La caza sutil – Julio Ramón Ribeyro

La caza sutil – Julio Ramón Ribeyro

Un texto imprescindible para conocer en la etapa de ensayista que desarrollo Julio Ramón Ribeyro es el libro La caza sutil (ensayos y artículos de crítica literaria), publicado por Editorial Milla Batres el año 1976.

Este libro, que encontré en uno de mis paseos buscando libros viejos, incluye veintiún textos escritos entre los años 1953 y 1975 en las ciudades de París, Munich y Lima; la mayoría de ellos publicados en el diario El Comercio en esos años.

Encontramos títulos interesantes como: Gustavo Flaubert y el Bovarismo, Los Ríos Profundos, Crítica literaria y novela, Lima ciudad sin novela, Problemas del novelista actual, Las alternativas del novelista, Algunas digresiones en torno a El otoño del patriarca y su conocido texto El amor a los libros.

No deja de llamar la atención los textos acerca de la novela que escribió Ribeyro, cuya producción estuvo compuesta, en su mayor parte, por cuentos y también por sus Prosas apátridas y su diario La tentación del fracaso.

Al final del libro encontramos los Apuntes para una bibliografía de Julio Ramón Ribeyro, preparada por Luis Fernando Vidal, en la que nos ofrece una extensa relación de artículos y libros para los interesados en aprender más acerca de la obra de Julio Ramón Ribeyro.

Esta bibliografía está dividida en Obra del autor y Obra acerca del autor. Esta última contiene datos acerca de: Entrevistas, referencia; Crítica, comentario y, finalmente, Tesis.

Es un libro que, definitivamente, vale la pena encontrar y leerlo de principio a fin.

 

Carlos E. Tupiño

(Marzo, 2011)

Literatura y música – Cortázar y el jazz

Literatura y música van, a mi parecer, muchas veces de la mano. He leído de muchos escritores y de su pasión por la música. En nuestro medio tenemos el caso de Julio Ramón Ribeyro y su pasión por la música clásica y, que se ha encargado de registrarla en algunos de sus relatos, especialmente en “La música, el maestro Berenson y un servidor”, el cual forma parte de sus “Relatos Santacrucinos”.

Otro de los ejemplos lo tenemos en la persona del también cuentista, Julio Cortázar, un apasionado del jazz y gran admirador de Charlie “Bird” Parker, considerado por muchos el mejor saxofonista del mundo”

En una interesante entrevista, que se encuentra en YouTube con el título “Julio Cortzar El Jazz”, declara: “…la música en general, y el jazz en particular, es como una especie de presencia continua incluso en lo que yo escribo”. Luego añade: “Mi trabajo de escritor se da de una manera en donde hay una especie de ritmo que no tiene nada que ver con la rima y con las aliteraciones, no no no no no, una especie de latido, ¿no?, de swing como dicen los hombres del jazz; una especie de ritmo que si no está en lo que yo hago, es para mí la prueba de que no sirve y hay que tirarlo”.

En su libro de cuentos “Las armas secretas”, se incluye “El perseguidor”, considerado como uno de los relatos mejor logrados por el cuentista argentino. Este relato constituye un homenaje de Cortázar a la figura de Charlie Parker.

En el texto toma muchos de los datos de la vida real del saxofonista y teje una historia, estremecedora e impactante en la que se refleja la autodestrucción a la que fue conducido por sus problemas con la droga, problemas que se hicieron patentes en la vida del músico a finales del año 1939.

