Primavera de café – Joseph Roth

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El último encuentro – Sándor Marai

El último encuentro – Sándor Marai

Una exploración por los sentimientos que forman parte de la naturaleza humana.

Siempre resulta interesante ir descubriendo nuevos autores y sus trabajos literarios. Obviamente, habrá oportunidades en las que nos decepcione alguno de aquellos a quienes nos acercamos para internarnos en su narrativa.

El caso del escritor húngaro Sándor Márai, es uno de aquellos que con sus obras atrapa al lector. Fue hace unos años, que un escritor me recomendó leer a Márai; sin embargo, pasó el tiempo y fueron obras de otros autores las que desfilaron delante de mis ojos.

En uno de mis recorridos por las librerías encontré, hace poco, la colección Libros de bolsillo de la Editorial Salamandra. Recordé que las obras de Márai eran publicadas en ese sello editorial y encontré algunos títulos; siguiendo algunas recomendaciones decidí por El último encuentro y, a decir verdad, no me arrepiento haber escogido esa novela; por el contrario, ha sido el inicio para continuar con la lectura de las demás novelas de este extraordinario escritor.

Al leer en la contratapa, algo se nos anuncia: Un pequeño castillo de caza en Hungría, al pie de los Cárpatos, donde alguna vez se celebraron elegantes veladas y cuyos salones decorados al estilo francés se llenaban de la música de Chopin, ha cambiado radicalmente de aspecto. El esplendor de antaño se ha desvanecido, todo anuncia el final de una época. Dos hombres mayores, que de jóvenes habían sido amigos inseparables, se citan a cenar tras cuarenta años sin verse. Uno ha pasado mucho tiempo en Extremo Oriente; el otro, en cambio, ha permanecido en su propiedad. Pero ambos han vivido a la espera de este momento, pues entre ellos se interpone un secreto de una fuerza singular. […]

La historia que desarrolla Márai, sirve para ser testigos de su maestría en el manejo de esas emociones que anidan en la naturaleza humana. A lo largo de la lectura de esta breve novela, nos encontramos con diálogos interiores y extensos parlamentos de alguno de los personajes que con cada palabra que dice, va llenando la atmósfera de la escena con sentimientos que provienen de lo más hondo de un ser humano; sus dudas, sus temores, las preguntas que aguardan o han aguardado una respuesta durante cuarenta años; todo eso se junta alrededor de los personajes y llevan al lector hasta el final.

Desde el inicio, la voz que nos narra la historia empieza a captar la atención del lector: El general se entretuvo casi toda la mañana en la bodega del lugar. Había salido al viñedo de madrugada, junto con el vinatero, para ver qué se podía hacer con dos barriles de vino que habían empezado a fermentar. Eran las once pasadas cuando terminaron de embotellar el vino, entonces regresó a la casa. Bajo las columnas del porche de piedras húmedas que olían a moho le esperaba el montero, para entregar a su señor una carta que acababa de llegar. […] Hacía años que no leía ni abría ninguna carta. El correo lo abría, lo examinaba y seleccionaba uno de sus sirvientes de confianza […] Reconoció la letra, cogió la carta y la guardó en el bolsillo. […] El general sacó la carta del bolsillo, alisó el papel con gran cuidado y, con las gafas caladas, volvió a leer las frases cortas y rectas, escritas con letra fina, a la luz resplandeciente de la lámpara. […] En una pared había un almanaque de números enormes. […] Contaba el tiempo transcurrido entre una fecha remota y aquel día. Cuarenta y un años, dijo en voz alta. […]

Entre las escenas en que lee la carta, el general da las órdenes al personal para que preparen todo lo necesario para recibir al autor de esa carta.

Los capítulos se encargarán de introducirnos en los preparativos, situaciones y sensaciones que envuelven al general antes del encuentro; luego nos llevarán a través del recuerdo desde que se conocieron en general, de nombre Henrik y Konrád, el amigo que lo visita después de esas décadas. También aparece un personaje de nombre Nini, con noventa y un años a cuestas; la mujer que se encargó de criar al general.

Al final de cada capítulo, el narrador se encarga de cerrarlo con palabras que dejan expuestas las dudas y, también, los sentimientos entre los dos amigos y acerca de las diferentes situaciones que van aflorando como producto de ese encuentro.

La prosa de Sándor Márai funciona como un escalpelo que va diseccionando los sentimientos que anidan en lo profundo del corazón del general, de tal forma que el lector percibe que esos sentimientos anidan en la naturaleza humana y, para lograr ese efecto, utiliza magistralmente la voz del narrador como, también, la voz del propio personaje. Igualmente, se encarga de mostrar con igual precisión lo que transmiten los lugares en que se desarrollan las escenas.  A continuación, algunos fragmentos:

La mansión lo comprendía todo, como una enorme tumba de piedra tallada donde se desmoronan los restos de varias generaciones y se deshacen las vestimentas de seda gris y paño negro de las mujeres y de los hombres de antaño. […]

Uno siempre conoce la verdad, la otra verdad, la verdad oculta tras las apariencias, tras las máscaras, tras las distintas situaciones que nos presenta la vida. […]

[…] Los dos viejos se contemplaron con ojos de experto, adoptando la actitud que suelen tomar las personas mayores al examinar los fenómenos corporales: con mucha atención, fijándose en lo esencial, en los últimos indicios de vida, en los rescoldos de las ganas de vivir que todavía se reflejaban en sus rostros y en sus posturas.

