Sobre París – Ernest Hemingway

Sobre París – Ernest Hemingway

Hay veces en las que, sin proponérmelo, he encontrado alguno de esos libros que puedo clasificar como excelentes. Eso me sucedió mientras revisaba la página web de una librería y vi un título que me llamó la atención: Sobre París y el autor era nada menos que Ernest Hemingway. Leí el breve texto que habían publicado de la contratapa pero, la verdad, no me decía mucho y me pareció que podría tratarse de crónicas. Separé el libro para revisarlo.

Unos días después estaba en la librería revisándolo y pude ver que se trataba de una selección de artículos que Hemingway escribió para el diario canadiense The Toronto Star. Clara Pastor, autora del Prólogo escribió: “Todos los artículos de la selección que presentamos fueron escritos desde París entre abril de 1922 y abril de 1923, salvo los tres últimos, que Hemingway escribió desde Toronto, […]”

Estos artículos son una excelente oportunidad para deleitarnos en el estilo del joven Hemingway quien, en esos textos periodísticos nos da una muestra de lo que se puede obtener al mezclar, con maestría, el periodismo y la literatura. La mencionada autora del Prólogo da cuenta de esa particularidad: “[…] De hecho, estos textos reflejan perfectamente algo que descubrimos leyendo al Hemingway cuentista que contar las cosas restándoles carga dramática, con una economía de lenguaje y sobriedad muy bien calculadas, tiene el efecto de volverlas sistemáticamente más dramáticas, ya sea por la visión grotesca de individuos que confunden la ebriedad con el conocimiento del verdadero París o por las corruptelas del gobierno con las cuentas públicas.”

Desde el primer artículo Vivir con 1,000 dólares al año en París, publicado el 4 de febrero de 1922 podemos apreciar lo conciso y preciso en su escritura, siempre acompañados de detalles que provienen de la cualidad de observador que caracterizó al escritor norteamericano.

Cada una de sus crónicas nos permite visitar el París de esos años y ser testigos de escenas de la política, sociedad, turismo, arte, música, los inmigrantes rusos y temas de los más diversos. Estos textos son una ventana por la que podemos dar un vistazo a una época de la historia. Por ejemplo, en el artículo París está lleno de rusos, de febrero de 1922, nos da cuenta del exilio de la aristocracia rusa luego de la revolución y la forma en que empezaron a vivir en París.

En el artículo La locura de Poincaré, publicado en febrero de 1922, escribió:  “[…] entonces Francia volverá a ocupar su lugar como una nación que busca lo mejor para los suyos y para el mundo en general, […].” Estas palabras me hicieron recordar las que escribió Victor Hugo con ocasión de la Exposición Universal de París en 1867 acerca de su amado país: “[…] Ya no serás Francia, serás Humanidad; […].” (En Elogio de París, Editorial Gadir, Madrid, 2011, p.115)

Es un libro que recomiendo porque, a través de los veintinueve artículos que contiene, nos permite apreciar los textos periodísticos de Hemingway y ver en ellos no sólo parte de la historia sino, también, los asomos de ese estilo que podemos encontrar en sus cuentos, en los que llegó a ser considerado por muchos como un maestro por esa técnica que revelaba sólo lo necesario y escondía muchos datos dándole al lector la tarea de descubrirlos o imaginarlos.

 

 

Bibliografía:

Sobre París, Ernest Hemingway, Editorial Elba, S.L., Barcelona, 2012

Elogio de París, Victor Hugo, Editorial Gadir, Madrid, 2011

 

Carlos E. Tupiño
Abril, 2014

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Los vagabundos de la cosecha – John Steinbeck

Los vagabundos de la cosecha – John Steinbeck

Una estremecedora realidad que sirvió de base para una gran novela.

Es un breve libro que, al verlo, hace imposible pensar que pueda transmitir con tanta fuerza todo ese testimonio desgarrador que muestra cómo el ser humano es denigrado hasta llegar al punto de perder toda esperanza, rodeado de la miseria y el hambre que lo conducen a abandonarse y, en muchos casos, esperar la muerte.

En la contratapa se lee: A comienzos de los años treinta, cuando el país atravesaba la Gran Depresión, una persistente sequía asoló el medio oeste de los Estados Unidos, expulsando de sus granjas a decenas de miles de campesinos que se vieron obligados a emigrar en busca de trabajo. Se calcula que cerca de ciento cincuenta mil norteamericanos vagaban por las carreteras del estado de California ofreciéndose como temporeros para la cosecha. A pesar de ser imprescindibles para llevar a cabo la recolección, eran recibidos con odio y menosprecio por los habitantes de las localidades por donde pasaban, tachados de ignorantes, sucios y portadores de enfermedades. John Steinbeck, entonces un prometedor escritor, los retrató en una serie de reportajes aparecidos en 1936 en The San Francisco News. El trabajo realizado para preparar estos artículos le permitiría más tarde, su novela más lograda: Las uvas de la ira.

Es un libro en el que podemos ver como se juntan los elementos, situaciones, personajes que más adelante servirán de materia prima para la creación de una novela. Sería interesante contar con un libro como este para cada una de las grandes novelas, porque eso nos permitiría ver cómo se gestó una creación literaria.

