Desayuno en Tiffany’s – Truman Capote

Desayuno en Tiffany’s – Truman Capote

Una imagen de la Quinta Avenida en New York; por la iluminación y las calles vacías se puede sentir que hace poco ha amanecido en esa ciudad que nunca duerme (como lo dice la canción New York, New York); un taxi amarillo viene desplazándose hasta detenerse frente al local de Tiffany & Co, la famosa joyería. Como fondo suenan las notas de Moon River; del taxi desciende una mujer que viste un traje negro, largo y ceñido, lleva un collar de perlas, empieza a caminar hacia una de las vitrinas y contempla las joyas mientras de una bolsa de papel saca un pan y un vaso descartable de café y empieza a tomar su desayuno. La melodía de la canción sigue acompañando la escena.

Hay películas que, siendo adaptaciones de novelas, han prevalecido como tales en el recuerdo de los espectadores llegando a mantener oculta la novela en que se basaron. Esto sucedió con Desayuno en Trffany’s, una novela corta escrita por Truman Capote, la cual fue luego llevada al cine teniendo a Audrey Hepburn en el papel de Holly Golightly. Al mencionar el título, las personas recuerdan principalmente, la película y a la mencionada actriz en el papel principal.

Si bien es cierto que la película tuvo cinco nominaciones al Oscar, ganando dos de ellas, el guión creado para esa producción se ocupó, aparentemente, de mostrar el lado gracioso o cómico de la historia que nos cuenta un narrador anónimo, el cual es también parte de la historia. Este personaje sin nombre –que era un escritor que empezaba y  aún no había publicado un libro–, empieza recordando el edificio en que tuvo su primer departamento neoyorquino; esas evocaciones se dan en un bar que frecuentó en esos tiempos junto con Holly. El narrador nos dice: Jamás se me ocurrió, en aquellos tiempos, escribir sobre Holly Golightly, y probablemente tampoco se me hubiese ocurrido ahora de no haber sido por la conversación que tuve con Joe Bell, que revivió de nuevo todos los recuerdos que guardaba de ella.

Holly Golightly era una de las inquilinas del viejo edificio de piedra arenisca; ocupaba el apartamento que estaba debajo del mío. Por lo que se refiere a Joe Bell, tenía un bar en la esquina de Lexington Avenue; todavía lo tiene. Holly y yo bajábamos allí seis o siete veces al día, aunque no para tomar una copa, o no siempre, sino para llamar por teléfono: durante la guerra era muy difícil que te lo instalaran. Además, Joe Bell tomaba los recados mejor que nadie, cosa que en el caso de Holly Golightly era un favor importante, porque recibía muchísimos.

Durante su evocación, ese narrador nos irá presentando a Holly, física y emocionalmente. Quienes hemos visto Desayuno en Tiffany’s, al leer la descripción de Holly, nos viene a la memoria la imagen de Audrey Hepburn en la escena inicial de la película: […] Holly llevaba un fresco vestido negro, sandalias negras, collar de perlas. Pese a su distinguida delgadez, tenía un aspecto casi tan saludable como un anuncio de cereales para el desayuno, una pulcritud de jabón al limón, una pueblerina intensificación del rosa en las mejillas. Tenía la boca grande, la nariz respingosa. Unas gafas oscuras le ocultaban los ojos. Era una cara que ya había dejado atrás la infancia, pero que aún no era de mujer. […]

La Holly de la novela guarda algunos datos de su vida que no se hacen presentes en la película, obviamente debido al aspecto risueño que le quieren dar, lo cual no estuvo nada mal y tuvo el respaldo no sólo de las nominaciones al Oscar sino, también, el recuerdo entre los cinéfilos. Dentro de esa manera de vivir el día presente sin importar lo que venga mañana, resalta su vida nocturna, relacionándose con personas influyentes de la ciudad de New York y, dentro de esa actividad podemos percibir algunos detalles que nos da la misma Holly: No hay nada en el mundo que deteste tanto como los hombres que te dan mordiscos. […] se puede ganar lo mismo haciendo expediciones al tocador: todo caballero que se un poco chic te da cincuenta dólares para ir al lavabo, y siempre pido además para el taxi, que son otros cincuenta. Sin embargo, durante una conversación con su amigo, el narrador sin nombre, le dice que ha tenido once amantes. A lo largo de la corta novela se podrán encontrar más datos que forman parte de las vivencias de la protagonista. Ella quiere conseguir un hombre millonario con quien casarse.

Sin embargo, el eje de la vida de Holly es la constante huida, al parecer de sí misma. Ya había dejado su hogar, formado tal vez por necesidad, al estar solos, ella y su hermano en el mundo; terminó casándose muy pero, muy joven con un hombre mayor al que decide dejar. Es también un reflejo del conocido “sueño americano” que parece alborotar la cabeza a muchas personas. Holly demuestra tener un compromiso consigo misma, no con las personas que la rodean porque su pensamiento está en sí misma. Evita cimentar una relación, aunque sea de amistad, ya que teme se conviertan en algo que la detenga en su loca huida por la vida. Eso lo pone de manifiesto en la escena en la que despide a su esposo que había ido a buscarla. Todo esto es una muestra del talento de Truman Capote para construir esta historia, mostrando el lado humano, con sus debilidades, defectos y sentimientos de una joven que está persiguiendo sus sueños, su libertad y esto nos muestra que no todos tenemos los mismos sueños ni las mismas ansias de libertad pero, que, viendo la historia de Holly, ella está decidida a alcanzarlos y sólo cuenta lo que viva en el día que le toca vivir.

La pluma de Capote lleva al lector a percibir algunos contrastes en la acelerada vida de Holly, como el cuidado y la preocupación que tiene hacia su gato, algo que no muestra ni consigo misma. Es una muchacha que en ningún momento muestra visos de ser capaz de hacerle mal a nadie. Con el narrador llega a formar una relación de amistad, muy diferente a la que dice tener con los amigos que frecuenta noche a noche. Ella es quien lo ayuda para encontrar el contacto que le ayude para publicar su primer libro, algo que no sucede mientras están juntos.

Los sucesos que presenta la historia y la forma en que nos lo cuenta el narrador, nos hace ser testigos de situaciones de tensión que conducirán al desenlace final y, en medio de esas situaciones, estará presente la despreocupación, el desapego y las ansias de libertad de Holly. Una historia que nos hace pensar acerca de la actitud de la protagonista y la actitud frente a la vida que puede anidar en cada uno de nosotros.

 

Bibliografía:

Desayuno en Tiffany’s, Truman Capote, Debolsillo, Buenos Aires, 2011

 

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