[…] Porque los secretos como el que se interpone entre nosotros tienen una fuerza peculiar. Queman los tejidos de la vida, como unos rayos maléficos, pero también confieren una tensión, cierto calor a la vida. Te obligan a seguir viviendo… […]

Conforme avanza el relato el lector se va enfrentando a ese secreto entre ambos hombres, a esas dudas que han estado presentes durante esas décadas, especialmente en la vida del general. Esa reunión tiene un significado especial que el narrador poco a poco se encargará de mostrar o, tal vez se pueda decir que, se encargará de transportar al lector para hacerlo testigo de esas revelaciones en medio de una atmósfera de sentimientos y dudas del ser humano.

Esta novela de Sándor Márai es una excelente muestra de creación literaria.

 

Bibliografía:

El último encuentro, Sándor Márai, Salamandra, Letras de Bolsillo, Barcelona, 2010.

 

Historias – Robert Walser

Historias – Robert Walser

Si los poetas como Walser se contaran entre los espíritus que gobiernan, no habría guerras. Si tuviera cien mil lectores, el mundo sería mejor. Sea como fuere, el mundo será justificado por haber gente como Walser”. – Hermann Hesse. Estas palabras podemos leerlas en la contratapa de Historias de Robert Walser.

Desde la primera historia quedé seducido por la simpleza de la pluma del escritor suizo. Historias contadas con un lenguaje sencillo que, sin embargo, inducen al lector a pensar en ellas, a releerlas, a buscar algo más en la historia, en los personajes, en las situaciones que el escritor ha dejado grabadas en ese hermoso libro.

Robert Walser nos cuenta historias de poetas, de escritores, de gente de teatro y nos lleva a escenarios, por medio de palabras, en los que nos hace ser testigos de lo que quiere transmitir con sus descripciones llenas de un lenguaje muy personal y poético que incluye metáforas y personificaciones de objetos que resaltan y dan fuerza a la historia

En el relato Kleist en Thun (probablemente referida al escritor Heinrich von Kleist), nos cuenta etapas en la vida de un escritor, lo que sufre, sus frustraciones, exigencias, lo que percibe un domingo o las tardes de verano en los alrededores de Thun. Éste es uno de los relatos más extensos. Llamó mi atención la siguiente descripción: Luego vienen las tardes de verano. Kleist se sienta en el alto muro del cementerio. Hay muchísima humedad y a la vez un gran bochorno. Se abre la casaca para dejar el pecho libre. Abajo, como arrojado a las profundidades por la poderosa mano de un dios, yace el lago iluminado por luces rojizas y amarillentas, aunque toda esa iluminación parece flamear desde el fondo del agua. Es como un lago en llamas. Los Alpes han cobrado vida y sumergen sus frentes en el agua haciendo gestos fabulosos. Los cisnes nadan allá abajo en torno a su isla tranquila, y las copas de los árboles flotan por encima en una beatitud oscura, cantarina, perfumada. ¿Por encima de qué? De nada, de nada. Kleist bebe todo aquello. El lago entero con su oscuro brillo le parece una alhaja sobre el gran cuerpo dormido de una mujer desconocida.  Los tilos, abetos y flores embalsaman el aire. (p.89).

Uno de los excelentes relatos lleva por título Incendio en el teatro; desde el inicio nos sitúa en el contexto de la historia: Era aquella una época singular. Más vale silenciar las peculiaridades del orden social entonces imperante, porque nos producirían demasiada cólera. Dondequiera que uno fuese reinaban una prodigalidad y una sed de placeres inauditas, además de un lujo sin igual. Y todo le estaba permitido a la osadía y a la ambición. El monedero dictaba las leyes. Pese a la miseria en que vivían los pobres, había tal cantidad de gente que a la vida del individuo no se le daba importancia alguna. Un cuerpo policial era tan inexistente a la sazón como una iglesia; […] Eran tiempos en los que cada cual debía defenderse y hacerse justicia por sí solo. Y esa época terrible poseía, no obstante, una cosa: un teatro espléndido. (p.55) Es en este ambiente en que el narrador nos hace partícipes del pánico y el horror experimentado por las personas en el incendio en el teatro.

En Paganini. Variación, uno de los relatos cortos, Walser nos da otra muestra de su uso del lenguaje e imaginación para describir las espectaculares interpretaciones del violinista italiano. Así podría ir mencionando cada uno de ellos, como  La prueba de talento. Alcoba de la actriz aúlica Benziger en la que sólo habla una persona; la historia de Wenzel, un joven que quería ser actor, o Teatro de gatos, en donde, por medio de gatos nos presenta una historia en la qu se muestran aspectos buenos y malos de los seres humanos. Lo cierto es que en cada uno de los 21 relatos podemos ser testigos de ese estilo tan especial del escritor suizo Robert Walser.

Bibliografía:

Historias, Robert Walser, Ediciones Siruela, Madrid, 2010

 

Carlos E. Tupiño