Eduardo Jordá escribió en el prólogo: […] Porque en estos reportajes, escritos durante el verano de 1936 para The San Francisco News, Steinbeck descubrió los rostros reales de los personajes que más tarde se convertirían en la familia Joad que protagoniza su novela: aquellos Ma Joad y Pa Joad y Tom Joad que tuvieron que malvender, igual que tantos otros granjeros arruinados del Medio Oeste en los tiempos de la Gran Depresión, sus escasa posesiones en Oklahoma y emigrar a California en busca de un trabajo a jornal en las grandes explotaciones agrícolas. (Página XI)

Son siete reportajes escritos por Steinbeck y en cada uno de ellos se percibe el sufrimiento y desamparo de aquellos seres humanos que lo perdieron todo. En medio de esa atmósfera de angustia surgen, como destellos de esperanza, los campamentos federales que hicieron lo posible por devolver la esperanza y la dignidad a esos seres necesitados. Sin embargo, no se dieron abasto y el abandono, el abuso y explotación todavía existían.

Steinbeck también nos muestra como fue cambiando esa mano de obra barata que buscaban los agricultores de California para el tiempo de sus cosechas. Escribe acerca de los grupos de chinos, japoneses, mexicanos y filipinos que fueron igualmente explotados.

Resulta estremecedor leer cómo llega a instalarse una de aquellas familias desposeídas: construyendo una casa de cartón y basura, toda la familia hacinada, la época de lluvias que deshace su casa y quedan a la intemperie, en medio de la inmundicia y el desamparo; muchos de ellos sin alimento que llevarse a la boca y viendo morir a sus hijos.

Fueron años terribles, aquellos de la Gran Depresión, a los que se sumaron los años de tormentas de polvo que destruyeron los campos de cultivo en el Medio Oeste, provocando la ruina a aquellos que se convertirían en los vagabundos de la cosecha.

Los textos van más allá del reportaje; el autor logra crear esa fusión de literatura y periodismo que años más tarde empezarían a llamarla el nuevo periodismo o la literatura de no ficción. Creo que es en esa mezcla en donde radica la fuerza de los textos de sus reportajes y logra atrapar al lector y lo transporta a esa atmósfera, a ese lugar en donde se desarrollan las historias.

El libro incluye una serie de fotografías tomadas por Dorothea Lange, que sirven para mostrar en imágenes lo que una lee en esos reportajes. Es un libro que, no solo ayudará a ver la esencia de la novela Las uvas de la ira sino, también, nos hace conocer esos momentos terribles a los que puede llegar el ser humano.

Les recomiendo este libro.

 

 

Bibliografía:

Los vagabundos de la cosecha, John Steinbeck, Libros del Asteroide S.L.U., Barcelona, 2011

 

Iluminación y fulgor nocturno – Carson McCullers

Iluminación y fulgor nocturno – Carson McCullers

Escenas de la vida hasta el final de la vida.

Carson McCullers, para muchos una escritora de culto, murió a la temprana edad de cincuenta años. Durante su vida estuvo aquejada de una enfermedad que, de niña, fue mal diagnosticada. Ese sufrimiento marcaría su producción literaria y, también, le sirvió para demostrar una voluntad de hierro para continuar escribiendo hasta casi el final de sus días.

Meses antes de morir y, al verse impedida de escribir, decidió dictar su autobiografía, la cual, lejos de seguir los patrones de una autobiografía tradicional, escapa a todo ello y deja de lado el aspecto cronológico para dejar como legado un texto que nos muestra, de boca de la misma autora, diferentes sucesos de su vida, en los que resaltan aquellos relacionados a su producción literaria, a los escritores que influenciaron su vida y su obra y aquellos artistas que formaron parte de su grupo de amigos y conocidos, en medio de los cuales desarrolla etapas importantes de su vida. También incluye datos de la relación que tuvo con Reeves McCullers, con quien se casó, tomó el apellido, y luego se divorciaría para volverse a casar con él.

En aquello que cuenta acerca de su creación literaria, resalta lo que ella llamaba la iluminación, palabra que forma parte del título, y describe como en esos momentos se encendía la chispa de la creación y nos comparte cómo nacieron sus obras, como La balada del café triste, El corazón es un cazador solitario, Frankie y la boda, Reflejos en un ojo dorado, etc.

También nos cuenta acerca de su faceta de dramaturga y el reconocimiento que tuvo. En la lectura del libro podemos disfrutar de su estilo literario inclusive cuando dicta su autobiografía, llena de espontaneidad, de sinceridad, de tristeza, de dolor pero, también, de satisfacción por el trabajo realizado.

En la contratapa del libro se lee: Contadas a media voz, casi en un susurro, estas palabras sublimes son la memoria de un tiempo convertido en ficción: su infancia feliz en Georgia, las consecuencias de su precoz éxito como escritora, su curiosa actitud ante la sexualidad masculina, su implícita bisexualidad, sus enfermedades, su amistad con personajes como Tennesse Williams, Arthur Miller, Marilyn Monroe, Isak Dinesen o John Houston, constituyen la más sobrecogedora reflexión sobre la búsqueda obsesiva de la “iluminación” que, nacida a veces de un hecho insignificante, mueve a escribir.

