus números densos y robustos las expresiones más destacadas de la vida literaria y artística de ese momento.” (p.71). Resultan interesantes los aportes de Nélida Salvador con relación a una de las más importantes publicaciones de vanguardia.

La segunda época de Proa ocupa el capítulo V. Esta revista fue fundada por Jorge Luis Borges, Brandán Caraffa, Ricardo Güiraldes y Pablo Rojas Paz reapareció en agosto de 1924. Fue una revista más literaria. La poesía estuvo difundida en las páginas de Proa; están presentes los trabajos de los poetas franceses contemporáneos, “especialmente el grupo de la librería de Adrienne Monier: Jules Romains, Valéry Larbaud, León [sic] Paul Fargue, Jules Supervielle, Saint Leger-Leger, Philippe Soupault, etcétera.” (p. 77). También figuran los “poetas más destacados” que publicaron en la revista, por ejemplo: figuran Ricardo Güiraldes, Jorge Luis Borges, Evar Méndez, Nora Lange y muchos más; entre los colaboradores extranjeros encontramos a Marinetti, James Joyce, Guillermo de Torre, Federico García Lorca, Pablo Neruda, Ramón Gómez de la Serna y otros. A pesar de la calidad de los contenidos que ofrecían las páginas de Proa, solo llegaron a quince números. Tuvo una trayectoria corta como la mayoría de las revistas de vanguardia de esa época.

El grupo de Boedo es el tema del capítulo VI; según señala Nélida Salvador, gran parte de sus integrantes tenían una “posición marcadamente izquierdista”. En esas páginas encontramos los nombres de varios de los escritores que forman parte de esa corriente y es la Editorial Claridad la encargada de la publicación de sus libros. Continúa con el análisis de la revista Claridad, una publicación que, tal vez por su orientación, no alcanzó el nivel literario de las otras revistas; la autora señaló que: “[…] sus méritos literarios son escasos por el contenido desparejo de sus números y por la ineficacia de algunos colaboradores. […]” (p. 87).

Cierra el libro el capítulo VII titulado Dispersión del movimiento vanguardista. “[…] hacia 1930, podemos considerar casi totalmente apaciguado este poderoso impulso de renovación que conmovió los fundamentos de nuestro mundo literario.” (p. 89). Esas palabras reflejan lo ocurrido con el movimiento vanguardista no solo en Argentina. Más adelante añade: “En nuestro medio, las revistas de vanguardia constituyen el pulso y la expresión visible de toda una época literaria, cuyo mensaje vital aún no estaba certificado en libros.” (p. 93). Es indudable la importancia que tuvieron las revistas literarias de vanguardia en América Latina y han quedado como el registro de un movimiento compuesto de diferentes ismos que marcó una época. Las diferentes revistas vanguardistas.

Resulta interesante el espacio dedicado a las empresas editoriales que surgieron de las revistas y la labor de difusión que cumplieron en su momento; entre las que destacan: Sociedad de Publicaciones El Inca y Sociedad Editorial Proa.

Es, sin lugar a dudas, un libro necesario para la investigación y estudio de las revistas de vanguardia. Inclusive, las fuentes bibliográficas, al final del libro, proporcionan excelente información para los investigadores e interesados en este tema.

 

 

Bibliografía:

Revistas argentinas de vanguardia (1920-1930). Nélida Salvador. Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Buenos Aires, 1962

Los textos citados han sido tomados del libro indicado.

 

 

Carlos Tupiño Bedoya

Agosto, 2015

Ensayos literarios. Sobre Joyce, Breton y las vanguardias europeas – José Carlos Mariátegui

Ensayos literarios. Sobre Joyce, Breton y las vanguardias europeas – José Carlos Mariátegui

La edición del  libro Ensayos literarios. Sobre Joyce, Breton y las vanguardias europeas de José Carlos Mariátegui, nos brinda la oportunidad de leer una excepcional muestra de la producción ensayística del pensador peruano. Se trata de una recopilación de textos dividida en tres partes: Sobre libros y escritores, Sobre los movimientos de vanguardia y Crítica cultural y entrevistas, los cuales fueron publicados entre 1921 y 1930 en las revistas Variedades, Mundial, Amauta, Perricholi y otras.

El libro captó mi atención principalmente por los textos acerca de los movimientos de vanguardia, debido a las investigaciones que vengo realizando en ese campo. Por tal motivo, empezaré contándoles acerca de la segunda parte del libro, dedicada a los movimientos vanguardistas.

En el ensayo El expresionismo y el dadaísmo, publicado en febrero de 1924, Mariátegui escribe: Internémonos más profundamente en el sentido del arte de hoy. Veamos, ante todo, qué es lo que separa el arte del siglo XIX y el arte del siglo XX. […] (p.97). Sus palabras, escritas antes de la mitad de la década de los 20,  dan un panorama pocas veces percibido por los lectores de este siglo. Nos hace pensar cómo habrían sido recibidos esos cambios experimentados en el arte, la orientación naturalista, el impresionismo y expresionismo. Fue todo un cambio que experimentó el arte, producto de los años de posguerra y previos a los años de la gran depresión en Norteamérica. Fueron condiciones que modelaron las expresiones artísticas, a las que no estuvo ajena la literatura. Fueron los años de las corrientes vanguardistas.

