La caza sutil – Julio Ramón Ribeyro

La caza sutil – Julio Ramón Ribeyro

Un texto imprescindible para conocer en la etapa de ensayista que desarrollo Julio Ramón Ribeyro es el libro La caza sutil (ensayos y artículos de crítica literaria), publicado por Editorial Milla Batres el año 1976.

Este libro, que encontré en uno de mis paseos buscando libros viejos, incluye veintiún textos escritos entre los años 1953 y 1975 en las ciudades de París, Munich y Lima; la mayoría de ellos publicados en el diario El Comercio en esos años.

Encontramos títulos interesantes como: Gustavo Flaubert y el Bovarismo, Los Ríos Profundos, Crítica literaria y novela, Lima ciudad sin novela, Problemas del novelista actual, Las alternativas del novelista, Algunas digresiones en torno a El otoño del patriarca y su conocido texto El amor a los libros.

No deja de llamar la atención los textos acerca de la novela que escribió Ribeyro, cuya producción estuvo compuesta, en su mayor parte, por cuentos y también por sus Prosas apátridas y su diario La tentación del fracaso.

Al final del libro encontramos los Apuntes para una bibliografía de Julio Ramón Ribeyro, preparada por Luis Fernando Vidal, en la que nos ofrece una extensa relación de artículos y libros para los interesados en aprender más acerca de la obra de Julio Ramón Ribeyro.

Esta bibliografía está dividida en Obra del autor y Obra acerca del autor. Esta última contiene datos acerca de: Entrevistas, referencia; Crítica, comentario y, finalmente, Tesis.

Es un libro que, definitivamente, vale la pena encontrar y leerlo de principio a fin.

 

Carlos E. Tupiño

(Marzo, 2011)

Retrato de Balzac – Théophile Gautier

Retrato de Balzac – Théophile Gautier

Pocas veces el destino permite que un gran escritor sea retratado por un gran poeta. Balzac bajo la mirada de Gautier. El resultado es un libro portentoso. Y más si tomamos en cuenta que fueron amigos cercanos. La admiración que Gautier profesa por Balzac es evidente, pero justo eso es lo que hace tan impactante este libro. Estas las palabras inician el texto de la contratapa del libro Retrato de Balzac escrito por Théophile Gautier.

El poeta Gautier empieza el libro con el primer contacto que tuvo con Honoré de Balzac, a raíz de ser invitado por el escritor a colaborar en el semanario La crónica de París. A partir de ese momento, el poeta francés nos muestra, haciendo uso de una hermosa y descriptiva prosa, diferentes aspectos de la vida de Balzac, como el lugar donde vivía, las amistades que frecuentaba, sus fantasías, su fracaso al escribir poemas y la manera cómo en esos años, Balzac aún no era el escritor de renombre que todos conocemos, hubo comentarios de críticos que decían que Balzac no servía para escritor.

En base a los testimonios que escuchó, Gautier nos cuenta cómo fue Balzac de niño durante los estudios, cómo devoraba los libros de la biblioteca y cómo era considerado por sus maestros; acerca de esto último, estoy seguro que al leerlo muchos se llevarán una sorpresa.

Recuerdo haber escuchado y leído acerca de escritores, como Flaubert, que han sido sumamente exigentes consigo mismos al momento de trabajar en una creación literaria, algo que también es una de las características de Mario Vargas Llosa quien ha declarado que considera a Flaubert como uno de sus maestros. Sin embargo, al leer el texto escrito por Gautier, llamó mi atención ver la manera en que describe el aislamiento que Balzac se auto-imponía cada vez que empezaba a trabajar. El poeta dice del escritor: … era esclavo de su obra, y esclavo voluntario. (Página 109)

Otra de las características de Balzac, eran sus dotes de observador de los detalles que resultan importantes al momento de construir un personaje. Gautier escribe: Releyendo con atención La comedia humana cuando se ha conocido familiarmente a Balzac, se encuentran allí esparcidos multitud de curiosos detalles acerca de su carácter y de su vida… (Página 35). El poeta nos da una muestra de esos detalles captados por el escritor francés; transcribe unas líneas de la novela Facino Cane, escrita en 1836: (…) Una sola pasión me sacaba de mis hábitos estudiosos; ¿pero no era también un estudio? Iba a observar las costumbres de los arrabales, sus habitantes y sus caracteres. (…) Oyendo a esa gente podía compenetrarme con su vida, sentir sus harapos en mi cuerpo, andar con mis pies metidos en sus zapatos agujereados, sus deseos, sus necesidades, todo pasaba a mi alma, y mi alma pasaba a la suya; esto era el sueño de un hombre despierto.(…) (Páginas 36 -37).

Más adelante Gautier vuelve a lo que era ese instinto de observador que habitaba en Balzac:“Pero encontrarse en medio de la muchedumbre, codearse con ella y notar su aspecto, comprender las corrientes, entresacar de ellas las individualidades, dibujar las fisonomías de tantos seres diversos, manifestar los motivos de sus acciones; he aquí lo que requiere un genio enteramente especial, y el autor de La comedia humana lo tuvo en un grado que nadie igualó ni probablemente igualará. (Página 103).

