Sobre París – Ernest Hemingway

Sobre París – Ernest Hemingway

Hay veces en las que, sin proponérmelo, he encontrado alguno de esos libros que puedo clasificar como excelentes. Eso me sucedió mientras revisaba la página web de una librería y vi un título que me llamó la atención: Sobre París y el autor era nada menos que Ernest Hemingway. Leí el breve texto que habían publicado de la contratapa pero, la verdad, no me decía mucho y me pareció que podría tratarse de crónicas. Separé el libro para revisarlo.

Unos días después estaba en la librería revisándolo y pude ver que se trataba de una selección de artículos que Hemingway escribió para el diario canadiense The Toronto Star. Clara Pastor, autora del Prólogo escribió: “Todos los artículos de la selección que presentamos fueron escritos desde París entre abril de 1922 y abril de 1923, salvo los tres últimos, que Hemingway escribió desde Toronto, […]”

Estos artículos son una excelente oportunidad para deleitarnos en el estilo del joven Hemingway quien, en esos textos periodísticos nos da una muestra de lo que se puede obtener al mezclar, con maestría, el periodismo y la literatura. La mencionada autora del Prólogo da cuenta de esa particularidad: “[…] De hecho, estos textos reflejan perfectamente algo que descubrimos leyendo al Hemingway cuentista que contar las cosas restándoles carga dramática, con una economía de lenguaje y sobriedad muy bien calculadas, tiene el efecto de volverlas sistemáticamente más dramáticas, ya sea por la visión grotesca de individuos que confunden la ebriedad con el conocimiento del verdadero París o por las corruptelas del gobierno con las cuentas públicas.”

Desde el primer artículo Vivir con 1,000 dólares al año en París, publicado el 4 de febrero de 1922 podemos apreciar lo conciso y preciso en su escritura, siempre acompañados de detalles que provienen de la cualidad de observador que caracterizó al escritor norteamericano.

Cada una de sus crónicas nos permite visitar el París de esos años y ser testigos de escenas de la política, sociedad, turismo, arte, música, los inmigrantes rusos y temas de los más diversos. Estos textos son una ventana por la que podemos dar un vistazo a una época de la historia. Por ejemplo, en el artículo París está lleno de rusos, de febrero de 1922, nos da cuenta del exilio de la aristocracia rusa luego de la revolución y la forma en que empezaron a vivir en París.

En el artículo La locura de Poincaré, publicado en febrero de 1922, escribió:  “[…] entonces Francia volverá a ocupar su lugar como una nación que busca lo mejor para los suyos y para el mundo en general, […].” Estas palabras me hicieron recordar las que escribió Victor Hugo con ocasión de la Exposición Universal de París en 1867 acerca de su amado país: “[…] Ya no serás Francia, serás Humanidad; […].” (En Elogio de París, Editorial Gadir, Madrid, 2011, p.115)

Es un libro que recomiendo porque, a través de los veintinueve artículos que contiene, nos permite apreciar los textos periodísticos de Hemingway y ver en ellos no sólo parte de la historia sino, también, los asomos de ese estilo que podemos encontrar en sus cuentos, en los que llegó a ser considerado por muchos como un maestro por esa técnica que revelaba sólo lo necesario y escondía muchos datos dándole al lector la tarea de descubrirlos o imaginarlos.

 

 

Bibliografía:

Sobre París, Ernest Hemingway, Editorial Elba, S.L., Barcelona, 2012

Elogio de París, Victor Hugo, Editorial Gadir, Madrid, 2011

 

Carlos E. Tupiño
Abril, 2014

Colinas como elefantes blancos – Ernest Hemingway

Colinas como elefantes blancos – Ernest Hemingway

En una entrevista con Plinio Apuleyo Mendoza, el escritor Gabriel García Márquez dijo –en referencia a la técnica de Hemingway: […] el consejo aquel de que un cuento, como el iceberg, debe estar sustentado en la parte que no se ve: en el estudio, la reflexión, el material reunido y no utilizado directamente en la historia. (El Olor de la guayaba, Grupo Editorial Norma, Bogotá, 2005).

En la entrada de la semana pasada pudimos ver cómo el escritor utilizó esa técnica en el cuento Gato bajo la lluvia. En esta oportunidad veremos otra muestra del iceberg o del dato escondido que, con toda maestría, utilizó Ernest Hemingway en el relato Colinas como elefantes blancos.

Esta historia se centra en el diálogo que sostienen “el americano y la chica que iba con él” mientras esperan el tren en el bar de una estación. Sólo se sabe que el tren venía de Barcelona para continuar hacia Madrid. En el primer párrafo, Hemingway se encarga de presentarnos la atmósfera en la que se encuentran, la cual se irá cargando mientras se desarrolla el diálogo entre la pareja.

Aparte de los dos personajes mencionados, en la historia también aparece la mujer que atiende en el bar. Se hace presente solamente tres veces y en cada una de sus apariciones marca el cambio del tono en el diálogo que sostiene la pareja. Viniendo de Hemingway, esto no es una coincidencia.