En una excelente introducción, escrita por Carlos L. Dews, se lee: Si Carson McCullers es o no veraz cuando describe las “iluminaciones” y los “fulgores nocturnos” acaecidos en su vida, no tiene, en última instancia, mayor importancia. Más importante que la veracidad de sus recuerdos es su forma de contarlos, cómo los rememora, y la influencia que en ella tuvieron. […]

[…] la autobiografía se puede entender fácilmente como una tentativa de Carson por explicar su vida, tanto sus éxitos como sus fracasos, a las generaciones futuras. […]

En esta biografía, lo realmente importante es, más que su contenido específico, la personalidad de Carson, perceptible bajo la superficie de la narración. […]

El libro contiene, por orden expresa de la escritora, la correspondencia entre ella y Reeves McCullers durante la Segunda Guerra Mundial. Estos textos han sido ubicados luego de la autobiografía.

Al final del libro, se encuentra una detallada cronología de su vida y obra, en la que resalta su producción literaria y de teatro, así como los preparativos para las obras que se exhibirían y aquellas que serían llevadas al cine. Resulta muy útil para ver los diferentes sucesos de la vida de esa extraordinaria escritora norteamericana.

Cierra el libro una bibliografía que nos permite ver, no sólo toda la producción de Carson McCullers sino, también, una relación de obras acerca de la autora, todas ellas de gran utilidad para aquellos que, como sus seguidores, desean leer más acerca de esa extraordinaria escritora que, junto con William Faulkner, supo llevar a la literatura el sur de los Estados Unidos, con sus vivencias, sus problemas, sus habitantes, logrando crear historias que han quedado como un legado literario. En su autobiografía, Carson McCullers cuenta que el escritor sureño Richard Wright refirió estas palabras: De mi trabajo decía que yo era el único escritor del sur capaz de escribir con igual naturalidad sobre negros y blancos.

Iluminación y fulgor nocturno es una muestra de ese deseo que habitó en Carson McCullers de hacer literatura casi hasta el fin de sus días. El quince de agosto de 1967 sufrió un ataque que la dejó en estado de coma y fallece cuarenta y cinco días después.

 

 

Bibliografía.

Iluminación y fulgor nocturno, Carson McCullers, Seix Barral, sello Austral, Barcelona, 2011.

 

La literatura norteamericana y otros ensayos – Cesare Pavese

La literatura norteamericana y otros ensayos – Cesare Pavese

Mientras revisaba los estantes en una librería, llamó mi atención el libro La literatura norteamericana y otros ensayos, no por el título, que me parece atractivo, sino porque el autor es nada menos que Cesare Pavese (1908-1950), uno de los íconos de la literatura italiana. Al revisar el libro, encontré un índice con temas que no dejaban de llamar mi atención. El libro está dividido en tres partes. La primera lleva por título Descubrimiento de América e incluye ensayos acerca de escritores como Sinclair Lewis, Sherwood Anderson, Edgar Lee Masters, Herman Melville, O. Henry, John Dos Passos, Walt Whitman, William Faulkner, entre otros, y finaliza con un apéndice titulado Escritores ingleses entre los que figuran Charles Dickens y Joseph Conrad.

La segunda parte del libro se titula Literatura y sociedad y los ensayos y artículos abarcan una serie de temas en los que Pavese muestra el enlace existente entre la literatura y la sociedad. Acerca de uno de estos textos, Italo Calvino escribe en el prólogo: El artículo “Leer” podría ser su prólogo, y en esa línea se sitúan también algunos artículos de L’Unità que hemos incluido en la primera parte, con los que Pavese quiere presentar a los nuevos lectores sus autores favoritos, de Anderson a Stevenson […]  En la tercera parte, titulada El mito, los ensayos abarcan temas como la poesía, el mito, la narración, en las cuales se halla presente la experiencia del escritor italiano.

Este libro también permite descubrir la faceta de ensayista del escritor italiano. En la contratapa del libro se lee: […] Los ensayos que componen el volumen, tanto si se ocupan de Faulkner o Dickens, como del concepto del intelectual políticamente comprometido o de las raíces del mito poético, brillan por su hondura y su lenguaje conciso y chispeante a la vez, descubriéndonos la faceta quizá menos conocida de uno de los maestros de la literatura europea contemporánea.

En el prólogo, Calvino se refiere al libro con las siguientes palabras: El valor de estos escritos, empero, no estriba únicamente en la documentación de un itinerario cultural individual; la crucial experiencia de Pavese es un modelo de aquella generación literaria que creció bajo el fascismo, sintió nuevas necesidades y viró en busca de un nuevo rumbo (literario y moral), y que luego –una vez caído el fascismo– se encontró aún frente a otros problemas, frente a nuevas esperanzas e inquietudes. Así deja de ser un testimonio de algo acabado –aventura humana o momento cultural– y revela su verdadera naturaleza: un libro vivo y actual en el que muchos de los juicios sobre obras y autores mantienen su validez, en el que muchas conclusiones morales siguen siendo el fruto más valioso de nuestra exigua tradición y en el que muchas preguntas buscan todavía una respuesta.