Al leer el relato que nos ha dejado Julio Cortázar, no sólo somos testigos de la vida de Charlie Parker sino, también, del excelente estilo del escritor argentino quien, desde el inicio, nos recibe con una descripción del ambiente en que se encuentra el músico, llamado Johnny en el relato: “Dédée me ha llamado por la tarde diciéndome que Johnny no estaba muy bien, y he ido en seguida al hotel. Desde hace unos días Johnny y Dédée viven en un hotel de la rue Lagrange, en una pieza del cuarto piso. Me ha bastado ver la puerta de la pieza para darme cuenta de que Johnny está en la peor de las miserias, la ventana da a un patio casi negro, y a la una de la tarde hay que tener la luz encendida si se quiere leer el diario o verse la cara. No hace frío, pero he encontrado a Johnny envuelto en una frazada, encajado en un roñoso sillón que larga por todos lados pedazos de estopa amarillenta. Dédée está envejecida, y el vestido rojo le queda muy mal; es un vestido para el trabajo, para las luces de la escena; en esa pieza del hotel se convierte en una especie de coágulo repugnante”. (Las armas secretas – El perseguidor, Colección Punto de lectura, Madrid, 2001).

A continuación, un video en el que Julio Cortázar lee un fragmento de “El perseguidor”, teniendo como fondo la música de Charlie Parker.

 

Carlos E. Tupiño

Retrato de Balzac – Théophile Gautier

Retrato de Balzac – Théophile Gautier

Pocas veces el destino permite que un gran escritor sea retratado por un gran poeta. Balzac bajo la mirada de Gautier. El resultado es un libro portentoso. Y más si tomamos en cuenta que fueron amigos cercanos. La admiración que Gautier profesa por Balzac es evidente, pero justo eso es lo que hace tan impactante este libro. Estas las palabras inician el texto de la contratapa del libro Retrato de Balzac escrito por Théophile Gautier.

El poeta Gautier empieza el libro con el primer contacto que tuvo con Honoré de Balzac, a raíz de ser invitado por el escritor a colaborar en el semanario La crónica de París. A partir de ese momento, el poeta francés nos muestra, haciendo uso de una hermosa y descriptiva prosa, diferentes aspectos de la vida de Balzac, como el lugar donde vivía, las amistades que frecuentaba, sus fantasías, su fracaso al escribir poemas y la manera cómo en esos años, Balzac aún no era el escritor de renombre que todos conocemos, hubo comentarios de críticos que decían que Balzac no servía para escritor.

En base a los testimonios que escuchó, Gautier nos cuenta cómo fue Balzac de niño durante los estudios, cómo devoraba los libros de la biblioteca y cómo era considerado por sus maestros; acerca de esto último, estoy seguro que al leerlo muchos se llevarán una sorpresa.

Recuerdo haber escuchado y leído acerca de escritores, como Flaubert, que han sido sumamente exigentes consigo mismos al momento de trabajar en una creación literaria, algo que también es una de las características de Mario Vargas Llosa quien ha declarado que considera a Flaubert como uno de sus maestros. Sin embargo, al leer el texto escrito por Gautier, llamó mi atención ver la manera en que describe el aislamiento que Balzac se auto-imponía cada vez que empezaba a trabajar. El poeta dice del escritor: … era esclavo de su obra, y esclavo voluntario. (Página 109)

Otra de las características de Balzac, eran sus dotes de observador de los detalles que resultan importantes al momento de construir un personaje. Gautier escribe: Releyendo con atención La comedia humana cuando se ha conocido familiarmente a Balzac, se encuentran allí esparcidos multitud de curiosos detalles acerca de su carácter y de su vida… (Página 35). El poeta nos da una muestra de esos detalles captados por el escritor francés; transcribe unas líneas de la novela Facino Cane, escrita en 1836: (…) Una sola pasión me sacaba de mis hábitos estudiosos; ¿pero no era también un estudio? Iba a observar las costumbres de los arrabales, sus habitantes y sus caracteres. (…) Oyendo a esa gente podía compenetrarme con su vida, sentir sus harapos en mi cuerpo, andar con mis pies metidos en sus zapatos agujereados, sus deseos, sus necesidades, todo pasaba a mi alma, y mi alma pasaba a la suya; esto era el sueño de un hombre despierto.(…) (Páginas 36 -37).

Más adelante Gautier vuelve a lo que era ese instinto de observador que habitaba en Balzac:“Pero encontrarse en medio de la muchedumbre, codearse con ella y notar su aspecto, comprender las corrientes, entresacar de ellas las individualidades, dibujar las fisonomías de tantos seres diversos, manifestar los motivos de sus acciones; he aquí lo que requiere un genio enteramente especial, y el autor de La comedia humana lo tuvo en un grado que nadie igualó ni probablemente igualará. (Página 103).

