Una historia sencilla – Leila Guerriero

Una historia sencilla – Leila Guerriero

Un texto que nos cuenta la historia de los concursantes a un evento de baile en un pueblo apartado en el interior de Argentina, tal vez no despertaría mucho interés; sin embargo, el estilo con que puede ser narrado ese suceso, es lo que hace la diferencia y, lo convierte en una historia real que atrapa la atención del lector desde el inicio y no lo suelta hasta el final.

Eso es lo que sucede con la lectura de Una historia sencilla, una espectacular crónica escrita por la periodista argentina Leila Guerriero. En ella nos cuenta acerca de una competencia de baile folklórico que se lleva a cabo cada año, desde 1966, en la ciudad de Laborde ubicada a varios cientos de kilómetros de Buenos Aires, Argentina. Se trata del Festival Nacional de Malambo de Laborde, un certamen que se convierte en la gloria para el bailarín que es coronado campeón y, también, se convierte en el final de su participación en el certamen y en el baile.

En la contratapa del libro se lee: […] Para resguardar el prestigio del certamen, los campeones han hecho un pacto: una vez que ganan, ya no pueden volver a presentarse en otra competencia. Así, el malambo con el que se coronan es, también, el último de sus vidas. […]

Si bien, a lo largo de la crónica desfilan muchos personajes, sobre todo los concursantes, la historia tiene un personaje central, una persona real: Rodolfo Gonzáles Alcántara.

Durante la lectura, se puede percibir la maestría empleada por Leila Guerriero para construir una crónica, que empieza por la curiosidad o interés acerca de algo y de ahí viene la investigación, en este caso, mediante el vínculo que establece con Rodolfo Gonzáles Alcántara y su entorno.

En el desarrollo de la crónica la periodista está presente y logra transmitir esas emociones de las que es testigo presencial; podemos ver el esfuerzo, las penas, las alegrías, el dejarlo todo con tal de poder entrenar para participar y ganar el primer premio. ¿Qué es lo que motiva a esos hombres? Precisamente, Guerriero se encarga de mostrar aquello que los impulsa a hacer algo que, tal vez, para muchos de nosotros, alejados de ese contexto, no podríamos entender pero que, sin embargo, la periodista argentina se encarga no sólo de mostrarnos el sentir de los concursantes sino de que podamos percibir esa esencia que los mueve, que los arrastra hacia el anhelo que tienen por delante.

Todo eso es posible por el estilo y dedicación que le imprime Leila Guerriero a cada una de las crónicas que pone sobre el papel.

Recuerdo el primer contacto que tuve con los textos de Guerriero; fue por un libro que me prestaron: Frutos prohibidos, en el que pude leer crónicas extraordinarias; luego empecé a buscar su libro Plano americano, actualmente agotado (al momento de esta publicación pude encontrar un ejemplar). Como una muestra de su estilo, pueden leer el perfil del poeta peruano César Moro; el texto fue publicado por la revista Gatopardo. Lleva por título: César Moro, varias veces maldito.

El lenguaje utilizado y la cercanía con las personas que son el centro de su historia, juegan un papel importante. Durante la lectura encontramos metáforas que suele utilizar y que realzan aquello que quiere transmitir, incluyendo lo que ella misma siente durante las conversaciones con los malambistas en las que le dicen su sentir con relación a la competencia: Estoy por insistir, pero desisto. Empiezo a darme cuenta de que es inútil. (p.39). Al finalizar uno de los malambos que ejecuta uno de los bailarines, escribe: […] Después, durante cuatro minutos cincuenta y dos segundos, hizo crujir la noche bajo su puño.

Él era el campo, era la tierra seca, era el horizonte tenso de la pampa, era el olor de los caballos, era el sonido del cielo del verano, era el zumbido de la soledad, era la furia, era la enfermedad y era la guerra, era lo contrario de la paz. Era el cuchillo y era el tajo. Era el caníbal. Era una condena. Al terminar golpeó la madera con la fuerza de un monstruo y se quedó allí, mirando a través de las capas del aire hojaldrado de la noche, cubierto de estrellas, todo fulgor. Y, sonriendo de costado –como príncipe, como un rufíán o como un diablo–, se tocó el ala del sombrero. Y se fue.

Y así fue.

No sé si lo aplaudieron. No me acuerdo. (p.52)

Es una crónica que nos permitirá conocer no sólo a varios de los que concursaron en algún momento, algunos que ganaron, otros que siguen intentando y, además, el entorno que rodea a cada uno de los personajes, en donde la estrechez económica es un común denominador en todos ellos y sus familias.

Es Una historia sencilla contada por una especialista en las crónicas.

La revista Gatopardo ofrece un adelanto del libro y pueden leerlo aquí.

 

Bibliografía:

Una historia sencilla, Leila Guerriero, Editorial Anagrama, Barcelona, 2013
Los textos citados han sido tomados del libro mencionado.

 

Carlos Tupiño Bedoya
Abril, 2014

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Personas – Carlos Fuentes

Personas – Carlos Fuentes

Semblanzas que nos llevan de la mano a los recuerdos del escritor mexicano.

