Liberación – Sándor Márai

Liberación – Sándor Márai

Sándor Márai fue un escritor que supo recorrer, en sus novelas, los intrincados rincones de la naturaleza humana. Aún recuerdo El último encuentro y  La herencia de Eszter, historias que nos hacen pensar hasta dónde puede llegar una persona.

Liberación no es la excepción. Esta novela fue escrita entre julio y septiembre de 1945, poco después de los hechos históricos narrados, y permaneció inédita hasta el año 2000. […] Escrita con la urgencia que imponía la situación política y un tono premonitorio de la gran intensidad dramática, Liberación  narra la devastación moral causada por la guerra y demuestra que Márai, ya en septiembre de 1945, cuando ponía punto final a este breve libro, no albergaba ninguna ilusión sobre la nueva época que se iniciaba en su país con la llegada de las tropas rusas. (Contratapa).

Esta historia tiene como escenario la ciudad de Budapest en los días finales de la Segunda Guerra Mundial. Su protagonista es Erzsébet, una mujer que, tras conseguir un refugio para su padre, se refugia con un grupo de personas a la espera de la llegada de los soldados soviéticos quiénes –pensaba Erzsébet– traerían la liberación de los nazis.

A lo largo de esta novela corta, Sándor Márai nos hace espectadores de un grupo humano hacinado en un refugio, expectantes de un asedio que les traería la ansiada liberación. En medio de esa atmósfera, el autor nos muestra las diferentes facetas que se presentan en los seres humanos en momentos difíciles, angustiantes, en los que los valores de la sociedad parecen desaparecer. Entonces, nos preguntamos ¿Qué queda en el ser humano en situaciones como esas?

El tema del asedio está presente de principio a fin y vemos que se hace parte de la vida de esos refugiados en medio de la cuidad:

“Porque huele, ya al cabo del primer día flota un espeso acre y rancio tufo a humanidad. Sin embargo, en aquel encierro hay un elemento tranquilizador, como en toda realidad para la que uno se conciencia durante largo tiempo y luego, cuando llega, resulta distinta de la imaginada, aunque no demasiado. Saben que eso es el asedio. […] (p.55)  […] Sólo existe una unidad para medir el tiempo, una sola dimensión: el asedio. (p.57)  […] En esta guerra no se usan gases, y una bomba no mata a todo el personal. Así pues, hay que esperar tumbado y relajado, sin consumir más oxígeno y agua de lo necesario, sin trajinar mucho, soportando la pestilencia de las letrinas, la maloliente promiscuidad… Sí, eso es el asedio.” (p. 58)

En medio de la situación que viven esos personajes, tratando de sobrevivir mientras esperan su liberación, el autor se encarga de mostrar que una actitud de resignación puede estar presente:

“Muchos esperan a los sitiadores con castañeteo de dientes, aterrorizados, furiosos y desesperados, creyendo que los aguarda un destino terrible… y sin embargo, lo esperan. […]” (p.62)

Cuando la resignación ha invadido las almas de esos seres humanos, surgen situaciones que los sacan de ese estado para ponerlos alertas ante lo desconocido:

“Porque el vigésimo cuarto día del asedio, Erzsébet y los demás habitantes del sótano despiertan por la noche a causa de unos ruidos y gritos. […] los despiertan chillidos y un haz luminoso. Entre los colchones y las tumbonas de la parte central abovedada, en pleno desorden, en la oscuridad apestosa por el hedor de las secreciones humanas, de la cocina, del efluvio de cuerpos sucios, entre gente arrebujada en el desorden de edredones y mantas, aturdida por el mal olor de su propio cuerpo, acongojada por el miedo a la muerte y los nervios destrozados, que duerme entre gemidos y ronquidos, entre todo eso ha aparecido de pronto un extraño grupo.” (p.77-78)

La discriminación y marginación parece quedar de lado, o por lo menos cubierta, por el entorno que rodea a los refugiados; los cargos y las posiciones poco o nada valen; nos podríamos preguntar ¿qué tipo de convivencia se daba?

“[…] Porque allí convive toda clase de gente, nobles, ricos, cultivados, pequeñoburgueses, un sastre, un bombero, un profesor de universidad cuyo rostro le suena a Erzsébet, un comerciante, […] toda clase de personas. […] En otro rincón también hay un cerrajero tísico, con cinco hijos y sin mujer. […]” (p.72)

La comunicación, como algo inherente al ser humano, permanece tratando de establecer esos vínculos necesarios:

“[…] Erzsébet ha aprendido que uno no precisa palabras para comunicarse con la gente. En diez meses y en el caos de los últimos veinticuatro días y noches ha aprendido un modo de entrar en contacto más sensible y fiable que las palabras, hecho de miradas, silencios, gestos y mensajes aún más sutiles; es el modo en que lo íntimo de un ser humano reacciona a la llamada de otro, esa complicidad silenciosa que en momentos de peligro da a la mutua pregunta una respuesta más inequívoca que cualquier confesión o explicación y cuyo significado es: estoy contigo, pienso lo mismo que tú, me tortura el mismo problema, estamos de acuerdo…” (p.90)

La voz del narrador nos hace meditar acerca del lugar en el que se encuentra la guerra; esas palabras se extienden desde esas páginas hacia el presente. Nos muestra una situación que nos invita a mirar nuestro interior:

“Porque la guerra no ha sido sólo bombas y proyectiles, peligro mortal, decretos odiosos, persecuciones crueles, no. La guerra también estaba en su alma. Hace un instante aún seguía allí, como una sensación, un sentimiento, […] Hace un instante la guerra todavía habitaba en el alma de Erzsébet, no sólo en los campos de batalla, en el aire o bajo los mares. […]
Ahora lo comprende y sabe que la guerra tiene lugar no solamente en las fábricas de armamentos, los cuarteles y los campos de batalla, sino también en el alma de la gente. […]” (p.122)

Son textos que hablan por sí mismos. Los invito a buscar Liberación y a recorrer cada una de sus páginas. Es una novela que nos permite apreciar el estilo de uno de los grandes escritores centroeuropeos.

 

 

Bibliografía:

Liberación, Sándor Márai, Publicaciones y Ediciones Salamandra, S.A., Barcelona, 2012

Los textos citados han sido tomados de la mencionada obra.

 

Carlos E. Tupiño

Marzo, 2015

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