Luego añade: En el Museo de Antigüedades miraba la Venus de Milo sin gran éxtasis, pero hacía chispear sus ojos de placer la parisiense parada ante la inmortal estatua, vestida con una larga cachenira, cayendo sin un pliegue desde la nuca al talón, cubierta con el sombrero de velito de Chantilly, (…)En sus retratos de mujer nunca deja de colocar una señal, un pliegue, una arruga, una mancha rojiza, un hoyuelo enternecido y fatigado, una vena demasiado prominente, cualquier detalle indicador de los magullamientos de la vida, (…). (Páginas 103 – 104).

Luego de leer el texto de Gautier, me puse a revisar las descripciones hechas por Balzac en su novela Eugenie Grandet y entre las muchas descripciones de personajes encontré la siguiente: La señora Grandet era una mujer seca y flaca como membrillo, torpe y lenta; una de esas mujeres que parecen hechas para ser tiranizadas. Tenía los huesos grandes, una gran nariz, una gran frente, grandes ojos, y ofrecía, a primera vista, una vaga semejanza con esos frutos resecos que ya no tienen ni sabor ni jugo. Tenía los dientes negros y escasos, la boca arrugada y la barbilla ganchuda. Era una excelente mujer, una verdadera Bertellière. El padre Cruchot sabía encontrar ocasiones para decirle que no había estado demasiado mal, y ella se lo creía. Una dulzura angélica, una resignación de insecto atormentado por los niños, una devoción poco corriente, una inalterable serenidad de alma y su buen corazón hacían que fuese universalmente compadecida y respetada. (*)

Son muchos aspectos más los que comparte Théophile Gautier con sus lectores, los cuales acercan más a la persona y obra de ese grande autor de esa enorme obra literaria que es La comedia humana. Les recomiendo Retrato de Balzac, es un libro que disfrutarán de principio a fin.

 

Bibliografía:

Retrato de Balzac, Théophile Gautier, Ediciones Sexto Piso, México D.F., 2006
Las citas marcadas con números de página entre paréntesis, han sido tomadas de este libro.

Eugénie Grandet. La Comedia humana, Honoré de Balzac, El Mundo Unidad Editorial SA, Madrid, 1999
La cita marcada con (*) ha sido tomada de este libro.

 

Carlos E. Tupiño

Historia de Bolsillo de la Literatura Italiana – Giuseppe Prezzolini

Historia de Bolsillo de la Literatura Italiana – Giuseppe Prezzolini

¿Se imaginan un libro en pequeño formato, con sólo 107 páginas y que contenga la historia de la literatura italiana? Pues, he leído hace poco ese libro y lleva por título: “Historia de Bolsillo de la Literatura Italiana”, publicado por Arci Solidarietá Cesenate Progetto Un mare di sogni, Martorano di Cesena, Italia, 2004

Su autor es Giuseppe Prezzolini (1882 – 1982) y, hasta antes de leer el libro, era para mí un personaje desconocido. En la contratapa del libro se lee: “…es una de las más importantes conciencias críticas de la historia literaria y civil de Italia. […] El presente volumen es, como su nombre indica, una historia abreviada o portátil de la literatura italiana, de la que el autor, haciendo gala de una fuerte personalidad, de una amplísima cultura y, en ocasiones, de una sutil ironía, consigue darnos una visión sintética, estimulante y completa que abarca desde los primeros testimonios medievales hasta bien entrado el siglo XX”.

En la introducción de este hermoso libro Pierfranco Bruni escribe: “Parece imposible, en pocas páginas, poder “contar” la historia de la literatura italiana desde los orígenes al siglo XX. Y sin embargo la experiencia ya se ha llevado a cabo. […] Pasa lista a la literatura italiana con una ligereza y ejemplificación extraordinaria sin quedarse nunca en lo superficial. […] No se trata de un texto menor: es un texto que presenta, sobre todo al leerlo hoy, una dimensión ética de la literatura. […] …escrita sin perder de vista el  contexto histórico de cada autor. […] Pero su Historia de bolsillo es una lenta penetración en un mundo invadido no sólo por la literatura sino también por la historia, el pensamiento, la búsqueda de lo bello”.