Luego añade: En el Museo de Antigüedades miraba la Venus de Milo sin gran éxtasis, pero hacía chispear sus ojos de placer la parisiense parada ante la inmortal estatua, vestida con una larga cachenira, cayendo sin un pliegue desde la nuca al talón, cubierta con el sombrero de velito de Chantilly, (…)En sus retratos de mujer nunca deja de colocar una señal, un pliegue, una arruga, una mancha rojiza, un hoyuelo enternecido y fatigado, una vena demasiado prominente, cualquier detalle indicador de los magullamientos de la vida, (…). (Páginas 103 – 104).

Luego de leer el texto de Gautier, me puse a revisar las descripciones hechas por Balzac en su novela Eugenie Grandet y entre las muchas descripciones de personajes encontré la siguiente: La señora Grandet era una mujer seca y flaca como membrillo, torpe y lenta; una de esas mujeres que parecen hechas para ser tiranizadas. Tenía los huesos grandes, una gran nariz, una gran frente, grandes ojos, y ofrecía, a primera vista, una vaga semejanza con esos frutos resecos que ya no tienen ni sabor ni jugo. Tenía los dientes negros y escasos, la boca arrugada y la barbilla ganchuda. Era una excelente mujer, una verdadera Bertellière. El padre Cruchot sabía encontrar ocasiones para decirle que no había estado demasiado mal, y ella se lo creía. Una dulzura angélica, una resignación de insecto atormentado por los niños, una devoción poco corriente, una inalterable serenidad de alma y su buen corazón hacían que fuese universalmente compadecida y respetada. (*)

Son muchos aspectos más los que comparte Théophile Gautier con sus lectores, los cuales acercan más a la persona y obra de ese grande autor de esa enorme obra literaria que es La comedia humana. Les recomiendo Retrato de Balzac, es un libro que disfrutarán de principio a fin.

 

Bibliografía:

Retrato de Balzac, Théophile Gautier, Ediciones Sexto Piso, México D.F., 2006
Las citas marcadas con números de página entre paréntesis, han sido tomadas de este libro.

Eugénie Grandet. La Comedia humana, Honoré de Balzac, El Mundo Unidad Editorial SA, Madrid, 1999
La cita marcada con (*) ha sido tomada de este libro.

 

Carlos E. Tupiño

Historia de Bolsillo de la Literatura Italiana – Giuseppe Prezzolini

Historia de Bolsillo de la Literatura Italiana – Giuseppe Prezzolini

¿Se imaginan un libro en pequeño formato, con sólo 107 páginas y que contenga la historia de la literatura italiana? Pues, he leído hace poco ese libro y lleva por título: “Historia de Bolsillo de la Literatura Italiana”, publicado por Arci Solidarietá Cesenate Progetto Un mare di sogni, Martorano di Cesena, Italia, 2004

Su autor es Giuseppe Prezzolini (1882 – 1982) y, hasta antes de leer el libro, era para mí un personaje desconocido. En la contratapa del libro se lee: “…es una de las más importantes conciencias críticas de la historia literaria y civil de Italia. […] El presente volumen es, como su nombre indica, una historia abreviada o portátil de la literatura italiana, de la que el autor, haciendo gala de una fuerte personalidad, de una amplísima cultura y, en ocasiones, de una sutil ironía, consigue darnos una visión sintética, estimulante y completa que abarca desde los primeros testimonios medievales hasta bien entrado el siglo XX”.

En la introducción de este hermoso libro Pierfranco Bruni escribe: “Parece imposible, en pocas páginas, poder “contar” la historia de la literatura italiana desde los orígenes al siglo XX. Y sin embargo la experiencia ya se ha llevado a cabo. […] Pasa lista a la literatura italiana con una ligereza y ejemplificación extraordinaria sin quedarse nunca en lo superficial. […] No se trata de un texto menor: es un texto que presenta, sobre todo al leerlo hoy, una dimensión ética de la literatura. […] …escrita sin perder de vista el  contexto histórico de cada autor. […] Pero su Historia de bolsillo es una lenta penetración en un mundo invadido no sólo por la literatura sino también por la historia, el pensamiento, la búsqueda de lo bello”.

Este libro nos permite conocer muchos autores italianos a lo largo de la historia de la literatura italiana. Prezzolini no sólo menciona los nombres sino también los títulos de sus obras más importantes y el contexto que rodeó a los escritores en sus diferentes épocas.

Empieza desde los orígenes en el que se ocupa, de manera amena e interesante, acerca de “la transformación del latin en ‘vulgar’ italiano”. Luego aparecerán los nombres de Dante, Petrarca, Boccaccio, así como los títulos de sus obras más importantes y lo que significaron en su momento y en la posteridad para la literatura italiana.

Más adelante encontramos un capítulo en que se ocupa de los narradores (siglos XIII y XIV) como Giovanni Fiorentino y Giovanni Sercambi entre otros. Giuseppe Prezzolini es muy directo en sus apreciaciones y a veces puede parecer un poco duro. Refiriéndose a los humanistas en el siglo XIII escribe: “Los humanista, como hombres, no brillaron por su independencia ni sus actividades. Fueron cancilleres que cambiaban de señor dependiendo del sueldo; embajadores y oradores en lengua latina, más retóricos que observadores, obedientes escritores de cartas grandilocuentes más que consejeros sagaces o ciudadanos fieles. Todavía hoy, a pesar de un siglo de independencia nacional y de libertad política, el escritor italiano –salvo alguna notable excepción- demuestra hacia los poderosos el mismo incrédulo obsequio y la misma facilidad para cambiar de chaqueta” (página 48).