A través de la lectura de los ensayos acerca de los escritores, el autor no solo nos permite conocer nuevos autores mediante el análisis de sus trabajos literarios y aspectos de su vida sino, también, nos presenta los títulos de las diferentes obras de los escritores tratados, lo cual nos sirve de referente para ir en busca de esas creaciones literarias. Luego de las lecturas he podido conseguir títulos como Leaves of grass de Walt Whitman, Babbitt de Sinclair Lewis entre otros.

En cada uno de los ensayos acerca de los escritores norteamericanos, escritos en las décadas de los años 30 y 40, se hace presente la comparación que hace Pavese entre la literatura norteamericana e italiana. En algunos de esos textos he podido percibir ellos un aire de superioridad que siente el autor por la literatura italiana sobre la norteamericana a la luz de los descubrimientos,  –para los europeos– de las obras de escritores norteamericanos, ya que su percepción de la literatura está dentro de un contexto completamente diferente al contexto del que proviene la literatura norteamericana. Sin embargo, son esas diferencias las que enriquecen el texto y ponen ante el lector un ensayo que invita a transportarnos a esas décadas y percibir la literatura de una manera muy enriquecedora.

Al analizar las obras de los diferentes escritores, Pavese investiga y se interna en los personajes, en el lenguaje utilizado por los autores norteamericanos, el contexto social de ellos, el cual influía y condicionaba el lenguaje que utilizaban en sus creaciones literarias, así como las atmósferas creadas para cada historia. Llega incluso a mostrar diferentes situaciones en la vida de muchos de ellos,  las cuales llegaron a influenciar sus obras. Veamos algunos ejemplos. En el caso de Sinclair Lewis escribe: La riqueza y la variedad del mundo de Lewis provienen de las innumerables actitudes que éste adopta al contemplar el espectáculo de la cotidiana rebelión de los hombres contra el ambiente y contra sí mismos. […] El rebelde representado en las novelas es el mismo Sinclair Lewis. […]

Pavese investiga y se informa de los cambios políticos, sociales y económicos de esos años en Norteamérica, es decir, de los tiempos de cada uno de los escritores como los cambios producidos por la industrialización que originó desplazamientos de gente del campo a las ciudades buscando empleo; la gran depresión, etcétera.

En el ensayo de Sherwood Anderson, Pavese escribe acerca de la atmósfera que envolvía el Chicago en los años de Anderson: En Chicago, donde probaba fortuna, el joven Anderson no había encontrado más que una nueva desolación: hombres afanosos que luchaban y se pisoteaban, soñando con la holgura, hacinados en barracas tan precarias como las del campo, entre palabras igualmente triviales y sin siquiera el consuelo de los horizontes abiertos. Además, la miseria despiadada, una explotación de la bestia humana nunca vista desde el tiempo de los esclavos. También se ocupa también de la novela La risa negra (1925). Escribe: Es la historia de un periodista de Chicago que se siente inútil y se hastía de la vida que lleva contando embustes al país y deambulando por las tertulias con su mujer intelectual y novelista. Más adelante añade: […] constituyen páginas que se cuentan entre las manifestaciones más inmediatas y profundas de la Norteamérica actual.

Pavese se encarga de mostrarnos cómo la obra de un escritor es influenciada por todas aquellas vivencias que lo han rodeado y en medio de las cuales se ha ido formando y ha ido llenando ese almacén en el fondo de su naturaleza humana, el cual sirve de alimento para sus creaciones literarias. Es una constante necesaria en la vida de los escritores y Pavese también lo ha experimentado.

Es así que Cesare Pavese nos conduce, por medio de sus ensayos, a través de la vida y obra de los escritores y poetas que se incluyen en el libro. De igual manera nos hace partícipes de sus experiencias literarias en los demás ensayos y artículos incluidos en este libro que recomiendo.

Las citas que se mencionan han sido tomadas de la edición Debolsillo del 2010.

 

 

Bibliografía:

La literatura norteamericana y otros ensayos, Cesare Pavese, Debolsillo, Barcelona, 2010.

 

Si me necesitas, llámame – Raymond Carver

Si me necesitas, llámame – Raymond Carver

“…y la vida continúa”. Esta frase venía a mi cabeza cuando llegaba al final de cada una de las cinco historias que están en el libro Si me necesitas llámame del escritor norteamericano Raymond Carver.

Estos cinco cuentos fueron una edición póstuma efectuada por Tess Gallagher –la viuda de Carver– varios años después de la muerte del escritor. Acerca de estos relatos, en la contratapa se lee: Historias en las que una y otra vez, y con distintos protagonistas, se narra ese instante de sombría belleza y terrible verdad en que, de repente, lo comprendemos todo, y la vida ya nunca podrá volver a ser la misma. Luego añade un comentario de John Sutherland del diario The Sunday Times: Es posible que Carver no publicara en vida estos relatos preocupado por su carácter transparentemente autobiográfico, y por las heridas que pudieran causar. Pero ahora son un inesperado, espléndido regalo para todos sus admiradores. Al leerlos, nos damos cuenta que el comentario tiene cierta validez.

