Crónica de una muerte anunciada – Gabriel García Márquez

Crónica de una muerte anunciada – Gabriel García Márquez

El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Son las primeras palabras que dan inicio a la obra del Premio Nobel de Literatura 1982. Se trata de una historia real, acerca de la cual García Márquez efectuó una labor de investigación y la pasó al papel en forma de crónica periodística. Empieza por el desenlace, anunciando que el Santiago Nasar sería asesinado.

A través de la historia, aparte de disfrutar del estilo del escritor colombiano, podemos ser testigos de los hechos que logra recuperar por medio, no sólo de investigaciones sino, también, de conversaciones con los protagonistas, muchos años después de lo sucedido.

La historia nos cuenta el asesinato de Santiago Nasar por medio de los hermanos Pedro y Pablo Vicario. El motivo fue que la hermana de ellos, Ángela Vicario, fue devuelta en su misma noche de bodas por su esposo Bayardo San Román; el motivo: descubrió que no llegaba virgen al matrimonio. Luego de la paliza que le propina la madre señaló como culpable a Santiago Nasar.

Nunca se pudo probar tal acusación; el comportamiento de Santiago nunca demostró que él hubiera sido con quien Ángela perdiera su virginidad.

Esa confesión causó que los hermanos decidieran matar a Santiago con el fin de limpiar la honra de la familia. Criaban y mataban cerdos, fue por eso que fueron a matar a Santiago utilizando los cuchillos con que mataban a los cerdos.

Todo eso ocurre aun cuando el pueblo seguía celebrando la fiesta de la boda, la cual fue todo un acontecimiento. La víctima y sus asesinos formaban parte del mismo grupo de jóvenes y todos se resistían a creer que Santiago fuera el culpable. El narrador menciona: Yo estuve con él todo el tiempo, en la iglesia y en la fiesta, junto con Cristo Bedoya y mi hermano Luis Enrique, y ninguno de nosotros vislumbró el menor cambio en su modo de ser. He tenido que repetir esto muchas veces, pues los cuatro habíamos crecido juntos en la escuela y luego en la misma pandilla de vacaciones, y nadie podía creer que tuviéramos un secreto sin compartir, y menos un secreto tan grande.

Una de las cosas que no se llegan a explicar es la manera en que los hermanos Nazario estuvieron contando que iban a matar a Santiago Nasar; hubo mucha gente que lo supo y, sin embargo, nadie lo impidió.  Sin embargo, la realidad parecía ser que los hermanos Vicario no hicieron nada de lo que convenía para matar a Santiago Nasar de inmediato y sin espectáculo público, sino que hicieron mucho más de lo que era imaginable para que alguien les impidiera matarlo, y no lo consiguieron. El narrador nos refiérelo siguiente en relación a una de las testigos: Tenía la certidumbre de que los hermanos Vicario no estaban tan ansiosos por cumplir la sentencia como por encontrar a alguien que les hiciera el favor de impedírselo. Más adelante el narrador añade: …y éramos muy pocos quiénes no sabíamos que los gemelos Vicario estaban esperando a Santiago Nasar para matarlo, y se conocía además el motivo con sus pormenores completos.

A parte de esto, la historia nos muestra todas esas casualidades que la vida le puso por delante a Santiago para que llegara el momento en que se encontrara frente a sus asesinos; como si la vida hubiera querido que ese destino trazado para Santiago no pueda desviarse. También podemos ver la actitud del pueblo que conocía la noticia y lo que algunos hicieron y lo que otros no hicieron, así como percibir el olvido en el que vivía el pueblo, el cual se confirma en la actitud del obispo al acercarse a un pueblo en que sus habitantes, incluido el padre de la iglesia, esperaban por él. Todos esos detalles los podemos leer en las magníficas páginas escritas por Gabriel García Márquez.

 

Bibliografía:

Crónica de una muerte anunciada. Grupo Editorial Norma, Bogotá, 2003.