En el capítulo correspondiente al Renacimiento resalta la nota acerca de Niccolo Machiavelli, en ella se ocupa no sólo de las diferentes obras del escritor italiano sino, también, de su pensamiento e influencia en su época.

Dando un salto hasta fines del siglo XIX e inicios del XX, Prezzolini dedica una nota a uno de los grandes de la literatura italiana: Giovanni Verga (1840 – 1922) y menciona lo que considera son las fórmulas del mencionado escritor: “…el estudio del ambiente que condiciona a los personajes, el determinismo que modela sus acciones, la objetividad del narrador que se limita a tomar nota de los hechos, el uso de la lengua cotidiana en vez de la poética o literaria para expresar y pintar cosas y actores…

Y así, capítulo a capítulo, Prezzolini nos hace recorrer las diferentes épocas en la historia de la literatura italiana hasta llegar a los contemporáneos, entre los que cita a Elio Vittorini y Cesare Pavese; luego menciona a Alberto Moravia, de quien se refiere como el “más notable narrador  que Italia haya tenido desde Bocaccio en adelante”; luego aparecen Italo Calvino, Dino Buzzati, Carlo Cassola, Mario Soldati y muchos otros.

Es una gran oportunidad para conocer a escritores que pueden haber sido desconocidos para nosotros. Con los datos que obtenemos en ese interesante libro podemos buscar en las librerías, bibliotecas e internet más información acerca de los escritores citados y de sus producciones literarias; entonces, podremos disfrutar de los diferentes estilos que vayamos encontrando en ese viaje a través de la literatura italiana que, en forma brillante, nos ofrece Giuseppe Prezzolini.

 

Carlos E. Tupiño

(Febrero, 2011)

Lima en 10 cuentos – Los gallinazos sin plumas

Lima en 10 cuentos – Los gallinazos sin plumas

En el libro “Lima en 10 cuentos” (ver entradas anteriores en el blog) publicado el año 1966 se incluyó el cuento “Los gallinazos sin plumas” que formó parte del primer libro de cuentos de Julio Ramón Ribeyro. Es difícil decir cuál es el mejor relato escrito por Ribeyro; sin embargo, éste es uno de los mejores y uno de los que mejor retrata la pobreza, la necesidad y, porque no decirlo, el abuso infantil.

Este cuento nos lleva a un corralón en el que viven dos muchachos (no dice la edad), el abuelo de éstos y un cerdo muy grande al que alimentan con la basura que los nietos tienen que recoger de los muladares en donde se dan cita los perros y los gallinazos en busca de comida. El cerdo cada vez demanda más comida y el abuelo les exige más a sus nietos a fin de tener bien alimentado al cerdo, el cual sería vendido una vez que ganara peso.

Se percibe en el desarrollo de la historia la unión entre los dos hermanos y el cuidado que tienen por el perro “escuálido y medio sarnoso” al que ellos cobijan.

Resulta interesante leer esta versión tal como fue publicada originalmente y, compararla con las posteriores versiones del mismo cuento en las que se pueden ver las variaciones hechas por el escritor.

Desde las primeras líneas se ven esas modificaciones o supresiones de palabras o frases enteras que mejoran el ritmo del relato. Estas se presentan a lo largo de todo el cuento y se notan más al llegar al desenlace, en donde con sólo suprimir dos oraciones (ya no figuran en la versión publicada en 1972 de La palabra del mudo Tomo I por Editorial Milla Batres) Ribeyro logra imprimir más fuerza evitando detalles que, si bien pueden ayudar a percibir sentimientos o sensaciones del personaje, podrían distraer la atención del correr de los segundos en esos momentos vividos por los personajes del cuento, sobre todo llegando al final.

Los invito a revisar textos que, luego de su publicación, fueron corregidos por su autor. Ahí podremos descubrir qué variaciones efectuó, qué es lo que quiso decir y mostrar con las palabras. Además, si estamos atentos podremos ver, en las correcciones hechas, algunos detalles acerca del estilo del escritor.

Carlos E. Tupiño

(Febrero, 2011)

El fin de los libros – Octave Uzanne

El fin de los libros – Octave Uzanne

“…fue un hombre de letras que tras su muerte cayó en un olvido injustificado”. Estas palabras que aparecen al inicio del libro “El fin de los libros”(Ediciones Gadir, Madrid, España, 2010) se refieren a su autor Octave Uzanne, escritor, periodista, editor y bibliófilo fundador de la Sociedad de Bibliófilos Contemporáneos, nacido el año 1851 en Auxerre, Francia.

Este texto formó parte de los “Cuentos para bibliófilos” que Uzanne escribió con Albert Robida y se publicó en el año 1894. Este interesante y entretenido relato nos lleva  a la ciudad de Londres, en medio de una reunión de amigos que deciden juntarse para charlar luego de haber asistido a uno de los viernes científicos de la Royal Institution.

Deciden que cada uno de los presentes, especialistas en distintos campos del arte y la ciencia, expongan sus ideas acerca del “devenir de la humanidad”. Cuando le toca el turno al narrador, declara que dentro de cien años el libro impreso va a desaparecer.

Resulta sorprendente la exposición que realiza a los allí presentes, en la que podemos reconocer los adelantos tecnológicos que nos rodean y que están cambiando el uso del libro.