Volviendo al americano y a la chica, al leer el desarrollo del diálogo nos preguntamos: ¿De qué están hablando? ¿A qué se refieren? Para poder pensar en posibles respuestas no debemos olvidar que el cuento estuvo escrito en 1938, año en que el escritor efectuó la recopilación de sus cuentos. La conversación, en un inicio aparentemente intrascendente, transcurre mientras beben unas cervezas y un anís en medio de ese ambiente caluroso y, de pronto, el americano dice:

–La verdad es que se trata de una operación de lo más simple, Jig –dijo el hombre–. Ni siquiera puede decirse que sea una operación.

La chica miró al suelo, sonde se apoyaban las patas de la mesa.

–Sé que no te afectará, Jig. No es nada, de verdad. Es solo para dejar que entre el aire.

La chica no dijo nada.

–Iré contigo y estaré todo el tiempo a tu lado. Tan solo dejan que entre el aire y luego todo es perfectamente natural.

–¿Y qué haremos luego?

–Luego estaremos bien. Igual que estábamos antes.

–¿Qué te hace pensar eso?

–Eso es lo único que nos preocupa. Es lo único que nos hace infelices

La chica miró la cortina de tiras, extendió la mano y cogió dos de las tiras.

–¿Y crees que luego todo irá bien y seremos felices?

–Sé que lo seremos. No debes tener miedo. Conozco a muchas personas que lo han hecho.

–Y yo –dijo la chica–. Y luego han sido muy felices. (Ernest Hemingway, Cuentos, Lumen, Argentina, 2007, p.332 – 333).

En ese cambio que se da en la conversación, vemos al americano “animando” o “convenciendo” a la chica para hacer algo que, aparentemente, eliminaría aquello que les preocupa y les impide ser felices. Pero, ¿a qué se refieren? ¿Qué es eso que han hecho esas “muchas personas” y que “luego han sido muy felices”. Es algo que genera dudas y temores en el americano y la chica. Se percibe algo que no es aceptado, ya sea por sus allegados o por la sociedad.

Sin embargo, el sentir en el diálogo cambia de bando; ahora es el hombre quien, aparentemente, no quiere que la chica haga “eso” y es ella quien quiere hacerlo para complacerlo y estar bien.

–Bueno –dijo el hombre–, si no quieres no tienes que hacerlo. No te obligaría a hacerlo si no quisieras. Pero sé que es algo de lo más sencillo.

–¿Y lo quieres de verdad?

–Creo que es lo mejor. Pero no quiero que lo hagas si realmente no quieres hacerlo.

–¿Y si lo hago serás feliz y las cosas serán como antes y me querrás?

–Te quiero ahora. Sabes que te quiero. (Ibid., p.333)

¿A qué se referirá la chica al preguntarse …y las cosas serán como antes…? Entonces podemos preguntarnos ¿Antes de qué? Más adelante, en el transcurrir del diálogo, el americano dirá a la chica:

–Claro que significa algo para mí. Pero no quiero a nadie más que a tí. No quiero a nadie más. Y sé que es de lo más sencillo. (Ibid., p.335)

A estas alturas del relato (no necesariamente en la primera lectura), creo que tenemos en mente alguna o algunas respuestas tratando de encontrar ese dato que el escritor no nos ha revelado y, que nos llevará de la mano hasta el final de la historia sin permitir que perdamos el interés. Nos pone como testigos de una conversación ya comenzada –de suma importancia para esa pareja–, cuyo motivo principal tendremos que encontrar en nuestra imaginación porque, como ya lo dijo Hemingway: Lea usted cualquier cosa que yo escriba por el placer de leerla. Todo lo demás que usted encuentre, será la medida de lo que usted mismo aportó a la lectura. Entonces, disfrutemos de ese texto y saquemos nuestras conclusiones.

 

Bibliografía:

Cuentos, Ernest Hemingway, Editorial Sudamericana, S.A., sello Lumen, Buenos Aires, 2007

El Olor de la guayaba, Grupo Editorial Norma, Bogotá, 2005

 

Carlos E. Tupiño

Gato bajo la lluvia – Ernest Hemingway

Gato bajo la lluvia – Ernest Hemingway

El Premio Nobel de Literatura 1954 destacó más por sus cuentos que por sus novelas. Fue en el relato corto en donde mostró una maestría inigualable. Desarrolló, como ninguno, la llamada “teoría del iceberg” o, como lo llama Vargas Llosa, “el dato escondido”.

Al leer los cuentos de Hemingway nos encontramos en la situación de buscar algo que les falta y esto provoca que nuestro interés y afán crezcan en busca de ese dato faltante que, por extraño que parezca, a pesar de estar escondido lo tenemos frente a nuestra imaginación aún mucho después de haber terminado la lectura, lo cual, nos impulsa a re-leer la historia una y otra vez con la misma atención e interés.

