Gato bajo la lluvia – Ernest Hemingway

Gato bajo la lluvia – Ernest Hemingway

El Premio Nobel de Literatura 1954 destacó más por sus cuentos que por sus novelas. Fue en el relato corto en donde mostró una maestría inigualable. Desarrolló, como ninguno, la llamada “teoría del iceberg” o, como lo llama Vargas Llosa, “el dato escondido”.

Al leer los cuentos de Hemingway nos encontramos en la situación de buscar algo que les falta y esto provoca que nuestro interés y afán crezcan en busca de ese dato faltante que, por extraño que parezca, a pesar de estar escondido lo tenemos frente a nuestra imaginación aún mucho después de haber terminado la lectura, lo cual, nos impulsa a re-leer la historia una y otra vez con la misma atención e interés.

Gabriel García Márquez dijo que lo mejor que tienen sus cuentos es la impresión que causan de que algo les quedó faltando, y es eso precisamente lo que les confiere su misterio y su belleza.  (En Mi Hemingway personal, publicado al inicio de Cuentos, Ernest Hemingway).

Enrique Vila-Matas también refirió que lograba siempre que lo más importante de la historia nunca se contara. Es decir, que la historia secreta del cuento se construía con lo no dicho, con el sobreentendido y la alusión. (ELPAÍS.COM el 08.06.2000)

Este dato faltante lo podemos encontrar en: Los asesinos, Colinas como elefantes blancos, El viejo en el puente, El gran río Two-Hearted, Gato bajo la lluvia –según García Márquez el cuento donde mejor se condensan sus virtudes– y muchos otros.

En el cuento Gato bajo la lluvia el lector se ve en la necesidad de buscar el desenlace de la historia, de recurrir a su imaginación, a lo que la lectura del texto le ha dejado en su interior. A través de las situaciones que muestra el autor, podemos deducir el estado de los personajes, lo que desean dejar y lo que desean tener.

En el hotel solo había dos americanos. No conocían a ninguna de las personas con las que se cruzaban en la escalera cuando iban y venían de su habitación. La habitación estaba en la segunda planta, con vista al mar. […] Estaba lloviendo. […] La esposa americana estaba sentada junto a la ventana, mirando la calle. Fuera, justo debajo de la ventana, una gata se acurrucaba bajo una de las empapadas mesas verdes. La gata intentaba reducir al máximo su tamaño para no mojarse.

-Voy a bajar a recoger a ese gatito –dijo la americana.

-Ya lo haré yo –se ofreció el marido desde la cama.

-No, lo haré yo. El pobrecito está debajo de una mesa procurando no mojarse.

El marido siguió leyendo, incorporado al pie de la cama con ayuda de dos almohadones

-No te mojes –le dijo.

La mujer bajó y el propietario del hotel se levantó y la saludó con la cabeza al pasar junto a su despacho. Su escritorio estaba en el fondo del despacho. Era un anciano muy alto.

-Il piove –dijo la mujer. Le caía bien el propietario.

-Si, si, signora, brutto tempo. Muy mal tiempo.

Se quedó detrás de su escritorio, en el extremo en penumbra del despacho. Le caía bien a la mujer. Le gustaba la tremenda seriedad con que recibía cualquier queja. Le gustaba su dignidad. Le gustaba la manera en que quería servirla. Le gustaba como asumía su papel de propietario del hotel. Le gustaba su cara vieja y tosca y sus manos grandes.

Pensando en cuánto le gustaba, abrió la puerta y miró fuera. Ahora llovía con más fuerza. […] Mientras estaba en la puerta, se abrió un paraguas a su espalda. Era la doncella que les limpiaba la habitación.

-No debe mojarse –dijo en italiano, sonriendo. Evidentemente, el propietario la había llamado.

Más adelante, el autor nos entrega este párrafo:

Regresaron por el camino de grava y entraron en el hotel. La doncella se quedó fuera para cerrar el paraguas. Cuando la americana pasó junto al despacho, el patrón le hizo una inclinación de cabeza desde su escritorio. La americana sintió en su interior algo pequeño y tirante. El patrón la hacía sentir muy pequeña y al mismo tiempo realmente muy importante. Por un momento tuvo la sensación de ser alguien de una importancia suprema. Subió las escaleras. Abrió la puerta de su habitación. George estaba en la cama leyendo. (Cuentos, Ernest Hemingway, Lumen, Argentina, 2007, p.205 – 207)

El autor nos muestra contrastes en la vida de la mujer que se convierte en la protagonista de la historia. Se podría pensar muchas cosas, por ejemplo una esposa desatendida por el marido que tiene ante sus ojos un libro y un hombre mayor, el dueño del hotel, que la trata con mucha atención, que le cae bien a la mujer y podemos seguir pensando más.

Muchos han tratado de buscar símbolos en los textos que nos muestra Hemingway. En el caso de este cuento, algunos consideran al gato como símbolo del abandono de la esposa y, el hecho de querer rescatar y dar cobijo a ese gato, lo toman como símbolo de la protección que la mujer desearía por parte del viejo dueño del hotel que, además, la hace sentir como una persona importante.

Si se habla de buscar una simbología en las historias de Ernest Hemingway, creo que tendríamos que prestar a tención a lo que dijo en una entrevista que le concedió a George Plimton: Lea usted cualquier cosa que yo escriba por el placer de leerla. Todo lo demás que usted encuentre, será la medida de lo que usted mismo aportó a la lectura. (Publicado en habanaradio.cu por Marilú Rodríguez Castañeda el 03.06.2006)

Teniendo esto en cuenta, lo animo a leer el cuento y sacar sus propias conclusiones.

 

Bibliografía:

Cuentos, Ernest Hemingway, Editorial Sudamericana, sello Lumen, Buenos Aires, 2007
Los textos mencionados han sido tomados del mencionado libro.

 

Carlos E. Tupiño

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