El estilo de Raymond Carver  es, aparentemente, muy sencillo y austero en el uso de adornos literarios; cada una de las historias ha sido creada partiendo de situaciones comunes de la vida, aquellas situaciones que podrían pasar inadvertidas. Es allí donde reside la habilidad y maestría de Carver, al insertar en esas simples historias, el ingrediente necesario para mostrar el problema que envuelve la atmósfera del relato y, obviamente, al personaje o personajes que son afectados.

La lectura de sus cuentos me hace recordar el estilo de Chejov, cuyas historias también se encargan de esos temas comunes de la vida diaria y que pueden tener diferentes resultados dependiendo del tipo de personaje que se vea afectado.

Leña es el primer relato del libro; desde el inicio establece una situación: Era mediados de agosto y Myers estaba cambiando de vida. La única diferencia entre esta vez y las otras era que ahora estaba sobrio. Aquí nos narra el reinicio en la vida de un hombre, que había estado en un centro de desintoxicación para alcohólicos y su mujer lo había abandonado para irse con otro hombre que también era alcohólico. Encuentra alojamiento en una casa, se acomoda a la rutina y cotidianeidad del tiempo que viven los dueños de casa, sin mezclarse con ellos; en esa soledad interna de Myers, el narrador resalta la percepción que el personaje tiene del paisaje que lo rodea y lo ayuda a escribir.

El narrador nos va presentando de una manera natural a cada uno de los personajes –Myers, Bonnie y su esposa Sol, los dueños de casa– dando algunos detalles particulares de cada personaje, aparentemente sin importancia y, luego, a fin de lograr un enlace entre esos tres seres, los une –ante el lector– en una escena en la que inserta los sueños de cada uno de ellos; sueños acerca de cosas que tienen, o de aquello que no quieren volver a tener, o de lo que nunca han tenido, transmitiendo al lector la carga que llevan dentro de ellos. La escena inicia: Mientras aquellas tres personas dormían y soñaban, fuera la luna engordaba y se movía por el firmamento…

El sonido del río, muy cerca de la casa y los paisajes descritos por el narrador, dejan una imagen sutil de la libertad que Myers parece percibir en esa nueva etapa de su vida.

En el segundo cuento ¿Qué queréis ver?, Carver nos presenta a un narrador que es el personaje de la historia. Aquí también el alcoholismo está presente. La pareja protagonista está por dejar la casa que habían alquilado, debido a que tomarán caminos diferentes. En los diálogos resaltan las nuevas sensaciones que experimenta esa pareja ya que dejará la casa en orden, limpia, sin deudas y con el cariño de los dueños, algo que tiene un fuerte contraste con la vida pasada que habían llevado: […] veinte años de desorganización y continuas mudanzas […]. Eran una pareja que hacía casi un año que no bebían ni una gota. El dueño, quien les alquilaba la casa, era un alcohólico en recuperación.

Con los detalles que nos da el narrador y la manera en que se desarrolla la historia, provocan que el lector sea un testigo de lo que esas dos familias hacen habitualmente y que, sin embargo, se pueda percibir aquello a lo que se enfrentarán más adelante, inclusive después del punto final de la historia. Eso es lo que hacen los finales que fabrica Carver; llevan al lector a que siga pensando en lo que sucederá luego, es decir, a crearse un final propio.

El tercer relato lleva por título Sueños y también aparece un borracho, aunque esta vez en sueños. Una escena que se repite es la del protagonista mirando por la ventana, observando la vida de su vecina y enterándose de muchas cosas como, por ejemplo, que era separada del esposo (el conflicto matrimonial también presente en esta historia), cuándo entraba, cuándo salía, etc. Con los datos proporcionados por el narrador personaje no se ve ninguna actitud deshonesta en sus observaciones, sin embargo, al ser él parte de la historia y ser el que la cuenta, quedan flotando en el aire algunas conclusiones que hábilmente son dejadas para que el lector las analice. Un conflicto narrado por el mismo personaje, a raíz de un hecho triste, nos muestra a un hombre que creía que la vecina sabía quién era, sin embargo ella dice no conocerlo; esta escena de conflicto, muy bien puesta por el autor, lleva al lector a percibir que el vecino se sentía conocido de la vecina como producto de sus observaciones a través de la ventana. De ahí, llevará al lector a un final que lo hará sacar su propias conclusiones mientras piensa: “…y la vida continua”.

Vándalos, el cuarto relato inicia: Carol y Robert Norris era [sic] viejos amigos de Joanne, la mujer de Nick. La habían conocido tiempo atrás, mucho antes que Nick. Cuando aún estaba casada con Bill Daly. En aquella época, los cuatro –Carol y Robert, Joanne y Bill– eran recién casados y estudiaban el último curso de bellas artes en la Universidad de Seattle. La historia se desarrolla durante una visita que les hacen Carol y Robert a Joanne y Nick. Durante la narración estará presente la inquietud de Nick hacia los sentimientos de Carol y Robert hacia él, por haber sido el hombre que le quitó la esposa a Bill. Hay momentos que esa incomodidad de Nick se puede sentir a través de la lectura. Es el producto de la habilidad del autor.