Refiriéndose a la imprenta dice: “está amenazada de muerte, según mi opinión, por los distintos sistemas de grabación descubiertos recientemente…” (página 30). Luego, alguien le pregunta: ¿Cómo supone usted que podamos construir fonógrafos lo suficientemente ligeros y resistentes como para grabar largas novelas…?” (página 34). Al leer esas palabras, escritas hace más de cien años, pienso en los audio libros que se encuentran gratuitamente en internet y en los que podemos escuchar obras literarias en versiones originales y completas.

Más adelante el narrador dice:”Recostados sobre sillones o balanceándose en mecedoras, gozarán, en silencio, de las maravillosas aventuras que les proporcionarán los tubos flexibles, directamente colocados en sus oídos dilatados por la curiosidad” (página 40).  Creo que aquí podemos ver lo que anticipaba acerca de los audífonos y, en otras descripciones podemos encontrar referencias a los minúsculos aparatos que llevamos en el bolsillo con miles de canciones o audio libros para escuchar mientras caminamos o realizamos nuestras diferentes actividades.

El narrador también “profetiza” sobre la prensa escrita y sus palabras nos hacen pensar en la manera en que podemos acceder, en estos tiempos, a las noticias de los diferentes diarios del mundo gracias a la internet..

Si bien este relato lo atribuyen a Octave Uzanne, no dejo de pensar que también podría tener mucho que ver el escritor, dibujante, historiador de París y también considerado como maestro de la anticipación Albert Robida, quien fue colaborador de Uzanne al escribir los “Cuentos para bibliófilos” en la que trabajó como ilustrador. Las ilustraciones de Robida se pueden ver en la versión en inglés “The End of Books” publicada por The University of Adelaide Library.

El escritor francés y coleccionista de ciencia ficción Pierre Versins escribió acerca de Robida: “…es el único de los anticipadores del siglo XIX e inicios del XX que nos presenta una imagen de nuestro presente que no está lejos de la realidad que vivimos hoy…” (Pierre Versins. Enciclopedia de la utopía de los viajes extraordinarios y de la ciencia ficción. Lausanne, La edad del hombre, 1972, artículo «Albert Robida») (Traducido por el suscrito).

La nota completa, escrita por Patrice Carré, la pueden encontar en http://www.robida.info/maitreanticipation.html

Es un libro interesante que vale la pena leer. Nos hará pensar acerca del destino del libro impreso en medio de un mundo globalizado y “cibernetizado”; sin embargo, estoy convencido que ningún avance tecnológico podrá reemplazar el placer de sostener un libro en nuestras manos mientras leemos su contenido, recorriéndolo hoja a hoja y, en muchos casos, percibir el aroma del papel, la tinta, la encuadernación, es decir, el olor de un libro.

 

Carlos E. Tupiño

(Febrero, 2011)

París, la literatura y un café

París es una de las ciudades que se han apoderado de un lugar en la literatura, y han quedado grabadas en la mente de innumerables lectores al haber sido el escenario en donde se desarrollaron las más diversas historias, desde un cuento hasta una gran novela,  sin dejar de lado las crónicas de viaje, ensayos, biografías y memorias de escritores en las que siempre, de una u otra manera, está presente.

Al haberse hecho de un lugar dentro de la literatura, nos ha permitido recorrerla y conocerla a través de los siglos como el escenario de historias dramáticas, heroicas o divertidas; en tiempos de guerra y de paz.

Uno de los escritores que me ayudó a descubrir esta hermosa e interesante ciudad fue Alfredo Bryce Echenique. Encontré que la ciudad de París estaba presente en varias de sus obras; inclusive uno de sus libros de cuentos lleva por título: Guía triste de París. Esta ciudad también se hace presente al leer sus antimemorias, anécdotas y artículos publicados en diarios y revistas.

Cuando visité esa ciudad y mientras recorría sus calles y barrios, venía a mi mente lo que había leído de París en los libros de Bryce o, mejor dicho, lo que Bryce me había contado de París en sus libros.

Fue ahí que escribí las líneas que, a continuación, comparto con ustedes y que titulé:

Un café en París

Fotografía por L. Tupiño

Fotografía: L. Tupiño

Era mi última tarde en París, y estaba haciendo algo que había deseado desde que llegué a la Ciudad Luz… tomar una taza de café en un típico café parisino con mesitas en la vereda. Allí me encontraba, en un café ubicado en la Quai St. Michel, nada menos que frente a la catedral de Notre Dame; también tenía frente a mí los edificios de la Conciergerie–en la que eran recluidos los condenados a la guillotina- y del Palais de Justice.  Además pensaba en la cultura, el arte y  la bohemia que forman parte de la atmósfera de esa ciudad que ha albergado a muchos filósofos, intelectuales, escritores y pintores, y que ha servido de marco para muchas novelas, cuentos y pinturas.

Una joven camarera me trajo un espresso, el cual minutos antes le había pedido. Era un café cargado, muy aromático y, por supuesto, caliente para esa fría tarde de invierno que había sido precedida por una mañana muy soleada.

Desde mi ubicación podía ver también a los tradicionales vendedores de libros usados, entre los que se pueden encontrar verdaderas joyas de la literatura; estos vendedores también forman parte del ambiente parisino que ha servido de inspiración a muchos artistas, el mismo que se puede disfrutar si uno está dispuesto a percibirlo, si uno está en la misma frecuencia. Mientras saboreaba los primeros sorbos de aquel delicioso café, la atmósfera del lugar me invitaba no sólo a observar todo aquello que me rodeaba, sino también a poder gozar de una buena lectura y, por qué no, de poder inspirarme para crear algún relato, de sentirme escritor en un café parisino.

