La vida en minúscula – Alfred Polgar

Fue a través de las lecturas de los textos de Joseph Roth que se despertó mi curiosidad e interés por los escritores centroeuropeos. Cuando me recomendaron a Alfred Polgar, escritor nacido en Viena en 1875, no dudé en buscar La vida en minúscula.

El libro contiene treinta relatos. Desde la lectura del primero de ellos quedé impresionado por el estilo del escritor vienés. En cada uno se ocupa de las cosas y situaciones comunes que están presentes en el ser humano, en la sociedad, en el hombre común y, en los relatos hace un uso magistral de las metáforas que emplea para describir, brillantemente, situaciones y personajes que ayudan a transmitir aquello que Polgar ha tejido en cada historia.

En Tratado sobre el corazón, que da inicio al libro, habla acerca del corazón y del uso metafórico que comúnmente las personas le dan; algo que no ha perdido actualidad. En el texto escribe: […] Lo malo de verdad ocurre cuando ya no se habla de él en símiles y metáforas, […] cuando ya no cuenta su melodía, sino tan solo su mero ritmo. En tales momentos le queda ya poca poesía al pobrecito. […] (p.8)

Sus relatos, desde el inicio introducen al lector en el corazón de la historia y lo mantiene atento hasta el final. En La cabina telefónica inicia con estas palabras: Sobre los adoquines yace de espaldas una viejecita. Una ciruela reseca del árbol de la vida. No parece que se haya caído, es más bien como si la hubiesen dejado allí echada. […] (p.15). Con lo que cuenta en esas líneas, mantiene el interés por continuar hasta un final que, en la mayoría de los textos, cierra con una frase que redondea la idea de lo narrado, en muchos casos, con una ironía de la que también hace un buen uso en sus textos.

El libro nos ofrece también una muestra de la cualidad de observador que tenía Polgar. Por ejemplo, en Coche cama, nos hace testigos de los padecimientos de un pasajero en el tren y de todo aquello que es capaz de espantarle el sueño; el escritor vienés nos transmite, por medio de detalles, aquello que percibe el personaje en ciertos momentos de calma: ¡Qué delicia cuando el tren está parado! Los pantalones cuelgan con tranquilizadora tranquilidad en su percha, no hay nada que vibre, nada que resuene, nada que se agite, y yo estoy tan contento como lo estaba en mi casa por la mañana, […] (p.40)  Esta escena contrasta con la que sigue un momento después: […] Hay gente, pienso con envidia, que duerme en el tren como en su casa. Cierran los ojos al salir y al abrirlos de nuevo ya han llegado. Y también hay otros que, aunque no puedan dormir, piensan en cosas valiosísimas, mientras que yo, en mi vigilia, soy como un animal que no para de ir de una punta a la otra de su jaula, con la cabeza y el corazón vacíos. (p.41) ¿No les parece conocida esta situación? ¿No hemos experimentado esas sensaciones, las agradables o desagradables, cuando hemos viajado durante la noche en un tren o en un bus? Eso tiene de particular la narrativa de Alfred Polgar, nos presenta situaciones que no son desconocidas al ser humano.

En el relato El abrigo, Polgar nos lleva a la ciudad de París en tiempos de la ocupación nazi. Es una historia llena de suspenso en la que podemos ver la mano del destino jugando sus cartas en la vida de los personajes hasta llevarnos a un final sorprendente.

En Adiós en el andén de una estación, una despedida entre dos personas da lugar a un relato en el que están presentes detalles que no pasan desapercibidos para el autor y los adorna con metáforas para hacernos testigos de los sentimientos y sensaciones de la pareja en los minutos de la despedida: Estos últimos minutos, antes de que el tren se ponga en movimiento, llevan dentro un veneno capaz de agarrotar en una especie de espasmo los intereses más vitales y los sentimientos más intensos que entrelazan a dos personas (la que se va y la que se queda). Se ponen de manifiesto síntomas de parálisis en el cerebro y en la lengua. […]  (p.26)  Una escena común en un andén de estación es transformado en un relato que se interna en los sentimientos del ser humano ante una separación, aunque sea temporal.

Otro ejemplo de la habilidad del escritor vienés para convertir algo tan simple –como el globo de un niño– en el eje de un relato que muestra las emociones de las personas es, precisamente, El globo. Inicia: El niño de la casa tenía un globo. (p.69)  A partir de ahí, el autor nos contará la procedencia del globo y todo lo que origina cuando ingresa en un salón en que están reunidas personas mayores. Este trabajo es otra muestra de su capacidad de observador del comportamiento humano.

Llamó especialmente mi atención La soledad. Al leer ese texto recordé el estilo de Julio Ramón Ribeyro, especialmente al describir a personajes como el protagonista de su cuento Una aventura nocturna. Es sorprendente el uso del lenguaje metafórico que utiliza el escritor austriaco para describir y transmitirnos la esencia de un personaje como Tobías Klemm. Desde el inicio nos da una tajante presentación del personaje: La soledad de Tobías Klemm, ¡aquello sí que era soledad! (p.83)

Tobías Klemm, el personaje central del relato, es un hombre que detesta a todos los que le rodean y es ignorado por todos, como si no existiera. En un momento, en medio de esa terrible soledad busca, aunque sea, ser odiado con tal de captar algo de algún ser humano, que al menos lo haga sentir que nos es ignorado. Podemos leer algunas de las descripciones que nos ofrece el autor acerca de su personaje que vivía en un mísero cuartucho: […] La vela que le alumbraba por la noche ardía hosca y desabrida, como irritada por haberle de prestar un servicio. El espejo se empañaba adrede para no tener que recoger  claramente el rostro de Klemm. (p.83) […] En la fonda […] era un don nadie. Nadie se sentaba a su mesa. Ningún camarero lo trataba con familiaridad. Se quedaba en su rincón del mismo modo que las telarañas, llegadas a la fonda más o menos al mismo tiempo que él. […] (p.84)  […] Él mismo no era más que un grumo de tiempo endurecido, destinado a disolverse poco a poco y sin dejar huella en el infinito. (p.85)

Sin embargo, la vida le tendría preparada una sorpresa que lo hará imaginarse parte de la sociedad y que lo conducirá a un sorprendente final muy acorde con su existencia. Es, sin desmerecer al resto, uno de los mejores relatos que he leído en este extraordinario libro.

Sólo me he referido a algunos de los relatos pero, en cada uno de ellos podremos encontrar una excelente muestra del estilo de Alfred Polgar. La vida en minúscula es un libro que les recomiendo.

La vida en minúscula

 

Bibliografía:

La vida en minúscula, Alfred Polgar, Acantilado, Barcelona, 2005

 

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