Al igual que en los cuentos anteriores, el alcoholismo se hace presente, esta vez en la persona de Nick, un ex-alcohólico que había dejado de beber un año antes de conocer a Joanne. Durante la conversación en esa visita hablan de la delincuencia, la cual volverá a hacerse presente casi al final del relato y, sirve a su vez de preámbulo al final mismo de la historia en una escena entre Joanne y Nick, que también hará que el lector piense: “…y la vida continua”.

El último relato, a mi parecer, el mejor de todos sin desmerecer en absoluto los anteriores, es Si me necesitas llámame. Es la historia de la decisión que tomarán Nancy y Dan, casados y profesores universitarios. Desde el inicio, el narrador nos presenta la situación que envolverá a los protagonistas: Aquella primavera habíamos tenido una relación cada uno por su lado, pero cuando el curso acabó en junio decidimos alquilar nuestra casa de Palo Alto y marcharnos los dos a pasar el verano a la costa norte de California. Emprenden un viaje para ver si se divorciarán o no. Queremos estar solos durante un tiempo y ver si arreglamos las cosas. Su hijo, un adolescente, se quedará con la abuela.

El narrador nos muestra que cada uno había tenido una relación. El alcoholismo también se hace presente en esta historia; el hombre con quien salía Nancy bebía demasiado. El matrimonio, antes de emprender el viaje “decisivo para sus vidas”  decide algo: Acordamos que no nos llamaríamos, ni escribiríamos ni nos pondríamos en contacto de manera alguna con las otras dos personas.

Es una historia que, en nuestro mundo actual, podría no llamarnos la atención; sin embargo, es la manera en que Carver construye la historia, muestra las sensaciones, sentimientos, culpas y todo aquello que permite ver en los personajes algo que envuelve, que atrapa, que nos hace ver lo terrible y triste de la situación y nos arrastra a un final en el que palabras y sentimientos van y vienen con mucha fuerza, con aquella fuerza que brota del interior del alma en esos momentos difíciles y, es una fuerza incapaz de encubrir  sensaciones, deseos y sentimientos, simplemente brotan, es dura y directa, pero sincera. Y es ahí, en ese desenlace final en el que el lector, en medio de esa fuerte historia puede también pensar: “…y la vida continua”.

Son cinco relatos que tienen un común denominador: el alcoholismo y la separación matrimonial (ambos presentes en la vida del escritor); sin embargo, en cada uno de ellos se teje una historia diferente, simple y profunda y, en la forma en que nos es presentada encontraremos que  –al margen del desenlace que se nos dé, o que quisiéramos imaginar; al margen de lo triste o devastadoras que puedan resultar esas situaciones– siempre se hará presente la frase: “…y la vida continua”.

Bibliografía:

Si me necesitas, llámame. Raymond Carver, Anagrama, Barcelona, 2001

El geranio – Flannery O’Connor

El geranio – Flannery O’Connor

En publicaciones anteriores en este blog hemos podido ver algo de los personajes que pueblan las historias de Carson McCullers; sin embargo, en los cuentos de Flannery O’Connor, también escritora del sur de los Estados Unidos, podemos encontrar a los seres más extraños que conforman un enjambre de personajes repartidos en sus relatos en los que está presente un halo de fatalidad que forma parte de los escenarios en los que se desarrollan historias desgarradoras, de amargura, de crímenes, de fanatismo religioso, de finales violentos y, en medio de ellas a veces se llega a percibir en los personajes el recuerdo de momentos diferentes, alojados en su pasado.

Temas muy difíciles, duros, pero que sin embargo son parte del mundo que nos transmite O’Connor por medio de su literatura, de la literatura. El uso de la ficción por parte de la escritora pone de manifiesto esa habilidad que le ha valido ser considerada una de las mejores cuentistas de Norteamérica. A este uso de la ficción o deformación de la realidad, Claudio Magrís dijo: …a veces se debe deformar la realidad para entender su sentido y la verdad más profunda. Luego añade: …porque en una novela (y creo que también en el cuento) no nos limitamos a juzgar a la vida, la narramos con todas sus contradicciones. Y cuando leemos los relatos de O’Connor, nos saltan encima esas contradicciones en cada uno de sus personajes.

Flannery O’Connor, al igual que Carson McCullers, también sureña, estuvo aquejada de una enfermedad que la postró y la mató bastante joven. En el caso de O’Connor, estuvo aquejada de lupus. Mucho se ha dicho y especulado acerca del sufrimiento y postración que sufrieran estas escritoras haya podido, en alguna manera, influir en la creación de los personajes e historias que están presentes en su literatura y, tal vez, haya también influido en esa fuerza desgarradora que le imprimieron a cada uno de sus relatos.