Era el lugar y el momento propicio para recordar todos los escenarios que había conocido hasta ese momento y, uno de los que vino principalmente a mi memoria fue el paseo en el Bateau Parisien. Evoqué el recorrido por el río Sena, en el que se podían apreciar desde la cubierta de la embarcación diferentes lugares de interés de la Ciudad Luz, y mientras eso sucedía se dejaba escuchar La vie en rose cantada por la inolvidable Edith Piaff. ¡Realmente el arte y la historia están en cada lugar de París! Aún en los puentes que cruzan el Sena, como el Pont-Neuf por el que transitaron la señorita Pross y el señor Cruncher, personajes de la novela Historia de dos ciudades del gran Charles Dickens. Luego, casi al terminar el recorrido se podían escuchar las notas del Can Can en honor al pintor Toulouse Lautrec, mientras explicaban aspectos de su vida y la historia de las modelos que posaron para los afiches que él pintó.

Continuaba saboreando ese delicioso espresso y pensaba en la visita al barrio latino –famoso por los sucesos de Mayo del 68–, el cual es mencionado muchas veces en las obras de Bryce Echenique; también pensaba en los ultra pequeños departamentos para estudiantes, uno de los cuales podía ver desde mi habitación en el hotel ubicado en la rue de Strassbourg.

También pasaba por mi mente el paseo a la Tour Eiffel y las notas de El cóndor pasa que se escuchaban en ese lugar y me hacían recordar a

Fotografía: L. Tupiño

Fotografía: L. Tupiño

Bryce cuando escribió en sus Antimemorias 2 (El cóndor sigue pasando): “En fin, que acababa de estallar el boom de la literatura latinoamericana, en París y donde se le pusiera, y acaba también de alzar su vuelo mundial El cóndor pasa.” Definitivamente, esa canción se ha convertido en parte del lugar y es para todos los turistas.

Igualmente desfilaban por mi memoria la avenue des Champs Élisées en uno de cuyos extremos se encuentra la Place de la Concorde en la que se levanta l’Obélisque, y en el extremo opuesto el Arc de Triomphe; el Musée du Louvre que sirvió de residencia a los reyes durante los siglos XVI y XVII; y tantos otros lugares y monumentos que han hecho famosa a la ciudad que influyó al mundo con el siglo de la Ilustración.

Estando en ese momento de tranquilidad en medio de la ciudad y con la segunda tasa de espresso en mi mano, no pudo faltar en mi memoria un texto que escribió Julio Ramón Ribeyro en sus Prosas apátridas: “Hay tardes de primavera en París, como esta de hoy, soleada, dorada, que no se viven, sino que se desgajan y manducan como una mandarina. Y para ello nada mejor que una taza de café, una bebida tonificante, una vacancia de la atención, un dejar que nuestra mirada en reposo reciba las imágenes del mundo, sin preocuparse de encontrar en ellas orden ni sentido ni  prioridad. Ser solamente el cristal a través del cual nos penetra intacta la vida.” (Prosa 113)

En fin, esta fue la ocasión para recordar todo lo conocido, para sentir el espíritu bohemio y artístico que flota en el ambiente; simplemente percibir lo que nos rodea, o como escribió Ribeyro: “Ser solamente el cristal a través del cual nos penetra intacta la vida” mientras se disfruta de un delicioso café.

 

Carlos E. Tupiño

(Enero, 2011)

Cuentos de circunstancias – Julio Ramón Ribeyro – Primera edición

Cuentos de circunstancias – Julio Ramón Ribeyro – Primera edición

En la exposición organizada por la Casa de la Literatura Peruana, acerca del cuento peruano, pude ver en exhibición muchas de las primeras ediciones de los libros de cuentos, algunas de las cuales eran: Huerto Cerrado de Alfredo Bryce Echenique, Azurita de Edgardo Rivera MartínezNahuin de Eleodoro Vargas Vicuña, Los gallinazos sin plumas y Cuentos de Circunstancias de Julio Ramón Ribeyro y muchas otras más; cada una guardando un pedazo de la historia del cuento peruano.

Unos días después me hallaba leyendo un ejemplar de la primera edición de Cuentos de Circunstancias (Editorial Nuevos Rumbos, Lima, 1958); este segundo libro de cuentos publicado por Ribeyro lo conseguí en uno de mis paseos en busca de viejos libros viejos.

Si bien es cierto que he leído y releído los cuentos de mi cuentista preferido, esta vez, al tener en mis manos una primera edición del libro, con sus páginas algo manchadas por el paso del tiempo, y, mientras leía nuevamente los cuentos podía sentir una satisfacción diferente; era como si me hubiera trasladado al año de su aparición y venta al público, en medio de esa sociedad contemporánea a los relatos contados por Ribeyro, sin que exista esa brecha en el tiempo que, de manera inexorable, siempre se instala entre el lector y la obra, aún a pesar que las historias y personajes de Ribeyro siguen siendo actuales en nuestra sociedad.

Los diez cuentos que incluye este libro –La insignia, El banquete, Doblaje, La botella de chicha, Explicaciones a un cabo de servicio, Página de un diario, Los eucaliptos, Scorpio, El tonel de aceite y Los merengues– fueron escritos entre los años 1952 y 1958, unos en Lima y otros en las ciudades de París, Madrid, Amberes y Munich.