Carlos Fuentes falleció el pasado mes de mayo; no me imaginaba que pudiera encontrar un nuevo libro del recordado escritor mexicano. Sin embargó, tuve una grata sorpresa al hallar, durante la visita a una librería, el libro Personas.

En la contratapa del libro se lee: Esta obra reúne un conjunto de semblanzas donde el autor narra, recuerda y hace recuentos de hechos, anécdotas, enseñanzas y peripecias vividas con, por, o en torno a personas que han sido importantes en su vida; sus compañeros de travesía. […] Todas las personas reunidas en este volumen son relevantes en el panorama cultural de México y del mundo, y ese rasgo también las une. Entre las personas que moran en estas páginas están Alfonso Reyes, Luis Buñuel, Françoise Mitterrand, André Malraux, Fernando Benítez, Susan Sontag, Pablo Neruda, Julio Cortázar, Manuel Pedroso y Lázaro Cárdenas.

El estilo utilizado por Carlos Fuentes cautiva y atrae, provoca seguir leyendo cada una de las semblanzas por las que nos lleva a conocer a todos esos personajes y, el entorno de los años en que se sitúan los hechos que nos cuenta.

En el texto que trata de Alfonso Reyes, nos hace recorrer desde los años del padre de Reyes y, además, está presente el enfoque literario en la vida de “Don Alfonso”, como lo llama Fuentes, así como su convicción acerca de lo nacional y lo universal. Carlos Fuentes cita estas palabras de Alfonso Reyes: “Nadie ha prohibido a mis paisanos –y no consentiré que a mí nadie me lo prohíba– el interés por cuantas cosas interesan a la humanidad… Nada puede sernos ajeno sino lo que ignoramos. La única manera de ser nacional consiste en ser generosamente universal, pues nunca la parte se entendió sin el todo.” (Página 21)

Carlos Fuentes se ha encargado de dejar en esas líneas el agradecimiento hacia la persona que también fue amigo de su padre. A lo largo del texto se percibe la buena influencia que fue Don Alfonso para Fuentes y el apreció y amistad que le guardó. En la página 17 se lee: […] Su prosa nos ofrece una “visión” contemporánea (de la Grecia antigua, de la colonia novohispana, de Goethe y Mallarmé) que borra las distancias, nos enseña a entender hoy, en una prosa de hoy, lo que heredamos del pasado. Su enseñanza la hice mía al leerla. No hay pasado vivo sin nueva creación. Y no hay creación sin un pasado que la informe y ocasione.

El texto acerca de Luis Buñuel lo inicia con las visitas que le hacía en su casa de la Ciudad de México, cuando Buñuel se encontraba en dicha ciudad. Fuentes nos muestra la personalidad de Buñuel, así como su amistad y alejamiento de Salvador Dalí. Todo lo que nos cuenta está siempre inmerso en la atmósfera de los sucesos que recuerda y nos hace partícipes en estas líneas.

Así irá ocupándose de los demás personajes y, les puedo asegurar que, en cada uno de esos textos, podremos disfrutar y, también, remontarnos a esos años que, con su estilo, Carlos Fuentes se encarga de llevar de la mano a sus lectores.

Este libro es una excelente oportunidad de hacer un pequeño viaje al pasado para encontrarnos, mediante esas semblanzas, con personajes muy distintos e interesantes y, recordar o enterarnos de sucesos que forman parte de la historia política y literaria, no sólo de México sino, universal.

Bibliografía:

Personas, Carlos Fuentes, Alfaguara, Bogotá, 2012.

 

Carlos Tupiño Bedoya

 

Primavera de café – Joseph Roth

Primavera de café – Joseph Roth

Un maestro para utilizar las metáforas en sus escritos. Así calificaría a Joseph Roth, escritor judío nacido el año 1894 en Brody, en ese entonces perteneciente al imperio Austrohúngaro. Al verlo en una librería, me dio curiosidad y, al revisar algunas hojas, decidí que tenía que leer esos textos.

El libro lleva por título Primavera de café. Un libro de lecturas vienesas. Este escritor se inició como periodista en el diario Der Neue Tag en abril de 1919. En el prefacio, Helmut Peschina escribió: Es el principio de su trabajo periodístico regular y de su carrera como uno de los autores más cotizados del articulismo alemán. […] Desde el principio, su tarea fue describir la vida cotidiana en la Viena de la posguerra, […]. Y acerca de esto es precisamente cada uno de sus artículos, lo que se convierten, para el lector, en un recorrido de esos tiempos posteriores a la Primera Guerra Mundial.

En la contratapa se lee: […] El presente libro, compendio de sus mejores crónicas publicadas en 1919, traza un cautivador retrato de la ciudad de Viena después de la Gran Guerra. Como el mismo afirma: “Mirando estas terrazas abandonadas de la mano de Dios, a uno le viene casi involuntariamente a la memoria la comparación con unos sueños de paz jamás cumplidos, unas expectativas pasadas por agua y una situación internacional resfriada”.  Observador acucioso y maestro en el manejo de las metáforas, construye crónicas que transmiten la atmósfera y el sentir de la Viena de esos años y de los diferentes personajes que hace desfilar en sus textos, convirtiendo al lector en testigo de todo lo que nos presenta.