Este libro nos permite conocer muchos autores italianos a lo largo de la historia de la literatura italiana. Prezzolini no sólo menciona los nombres sino también los títulos de sus obras más importantes y el contexto que rodeó a los escritores en sus diferentes épocas.

Empieza desde los orígenes en el que se ocupa, de manera amena e interesante, acerca de “la transformación del latin en ‘vulgar’ italiano”. Luego aparecerán los nombres de Dante, Petrarca, Boccaccio, así como los títulos de sus obras más importantes y lo que significaron en su momento y en la posteridad para la literatura italiana.

Más adelante encontramos un capítulo en que se ocupa de los narradores (siglos XIII y XIV) como Giovanni Fiorentino y Giovanni Sercambi entre otros. Giuseppe Prezzolini es muy directo en sus apreciaciones y a veces puede parecer un poco duro. Refiriéndose a los humanistas en el siglo XIII escribe: “Los humanista, como hombres, no brillaron por su independencia ni sus actividades. Fueron cancilleres que cambiaban de señor dependiendo del sueldo; embajadores y oradores en lengua latina, más retóricos que observadores, obedientes escritores de cartas grandilocuentes más que consejeros sagaces o ciudadanos fieles. Todavía hoy, a pesar de un siglo de independencia nacional y de libertad política, el escritor italiano –salvo alguna notable excepción- demuestra hacia los poderosos el mismo incrédulo obsequio y la misma facilidad para cambiar de chaqueta” (página 48).

En el capítulo correspondiente al Renacimiento resalta la nota acerca de Niccolo Machiavelli, en ella se ocupa no sólo de las diferentes obras del escritor italiano sino, también, de su pensamiento e influencia en su época.

Dando un salto hasta fines del siglo XIX e inicios del XX, Prezzolini dedica una nota a uno de los grandes de la literatura italiana: Giovanni Verga (1840 – 1922) y menciona lo que considera son las fórmulas del mencionado escritor: “…el estudio del ambiente que condiciona a los personajes, el determinismo que modela sus acciones, la objetividad del narrador que se limita a tomar nota de los hechos, el uso de la lengua cotidiana en vez de la poética o literaria para expresar y pintar cosas y actores…

Y así, capítulo a capítulo, Prezzolini nos hace recorrer las diferentes épocas en la historia de la literatura italiana hasta llegar a los contemporáneos, entre los que cita a Elio Vittorini y Cesare Pavese; luego menciona a Alberto Moravia, de quien se refiere como el “más notable narrador  que Italia haya tenido desde Bocaccio en adelante”; luego aparecen Italo Calvino, Dino Buzzati, Carlo Cassola, Mario Soldati y muchos otros.

Es una gran oportunidad para conocer a escritores que pueden haber sido desconocidos para nosotros. Con los datos que obtenemos en ese interesante libro podemos buscar en las librerías, bibliotecas e internet más información acerca de los escritores citados y de sus producciones literarias; entonces, podremos disfrutar de los diferentes estilos que vayamos encontrando en ese viaje a través de la literatura italiana que, en forma brillante, nos ofrece Giuseppe Prezzolini.

 

Carlos E. Tupiño

(Febrero, 2011)

Lima en 10 cuentos – Los gallinazos sin plumas

Lima en 10 cuentos – Los gallinazos sin plumas

En el libro “Lima en 10 cuentos” (ver entradas anteriores en el blog) publicado el año 1966 se incluyó el cuento “Los gallinazos sin plumas” que formó parte del primer libro de cuentos de Julio Ramón Ribeyro. Es difícil decir cuál es el mejor relato escrito por Ribeyro; sin embargo, éste es uno de los mejores y uno de los que mejor retrata la pobreza, la necesidad y, porque no decirlo, el abuso infantil.

