Literatura y música – Cortázar y el jazz

Literatura y música van, a mi parecer, muchas veces de la mano. He leído de muchos escritores y de su pasión por la música. En nuestro medio tenemos el caso de Julio Ramón Ribeyro y su pasión por la música clásica y, que se ha encargado de registrarla en algunos de sus relatos, especialmente en “La música, el maestro Berenson y un servidor”, el cual forma parte de sus “Relatos Santacrucinos”.

Otro de los ejemplos lo tenemos en la persona del también cuentista, Julio Cortázar, un apasionado del jazz y gran admirador de Charlie “Bird” Parker, considerado por muchos el mejor saxofonista del mundo”

En una interesante entrevista, que se encuentra en YouTube con el título “Julio Cortzar El Jazz”, declara: “…la música en general, y el jazz en particular, es como una especie de presencia continua incluso en lo que yo escribo”. Luego añade: “Mi trabajo de escritor se da de una manera en donde hay una especie de ritmo que no tiene nada que ver con la rima y con las aliteraciones, no no no no no, una especie de latido, ¿no?, de swing como dicen los hombres del jazz; una especie de ritmo que si no está en lo que yo hago, es para mí la prueba de que no sirve y hay que tirarlo”.

En su libro de cuentos “Las armas secretas”, se incluye “El perseguidor”, considerado como uno de los relatos mejor logrados por el cuentista argentino. Este relato constituye un homenaje de Cortázar a la figura de Charlie Parker.

En el texto toma muchos de los datos de la vida real del saxofonista y teje una historia, estremecedora e impactante en la que se refleja la autodestrucción a la que fue conducido por sus problemas con la droga, problemas que se hicieron patentes en la vida del músico a finales del año 1939.

Al leer el relato que nos ha dejado Julio Cortázar, no sólo somos testigos de la vida de Charlie Parker sino, también, del excelente estilo del escritor argentino quien, desde el inicio, nos recibe con una descripción del ambiente en que se encuentra el músico, llamado Johnny en el relato: “Dédée me ha llamado por la tarde diciéndome que Johnny no estaba muy bien, y he ido en seguida al hotel. Desde hace unos días Johnny y Dédée viven en un hotel de la rue Lagrange, en una pieza del cuarto piso. Me ha bastado ver la puerta de la pieza para darme cuenta de que Johnny está en la peor de las miserias, la ventana da a un patio casi negro, y a la una de la tarde hay que tener la luz encendida si se quiere leer el diario o verse la cara. No hace frío, pero he encontrado a Johnny envuelto en una frazada, encajado en un roñoso sillón que larga por todos lados pedazos de estopa amarillenta. Dédée está envejecida, y el vestido rojo le queda muy mal; es un vestido para el trabajo, para las luces de la escena; en esa pieza del hotel se convierte en una especie de coágulo repugnante”. (Las armas secretas – El perseguidor, Colección Punto de lectura, Madrid, 2001).

A continuación, un video en el que Julio Cortázar lee un fragmento de “El perseguidor”, teniendo como fondo la música de Charlie Parker.

 

Carlos E. Tupiño

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