El libro tiene cinco partes y en cada una de ellas, se agrupan las crónicas en relación al título, guardando una unidad. La primera parte lleva por título Primavera de café, y las crónicas allí incluidas tienen como escenario algún café de Viena. en Síntomas vieneses, la segunda parte, los textos giran alrededor de diferentes aspectos relacionados a la vida en Viena, como el arte, celebraciones, transporte, etcétera.

La tercera parte, titulada Tipos vieneses, nos presenta crónicas que nos muestran diferentes personajes de las calles de esa ciudad que sufría las secuelas de la guerra y de la caída del imperio. Una cuarta parte, Escenarios vieneses, sirve para llevarnos por lugares en los Roth observa, en muchos de ellos, los estragos de una sociedad que lucha por sobrevivir. La última parte, Viaje por el país de Heanzen, nos muestra las crónicas que Roth escribió acerca de ciudades o poblados fuera de Viena.

En sus crónicas Joseph Roth muestra y denuncia el sufrimiento, la lucha por seguir adelante, el abandono o tal vez la resignación, las escasas posibilidades es una ciudad en tiempos de posguerra y de caída de un imperio; sus escritos son, en muchos casos, una denuncia social. En su crónica Una terraza de café, y otra más, hace referencia a un café que tiene Una terraza con huéspedes presentables en sociedad […] Delante de esta terraza hay una un poco más elemental […]. En esta última hace referencia a niños que juegan cartas en la vía pública y fuman mientras la opinión pública vagabundea sin prestar atención ante estos chicos… Más adelante se refiere a esos chicos como “huérfanos de guerra”.

Otro ejemplo lo tenemos en el artículo El cambista de dinero blanco que lo cierra escribiendo: ¡sigue viva la internacional del dinero blanco y de la especulación!…

En sus textos, aparte de lo que puede mostrar y denunciar en esa sociedad, también nos permite apreciar su creatividad en la escritura. Aquí una muestra: Las casas son como niños sucios en una ciudad desconocida, que se avergüenzan de sus malos vestidos y se apiñan tímidos. No se atreven a salir a la calle mayor, sino que se apretujan en los callejones. A una de esas casas –está justo en la esquina– está pegado, un poquito demasiado visible, como un nido de golondrinas en un alero, un pequeño café. (Primer párrafo de la crónica Café popular).

Otra muestra. En su crónica El bar del pueblo, luego de describir “un auténtico bar” con puerta giratoria y portero, escribe: Pero no quiero hablar de ese bar, sino del otro que hay en la bocacalle de la Schulerstrasse.

La puerta abierta. Cacharros de lata entrechocan. A la izquierda de la entrada se encuentra el grifo de una conducción de agua. No cierra bien. A intervalos regulares, la boca de la conducción escupe gotas en el fregadero. ¡Clinc! ¡Clinc! Si se escucha un rato, suena como una música. Muy pobre, primitiva, pero música al fin y al cabo. Se aprende a distinguir las gotas. La una es fuerte, repentina, y no cae, sino que se precipita de cabeza al fregadero. Y la otra es joven y tierna y tímida, y no se atreve a caer en el centro, sino que tintinea levemente en el borde. Y todas juntas forman una música muy ingenua, infantil, y suena como si a pequeños intervalos pulsaran las siete teclas de un piano de juguete. Ésta es la música de los pobres.

Esa descripción del sonido de las gotas de agua, al leerla se ve acentuada por las descripciones de los sonidos y tintineos que se dan en el café lujoso. Luego la descripción continuará en una atmósfera impregnada de la pobreza y miseria de sus habitantes. Las metáforas que utiliza dan fuerza a su descripción y envuelven al lector en ese ambiente que observa y registra con sus palabras para la posteridad. La pobreza de esa gente salta en cada renglón. Más adelante añade, refiriéndose a una niña: Sus cabellos estaban retorcidos en rabitos de ratón indeciblemente finos, dispuestos alrededor de su cabeza. Era un cabello de claridad acuosa, de esa coloración que sólo los pobres pueden tener.

Cada una de las crónicas incluidas en esta excelente selección, son una muestra de la fuerza y talento de Joseph Roth para evocar los diferentes aspectos de la vida en la ciudad de Viena de 1919. Es un libro que recomiendo para disfrutar de la prosa y el estilo del mencionado escritor. Es, además, un libro imprescindible para conocer y entender su obra.

Los fragmentos de los textos han sido tomados de Primavera de café. Un libro de lecturas vienesas, Joseph Roth, Editorial Acantilado, Barcelona, 2010.

 

Bibliografía:

Primavera de café. Un libro de lecturas vienesas, Joseph Roth, Editorial Acantilado, Barcelona, 2010.

 

Carlos Tupiño Bedoya