Resulta interesante encontrar en la solapa del libro comentarios de personajes como Sebastián Salazar Bondy, el recientemente desaparecido maestro Luis Jaime Cisneros y Alberto Escobar. Cito las palabras de este último: “De gusto refinado, con un sentido melódico de la prosa, aficionado a la sugerencia de la imagen, Ribeyro recurre en algunas ocasiones a cierta atmósfera enrarecida y al efecto del desenlace. Buen conocedor de la narración del siglo diecinueve, ensaya una actitud intelectual para el análisis de los hechos y anécdotas de la vida cotidiana”. (Alberto Escobar, “La Narración en el Perú”, 1957).

A continuación pueden ver el video de una entrevista realizada a Julio Ramón Ribeyro después de ganar el Premio Juan Rulfo y a pocos meses antes de su fallecimiento. En esta entrevista, Julio Ramón habla de la construcción de sus personajes y cuenta cómo nació la idea para escribir La insignia, el primer cuento de este libro.

Que disfruten con las declaraciones de nuestro cuentista.

 

Carlos E. Tupiño

(Enero, 2011)

Lima en 10 cuentos – Cera de César Vallejo

Lima en 10 cuentos – Cera de César Vallejo

Cera, el cuento escrito por César Vallejo, es el texto que inicia ellibro Lima en 10 cuentos (Ediciones de la Biblioteca Universitaria, Lima, 1966). Dicho cuento apareció publicado en el libro Escalas, escrito por el poeta en 1923, el cual incluyó doce textos; los seis primeros considerados lírico-narrativos, por el lenguaje utilizado por el poeta y, los seis restantes considerados relatos. Cera tal vez esté considerando como uno de los mejores cuentos de Vallejo.

El poeta aborda el tema del juego de los dados. El personaje central es el chino Chale, quien aparece rodeado de un aura de misterio y cierto misticismo. Él mismo preparaba sus dados, tallándolos de dos piezas de mármol, dando como resultado un producto que el narrador llama: “Bellos cubos de Dios”. Por medio de la historia desarrollada en este cuento y el lenguaje utilizado, el autor imprime  fuerza y angustia en la atmósfera del relato, la que mantiene hasta el final en el que muestra la avasalladora angustia que brota del personaje Chale y, nos introduce no sólo en la historia narrada sino, también, en el mundo del juego de dados de la Lima de los años veinte.

El poeta de Santiago de Chuco logra descripciones que transmiten la esencia de lo que el narrador ve; por ejemplo: “Por la cerradura de la puerta alcancé a distinguir que Chale hacía luz y sentábase con gran desplazamiento de malhumor delante de la lamparita de aceite, cuyo verdor patógeno soldóse en mustio semitono a la lámina facial el chino, solflamada de visible iracundia. Nadie más estaba allí” (página 6).

Aquí otra muestra: “Y esa muñeca pálida, alambrada, neurótica, como de hechicería, casi diafanizada por la luz que parece portar y transmitir el vértigo a los dados, que la esperaban en la cuenca de la mano,…” (página 13).

Resulta interesante el trabajo que el escritor hace con el narrador, cuyo nombre no se revela, quien, hacia el evento final del cuento cuando hace su aparición un hombre imponente y misterioso, puede percibir ciertas acciones que escapan a las miradas de los demás jugadores que están participando de la partida de dados. Para darnos una idea de este misterioso personaje, el narrador dice: “El recién llegado era un hombre alto y de anchura proporcionada y hasta armoniosa; aire enhiesto, gran cráneo sobre la herradura fornida de una maxilar inferíos que reposaba recogido y armado de excesiva dentadura para mascar cabezas y troncos enteros…” (página 16). Esta presencia produjo en Chale un efecto que percibió el narrador: “El asiático estaba demudado. Desde que éste advirtió al desconocido, no volvió a mirarle cara a cara. Por nada.” (página 17).

Este sentimiento de Chale lo acompañará hasta el desenlace final. Creo que es un texto que nos anima a iniciar nuestra búsqueda en librerías de libros viejos, bibliotecas, internet, en fin… es un cuento que vale la pena encontrar y leerlo.

 

Carlos E. Tupiño

(Enero, 2011)

La Maison de Victor Hugo

Durante el Congreso Internacional “Cartografías del poder en la obra de Mario Vargas Llosa”, tuve la oportunidad de conversar con la profesora Marie-Madeleine Gladieu de la Universidad de Reims (Francia) acerca de su ensayo Vargas Llosa y Victor Hugo, incluido en el libro Mario Vargas Llosa escritor, ensayista, ciudadano y político, editado por Roland Forgues (Librería Editorial “Minerva” Miraflores, Lima, 2001).

Después de cambiar opiniones acerca del ensayo mencionado, continuamos hablando de Victor Hugo y me contó que su abuelita le había enseñado, desde muy niña, a leer los poemas escritos por el personaje francés. Llegó a memorizarlos y dijo que a su profesor de los primeros años de colegio le llamaba la atención que una niña pudiera recitar de memoria los poemas de Victor Hugo. Esas lecturas fueron el inicio de la admiración que empezó a sentir por Victor Hugo y ello la llevó a especializarse en su obra.

Esa conversación con la profesora me hizo recordar la visita a la casa de Victor Hugo en París. Al lugar se le conoce como La maison de Victor Hugo y aquí comparto con ustedes una crónica que escribí luego de recorrer ese fascinante lugar.