Cuentos de amor de locura y de muerte – Horacio Quiroga

cuentos de amor de locura y de muerteHoracio Quiroga es considerado uno de los maestros del cuento latinoamericano. Cuentos de amor de locura y de muerte, Mestas Ediciones, Madrid, 2005, contiene dos de los libros de cuentos escritos por Quiroga: Cuentos de amor de locura y de muerte  publicado el año 1917 y Los desterrados, publicado en 1937.  En cada uno han incluido seis relatos; cada uno de  ellos fue publicado en diarios y revistas de la época. De los incluidos, el cuento Insolación es el de publicación más antigua: 1908.

En cada uno de sus cuentos, las historias se desarrollan en atmósferas de locura, crimen y hasta alucinaciones de sus personajes. El libro se inicia con La gallina degollada, uno de sus relatos más estremecedores: Todo el día, sentados en el patio de un banco, estaban los cuatro hijos idiotas del matrimonio Mazzini-Ferraz. Tenían la lengua entre los labios, los ojos estúpidos y volvían la cabeza con la boca abierta. […] El mayor tenía doce años, y el menor, ocho. En todo su aspecto sucio y desvalido se notaba la falta absoluta de un poco de cuidado maternal. Estos cuatro idiotas, sin embargo, habían sido un día el encanto de sus padres. […] Con los mellizos pareció haber concluido la aterradora descendencia. Pero pasados tres años desearon de nuevo ardientemente otro hijo, confiando en que el largo tiempo transcurrido hubiera aplacado a la fatalidad. […] Nació así una niña. Vivieron dos años con la angustia a flor de alma, esperando siempre otro desastre. Nada acaeció, sin embargo, y los padres pusieron en ella toda su complacencia, que la pequeña llevaba a los más extremos límites del mimo y la mala crianza. […] …no hubo ya para los hijos mayores afecto posible. (p.13,15,16,17) El escritor sigue tejiendo la historia y lleva al lector a ser testigo de un final… El cuento pueden leerlo aquí.

En sus relatos se percibe la influencia de Edgar Allan Poe para tejer las historias. Estas líneas de  El hombre muerto nos dan otra muestra de la narrativa de Quiroga: El hombre y su machete acababan de limpiar la quinta calle del bananal. Faltábanles aún dos calles, pero como en éstas abundaban las chircas, y malvas silvestres, la tarea que tenían por delante era muy poca cosa. El hombre echó en consecuencia una mirada satisfecha a los arbustos rozados y cruzó el alambrado para tenderse un rato en la gramilla. Más al bajar el alambre de púa y pasar el cuerpo, su pie izquierdo resbaló sobre un trozo de corteza desprendida del poste, a tiempo que el machete se le escapaba de la mano. Mientras caía, el hombre tuvo la impresión sumamente lejana de no ver el machete de plano en el suelo. […] …tras el antebrazo, e inmediatamente por debajo del cinto, surgían de su camisa el puño y la mitad de la hoja del machete; pero el resto no se veía. […] El hombre intentó mover la cabeza, en vano. Echó una mirada de reojo a la empuñadura del machete, húmeda aún del sudor de su mano. Apareció mentalmente la extensión y la trayectoria del machete dentro de su vientre, y adquirió, fría, matemática e inexorable, la seguridad de que acababa de llegar al término de su existencia. (p.111) Y Horacio Quiroga continúa desarrollando el relato de manera sorprendente hasta conducirnos al final de la historia. Este cuento puede leerlo aquí.

Acerca del libro que contiene este cuento, en la contratapa del libro se lee: “Los desterrados es la obra más compleja y equilibrada de Horacio Quiroga. Es un libro, su libro. En un libro hondo, que no puede interesar al lector superficial. En él se concentran una vida y una experiencia estéticas. Este mundo es su mundo. Quiroga también es uno de los desterrados”.

Horacio Quiroga, autor del Decálogo del perfecto cuentista, vivió también en la provincia argentina de Misiones, colindante con Paraguay y Brasil y se convierte en escenario de varios de sus cuentos.

 

Carlos E. Tupiño