El cuento El geranio está incluido en los Cuentos completos; en la contratapa de la edición de Debolsillo podemos leer: El genio lúcido y atormentado de Flannery O’Connor alcanza sus más altas cimas en el cuento, género que cultivó ininterrumpidamente desde sus años de estudiante hasta su prematura y trágica muerte. […] Las historias de este libro tienen como escenario los pueblos y las tierras del sur de Estado Unidos, especialmente su Georgia natal, un mundo decrépito y en ruinas cuyo secular abandono y pobreza ancestral aparecen marcados por la violencia y el odio. Pero más allá de la sordidez, los conflictos raciales, el asfixiante peso de la religión y la frustrada lucha por la libertad, hay siempre en estos cuentos una extraña belleza, una íntima exposición moral de la condición humana que trasciende la anécdota. […]

Los personajes centrales de este cuento son gente del campolo podemos leer en los pensamientos que dan vueltas en la cabeza del viejo Dudley–  que van a la gran ciudad, en este caso New York, y no precisamente a la mejor zona, como también se encarga de mostrárnoslo el viejo personaje central. Él es un hombre anciano que siente el peso de los años, aún para subir las escaleras del edificio, en donde vive con su hija que lo hizo venir con ella para no dejarlo sólo.

Ahí, en su nuevo hogar, aparecen las amarguras del viejo Dudley; nos transmite su sentido de desagrado e inutilidad en un mundo al que no pertenece y en el que recurre a sus recuerdos para rememorar los días en su pueblo, con Lutisha y Rabie, dos negros que lo acompañaban y hacían las labores. El relato empieza: El viejo Dudley se dobló en la silla que poco a poco iba amoldando a su cuerpo, miro por la ventana y, unos cuantos metros más allá, vio otra ventana enmarcada en ladrillos rojos manchados de tizne. Esperaba el geranio. Lo sacaban todas la mañanas, a eso de las diez, y lo entraban a las cinco y media. En el pueblo, la señora Carson tenía un geranio en la ventana. Allá en casa había muchos geranios, geranios más bonitos. “Los nuestros sí que son geranios –pensó el viejo Dudley–, no como esta cosa rosa y verde con lazos de papel.” El geranio que ponían en la ventana le recordaba a Grisby, el chico del pueblo que tenía la polio, al que había que sacar todas las mañanas en la silla de ruedas y dejarlo pestañeando al sol.” Al leer el relato podemos pensar que tal vez veía reflejada, en la figura de ese geranio, una condición similar en ese momento de su existencia, que lo lleva en algún momento a renegar de que su hija cumpliera con su maldito deber de hija y llevarlo con ella a la ciudad, a la que, en un momento de súbito e inesperado ánimo, aceptó a ir y que se convertiría en un constante lamento en sus días ya apartado del campo.

En el edificio donde vive, seremos testigos de los rezagos de discriminación racial que aún anidaban en el corazón del viejo Dudley y como todas las sensaciones que lo rodean y le hacen sentir su peso, lo llevan a un llanto calmo pero a la vez desolador al sentir su situación, la que llegamos a percibir gracias a la pluma de O’Connor.

El geranio estará presente en el final de la historia, sirviendo de enlace para mostrarnos la situación del viejo protagonista y el lugar que ocupa en ese departamento en la ciudad de New York. Obviamente, no revelaré el final, pero pueden leer el cuento (no la traducción de la edición Debolsillo) aquí e internarse en la historia del geranio y el viejo Dudley y, así, conocer algo del estilo de Flannery O’Connor.

 

Bibliografía:

Cuentos completos, Flannery O’Connor, Debolsillo, Buenos Aires, 2007

Desayuno en Tiffany’s – Truman Capote

Desayuno en Tiffany’s – Truman Capote

Una imagen de la Quinta Avenida en New York; por la iluminación y las calles vacías se puede sentir que hace poco ha amanecido en esa ciudad que nunca duerme (como lo dice la canción New York, New York); un taxi amarillo viene desplazándose hasta detenerse frente al local de Tiffany & Co, la famosa joyería. Como fondo suenan las notas de Moon River; del taxi desciende una mujer que viste un traje negro, largo y ceñido, lleva un collar de perlas, empieza a caminar hacia una de las vitrinas y contempla las joyas mientras de una bolsa de papel saca un pan y un vaso descartable de café y empieza a tomar su desayuno. La melodía de la canción sigue acompañando la escena.

Hay películas que, siendo adaptaciones de novelas, han prevalecido como tales en el recuerdo de los espectadores llegando a mantener oculta la novela en que se basaron. Esto sucedió con Desayuno en Trffany’s, una novela corta escrita por Truman Capote, la cual fue luego llevada al cine teniendo a Audrey Hepburn en el papel de Holly Golightly. Al mencionar el título, las personas recuerdan principalmente, la película y a la mencionada actriz en el papel principal.