Este cuento nos lleva a un corralón en el que viven dos muchachos (no dice la edad), el abuelo de éstos y un cerdo muy grande al que alimentan con la basura que los nietos tienen que recoger de los muladares en donde se dan cita los perros y los gallinazos en busca de comida. El cerdo cada vez demanda más comida y el abuelo les exige más a sus nietos a fin de tener bien alimentado al cerdo, el cual sería vendido una vez que ganara peso.

Se percibe en el desarrollo de la historia la unión entre los dos hermanos y el cuidado que tienen por el perro “escuálido y medio sarnoso” al que ellos cobijan.

Resulta interesante leer esta versión tal como fue publicada originalmente y, compararla con las posteriores versiones del mismo cuento en las que se pueden ver las variaciones hechas por el escritor.

Desde las primeras líneas se ven esas modificaciones o supresiones de palabras o frases enteras que mejoran el ritmo del relato. Estas se presentan a lo largo de todo el cuento y se notan más al llegar al desenlace, en donde con sólo suprimir dos oraciones (ya no figuran en la versión publicada en 1972 de La palabra del mudo Tomo I por Editorial Milla Batres) Ribeyro logra imprimir más fuerza evitando detalles que, si bien pueden ayudar a percibir sentimientos o sensaciones del personaje, podrían distraer la atención del correr de los segundos en esos momentos vividos por los personajes del cuento, sobre todo llegando al final.

Los invito a revisar textos que, luego de su publicación, fueron corregidos por su autor. Ahí podremos descubrir qué variaciones efectuó, qué es lo que quiso decir y mostrar con las palabras. Además, si estamos atentos podremos ver, en las correcciones hechas, algunos detalles acerca del estilo del escritor.

Carlos E. Tupiño

(Febrero, 2011)

El fin de los libros – Octave Uzanne

El fin de los libros – Octave Uzanne

“…fue un hombre de letras que tras su muerte cayó en un olvido injustificado”. Estas palabras que aparecen al inicio del libro “El fin de los libros”(Ediciones Gadir, Madrid, España, 2010) se refieren a su autor Octave Uzanne, escritor, periodista, editor y bibliófilo fundador de la Sociedad de Bibliófilos Contemporáneos, nacido el año 1851 en Auxerre, Francia.

Este texto formó parte de los “Cuentos para bibliófilos” que Uzanne escribió con Albert Robida y se publicó en el año 1894. Este interesante y entretenido relato nos lleva  a la ciudad de Londres, en medio de una reunión de amigos que deciden juntarse para charlar luego de haber asistido a uno de los viernes científicos de la Royal Institution.

Deciden que cada uno de los presentes, especialistas en distintos campos del arte y la ciencia, expongan sus ideas acerca del “devenir de la humanidad”. Cuando le toca el turno al narrador, declara que dentro de cien años el libro impreso va a desaparecer.

Resulta sorprendente la exposición que realiza a los allí presentes, en la que podemos reconocer los adelantos tecnológicos que nos rodean y que están cambiando el uso del libro.

Refiriéndose a la imprenta dice: “está amenazada de muerte, según mi opinión, por los distintos sistemas de grabación descubiertos recientemente…” (página 30). Luego, alguien le pregunta: ¿Cómo supone usted que podamos construir fonógrafos lo suficientemente ligeros y resistentes como para grabar largas novelas…?” (página 34). Al leer esas palabras, escritas hace más de cien años, pienso en los audio libros que se encuentran gratuitamente en internet y en los que podemos escuchar obras literarias en versiones originales y completas.

Más adelante el narrador dice:”Recostados sobre sillones o balanceándose en mecedoras, gozarán, en silencio, de las maravillosas aventuras que les proporcionarán los tubos flexibles, directamente colocados en sus oídos dilatados por la curiosidad” (página 40).  Creo que aquí podemos ver lo que anticipaba acerca de los audífonos y, en otras descripciones podemos encontrar referencias a los minúsculos aparatos que llevamos en el bolsillo con miles de canciones o audio libros para escuchar mientras caminamos o realizamos nuestras diferentes actividades.

