La balada del café triste – Carson McCullers

La balada del café triste – Carson McCullers

“En la vida hay amores que nunca pueden olvidarse” dice una canción y, lo mismo podemos decir luego de leer las historias de Carson McCullers; sin embargo, los motivos que inspiraron la canción están muy lejos de parecerse a lo que encierra la historia de La balada del café triste, considerada como su mejor novela corta.

El amor, en sus diferentes manifestaciones, siempre está presente en los personajes que pueblan los trabajos de la escritora; personajes sumidos en su mundo y su entorno, la mayoría de las veces en una atmósfera de rechazo, marginación, racismo, pobreza, abandono, resignación. Todos estos factores se encuentran presentes en esta novela corta, ambientada en un pequeño pueblo apartado o tal vez olvidado. El narrador empieza el relato diciéndole al lector: El pueblo de por sí ya es melancólico. No tiene gran cosa, aparte de la fábrica de hilaturas de algodón, las casas de dos habitaciones donde viven los obreros, […] y una miserable calle principal que no medirá más de cien metros. La historia empieza en el tiempo presente del narrador en el que presenta a la protagonista y de ahí retrocede en el tiempo, a los inicios de aquellos sucesos que condujeron a la situación final, que es la que aparece al inicio de la historia. El narrador hace la primera referencia a Miss Amelia y al lugar en donde vive; un lugar que, como se puede ver en el desarrollo de la historia, tuvo otros tiempos mejores. El edificio más grande, en el centro mismo del pueblo, está cerrado con tablones clavados y se inclina tanto a la derecha que parece que va a derrumbarse de un momento a otro. […] La casa parece abandonada. Sin embargo, en el segundo piso hay una ventana que no está atrancada; a veces, a última hora de la tarde, cuando el calor es más sofocante, aparece una mano que va abriendo despacio los postigos, y asoma una cara que mira a la calle. Es una de esas caras borrosas que se ven en sueños: asexuada, pálida, con unos ojos grises que bizquean hacia adentro tan violentamente que parece que están lanzándose el uno al otro una larga mirada de congoja.

Esto es el inicio de la historia de Miss Amelia que tuvo un matrimonio que duró diez días, con un extraño hombre que iría a prisión para luego salir libre y reincorporarse a la historia. Luego, esta mujer conoce al jorobado primo Lymon, a quien llevó a vivir a su casa, siendo ella una mujer solitaria y dura, más aún después de ese corto matrimonio que marcaría su vida. Esto despertó una serie de habladurías en el pueblo, pero no les importó.

El lugar que ocupa Miss Amelia en el pueblo es de mucha importancia; tiene la única destilería del lugar, la cual es conocida por la excelente calidad del whisky, por sus dotes para preparar pócimas que curaban todos los males que aquejaban al reducido grupo de habitantes del pueblo. También tenía una faceta temida por los pobladores: no perdonaba deudas. A raíz de la relación entre Miss Amelia y el jorobado, un tipo malo y muy extraño, es que empieza a funcionar el café que se convierte en el punto de reunión y distracción en medio de ese pueblo olvidado y aburrido. El carácter de Miss Amelia también cambió. Sin embargo, la reaparición del ex-esposo de Miss Amelia, en el pueblo con el café recién inaugurado, dará un vuelco inesperado a la historia.

Y, para entender mejor esta extraña relación, la narradora nos explica –en medio de la narración– su visión del amor: En primer lugar, el amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no quiere decir que sea una experiencia similar para las dos partes afectadas. Hay el amante y hay el amado, y cada uno de ellos proviene de regiones distintas. Con mucha frecuencia, el amado no es más que un estímulo para el amor acumulado durante años en el corazón del amante. […] Y el amado puede presentarse bajo cualquier forma. Las personas más inesperadas pueden ser un estímulo para el amor. Se da por ejemplo el caso de un hombre que es ya un abuelo que chochea, pero sigue enamorado de una chica desconocida que vio una tarde en las calles de Cheehaw, hace veinte años. Un predicador puede estar enamorado de una perdida. El amado podrá ser un traidor, un imbécil o un degenerado; y el amante ve sus defectos como todo el mundo, pero su amor no se altera lo más mínimo por eso. […] Es sólo el amante quien determina la valía y la cualidad de todo amor. Sólo con la explicación del amor que da la narradora es posible entender la historia de Miss Amelia y lo que se atrevió a soportar a cambio de evitar la soledad de la que había salido y, a la que aparentemente, estaba a punto de regresar.

El trabajo que realizó McCullers en esta novela corta es extraordinario; ha cuidado todos los detalles y en la narración menciona detalles que han sido mencionado antes dando la sensación de enlazar todo en relato en una forma circular ya que finaliza donde empieza.

Dentro del excelente desarrollo de la historia, resalta la manera en que despliega sus habilidades para trabajar la escena del desenlace final –precisamente en el local del café– en la que transmite las sensaciones y sentimientos de los personajes presentes en esa escena que, por supuesto, no serán reveladas en estas líneas.

No puedo dejar de mencionar el estilo del lenguaje que emplea Carson McCullers en sus diferentes trabajos y este no es la excepción. Un lenguaje y descripciones que lindan en muchos pasajes con lo poético, hacen un hermoso texto.

Al final de la historia encontramos un breve relato que sirve de cierre y, leyéndolo con atención, podremos ver el hermoso y sutil contraste entre éste la situación de Miss Amelia. Vale mencionar que ese breve relato titulado Los doce mortales lleva impregnado los aires del blues.

Un tiempo después de escribir la novela y luego de una visita a un bar de Brooklyn, McCullers escribió que vio a dos personas, una de ellas era una mujer grande y junto a ella un jorobado; después de una semanas la visión de esas dos personas empezó a dar origen a la novela corta que escribiría. Así apareció la figura de Miss Amelia: una mujer morena, alta, con una musculatura y una osamenta de hombre. Llevaba el pelo muy corto y cepillado hacia atrás, y su cara quemada por el sol tenía un aire duro y ajado. Podría haber resultado guapa si ya entonces no hubiera sido ligeramente bizca. De igual manera apareció la figura del jorobado primo Lymon: …no media más allá de un metro veinte, […] Sus piernecillas torcidas parecían demasiado débiles para soportar el peso de su gran torso deforme y de la joroba posada sobre su espalda. Tenía una cabeza enorme, con unos ojos azules y hundidos y una boquita muy dibujada. Su rostro era a la vez manso e insolente. Pero la creación de esos dos personajes solo sería el inicio de uno de sus mejores trabajos. Para completar la trilogía de los personajes centrales hace falta mencionar a Marvin Macy, un tipo miserable, extraño, violento, que estuvo casado con Miss Amelia durante diez días, luego, después de salir de prisión, regresó al pueblo y se creó una relación muy peculiar entre él y el primo Lymon, lo que se convirtió en la mezcla que llevó a la historia a ese final devastador para Miss Amelia. ¿Qué es lo que ocurrió? Solamente podremos descubrirlo leyendo ese excelente trabajo de Carson McCullers.

 

Bibliografía:

El aliento del cielo, Carson McCullers, Emeceé Editores S.A. / Seix Barral, Buenos Aires, 2008

 

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