La Maison de Victor Hugo
Una ciudad es el reflejo de aquello que la formó y que la convirtió en lo que es, en lo que se puede ver y, en el caso de París, en lo que se puede admirar y sentir al estar en medio de ella.

Como amante de la literatura, no podía dejar de visitar un lugar que encierra el espíritu de uno de los genios literarios del siglo XIX. Hacia ese lugar me dirigía. Luego de unos minutos en el metro, llegué a la estación de Saint Paul. Tomé la salida que da al cruce de la Rue de Saint Antoine con la Rue de Rivoli y, con la ayuda de un plano recorrí las diferentes calles hasta cruzar la rue de Turenne e ingresar a la Place des Vosges, la plaza más antigua de Paris, antiguamente llamada Place Royale. Su construcción, ordenada por Henry IV, se inició en 1605 y finalizó en 1612.

Place des VosgesComo recibiendo a los visitantes que llegan a ese lugar, se encuentra la estatua de Louis XIII, esculpida en mármol. Fue puesta en ese sitio el año 1829 en reemplazo de la que erigió el Cardenal Richelieu en 1639, hecha en bronce y que fue destruida durante los turbulentos años de la Revolución Francesa.

Detrás de ese monumento se levanta la hermosa e impresionante arquitectura de l’Hôtel de Rohan Guéménée, en uno de cuyos extremos, en el segundo piso, se halla La Maison de Victor Hugo, nombre con que se le conoce al departamento en el que residió, desde 1832 hasta 1848, el gran poeta, dramaturgo, novelista, político, académico e intelectual.

La arquitectura del hotel es lo más bello en esa place, la cual, en el transcurso de los años, llegó a ser propiedad de Louis de Rohan, príncipe de Guéménée; de ahí el nombre del hotel que se mantiene hasta la actualidad.

Por iniciativa de Paul Meurice, amigo del escritor, fue creado el museo en el mismo lugar que habitó Victor Hugo. Esto sucedió en el año 1902, en el que se conmemoraba el centenario de su nacimiento, pero, la inauguración se realizó el 30 de Junio de 1903. La casa museo se encuentra bajo la administración de la Ville de Paris.

Luego de cruzar la plaza y observar esos jardines de un verde intenso, que resaltaban al contraste con las figuras invernales de los árboles sin hojas, llegué a la maison. Junto a la puerta de ingreso hay una placa metálica, muy sencilla, en la que se lee: La maison de Vicor Hugo. Me sorprendió ver que la entrada no tiene mayores arreglos. Es sobria y se encuentra en muy buen estado. El hecho de que se conserve la arquitectura original, causó en mí la sensación de estar ingresando en el pasado, en una parte de la historia que se hacía presente en el momento que pisaba ese suelo.

Las escaleras, anchas y de madera, reflejan un desgaste natural sin llegar a parecer viejas. Me daba la impresión de estar viéndolas tal como se veían al ser usadas diariamente por sus habitantes. Parecía que, en cualquier momento, me podría cruzar en las escaleras con las personas que habitaron y frecuentaron esa vivienda.

Victor Hugo residió allí desde 1832 hasta 1848. Sin embargo, es como si su espíritu creador perdurara en el tiempo, impregnando la atmósfera de ese lugar. En el descanso de la escalera que da al segundo piso, se pueden apreciar los afiches de las distintas versiones cinematográficas de Les Misérables. Al verlos vienen a la memoria personajes como el célebre Jean Valjean, que luego cambiaría su nombre por el de Monsieur Madeleine, la pequeña Cosette, el policía Javert y todos aquellos que son parte de esa espectacular creación literaria, que empezó a gestarse en Victor Hugo varios años antes de llegar a ese departamento. Acerca de los inicios de esa obra, Mario Vargas Llosa escribió: “que comienza un día cualquiera de 1824 cuando un joven poeta pide informes a un amigo sobre la prisión de Toulon, y termina en Mayo de 1861, en un albergue de la llanura de Waterloo donde Victor Hugo, exiliado y ya glorioso, pone punto final al manuscrito y escribe a Juliette Drouet: ‘Mañana seré libre’ ” (Artículo: En torno a Los Miserables, París, 1 de setiembre de 1964, incluido en Contra viento y marea (1962-1982), p.43, Seix Barral, 1983, Barcelona, 1ª edición).

Al ingresar en la habitación donde el genio trabajaba, quedé fascinado al contemplar cada uno de los objetos en ese lugar de creación Victor Hugo_literaria; era como si esperara que Victor Hugo entrara, se pusiera a trabajar y pudiera ser testigo de la forma en que él escribía, de los gestos que haría al pensar en sus personajes y en la historia que estuviera desarrollando. Ver cuando escribía: Oh! Paris est la cité mère! / Paris est le lieu solennel / Où le tourbillon éphémère / Tourne sur un centre éternel!, versos que componen el inicio de la segunda parte del poema A l’Arc de triomphe, que forma parte del libro Les Voix intérieures, escrito durante su estadía en ese segundo piso.

El departamento también sirvió como lugar de reunión para los ensayos de la obra de teatro Le Roi s’amuse, censurada por las autoridades de la época. A dichas citas acudían los actores y, también, personajes como Dumas, Mérimée, David d’Angers, Balzac. Éste último no sólo fue un gran amigo de Victor Hugo, sino también una fuerte influencia en su obra novelesca a partir de 1841, la que se percibe especialmente en Les Misérables. Todo ese círculo de amistades estuvo perseguido por las autoridades. Por esos años, Victor Hugo ya había sido nombrado miembro de la Acadèmie Française.