Si bien es cierto que la película tuvo cinco nominaciones al Oscar, ganando dos de ellas, el guión creado para esa producción se ocupó, aparentemente, de mostrar el lado gracioso o cómico de la historia que nos cuenta un narrador anónimo, el cual es también parte de la historia. Este personaje sin nombre –que era un escritor que empezaba y  aún no había publicado un libro–, empieza recordando el edificio en que tuvo su primer departamento neoyorquino; esas evocaciones se dan en un bar que frecuentó en esos tiempos junto con Holly. El narrador nos dice: Jamás se me ocurrió, en aquellos tiempos, escribir sobre Holly Golightly, y probablemente tampoco se me hubiese ocurrido ahora de no haber sido por la conversación que tuve con Joe Bell, que revivió de nuevo todos los recuerdos que guardaba de ella.

Holly Golightly era una de las inquilinas del viejo edificio de piedra arenisca; ocupaba el apartamento que estaba debajo del mío. Por lo que se refiere a Joe Bell, tenía un bar en la esquina de Lexington Avenue; todavía lo tiene. Holly y yo bajábamos allí seis o siete veces al día, aunque no para tomar una copa, o no siempre, sino para llamar por teléfono: durante la guerra era muy difícil que te lo instalaran. Además, Joe Bell tomaba los recados mejor que nadie, cosa que en el caso de Holly Golightly era un favor importante, porque recibía muchísimos.

Durante su evocación, ese narrador nos irá presentando a Holly, física y emocionalmente. Quienes hemos visto Desayuno en Tiffany’s, al leer la descripción de Holly, nos viene a la memoria la imagen de Audrey Hepburn en la escena inicial de la película: […] Holly llevaba un fresco vestido negro, sandalias negras, collar de perlas. Pese a su distinguida delgadez, tenía un aspecto casi tan saludable como un anuncio de cereales para el desayuno, una pulcritud de jabón al limón, una pueblerina intensificación del rosa en las mejillas. Tenía la boca grande, la nariz respingosa. Unas gafas oscuras le ocultaban los ojos. Era una cara que ya había dejado atrás la infancia, pero que aún no era de mujer. […]

La Holly de la novela guarda algunos datos de su vida que no se hacen presentes en la película, obviamente debido al aspecto risueño que le quieren dar, lo cual no estuvo nada mal y tuvo el respaldo no sólo de las nominaciones al Oscar sino, también, el recuerdo entre los cinéfilos. Dentro de esa manera de vivir el día presente sin importar lo que venga mañana, resalta su vida nocturna, relacionándose con personas influyentes de la ciudad de New York y, dentro de esa actividad podemos percibir algunos detalles que nos da la misma Holly: No hay nada en el mundo que deteste tanto como los hombres que te dan mordiscos. […] se puede ganar lo mismo haciendo expediciones al tocador: todo caballero que se un poco chic te da cincuenta dólares para ir al lavabo, y siempre pido además para el taxi, que son otros cincuenta. Sin embargo, durante una conversación con su amigo, el narrador sin nombre, le dice que ha tenido once amantes. A lo largo de la corta novela se podrán encontrar más datos que forman parte de las vivencias de la protagonista. Ella quiere conseguir un hombre millonario con quien casarse.

Sin embargo, el eje de la vida de Holly es la constante huida, al parecer de sí misma. Ya había dejado su hogar, formado tal vez por necesidad, al estar solos, ella y su hermano en el mundo; terminó casándose muy pero, muy joven con un hombre mayor al que decide dejar. Es también un reflejo del conocido “sueño americano” que parece alborotar la cabeza a muchas personas. Holly demuestra tener un compromiso consigo misma, no con las personas que la rodean porque su pensamiento está en sí misma. Evita cimentar una relación, aunque sea de amistad, ya que teme se conviertan en algo que la detenga en su loca huida por la vida. Eso lo pone de manifiesto en la escena en la que despide a su esposo que había ido a buscarla. Todo esto es una muestra del talento de Truman Capote para construir esta historia, mostrando el lado humano, con sus debilidades, defectos y sentimientos de una joven que está persiguiendo sus sueños, su libertad y esto nos muestra que no todos tenemos los mismos sueños ni las mismas ansias de libertad pero, que, viendo la historia de Holly, ella está decidida a alcanzarlos y sólo cuenta lo que viva en el día que le toca vivir.

La pluma de Capote lleva al lector a percibir algunos contrastes en la acelerada vida de Holly, como el cuidado y la preocupación que tiene hacia su gato, algo que no muestra ni consigo misma. Es una muchacha que en ningún momento muestra visos de ser capaz de hacerle mal a nadie. Con el narrador llega a formar una relación de amistad, muy diferente a la que dice tener con los amigos que frecuenta noche a noche. Ella es quien lo ayuda para encontrar el contacto que le ayude para publicar su primer libro, algo que no sucede mientras están juntos.

Los sucesos que presenta la historia y la forma en que nos lo cuenta el narrador, nos hace ser testigos de situaciones de tensión que conducirán al desenlace final y, en medio de esas situaciones, estará presente la despreocupación, el desapego y las ansias de libertad de Holly. Una historia que nos hace pensar acerca de la actitud de la protagonista y la actitud frente a la vida que puede anidar en cada uno de nosotros.

 

Bibliografía:

Desayuno en Tiffany’s, Truman Capote, Debolsillo, Buenos Aires, 2011