El narrador también “profetiza” sobre la prensa escrita y sus palabras nos hacen pensar en la manera en que podemos acceder, en estos tiempos, a las noticias de los diferentes diarios del mundo gracias a la internet..

Si bien este relato lo atribuyen a Octave Uzanne, no dejo de pensar que también podría tener mucho que ver el escritor, dibujante, historiador de París y también considerado como maestro de la anticipación Albert Robida, quien fue colaborador de Uzanne al escribir los “Cuentos para bibliófilos” en la que trabajó como ilustrador. Las ilustraciones de Robida se pueden ver en la versión en inglés “The End of Books” publicada por The University of Adelaide Library.

El escritor francés y coleccionista de ciencia ficción Pierre Versins escribió acerca de Robida: “…es el único de los anticipadores del siglo XIX e inicios del XX que nos presenta una imagen de nuestro presente que no está lejos de la realidad que vivimos hoy…” (Pierre Versins. Enciclopedia de la utopía de los viajes extraordinarios y de la ciencia ficción. Lausanne, La edad del hombre, 1972, artículo «Albert Robida») (Traducido por el suscrito).

La nota completa, escrita por Patrice Carré, la pueden encontar en http://www.robida.info/maitreanticipation.html

Es un libro interesante que vale la pena leer. Nos hará pensar acerca del destino del libro impreso en medio de un mundo globalizado y “cibernetizado”; sin embargo, estoy convencido que ningún avance tecnológico podrá reemplazar el placer de sostener un libro en nuestras manos mientras leemos su contenido, recorriéndolo hoja a hoja y, en muchos casos, percibir el aroma del papel, la tinta, la encuadernación, es decir, el olor de un libro.

 

Carlos E. Tupiño

(Febrero, 2011)

París, la literatura y un café

París es una de las ciudades que se han apoderado de un lugar en la literatura, y han quedado grabadas en la mente de innumerables lectores al haber sido el escenario en donde se desarrollaron las más diversas historias, desde un cuento hasta una gran novela,  sin dejar de lado las crónicas de viaje, ensayos, biografías y memorias de escritores en las que siempre, de una u otra manera, está presente.

Al haberse hecho de un lugar dentro de la literatura, nos ha permitido recorrerla y conocerla a través de los siglos como el escenario de historias dramáticas, heroicas o divertidas; en tiempos de guerra y de paz.

Uno de los escritores que me ayudó a descubrir esta hermosa e interesante ciudad fue Alfredo Bryce Echenique. Encontré que la ciudad de París estaba presente en varias de sus obras; inclusive uno de sus libros de cuentos lleva por título: Guía triste de París. Esta ciudad también se hace presente al leer sus antimemorias, anécdotas y artículos publicados en diarios y revistas.

Cuando visité esa ciudad y mientras recorría sus calles y barrios, venía a mi mente lo que había leído de París en los libros de Bryce o, mejor dicho, lo que Bryce me había contado de París en sus libros.

Fue ahí que escribí las líneas que, a continuación, comparto con ustedes y que titulé:

Un café en París

Fotografía por L. Tupiño

Fotografía: L. Tupiño

Era mi última tarde en París, y estaba haciendo algo que había deseado desde que llegué a la Ciudad Luz… tomar una taza de café en un típico café parisino con mesitas en la vereda. Allí me encontraba, en un café ubicado en la Quai St. Michel, nada menos que frente a la catedral de Notre Dame; también tenía frente a mí los edificios de la Conciergerie–en la que eran recluidos los condenados a la guillotina- y del Palais de Justice.  Además pensaba en la cultura, el arte y  la bohemia que forman parte de la atmósfera de esa ciudad que ha albergado a muchos filósofos, intelectuales, escritores y pintores, y que ha servido de marco para muchas novelas, cuentos y pinturas.

Una joven camarera me trajo un espresso, el cual minutos antes le había pedido. Era un café cargado, muy aromático y, por supuesto, caliente para esa fría tarde de invierno que había sido precedida por una mañana muy soleada.

