La Maison de Victor Hugo

Durante el Congreso Internacional “Cartografías del poder en la obra de Mario Vargas Llosa”, tuve la oportunidad de conversar con la profesora Marie-Madeleine Gladieu de la Universidad de Reims (Francia) acerca de su ensayo Vargas Llosa y Victor Hugo, incluido en el libro Mario Vargas Llosa escritor, ensayista, ciudadano y político, editado por Roland Forgues (Librería Editorial “Minerva” Miraflores, Lima, 2001).

Después de cambiar opiniones acerca del ensayo mencionado, continuamos hablando de Victor Hugo y me contó que su abuelita le había enseñado, desde muy niña, a leer los poemas escritos por el personaje francés. Llegó a memorizarlos y dijo que a su profesor de los primeros años de colegio le llamaba la atención que una niña pudiera recitar de memoria los poemas de Victor Hugo. Esas lecturas fueron el inicio de la admiración que empezó a sentir por Victor Hugo y ello la llevó a especializarse en su obra.

Esa conversación con la profesora me hizo recordar la visita a la casa de Victor Hugo en París. Al lugar se le conoce como La maison de Victor Hugo y aquí comparto con ustedes una crónica que escribí luego de recorrer ese fascinante lugar.

La Maison de Victor Hugo
Una ciudad es el reflejo de aquello que la formó y que la convirtió en lo que es, en lo que se puede ver y, en el caso de París, en lo que se puede admirar y sentir al estar en medio de ella.

Como amante de la literatura, no podía dejar de visitar un lugar que encierra el espíritu de uno de los genios literarios del siglo XIX. Hacia ese lugar me dirigía. Luego de unos minutos en el metro, llegué a la estación de Saint Paul. Tomé la salida que da al cruce de la Rue de Saint Antoine con la Rue de Rivoli y, con la ayuda de un plano recorrí las diferentes calles hasta cruzar la rue de Turenne e ingresar a la Place des Vosges, la plaza más antigua de Paris, antiguamente llamada Place Royale. Su construcción, ordenada por Henry IV, se inició en 1605 y finalizó en 1612.

Place des VosgesComo recibiendo a los visitantes que llegan a ese lugar, se encuentra la estatua de Louis XIII, esculpida en mármol. Fue puesta en ese sitio el año 1829 en reemplazo de la que erigió el Cardenal Richelieu en 1639, hecha en bronce y que fue destruida durante los turbulentos años de la Revolución Francesa.

Detrás de ese monumento se levanta la hermosa e impresionante arquitectura de l’Hôtel de Rohan Guéménée, en uno de cuyos extremos, en el segundo piso, se halla La Maison de Victor Hugo, nombre con que se le conoce al departamento en el que residió, desde 1832 hasta 1848, el gran poeta, dramaturgo, novelista, político, académico e intelectual.

La arquitectura del hotel es lo más bello en esa place, la cual, en el transcurso de los años, llegó a ser propiedad de Louis de Rohan, príncipe de Guéménée; de ahí el nombre del hotel que se mantiene hasta la actualidad.

Por iniciativa de Paul Meurice, amigo del escritor, fue creado el museo en el mismo lugar que habitó Victor Hugo. Esto sucedió en el año 1902, en el que se conmemoraba el centenario de su nacimiento, pero, la inauguración se realizó el 30 de Junio de 1903. La casa museo se encuentra bajo la administración de la Ville de Paris.

Luego de cruzar la plaza y observar esos jardines de un verde intenso, que resaltaban al contraste con las figuras invernales de los árboles sin hojas, llegué a la maison. Junto a la puerta de ingreso hay una placa metálica, muy sencilla, en la que se lee: La maison de Vicor Hugo. Me sorprendió ver que la entrada no tiene mayores arreglos. Es sobria y se encuentra en muy buen estado. El hecho de que se conserve la arquitectura original, causó en mí la sensación de estar ingresando en el pasado, en una parte de la historia que se hacía presente en el momento que pisaba ese suelo.

Las escaleras, anchas y de madera, reflejan un desgaste natural sin llegar a parecer viejas. Me daba la impresión de estar viéndolas tal como se veían al ser usadas diariamente por sus habitantes. Parecía que, en cualquier momento, me podría cruzar en las escaleras con las personas que habitaron y frecuentaron esa vivienda.

Victor Hugo residió allí desde 1832 hasta 1848. Sin embargo, es como si su espíritu creador perdurara en el tiempo, impregnando la atmósfera de ese lugar. En el descanso de la escalera que da al segundo piso, se pueden apreciar los afiches de las distintas versiones cinematográficas de Les Misérables. Al verlos vienen a la memoria personajes como el célebre Jean Valjean, que luego cambiaría su nombre por el de Monsieur Madeleine, la pequeña Cosette, el policía Javert y todos aquellos que son parte de esa espectacular creación literaria, que empezó a gestarse en Victor Hugo varios años antes de llegar a ese departamento. Acerca de los inicios de esa obra, Mario Vargas Llosa escribió: “que comienza un día cualquiera de 1824 cuando un joven poeta pide informes a un amigo sobre la prisión de Toulon, y termina en Mayo de 1861, en un albergue de la llanura de Waterloo donde Victor Hugo, exiliado y ya glorioso, pone punto final al manuscrito y escribe a Juliette Drouet: ‘Mañana seré libre’ ” (Artículo: En torno a Los Miserables, París, 1 de setiembre de 1964, incluido en Contra viento y marea (1962-1982), p.43, Seix Barral, 1983, Barcelona, 1ª edición).