Gabriel García Márquez dijo que lo mejor que tienen sus cuentos es la impresión que causan de que algo les quedó faltando, y es eso precisamente lo que les confiere su misterio y su belleza.  (En Mi Hemingway personal, publicado al inicio de Cuentos, Ernest Hemingway).

Enrique Vila-Matas también refirió que lograba siempre que lo más importante de la historia nunca se contara. Es decir, que la historia secreta del cuento se construía con lo no dicho, con el sobreentendido y la alusión. (ELPAÍS.COM el 08.06.2000)

Este dato faltante lo podemos encontrar en: Los asesinos, Colinas como elefantes blancos, El viejo en el puente, El gran río Two-Hearted, Gato bajo la lluvia –según García Márquez el cuento donde mejor se condensan sus virtudes– y muchos otros.

En el cuento Gato bajo la lluvia el lector se ve en la necesidad de buscar el desenlace de la historia, de recurrir a su imaginación, a lo que la lectura del texto le ha dejado en su interior. A través de las situaciones que muestra el autor, podemos deducir el estado de los personajes, lo que desean dejar y lo que desean tener.

En el hotel solo había dos americanos. No conocían a ninguna de las personas con las que se cruzaban en la escalera cuando iban y venían de su habitación. La habitación estaba en la segunda planta, con vista al mar. […] Estaba lloviendo. […] La esposa americana estaba sentada junto a la ventana, mirando la calle. Fuera, justo debajo de la ventana, una gata se acurrucaba bajo una de las empapadas mesas verdes. La gata intentaba reducir al máximo su tamaño para no mojarse.

-Voy a bajar a recoger a ese gatito –dijo la americana.

-Ya lo haré yo –se ofreció el marido desde la cama.

-No, lo haré yo. El pobrecito está debajo de una mesa procurando no mojarse.

El marido siguió leyendo, incorporado al pie de la cama con ayuda de dos almohadones

-No te mojes –le dijo.

La mujer bajó y el propietario del hotel se levantó y la saludó con la cabeza al pasar junto a su despacho. Su escritorio estaba en el fondo del despacho. Era un anciano muy alto.

-Il piove –dijo la mujer. Le caía bien el propietario.

-Si, si, signora, brutto tempo. Muy mal tiempo.

Se quedó detrás de su escritorio, en el extremo en penumbra del despacho. Le caía bien a la mujer. Le gustaba la tremenda seriedad con que recibía cualquier queja. Le gustaba su dignidad. Le gustaba la manera en que quería servirla. Le gustaba como asumía su papel de propietario del hotel. Le gustaba su cara vieja y tosca y sus manos grandes.

Pensando en cuánto le gustaba, abrió la puerta y miró fuera. Ahora llovía con más fuerza. […] Mientras estaba en la puerta, se abrió un paraguas a su espalda. Era la doncella que les limpiaba la habitación.

-No debe mojarse –dijo en italiano, sonriendo. Evidentemente, el propietario la había llamado.

Más adelante, el autor nos entrega este párrafo:

Regresaron por el camino de grava y entraron en el hotel. La doncella se quedó fuera para cerrar el paraguas. Cuando la americana pasó junto al despacho, el patrón le hizo una inclinación de cabeza desde su escritorio. La americana sintió en su interior algo pequeño y tirante. El patrón la hacía sentir muy pequeña y al mismo tiempo realmente muy importante. Por un momento tuvo la sensación de ser alguien de una importancia suprema. Subió las escaleras. Abrió la puerta de su habitación. George estaba en la cama leyendo. (Cuentos, Ernest Hemingway, Lumen, Argentina, 2007, p.205 – 207)

El autor nos muestra contrastes en la vida de la mujer que se convierte en la protagonista de la historia. Se podría pensar muchas cosas, por ejemplo una esposa desatendida por el marido que tiene ante sus ojos un libro y un hombre mayor, el dueño del hotel, que la trata con mucha atención, que le cae bien a la mujer y podemos seguir pensando más.

Muchos han tratado de buscar símbolos en los textos que nos muestra Hemingway. En el caso de este cuento, algunos consideran al gato como símbolo del abandono de la esposa y, el hecho de querer rescatar y dar cobijo a ese gato, lo toman como símbolo de la protección que la mujer desearía por parte del viejo dueño del hotel que, además, la hace sentir como una persona importante.

Si se habla de buscar una simbología en las historias de Ernest Hemingway, creo que tendríamos que prestar a tención a lo que dijo en una entrevista que le concedió a George Plimton: Lea usted cualquier cosa que yo escriba por el placer de leerla. Todo lo demás que usted encuentre, será la medida de lo que usted mismo aportó a la lectura. (Publicado en habanaradio.cu por Marilú Rodríguez Castañeda el 03.06.2006)

Teniendo esto en cuenta, lo animo a leer el cuento y sacar sus propias conclusiones.

 

Bibliografía:

Cuentos, Ernest Hemingway, Editorial Sudamericana, sello Lumen, Buenos Aires, 2007
Los textos mencionados han sido tomados del mencionado libro.

 

Carlos E. Tupiño