Desde mi ubicación podía ver también a los tradicionales vendedores de libros usados, entre los que se pueden encontrar verdaderas joyas de la literatura; estos vendedores también forman parte del ambiente parisino que ha servido de inspiración a muchos artistas, el mismo que se puede disfrutar si uno está dispuesto a percibirlo, si uno está en la misma frecuencia. Mientras saboreaba los primeros sorbos de aquel delicioso café, la atmósfera del lugar me invitaba no sólo a observar todo aquello que me rodeaba, sino también a poder gozar de una buena lectura y, por qué no, de poder inspirarme para crear algún relato, de sentirme escritor en un café parisino.

Era el lugar y el momento propicio para recordar todos los escenarios que había conocido hasta ese momento y, uno de los que vino principalmente a mi memoria fue el paseo en el Bateau Parisien. Evoqué el recorrido por el río Sena, en el que se podían apreciar desde la cubierta de la embarcación diferentes lugares de interés de la Ciudad Luz, y mientras eso sucedía se dejaba escuchar La vie en rose cantada por la inolvidable Edith Piaff. ¡Realmente el arte y la historia están en cada lugar de París! Aún en los puentes que cruzan el Sena, como el Pont-Neuf por el que transitaron la señorita Pross y el señor Cruncher, personajes de la novela Historia de dos ciudades del gran Charles Dickens. Luego, casi al terminar el recorrido se podían escuchar las notas del Can Can en honor al pintor Toulouse Lautrec, mientras explicaban aspectos de su vida y la historia de las modelos que posaron para los afiches que él pintó.

Continuaba saboreando ese delicioso espresso y pensaba en la visita al barrio latino –famoso por los sucesos de Mayo del 68–, el cual es mencionado muchas veces en las obras de Bryce Echenique; también pensaba en los ultra pequeños departamentos para estudiantes, uno de los cuales podía ver desde mi habitación en el hotel ubicado en la rue de Strassbourg.

También pasaba por mi mente el paseo a la Tour Eiffel y las notas de El cóndor pasa que se escuchaban en ese lugar y me hacían recordar a

Fotografía: L. Tupiño

Fotografía: L. Tupiño

Bryce cuando escribió en sus Antimemorias 2 (El cóndor sigue pasando): “En fin, que acababa de estallar el boom de la literatura latinoamericana, en París y donde se le pusiera, y acaba también de alzar su vuelo mundial El cóndor pasa.” Definitivamente, esa canción se ha convertido en parte del lugar y es para todos los turistas.

Igualmente desfilaban por mi memoria la avenue des Champs Élisées en uno de cuyos extremos se encuentra la Place de la Concorde en la que se levanta l’Obélisque, y en el extremo opuesto el Arc de Triomphe; el Musée du Louvre que sirvió de residencia a los reyes durante los siglos XVI y XVII; y tantos otros lugares y monumentos que han hecho famosa a la ciudad que influyó al mundo con el siglo de la Ilustración.

Estando en ese momento de tranquilidad en medio de la ciudad y con la segunda tasa de espresso en mi mano, no pudo faltar en mi memoria un texto que escribió Julio Ramón Ribeyro en sus Prosas apátridas: “Hay tardes de primavera en París, como esta de hoy, soleada, dorada, que no se viven, sino que se desgajan y manducan como una mandarina. Y para ello nada mejor que una taza de café, una bebida tonificante, una vacancia de la atención, un dejar que nuestra mirada en reposo reciba las imágenes del mundo, sin preocuparse de encontrar en ellas orden ni sentido ni  prioridad. Ser solamente el cristal a través del cual nos penetra intacta la vida.” (Prosa 113)

En fin, esta fue la ocasión para recordar todo lo conocido, para sentir el espíritu bohemio y artístico que flota en el ambiente; simplemente percibir lo que nos rodea, o como escribió Ribeyro: “Ser solamente el cristal a través del cual nos penetra intacta la vida” mientras se disfruta de un delicioso café.

 

Carlos E. Tupiño

(Enero, 2011)