En este mimo texto, Mariátegui explica el dadaísmo y nos permite percibir cómo fueron recibidas esa manifestaciones en los años 20. Con relación al dadaísmo, el autor escribe: […] El hecho de no comprenderlos no autoriza a declararlos locos. El dadaísmo es un fruto de la época. […] (p. 96) Creo que son palabras que se pueden aplicar a las demás manifestaciones vanguardistas que aparecieron en esa época.

Al referirse al expresionismo, señala algunas de sus características y, además, explica las diferencias que tuvo con el impresionismo: Muchos cuadros de estas escuelas no intentan ser  sino una armonía de colores y de líneas. No representan absolutamente nada. […] (p. 98) Me hace recordar una conversación con don Oscar,  mi amigo y maestro de pintura; al preguntarle acerca de la pintura abstracta, me dijo que se trataba de una combinación de formas y colores que compone el artista sobre su lienzo; eso es todo.

Mariátegui luego añade: A la pintura han estado, más o menos, mezcladas siempre la arquitectura, la poesía, la literatura. Es probable que ahora la pintura trate de ser únicamente pintura. […] (p.98)

En el texto Balance del suprarrealismo, publicado en febrero y marzo de 1930, destaca, desde el inicio, la importancia que ve en ese movimiento vanguardista: Ninguno de los movimientos literarios y artísticos de vanguardia de Europa occidental ha tenido, contra lo que baratas apariencias pueden sugerir, la significación ni el contenido histórico del suprarrealismo. […] (p. 85). En este texto también hace referencia al segundo manifiesto del suprarrealismo de André Breton y La Révolution Surréaliste, una importante publicación cuya dirección quedaría a cargo de André Breton. En las líneas de ese texto desfilan los nombres de Pierre Maville, Marcel Fournier, Tzara, Robert Desnos.

En 1921, Mariátegui publica Aspectos nuevos y viejos del futurismo, ensayo que empieza con estas palabras: El futurismo ha vuelto a entrar en ebullición. Marinetti, su sumo sacerdote, ha reanudado su pintoresca y trashumante vida de conferencias, andanzas, proclamas, exposiciones y escándalos. […] (p. 107) Se trata de una apreciación muy diferente a la que escribió nueve años más tarde, en 1930, la cual se puede leer en El balance del suprarrealismo.

En Literaturas europeas de vanguardia, publicado en noviembre de 1925, dedica un comentario crítico al libro, del mismo nombre, de Guillermo de Torre, edición publicada en 1925. Mariátegui inicia con las siguientes palabras: Quien desee efectuar un viaje económico por las varias literaturas de vanguardia de Europa, puede tomar con confianza el libro de Guillermo de Torre. […] (p. 133) Luego de la lectura de esas páginas, me animé a buscar el mencionado libro. Guillermo De Torre, en los diferentes capítulos del libro, se ocupa del movimiento ultraísta español, del creacionismo, de los poetas cubistas franceses, del movimiento “Dada”, del futurismo italiano, de la nueva lírica y otros temas. Estoy convencido que una de las ventajas de leer textos, como los de Mariátegui y otros ensayistas de calidad, es poder encontrar bibliografía de esos años que serán de mucha ayuda a los interesados en los temas tratados en los ensayos.

José Carlos Mariátegui supo captar y transmitir la esencia de lo que significó el auge vanguardista en esos años; así lo reflejan sus palabras: Hoy, el arte de vanguardia medra en todas las latitudes y en todos los climas. Invade las exposiciones. Absorbe las páginas artísticas de las revistas. Y hasta empieza a entrar de puntillas en los museos de arte moderno. La gente sigue obstinada en reírse de él. Pero los artistas de vanguardia no se desalientan ni se soliviantan. […] (p.108)

Además de los textos mencionados, podrán encontrar más ensayos dedicados a la literatura de vanguardia, en los que hallarán muy buena información.

Los textos incluidos en la primera parte: Sobre libros y autores, no son menos interesantes. En ellos podemos encontrar el mismo estilo y cuidado que puso el autor al elaborar esos textos; escribe –entre otros– acerca de Joyce, Drieu La Rochelle, de la novela Nadja de André Breton; dedica un ensayo acerca del Centenario de Tolstoy, que inicia: El primer centenario del nacimiento del conde León Tolstoy (*) nos invita a todos, con más o menos instancia, a un momento de meditación tolstoyana. […] (p. 37). También hallaremos unas páginas acerca del poeta Rainer María Rilke y un excelente ensayo titulado Itinerario de Diego Rivera; acerca del pintor mexicano escribe: Y he aquí un pintor, tal vez único de la época, que se puede admirar y apreciar de lejos, desde cualquier rincón de la tierra, sin tomar en préstamo ningún sentimiento a la crítica. […] (p. 59)

La tercera parte del libro, dedicada a la Crítica cultural y entrevistas, nos permite apreciar su opinión y concepto del arte y la cultura en esos años de apogeo de las diferentes corrientes vanguardistas.

Son textos no precisamente extensos, pero en los que está presente una información clara, precisa y crítica, en los que el autor no descuida el contexto de cada uno de los ensayos que ofrece. Varios de ellos, fueron publicados unos meses antes de su muerte.

 

 

Bibliografía:

Ensayos literarios. Sobre Joyce, Breton y las vanguardias europeas. José Carlos Mariátegui, Editorial Mardulce, Buenos Aires, 2012

Los textos citados han sido tomados del libro indicado.
(*) Se ha mantenido el nombre tal como aparece en el libro.

 

Carlos Tupiño Bedoya

Marzo, 2015