Al ingresar en la habitación donde el genio trabajaba, quedé fascinado al contemplar cada uno de los objetos en ese lugar de creación Victor Hugo_literaria; era como si esperara que Victor Hugo entrara, se pusiera a trabajar y pudiera ser testigo de la forma en que él escribía, de los gestos que haría al pensar en sus personajes y en la historia que estuviera desarrollando. Ver cuando escribía: Oh! Paris est la cité mère! / Paris est le lieu solennel / Où le tourbillon éphémère / Tourne sur un centre éternel!, versos que componen el inicio de la segunda parte del poema A l’Arc de triomphe, que forma parte del libro Les Voix intérieures, escrito durante su estadía en ese segundo piso.

El departamento también sirvió como lugar de reunión para los ensayos de la obra de teatro Le Roi s’amuse, censurada por las autoridades de la época. A dichas citas acudían los actores y, también, personajes como Dumas, Mérimée, David d’Angers, Balzac. Éste último no sólo fue un gran amigo de Victor Hugo, sino también una fuerte influencia en su obra novelesca a partir de 1841, la que se percibe especialmente en Les Misérables. Todo ese círculo de amistades estuvo perseguido por las autoridades. Por esos años, Victor Hugo ya había sido nombrado miembro de la Acadèmie Française.

Algo que resulta muy atractivo en la maison es la librería que funciona en el segundo piso. En dicho ambiente se encuentran en exhibición las diferentes ediciones de las obras de ese genio francés. También están a la venta las ediciones actuales de una buena parte de su obra. Realmente es un deleite poder adquirir una novela creada por Victor Hugo, nada menos que en la librería instalada en la casa donde vivió. Al comprar uno de los libros, en medio de esa atmósfera, dan ganas de recorrer los ambientes en busca del escritor para pedirle que nos ponga una dedicatoria.

Durante los años de su residencia en ese departamento, Victor Hugo escribió: Lúcrese Borgia, Marie Tudor, Ruy Blas, Les Chants du Crépuscule, Les Voix intérieures, entre muchas otras obras. El 20 de Octubre de 1832 escribió la nota que fue añadida a la edición definitiva de su novela Notre-Dame de Paris, que incluía los tres capítulos que se habían extraviado y fueron encontrados. En ese segundo piso, Victor Hugo también experimentó momentos terribles: su esposa Adèle lo abandonó y, en el año 1843 sufrió la pérdida de su hija Léopoldine. Murió ahogada en el río Sena a la edad de diecinueve años. A su estado de ánimo se sumó, ese mismo año, el fracaso más grande que tuvo en su faceta de dramaturgo con el drama épico Les Burgraves. Esto causó que dejara de presentar obras de teatro durante algunos años.

Estas paredes también guardan momentos muy especiales en la vida del escritor, como la llegada de Juliette Drouet, joven y hermosa actriz, a quien conoció durante la puesta de la obra Lúcrese Borgia; ella interpretaba el papel de la princesa Négroni. Victor Hugo dedicó incontables poemas a esa mujer que amó y que fue su compañera durante muchos años.
La visita al museo me mostró parte de la vida de un hombre que se dedicó a aquello en lo que podía poner todo su ser, dejando en cada obra producida, una marca indeleble, una porción de su existencia. Es por eso que sus obras se encargan de mantenerlo presente sin importar el tiempo transcurrido.

Al salir de la maison, llevando en mí interior una mezcla de satisfacción y asombro por todo lo que había podido ver y sentir, y nostalgia por estar abandonando ese lugar, crucé la Place des Vosges rumbo a la rue de Turenne por dónde me dirigiría a la estación del metro. Antes de abandonar la plaza, me quedé contemplando unos instantes el segundo piso en que vivió el escritor, y miré las ventanas por las que, tal vez, solía asomarse para admirar ese hermoso lugar. Instintivamente, levanté el brazo con el libro Notre-Dame de Paris en la mano, e hice adiós.

Cuando leí el libro Vie de Shakespeare, una extraordinaria obra de Victor Hugo, encontré en el prefacio las siguientes palabras escritas por el autor: “Todo cuanto se vincula con Shakespeare, todos los problemas que se relacionan con el arte, se hicieron presentes a su espíritu.” Estoy convencido que esas mismas palabras son perfectamente aplicables al genio creador que las escribió. No en vano dijo Jorge Luis Borges, comentando ese libro: “De manera que es la biografía de un genio escrita por otro genio.”

 

Carlos E. Tupiño

(Enero, 2011)

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