De mi biblioteca: “Arte en flujo”

De mi biblioteca: “Arte en flujo”

“A comienzos del siglo XX, el arte y sus instituciones fueron sometidos a la crítica de un nuevo espíritu democrático e igualitario. El suprematismo de Malévich, el futurismo de Marinetti y el trabajo de los artistas de la Bauhaus desacreditaron tanto la noción de la obra de arte como objeto sagrado, como la función preservativa de los museos y las promesas de eternidad materialista que estos auguraban. En términos de Boris Groys, esto sentó las bases para el desarrollo de un ‘realismo directo’: un arte sin producto, que no produce objetos sino prácticas destinadas a no sobrevivir, como las performances, las instalaciones y el arte relacional. Con ello, se cumple uno de los objetivos más radicales de las vanguardias: el arte abandona su distinción y sus privilegios, y se entrega a la corriente del tiempo, a la disolución que pesa sobre el flujo de todas las fuerzas materiales.

En continuidad con las líneas de reflexión abiertas en Volverse público, Groys examina en estos ensayos con sutileza la intensificación de estos procesos en el contexto de la migración masiva de las prácticas y las instituciones culturales a Internet, donde el impulso inicial de las vanguardias históricas pareciera encontrar su culminación. En el ámbito de la Web, podría decirse que no hay arte sino información sobre arte, que opera en el mismo espacio que la estrategia militar, el negocio turístico y los flujos de capital, como una más entre todas las cosas de este mundo, como una entre tantas señales evanescentes de un presente transitorio.” (Contratapa)

Arte en flujo
Ensayos sobre la evanescencia del presente
Boris Groys
Caja Negra Editora, Buenos aires, 2016
224 páginas

De mi biblioteca: “Volverse público”

De mi biblioteca: “Volverse público”

“Recordemos la conocida frase de Joseph Beuys: ‘Todo ser humano es un artista’. Esta máxima tiene una larga tradición que se remonta al marxismo temprano y a la vanguardia rusa. Lo que se entendía en ese momento como utopía se ha convertido hoy en una obligación: todo ser humano tiene que asumir una responsabilidad estética por su apariencia frente al mundo, por el diseño de sí. Aunque no todos producen obras, todos son una obra.

A fines del siglo XX, el arte entró en una nueva era: la de la producción artística masiva. Mientras que el anterior fue un período signado por el consumo del arte, en nuestra época la situación se modificó al compás de los avances técnicos y de los cambios en los criterios que utilizamos para identificar qué es arte y qué no lo es. El acceso relativamente fácil a variados dispositivos para la producción de imágenes combinado con Internet como plataforma de distribución global alteró la relación tradicional entre productores y espectadores: las redes sociales y los sitios como Facebook, Twitter, YouTube y Second Life ofrecen a la población global una oportunidad de mostrar sus fotos, videos y textos de un modo que no puede distinguirse de cualquier otra obra de arte conceptualista o post-conceptualista. Asistimos a la sustitución del campo unificado de la cultura de masas por un escenario de fragmentación en el que millones de productores generan textos e imágenes para un espectador que no tiene suficiente tiempo para leer y ver. En los ensayos que componen Volverse público, Boris Groys describe diversos aspectos de esta transformación radical del campo del arte, desde sus manifestaciones embrionarias en los proyectos de artistas de vanguardia como Duchamp, Kandinsky y Malevich hasta la actualidad, en la que la actividad artística pareciera no ser más un destino sino un gesto débil, una tarea que asumimos cotidianamente en el nuevo ágora mediática.” (Contratapa)

Volverse público
Las transformaciones del arte en el ágora contemporánea
Boris Groys
Caja Negra Editora, Buenos Aires, 2016
208 páginas