Algo que resulta muy atractivo en la maison es la librería que funciona en el segundo piso. En dicho ambiente se encuentran en exhibición las diferentes ediciones de las obras de ese genio francés. También están a la venta las ediciones actuales de una buena parte de su obra. Realmente es un deleite poder adquirir una novela creada por Victor Hugo, nada menos que en la librería instalada en la casa donde vivió. Al comprar uno de los libros, en medio de esa atmósfera, dan ganas de recorrer los ambientes en busca del escritor para pedirle que nos ponga una dedicatoria.

Durante los años de su residencia en ese departamento, Victor Hugo escribió: Lúcrese Borgia, Marie Tudor, Ruy Blas, Les Chants du Crépuscule, Les Voix intérieures, entre muchas otras obras. El 20 de Octubre de 1832 escribió la nota que fue añadida a la edición definitiva de su novela Notre-Dame de Paris, que incluía los tres capítulos que se habían extraviado y fueron encontrados. En ese segundo piso, Victor Hugo también experimentó momentos terribles: su esposa Adèle lo abandonó y, en el año 1843 sufrió la pérdida de su hija Léopoldine. Murió ahogada en el río Sena a la edad de diecinueve años. A su estado de ánimo se sumó, ese mismo año, el fracaso más grande que tuvo en su faceta de dramaturgo con el drama épico Les Burgraves. Esto causó que dejara de presentar obras de teatro durante algunos años.

Estas paredes también guardan momentos muy especiales en la vida del escritor, como la llegada de Juliette Drouet, joven y hermosa actriz, a quien conoció durante la puesta de la obra Lúcrese Borgia; ella interpretaba el papel de la princesa Négroni. Victor Hugo dedicó incontables poemas a esa mujer que amó y que fue su compañera durante muchos años.
La visita al museo me mostró parte de la vida de un hombre que se dedicó a aquello en lo que podía poner todo su ser, dejando en cada obra producida, una marca indeleble, una porción de su existencia. Es por eso que sus obras se encargan de mantenerlo presente sin importar el tiempo transcurrido.

Al salir de la maison, llevando en mí interior una mezcla de satisfacción y asombro por todo lo que había podido ver y sentir, y nostalgia por estar abandonando ese lugar, crucé la Place des Vosges rumbo a la rue de Turenne por dónde me dirigiría a la estación del metro. Antes de abandonar la plaza, me quedé contemplando unos instantes el segundo piso en que vivió el escritor, y miré las ventanas por las que, tal vez, solía asomarse para admirar ese hermoso lugar. Instintivamente, levanté el brazo con el libro Notre-Dame de Paris en la mano, e hice adiós.

Cuando leí el libro Vie de Shakespeare, una extraordinaria obra de Victor Hugo, encontré en el prefacio las siguientes palabras escritas por el autor: “Todo cuanto se vincula con Shakespeare, todos los problemas que se relacionan con el arte, se hicieron presentes a su espíritu.” Estoy convencido que esas mismas palabras son perfectamente aplicables al genio creador que las escribió. No en vano dijo Jorge Luis Borges, comentando ese libro: “De manera que es la biografía de un genio escrita por otro genio.”

 

Carlos E. Tupiño

(Enero, 2011)

Lima en 10 cuentos

Lima en 10 cuentos

Hace unos días fui como tengo acostumbrado a buscar viejos libros viejos y, aquí, comparto con ustedes otro de mis hallazgos. Se trata del libro Lima en 10 cuentos (Ediciones de la Biblioteca Universitaria, Lima, 1966) que reúne relatos de diez escritores peruanos: Cera (César Vallejo), Sociales (Héctor Velarde), El trompo (José Diez Canseco), Duelo de caballeros (Ciro Alegría), El accidente (Eugenio Buona), El cuervo blanco (Carlos E. Zavaleta), Los gallinazos sin plumas (Julio Ramón Ribeyro), Cara de ángel (Oswaldo Reynoso), El niño de junto al cielo (Enrique Congrains) y Día domingo (Mario Vargas Llosa).

Estos cuentos nos permiten conocer no sólo la pluma de escritores peruanos cuya obra no está muy difundida en estos días, sino, también, nos lleva al mundo de esos personajes y contextos que nos sumergen dentro de los problemas sociales de la Lima de los años en que fueron escritos.

Resulta interesante encontrar, entre otros, un cuento de César Vallejo de quién se conoce y difunde mucho su excelente obra poética pero no así su obra cuentística; el cuento seleccionado formó parte del libro de cuentos Escalas publicado en 1923. También encontramos uno de los mejores trabajos –dentro de su excelente producción de cuentos- de Julio Ramón Ribeyro el cual formó parte de su primer libro de cuentos Los Gallinazos sin plumas, publicado el año 1954; otro de los seleccionados es Enrique Congrains cuyo cuento forma parte del libro Lima, hora cero publicado igualmente el año 1954. Del Premio Nobel de Literatura 2010 Mario Vargas Llosa, reconocido más por su labor novelística y ensayística, figura un texto que integró su primer libro de cuentos Los jefes, publicado el año 1959.

Con este libro, quienes gustamos de la narrativa podemos empezar la búsqueda de la producción literaria de estos escritores, que en muchos casos su obra ya no ha sido publicada desde hace muchos años, y adentrarnos en las historias que nos dejaron.

 

Carlos E. Tupiño

(Enero, 2011)